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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 139 - Número 10 -  Julio  2018  (en Castellano)

 
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Las cosas de este mundo

 

Tim Boyd

 

Cuán cansadas, rancias, planas e inútiles me parecen a mi todas las cosas de este mundo!

William Shakespeare

Hamlet, Acto 1, Escena 2

 

 

 

Me gustaría hacer algunas reflexiones sobre este mundo en el que vivimos Un gran énfasis en el sendero teosófico está relacionado en gran medida con lo que a veces pensamos que son estados internos; pero todos ellos parecen tener lugar en el contexto del mundo. En las escrituras y tradiciones espirituales a lo largo de la historia, se hace referencia frecuente a nuestro mundo. Se describe de varias maneras, pero la mayoría de las veces se lo considera desde la perspectiva espiritual como un lugar en el que se experimentan las pruebas y el alma encuentra su campo de crecimiento.

En la Biblia hay varias maneras de describir nuestro mundo, pero uno de los temas predominantes se expresa en el Salmo 23: "El Señor es mi pastor." En un momento dado la descripción del mundo se da como "el valle de la sombra de la muerte", implicando que la experiencia del individuo tiene lugar bajo una sombra siempre presente de muerte e impermanencia. También se describe como "el valle de lágrimas" o "el vallado de lágrimas".

El Buda, después de su iluminación, habló primero de las Cuatro Nobles Verdades y del Óctuple Sendero. Pero su tercer sermón fue "El Sermón del Fuego", en el que describe el mundo de la siguiente manera breve y directa. Dice que el mundo está en llamas. Luego continúa describiendo la naturaleza de este fuego continuo que está teniendo lugar.

Otro de sus relatos de enseñanza sobre el papel de los maestros espirituales en el mundo  se llama "La Casa en llamas". En ella un hombre rico ve que su casa está en llamas y sus hijos están adentro, pero están tan absorbidos por los juegos que cuando los llama a salir de la casa, no le prestan atención. El fuego arde a su alrededor, pero están encerrados dentro de los juegos que están jugando entre ellos. Para rescatar a sus hijos del fuego, los atrae fuera de la casa prometiéndoles que les dará los carruajes con los que siempre quisieron jugar: carruajes tirados por cabras, carruajes con caballos, etcétera. Cuando oyen eso, salen de la casa con alegría, pero él les proporciona un carro de una naturaleza diferente, que simboliza las enseñanzas que conducen a la iluminación.

La historia apunta a la idea de que los grandes Maestros vienen a este mundo y, para tratar con la humanidad infantil que somos, desarrollan enseñanzas. En muchos sentidos nos atraen porque, al igual que los juguetes para niños - captan nuestro interés, nuestra atención, nuestra participación y, poco a poco, nos llevan a una visión más profunda sobre el significado y la naturaleza de la vida en este mundo.

H. P. Blavatsky describió el mundo de varias maneras. El concepto cristiano de cielo e infierno era completamente ridículo para ella: Si uno es bueno durante una vida en el planeta, uno va al cielo para siempre; si uno es malo, entonces uno va a un infierno ardiente para siempre. En respuesta a ese tipo de pensamiento, su descripción era que si buscamos el infierno se puede encontrar en cualquier planeta con seres humanos. Dondequiera que haya una humanidad de desarrollo similar a la nuestra, no se requiere la invención de otros tipos de infiernos. Lo inventamos continuamente día tras día, para nosotros mismos, para los que nos rodean, para el reino animal y para el mundo natural.

Mientras escribía La Doctrina Secreta, ella estuvo en Inglaterra durante los últimos días de su vida, y reunió a su alrededor a un grupo de estudiantes. Tuvo ocasión de hablarles sobre La Doctrina Secreta, su escritura y su significado, y Robert Bowen fue uno de los presentes en ese momento. Tenemos la buena fortuna de que nos sean transmitidas sus anotaciones de esas reuniones. Se titulan "Madame Blavatsky sobre el estudio de la Doctrina Secreta". Al hablar con este grupo de estudiantes, dijo que La Doctrina Secreta contiene todo el conocimiento del lado interno de la vida que el mundo es capaz de comprender durante los próximos cien años, y que esto es todo lo que nuestra capacidad de comprensión nos permite.

Una de las preguntas que se le hicieron en esas discusiones de grupo fue: "Cuando usted dice que esto es todo lo que el mundo es capaz de comprender, ¿qué quiere decir con 'el mundo'?" Su respuesta merece nuestra consideración porque dijo muy específicamente que el mundo es la humanidad viviendo en su naturaleza personal. La dominación de la personalidad en masa por todos y cada uno de sus participantes humanos en este mundo, describe lo que es este mundo. Así que el conocimiento que estaría disponible en un momento dado, cuando nuestra vinculación a esta naturaleza personal era la misma de entonces, todo esto estaba contenido dentro de La Doctrina Secreta.

¿Cuál es entonces nuestra experiencia de este mundo? HPB lo describe, así como el Buda y la Biblia. ¿Cómo lo experimentamos? Vivimos en el mundo de momento en momento, día a día, y es nuestra experiencia cotidiana, de cada momento. ¿Cómo podríamos describir eso? Grandes maestros han venido y siempre es muy bueno hacer referencia a lo que nos han dado, pero también es bueno hacer referencia a nuestras propias percepciones.

Mucha gente ha hablado de nuestro condicionamiento. J. Krishnamurti habló particularmente de la naturaleza de nuestras mentes y corazones condicionados. El condicionamiento significa que hay un cierto patrón que se establece, de modo que ciertas cosas son aceptadas y otras son desviadas de nuestra conciencia. Así que nuestra experiencia de momento en momento está necesariamente condicionada por lo que se ha descrito como deseo.

Cada cosa que entra en el campo de nuestra conciencia es algo a lo que nos sentimos atraídos o de lo que nos sentimos repelidos. Existe toda una gama de elementos neutros pero, en general, lo que se describe como "vivo" en el sentido normal es el movimiento que se produce desde el período de nacimiento hasta el período de fallecimiento del cuerpo, que nos lleva a través de una serie de experiencias, tanto placenteras como dolorosas.

La forma en que tratamos de orquestar nuestra vida es que tratamos de maximizar las experiencias placenteras y eliminar las dolorosas, lo cual, por la naturaleza de la forma en que las cosas están organizadas en la vida, es una imposibilidad. Es un intento inútil en el que estamos continuamente involucrados, que de alguna manera viviremos una vida llena de experiencias placenteras y sin las dolorosas. Es sólo la naturaleza de este o cualquier otro mundo que nada existe que sea puramente uno o puramente el otro.

Cuando era muy joven, mientras estaba en la escuela secundaria, tenía un trabajo de verano donde trabajaba en la oficina de un fabricante de refrescos - bebidas carbonatadas. Mi rutina matutina en ese trabajo era llenar las neveras de la oficina con varios tipos de refrescos que eran fabricados por esta compañía. Cuando tenía dieciséis años, parecía que había aterrizado en un mundo celestial, porque podía elegir las bebidas que llenarían la nevera y que podía tomar todo el refresco que yo quería.

Pensé que no podía haber sido una situación mejor, pero me llevó toda una semana beber tanta gaseosa que me enfermé. Fue puro placer durante los primeros dos o tres días, pero al término de una semana lo que tenía asociado con todo lo que era bueno, tal vez en términos de sentimientos, resultó ser lo que me enfermó.

No hay nada en la vida que produzca totalmente placer o que produzca dolor. Y encontramos esto de muchas formas, porque nuestro control sobre los ciclos de la vida tiene limitaciones. Por muy saludable que sea nuestra dieta o por muy apropiados que sean nuestros ejercicios, en última instancia el cuerpo se degrada, aunque podamos ser capaces de ralentizar el proceso. En última instancia, el vehículo se enferma de una forma u otra. No importa cómo intentemos evitar a las personas que están tosiendo, o cómo intentemos limpiarnos las manos cada vez que tocamos algo que consideramos impuro, lo que ocurre es simplemente la forma en que funcionan las cosas con estos ciclos que se suceden.

La literatura teosófica y las enseñanzas teosóficas clásicas enfatizan lo que describen como momentos muy importantes en el despertar de la conciencia espiritual, descritos como iniciaciones o experiencias iniciáticas. Sabemos poco de ellas, pero se describen como expansiones repentinas - o extensiones - de la conciencia que ocurren en momentos específicos cuando una semilla interna está preparada para brotar.

Se nos dice que estas experiencias han ocurrido a lo largo de la historia en las escuelas de misterio de Egipto y la antigua Grecia, y en todo el mundo en diferentes culturas. Pero la experiencia, tal como mejor la entendemos, es una donde, tal vez en virtud de ciertos rituales que se realizan, el yo interno es arrebatado, es separado de lo externo, por un período de tiempo, de modo que la conciencia interna es liberada del apego a su cuerpo y a los elementos de la personalidad a los que nos aferramos. Entonces tiene lugar esta expansión de la conciencia en ese estado, y luego se dice que el iniciado funciona en un nuevo nivel de conciencia.

En la historia, una de las personas que tuvo esta experiencia fue San Pablo, a quien Blavatsky describe sin ninguna duda como un gran iniciado. Su experiencia iniciática le implicó quedar ciego ante una visión del Maestro mientras iba por el camino. Esta experiencia le sucedió durante este período, cuando estaba ciego al mundo al que estaba acostumbrado a ver, y de allí él se convirtió en Pablo, mientras que antes, su nombre había sido Saulo.

Otro ejemplo de este tipo de experiencia le sucedió a Mahoma, quien dijo que nunca recibió una revelación - las revelaciones que se convirtieron en el Corán - sin sentir la sensación de que su alma había sido arrancada de él, que era una experiencia que tenía un gran valor, pero que ninguna persona inteligente volvería a buscar nuevamente. A menudo se representan cinco iniciaciones en la vida de Jesús en su camino hacia el Cristo, y su crucifixión es uno de estos símbolos iniciáticos.

El Buda, antes de su iluminación, experimentó de cerca la inanición y la muerte. Así que es a través de estas experiencias dramáticas que la personalidad se apaga o, en algunos de estos ejemplos, se crucifica, se muere de hambre, se ciega, y el individuo se vuelve ciego a la personalidad. HPB dijo que para experimentar la vida espiritual primero hay que "paralizar la personalidad". La parálisis de la personalidad permite un nivel más profundo de experiencia. Está bien y es bueno cuando escuchamos lo que se describe como las iniciaciones que ocurren a las grandes personas históricas. De hecho, en todo momento es nuestro trabajo tratar de averiguar cómo eso se aplica a nosotros, a nuestro modo de vida.

Durante el curso de la vida de cada uno de nosotros ocurrirá alguna experiencia no deseada la cual, cuando venga y nos visite, no será buscada de nuevo. Algunos de los mejores momentos, las cosas que han tenido mayor impacto y que me han impulsado en términos de crecimiento, han sido sucesos o acontecimientos que han producido un resultado precioso o incluso inestimable, pero para los que yo no daría ni un solo paso para repetir. Todos nosotros hemos tenido esas experiencias, la muerte de maestros, de seres queridos, las mismas pérdidas que podríamos experimentar durante el curso de la vida normal -pérdida de trabajo, pareja, hijo- todas esas cosas que, con el tiempo y la distancia suficientes, cuando miramos hacia atrás, podemos ver que nos impulsaron a un nuevo nivel de comprensión, a menudo a una nueva capacidad de compasión.

Hay una experiencia que puede ocurrir durante el curso de nuestras vidas, que esperamos no vuelva a ocurrir - la experiencia de la desesperación. Cuando nos desesperamos, nos encontramos en una condición en la que reconocemos plenamente que una condición o situación está completamente fuera de nuestra capacidad de control. En algún momento, algo así nos visita. A menudo es algo que puede parecer una experiencia demoledora, pero que también tiene la capacidad de catapultarnos a nuevos niveles de conciencia, porque el mismo proceso de reconocer que no hay ninguna acción personal, que no hay control personal que se pueda ejercer, proporciona, al menos por un momento, una cierta liberación. Nuevamente, HPB lo describió como "la parálisis de la personalidad". En esos momentos la personalidad es impotente y no nos sirve para nada.

La barca de la que tanto hemos dependido, que nos ha llevado por las aguas, es inútil en esta nueva orilla y debe ser abandonada, aunque sea momentáneamente. Estas experiencias están en un nivel diferente, pero son los mismos tipos de experiencias que han roto como olas sobre los Grandes Seres. La oportunidad que esto nos ofrece es una oportunidad que podemos aprovechar como nuestra iniciación diaria, frente a la rutina diaria y las demandas que se nos presentan cada vez que nos despertamos cada día.

En este ejemplo de una personalidad que está aquietada, se habla de la amonestación de estar quieto como: "Estate quieto y conoce." Con una personalidad silenciada, un cierto conocimiento necesariamente se rompe sobre nosotros. Estar quieto, escuchar, oír para saber y saber para obedecer. Blavatsky dijo que había dos voces que ella siempre obedecería, una era la voz de su Maestro, y la otra era la voz de su ser superior; obedecer, actuar. En nuestro nivel de desarrollo, estamos hablando de experiencias momentáneas, donde la personalidad se aleja, donde el momento desesperado crea una condición de apertura, de quietud.

En última instancia, el momento de desesperación pasa y la personalidad reafirma su influencia. Pero habiendo visto, oído y experimentado la quietud y la comunicación silenciosa de esta mente intuitiva -este yo superior- aunque la personalidad necesariamente se reafirma, su control es más flojo que antes Experiencia tras experiencia, paso a paso, podemos encontrarnos aflojando el control de la personalidad, quedando más bajo la influencia del consejo de los Grandes Seres, los Maestros de Sabiduría, quiénes de tantas maneras nos han aconsejado continuamente, que nuestro papel y tarea es salir de nuestro mundo -dejar nuestro mundo- y entrar en el suyo.

Estas son algunas de las cosas que podemos reflexionar en nuestra consideración con respecto a las necesidades de este mundo, es decir, las formas en que podemos utilizar este mundo en este proceso de desenvolvimiento.

                                       

 

 

 

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