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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 139 - Número 09 -  Junio  2018  (en Castellano)

 
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Meditación, auto-indagación

y la terapéutica de la palabra

 

JONATHAN COLBERT

Miembro de la Rama Unida de Teósofos y miembro del Consejo del Centro Teosófico Internacional.

Conferencia dada en la Convención Internacional de Adyar el 1 de enero de 2018.

 

 

Esta charla tiene un título un poco elaborado. A lo que llamamos su atención es al arte de alcanzar lo que hay dentro y por sobre nosotros, para expresar en nuestra vida diaria la Magia de la Sanación de la Palabra.

La terapia de la Palabra, entonces, como toda la Magia Benéfica, es descendente, de arriba hacia abajo. Lo que me hizo pensar en este sentido fue cuando empecé a leer Hermes, una revista teosófica editada desde 1975 a 1989 por el fallecido Raghavan N. Iyer. En el interior de la portada dice: "HERMES está consagrado al sonido de la nota clave de Brahma Vach, y al derramamiento de su luz prístina en el sendero de la auto-regeneración espiritual al servicio de la humanidad." Existen, por supuesto, muchos sinónimos de Teosofía: Teosofía, Religión de la Sabiduría, Brahma Vidya y Gupta Vidya por nombrar sólo algunos. Pero siempre me ha intrigado el término Brahma Vach, como sinónimo de Teosofía. Brahma Vach es el sonido y la luz latente primordial en Parabrahm. Hacer sonar la nota clave de Brahma Vach en nuestras vidas, entonces, es hacer de la Teosofía un Poder Viviente a través de la Magia del Sonido.

Al hablar de magia, nunca se sabe a quién se va a encontrar, aparentemente por casualidad, en el camino hacia un lugar espiritual como Adyar. Virginie Schwartz de Francia y yo nos encontramos por la noche, en un coche de alquiler en Chennai, después de ser recogidos en el aeropuerto por nuestro hábil ángel de la guarda, Christopher. Le pregunté si había estado antes en India y me dijo: "Sí, al norte de India." Al estar yo mismo profundamente interesado en el antiguo templo-universidad de Nalanda, le pregunté a Virginie si alguna vez había oído hablar de Nalanda. Muy entusiasmada, dijo que lo había hecho. Este fue un maravilloso sentimiento de conexión para nosotros, ya que ambos nos dimos cuenta de que el otro apreciaba una parte tan importante de lo que ahora se conoce como budismo tibetano. Ambos habíamos encontrado numerosos lugares donde, en sus escritos, Su Santidad el Dalai Lama había mencionado que si quieres entender los fundamentos de su filosofía deberías estudiar lo que él llama los Diecisiete Panditas de Nalanda. Nalanda es donde Nagarjuna enseñó y expuso sobre Sunyatâ, la doctrina del vacío y la interdependencia. De la misma manera, Shantideva, quien expuso sobre El Camino del Bodhisattva, fue también un importante maestro en Nalanda. El Dalai Lama nos da una pista de cómo podemos, nosotros mismos, ser un poco más como un Buda de Compasión: aprendiendo y, lo que es más importante, meditando sobre los profundos fundamentos de la filosofía budista. El Dalai Lama ha dicho que, cuando llegó a Dharamsala por primera vez como refugiado y siendo muy joven, pasó la mayor parte de una década meditando sobre la profunda relación entre el vacío y la compasión, sunyatâ y karuna. Tenemos entendido que aún hoy cuando se despierta a las 2:30 de la mañana, esta meditación sumamente profunda es parte de su práctica. Piense en la sanación que el Dalai Lama libera para el mundo a través del poder de la Meditación, el Estudio de Sí mismo y la Palabra Sanadora.

El mantra Gayatri nos llama a meditar en los tres mundos, el mundo terrestre del deber, el mundo astral de los sentimientos y el mundo celestial de lo divino, sobre lo que es más elevado, espiritualmente revitalizador y sanador. Es un baño de sol en el esplendor, el brillo y la excelencia de esta Fuente Universal. La invocación del mantra Gayatri es una oración para que toda la humanidad sea receptiva a la sanación divina del Sol invisible y espiritual. Un mantra es un grupo de palabras que, cuando suenan, crean ciertas vibraciones en el aire y en el éter. Las palabras son poderosas. Cada una de ellas está viva. Cada palabra es un mensajero vivo. La prueba más segura de la potencia divina en cada hombre o mujer es su habilidad, a través del sagrado don de la Palabra, para invocar a estos mensajeros vivos que llamamos palabras, para crear algo que es verdaderamente mágico. El uso de las palabras, dependiendo del motivo, la tonalidad mental y la calidad de la vida interior, puede ser de gran ayuda para nuestros hermanos y hermanas de la humanidad. Como lo señala HPB en La Doctrina Secreta, "La Palabra (Verbum) o el habla de cada hombre es, inconscientemente para sí mismo, una BENDICIÓN o una MALDICIÓN." Si el calibre de una civilización se puede medir por la forma en que utiliza las palabras, ¿cómo podemos ver nuestra sociedad?

Vivimos en una "Era de Información," pero desgraciadamente, en una época de poca comunicación real. La expresión oral íntima, significativa, benéfica, infundida de bondad amorosa, como el Silencio, es demasiado escasa. La gente que hace un tributo magnánimo a los demás es casi inaudito hoy. La exaltada celebración de las virtudes de otros, como hace mi amigo Jan Nicolaas Kind en su diario en línea, Theosophy Forward, cuando escribe sobre las contribuciones de los grandes teósofos al movimiento teosófico, es una rareza. Este tipo de homenaje a las grandes almas, que se remontan tal vez a hace un millón de años, a los tiempos de la Edad Dorada del Ramayana, sirve para encender una mini Edad Dorada, justo aquí y ahora en lo que llamamos el Kali Yuga. Lo bello de lo que hace Jan es que cuando saluda a los teósofos ejemplares, no le importa mucho a través de qué organización teosófica han hecho su importante trabajo. Podría ser alguien que está en la Sociedad Teosófica, o en la Sociedad Teosófica Point Loma, o en la Logia Unida de Teósofos, o alguien totalmente independiente de cualquiera de estas organizaciones.

Al sentir que debe haber un misterio profundo en la simple expresión de las palabras, nos preguntamos: ¿cómo podría ser restaurada la verdadera Magia Sanadora de la Palabra? ¿Cómo vamos a convertirnos en custodios responsables del sagrado don de la Palabra? Teosóficamente, las palabras, especialmente la tonalidad con la que se emiten, tienen efectos de gran alcance. ¿Qué hay, entonces, de la causalidad que está detrás de nuestra tonalidad del habla? ¿Existe una manera de acceder al reino causal de nuestra propia naturaleza, un reino que está detrás de lo reactivo y lo compulsivo; a una parte de nosotros mismos que es más elevada y anterior al cúmulo de skandhas que constituye nuestra naturaleza personal? Uno pensaría que la respuesta simple podría ser: "¡Por supuesto! Estudia Teosofía!" Después de todo, la Teosofía dice que todos somos uno y que debemos tratarnos unos a otros como hermanos y hermanas. Pero, ¿es suficiente? Sabemos que simplemente estudiar algo es diferente a ser capaz de practicarlo de manera confiable. Una cosa es, por ejemplo, saber algo de música y otra muy distinta es ser capaz de tocarla magistralmente con un buen instrumento.

Se necesita algo, entonces, que tiene que ver con ir hacia adentro, algo que venga del Silencio, más que de más palabras. Uno tiene que ir a un lugar interior donde pueda ser muy honesto consigo mismo, sin ser condenatorio o auto-acusatorio. ¿Puede la personalidad analizarse a sí misma? ¿O está sólo el cerebro-mente en un bucle cerrado? Según Patanjali, la manera de ir más allá del conjunto cerebro-mente de tendencias de la personalidad es a través de la meditación. Ahora, ¿ocurre cierto fenómeno dentro del cerebro cuando se medita? De hecho, así es. Esto ha sido demostrado por imágenes de escaneo cerebral, por ejemplo, de ciertos monjes budistas tibetanos, tanto en meditación como en períodos entre meditaciones. Sin embargo, de acuerdo a la Teosofía, algo sucede en la meditación que es también más elevado e independiente que el cerebro físico.

La meditación es una estabilización de la conciencia dentro del practicante, comenzando con la atención y, para todas las etapas que requieren atención. Implica llevar toda nuestra conciencia a un punto, sobre una idea seminal o una frase mántrica, y enfocarse en ella con reverencia e incondicionalidad. "El punto en el corazón se vuelve luminoso," dice uno de los Upanishads. Es posible, mediante la activación de los centros superiores internos, penetrar hasta el núcleo oculto de cualquier sujeto u objeto que estemos contemplando. Al ir a la esencia sin tiempo de una idea o tema, vamos a un reino más allá del pasado o del futuro, a una región más allá de la descripción de las palabras. Cada vez menos, necesitamos mantener nuestras mentes en una idea semilla porque ahora estamos establecidos dentro de una corriente meditativa, permitiendo que la conciencia se expanda mientras permanecemos en esa corriente energética. El alma entonces mira directamente las ideas como esencias espirituales sin forma desde adentro hacia afuera, desde arriba hacia abajo.

Es desde esta meseta alta del Himalaya, con su atmósfera enrarecida y vivificante, que podemos obtener una visión más amplia. La personalidad inferior se reduce a cero. El Yo Superior es reconocido como el Yo de todos. De los fértiles campos de unidad nace un sentido de solidaridad y compasión hacia toda vida sensible. Además, así como todos los seres humanos están espiritualmente enraizados en el estado de sueño profundo de sushupti, la Meditación nos arraiga en la tríada de atma-buddhi-manas dentro y por encima de la personalidad. A través de esta integración vertical, la individualización es posible a través de la universalización, fortaleciendo y profundizando el pensamiento independiente. Habiendo examinado y asimilado esta exaltada meseta de Percepción, ahora estamos listos para comenzar el lento descenso. Es en el descenso, como muchos montañistas saben, donde tiene lugar la parte más difícil del viaje.

Es en la etapa del descenso meticuloso desde las alturas de la Meditación que somos más capaces del auto-indagación honesta, desde arriba hacia abajo. Podemos ver tendencias en nuestra naturaleza con claridad, compasión y percepción. Nos hacemos cargo de nuestras dudas, nuestras incongruencias, nuestro orgullo personal, etc. Al saber que las faltas y debilidades que poseemos son parte de la condición humana, estamos agradecidos de tener una perspectiva tan clara desde este punto de vista superior. Estamos realmente en condiciones de ponernos en el lugar de los demás. Desde esta base de intrepidez, podemos ir al calabozo de la psique y buscar a los demonios, y, al aceptar el desafío, tenemos la fuerza para enfrentarnos a ellos con valentía. Nuestro karma se convierte en nuestro dharma. Estamos realmente en condiciones de ayudar a los demás. Por esta razón, la disciplina diaria de la Meditación y el trabajo arduo de la auto-indagación honesta es un acto de servicio, no menos que cualquier tipo de servicio. Hay un proverbio: "Si limpias el interior del tazón, el exterior se cuidará solo."

La meditación no siempre es fácil. En el momento en que comenzamos a hacerlo, notamos que la mente inmediatamente comienza a evadirse por la tangente. Como Krishna dice en el Bhagavadgitâ, necesitamos simplemente volver a poner la mente en nuestro sujeto u objeto de enfoque. Si necesitamos hacer esto una y otra vez, entonces está bien. Meditando todos los días (a la misma hora todos los días) podemos entrenar las vainas del alma, que incluyen el cerebro. A través de la meditación y la auto-indagación, al despertar y en otros momentos del día, y durante semanas y meses, nuestra línea de meditación de la vida se enriquece. A medida que nos establecemos más en esta práctica, emerge una notable continuidad de conciencia, trayendo una sanación radical desde arriba, desde el Krishna-Christos interno y superior, hasta las vestiduras de abajo, sanando así el desgaste astral de la conciencia fragmentada y compulsiva.

A veces podemos notar esto con un claro alivio, cuando, por cualquier razón, nuestra meditación diaria y nuestra auto-indagación es interrumpida por un día, dos o más. Empezamos a notar que algo falta. El zumbido de nuestra conciencia no es el mismo. Pero de nuevo, no hay que preocuparse, la idea es restablecer la corriente haciendo correcciones y volviendo a empezar.

Pitágoras enseñó que debemos "examinar bien todas las cosas, dejándonos guiar siempre por la comprensión que viene de arriba, y que debería mantener las riendas." El facilitar esta integración vertical de la conciencia, el conectar lo superior con lo inferior, está la revisión pitagórica: el prepararse para el sueño, recordar los eventos del día por lo menos tres veces. Podemos preguntarnos, ¿qué salió bien, qué salió mal y cómo podría haberlo hecho mejor? Estamos observando no sólo los acontecimientos externos, sino también cuál fue la tonalidad del día, más fácilmente detectable por lo que se dijo, por nosotros mismos y por los demás. Después de todo, kármicamente, los eventos más significativos del día son aquellos en los que tenemos una variedad de opciones. Aquí es donde entra en juego el karma del Habla, tiempo, tonalidad, palabras elegidas. La asimilación consciente fortalece el puente antahkaranico entre la indestructible y atemporal Tríada Superior interior y los vestidos temporales de la personalidad inferior.

La meditación y la auto-indagación de esta manera se convierten en un modo de vida, un tropismo, una trayectoria, una línea de meditación y auto-examen de la vida. La meditación, aquí, no es una huida egoísta y evasiva a un nirvana de otro mundo. Es basar nuestra conciencia cotidiana en la parte más verdadera, más duradera y espiritual de nuestra naturaleza. Tampoco la Auto-indagación es un auto-análisis narcisista, ni ninguna forma de actividad utilitaria. La auto-indagación, aquí, es más una encuesta honesta de nuestros motivos, y un auto-cuestionamiento intrépido de cómo uno podría hacerlo mejor en el servicio hacia otros. La compasión es el vínculo que une estas dos prácticas aparentemente diferentes.

Hay una selección, transformación y refinamiento alquímico intrépidos en el campo del motivo. Comprender plenamente el motivo de por qué hacemos las cosas que hacemos, y decimos lo que decimos u omitimos, es primordial para practicar el empirismo, en primera persona, del Arte y la Ciencia del Habla Sanadora.

Es en el Silencio que la sanación tiene lugar en las vestiduras internas, desde las cuales se puede expresar el Habla de la Sanación que escuchamos en el mundo. En Meditación, aprendemos de la abundancia ontológica. En el mundo de lo inmanifestado, no hay escasez. Mirar el cielo nocturno en un lugar de poca humedad, quizás en el desierto o en la cima de una alta montaña, podemos ver miles, por no decir millones de estrellas a simple vista, por no hablar de las magnitudes exponenciales de las estrellas que pueden ser vistas y "oídas" con equipo científico. De igual modo, hay magnitudes de plenitud a descubrir en el espacio interior. Al experimentar el alegre mundo de la plenitud ontológica a través del ascenso interior, vemos cómo funciona la Naturaleza y cómo, a lo largo de lo que llamamos eones de tiempo, se despliega desde el estado profundo y no manifestado del pralaya, hasta el mundo manifiesto del manvantara.

¿Por qué se nos da la metafísica de La Doctrina Secreta? ¿Para analizarla y describirla? ¿Para hacer viajes de ego? ¿Para mostrar cómo podemos recordar en qué página de un libro se tratan? Creemos que no. Las enseñanzas de La Doctrina Secreta se refieren a un camino de Autotransformación y Auto-Regeneración al servicio de la humanidad. Como se señala en La Voz del Silencio, "Para vivir y cosechar la experiencia, la mente necesita amplitud y profundidad y puntos para atraerla hacia el Alma Diamantina."

La profunda metafísica que se nos da en La Doctrina Secreta son ayudas en el montañismo espiritual. Las Enseñanzas no deben ser entendidas mecánicamente. Deben aplicarse universalmente, por analogía y correspondencia, el Hilo de la intuición de Ariadna. Caminando por este camino interior, un sendero de caminar solos, pero de gratitud en nuestros corazones por los maestros, y de percepción ganada en el servicio hacia todos, las Enseñanzas cobran vida.

Al establecer una vida interior en la que experimentamos la alegría del Silencio, vemos rápidamente que ser excesivamente hablador es un desperdicio de valiosa energía. Una reverencia positiva por el Silencio, no sólo la ausencia de hablar, es un pozo profundo del cual se puede extraer lo creativo, el Habla Sanadora. Así como al enfrentar la muerte sin temor comenzamos verdaderamente a vivir, así al sentirnos cómodos en la potencia creativa del Silencio mismo, cada persona puede verdaderamente expresar el poder que se manifiesta en el Verbum.  Cada palabra pronunciada se convierte en un mensajero sanador de esperanza y gracia. El órgano del Habla está así consagrado como instrumento sagrado para dispensar la terapéutica regenerativa de un Logos superior. Krishna reside en el corazón de cada hombre y mujer. Cada persona, ofreciendo una palabra compasiva de aliento a un amigo necesitado, puede transmitir las melodías medicinales de la flauta de Krishna con tiempo noético, precisión y beneficencia.

Una disciplina importante en la Terapéutica del Habla es resistir la presión constante, inducida en la cultura contemporánea sobre la personalidad, para manifestarse, afirmarse, presentarse. Una forma sutil de ascetismo en el Habla, que requiere una comprensión de la potencia del Silencio y de la Palabra, es resistir la tentación de hablar de algo que tiene un potencial precioso cuando todavía está en una tierna y embrionaria etapa de desarrollo. ¿Qué debe hacer un adulto si es capaz de discernir algo espiritual, tal vez una cualidad de lo que podríamos llamar genio teosófico, en su propio hijo, o en el hijo de un compañero estudiante de Teosofía? Por medio de un Silencio sabio, podemos proteger el crecimiento natural del niño a medida que desarrolla la fuerza necesaria para realizar su dharma natural y espiritual en el mundo. Por el contrario, cuando hablamos innecesariamente sobre el desarrollo del genio espiritual de un niño, podemos provocar, a través del poder precipitante de la palabra hablada, fuerzas perjudiciales invisibles alrededor de ese niño, lo que La Voz del Silencio llama el "celoso Lhamayin en el espacio infinito."

El discurso no violento viene de un lugar de profundo aprecio, conocimiento y sabiduría respecto a los fines y los medios. Mohandas K. Gandhi estaba particularmente acostumbrado a pensar por medio de preguntas sobre fines y medios. ¿Cuáles son mis fines? ¿Qué estoy tratando de lograr? Y de importancia crítica, ¿cuáles son los medios que deseo emplear para lograr esos fines? ¿Son los medios coherentes con el fin que se persigue? Para lograr la paz y la no violencia, ¿puedo, o incluso querría, utilizar medios violentos para obtener lo que creo que conducirá a la paz? En numerosas ocasiones, Gandhi tuvo que poner fin a iniciativas de desobediencia civil porque demasiadas personas trataban de tomar lo que consideraban atajos a través del despliegue de la violencia. Lo mismo sucede con el habla.

Hay muchos casos en los que nuestra comunicación con los demás sale mal y no podemos entender por qué, cuando nuestra falta de Meditación y auto-indagación sobre pensar a través de nuestras suposiciones internas acerca de los medios y fines, están en la raíz del problema. El Habla Compasiva y Sanadora, entonces, viene de un lugar sincero en el corazón. Tiene una manera de infundir benevolencia y armonía en cualquier situación de tensión, sin importar cuán potencialmente explosiva sea. El Habla Compasiva no sólo habla generalmente con una atención sensible a la armonía, la tonalidad y la resonancia, sino que a menudo también es acompañada por una hermosa comunicación a través de los ojos. Un Mago del Habla benévolo a menudo cuenta historias, especialmente con humor en ellas. Abraham Lincoln, que podía absorber, acomodar y armonizar puntos de vista ferozmente diversos, era famoso por este arte. Con un poco de ligereza, podía elevar el discurso a un nivel superior.

Incluso como estudiantes de Teosofía, a menudo es fácil pasar por alto el mero poder de la Palabra Hablada. Teosóficamente, el espacio no está vacío. Hay plenitud en el vacío aparente. El término teosófico tomado de la sabiduría inda para las dimensiones espirituales del espacio es âkâsa. HPB se refiere a los átomos vivientes del âkâsa como las pequeñas "vidas", también como "elementales". Como las profundidades de un gran océano, el âkâsa se está asociando con bancos de arena, escuelas y corrientes vivientes de elementales. Como tal, los elementales no sólo viven y encarnan las esencias del aire, el agua, el fuego y la tierra, sino que se clasifican según la preponderancia dentro de ellas con las tres gunas: sattva, rajas y tamas. Aunque existen en un nivel rudimentario de conciencia, están poderosamente energizados por el poder del pensamiento humano. La mente de cada persona es una dínamo viviente en el campo de los elementales. Cada vez que tenemos un pensamiento, atraemos las clases correspondientes de elementales a nuestra órbita. Si venimos de un lugar de verdad y compasión, atraemos a elementales más elevados y sáttvicos. Si estamos apegados a la ganancia personal, atraeremos a los elementales rajásicos. Si somos pasivos, vacilantes o apáticos, atraeremos a los elementales tamásicos. Nuestro pensamiento nunca está en el vacío.

El habla es la expresión, el Logos de nuestro pensamiento. Si nuestro pensamiento atrae, dinamiza y transforma los átomos vivos del Espacio Akáshico, entonces el Habla dinamiza aún más el Espacio. Impregnando todo el universo hay una única Resonancia homogénea. Llámalo la Palabra, Logos, Verbum, Vach. Llámalo Sonido. Llámalo Tono. O llámalo Nâda Brahma, Resonancia Divina. Esta Resonancia Divina es el poder vivificador, el gran despertador, que mueve todos los átomos y moléculas, las pequeñas "vidas" y los elementales a la acción en los tres mundos, terrestre, astral y celestial. Toda la evolución de la materia de lo invisible a lo visible, depende del Sonido. El sonido es lo que hace que todo suceda. Piensa que en las implicaciones de esto están en nuestro Habla, especialmente en relación al Habla Deliberada, al Habla  profundamente arraigada en la Meditación y la auto-indagación. Llámalo, si quieres, la Terapéutica del Habla Noética, desde arriba hacia abajo, al servicio de la humanidad.

 

 

 

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