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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 139 - Número 08 -  Mayo 2018  (en Castellano)

 
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El Tercer Objetivo

 

Tim Boyd

 

 

Desde la época en que se fundó la Sociedad Teosófica (ST), se han producido grandes cambios en el mundo que nos rodea. En muchos aspectos, para todo aquél que se encuentre en la veintena o menos, el mundo en que habita es diferente del mundo en el que crecieron sus padres. Por ejemplo, en el sótano tengo trescientos o cuatrocientos álbumes de discos, de vinilo, que durante cien años fueron el medio en que se escuchaba la música en casa. Mi hija, o cualquier persona de su edad, nunca ha tenido la experiencia de usar un tocadiscos, ni de escuchar música con esa tecnología ahora tan obsoleta.

Incluso los sonidos que constituyen la música actual son diferentes. Una gran parte de la música contemporánea emplea sonidos producidos electrónicamente, sonidos que nunca han sido emitidos en el mundo natural. Sus mentes están siendo sintonizadas e influenciadas por fuerzas que no habían existido en el mundo anteriormente. Nuestras interacciones con la diversidad de pantallas de los ordenadores y los dispositivos que invaden nuestra vida, así como la rapidez de los viajes y las comunicaciones, también han alterado nuestra percepción del tiempo y del espacio. Como hemos visto en hechos como el de la “Primavera Árabe”, lo que sucede en lo que antes era considerado como un lugar remoto, tiene una repercusión inmediata en todo el mundo. Una rebelión en Libia hace aumentar el precio del petróleo en Chicago, Delhi y Tokio… Alguien estornuda en un avión en Singapur, y la epidemia llega hasta Toronto. Estas nuevas condiciones crean graves problemas en el mundo, pero también ofrecen enormes oportunidades.

Sófocles, un sabio filósofo griego, hizo un comentario muy profundo: “Nada grande entra en el mundo sin una maldición”. Carl Jung decía lo mismo de forma diferente: “Donde hay luz, hay sombra”.

En el mundo exterior han ocurrido rápidos y enormes cambios, pero cuando consideramos nuestro mundo interior, los retos que afrontamos son hoy exactamente los mismos que durante los milenios anteriores —el sentido de la separatividad, el convencimiento de que, de algún modo, somos distintos y estamos separados unos de otros y del mundo natural. En 2008, por primera vez, el mundo se hizo predominantemente urbano. En tiempos pasados, ciudades como Sao Paulo, Tokio, Cairo, Pekín, Ciudad de Méjico y otras con poblaciones superiores a los veinte millones de habitantes hubieran sido impensables, pero esta es la tendencia que se va extendiendo por el mundo. Con tanta gente abarrotada tan cerca unos de los otros, parecería que es la situación ideal para una vida comunitaria y de fraternidad. Sin embargo, lo que encontramos es exactamente lo contrario; en medio de millones de almas aparece un sentimiento creciente de aislamiento; la gente se siente profundamente sola. La soledad es una epidemia... Estas son las condiciones internas. Cuando pensamos en cambiar para adaptarnos a los tiempos, debemos recordar siempre que en el exterior los tiempos están siempre cambiando, de modo que hay que centrarse siempre en aquello que es eterno.

El tercer objetivo de la ST es el de investigar las leyes inexplicadas de la Naturaleza y los poderes latentes en el ser humano. A lo largo de la historia, esto se ha interpretado de diversas formas. Muchas veces se pensó que hacía referencia a los poderes psíquicos, lo cual hace, pero su alcance es mucho más profundo.

Merece la pena hacer notar que la fundación de la ST estuvo directamente relacionada con los fenómenos psíquicos, no meramente la relación inicial con el movimiento espiritista, sino la circunstancia real de su fundación.

Cuando H.P. Blavatsky llegó a América llevaba instrucciones de que ese sería el lugar y el momento adecuados para el comienzo de este nuevo movimiento. Decía que ir a América la hacía sentir como si fuera un Musulmán yendo a la Meca—no por nada que tuviera que ver con la democracia americana ni su historia, sino porque América era el centro del espiritismo.

Hoy nos resulta difícil imaginar el alcance y el contexto de los fenómenos que rodeaban el movimiento espiritista a finales de mil ochocientos. Desde 1850 aproximadamente cada vez había más gente que afirmaba poder comunicarse con los muertos. No se trataba solo de una comunicación, sino que se producían fenómenos dramáticos en torno a los médiums que se conectaban con los “espíritus”. Durante las sesiones, aparecían de la nada personas y objetos, se oían sonidos y voces sin un origen visible, y los objetos levitaban y se materializaban.

Los fenómenos eran tan dramáticos y tan frecuentes, que se convirtieron en noticias que atraían a los reporteros de los principales diarios de EEUU. Había relatos sobre espíritus y materializaciones todos los días. Por esto H.P.B. estaba tan ilusionada, porque ella comprendía el espiritismo, lo que era y lo que no era. Dentro del propio movimiento espiritista no se entendían los fundamentos de los fenómenos y, a falta de una correcta comprensión, la fantasía ocupaba el lugar de la realidad de la vida interna.

Tenía la impresión de que, si los fenómenos inexplicables convencionalmente habían captado la imaginación pública, entonces este movimiento, en tanto que verificable, podía utilizarse para revertir la atención popular hacia la Sabiduría Eterna, único lugar donde encontrar las auténticas explicaciones.

HPB viajó hasta la granja de los Eddy en Vermont y allí conoció al Coronel Olcott, que asistía a las sesiones como periodista. Olcott era un investigador de gran talla. Durante la Guerra Civil Americana llegó a Coronel por sus investigaciones sobre la corrupción a altos niveles dentro de la cadena militar de suministros. A pesar de haber sido amenazado de muerte varias veces, persistió en su intento de identificar a los delincuentes y asegurarse de que serían sentenciados y enviados a prisión.

Para una mente de esta naturaleza, cuando los femenos espiritistas empezaron a aparecer, aun creyendo que podían ser reales, también pensaba que debían investigarse a fondo. Para los médiums, era la peste; montó un sistema de equipos para asegurarse de que no había fraudes y para detectar lo que estaba sucediendo realmente. Colocaba también a otros observadores para intentar detectar las falsedades. Cuando conoció a HPB, entablaron una amistad y una camaradería que duró el resto de sus vidas.

La verdadera ocasión para la constitución de la ST surgió al regresar a Nueva York desde la granja de los Eddy. Mucha gente iba a conocer el lugar donde vivían Blavatsky y Olcott, sobre todo para conocer a Blavatsky y escuchar sus interminables relatos sobre extraños países y sucesos. Ella tenía la costumbre de no limitarse a hablar de temas ocultos profundos, sino también de producir fenómenos normalmente, para demostrar lo que decía. Cualquier persona que hubiera pasado cierto tiempo con ella necesariamente había presenciado levitaciones, precipitación de objetos, mensajes clarividentes y otros muchos fenómenos “sobrenaturales”.

Uno de los fenómenos más comunes era la producción de sonidos procedentes de las mesas, las paredes, los suelos, etc. En una ocasión, un visitante dudaba de lo que estaba viendo y oyendo y creía que se trataba de algún tipo de truco; para convencerle, HPB hizo que el sonido se produjera en las mismas gafas del visitante.

Pronto se formó un grupo de gente interesada en estos temas a su alrededor. Uno de ellos era un caballero con grandes conocimientos sobre las prácticas mágicas del antiguo Egipto. En cierto momento, le pidieron que diera una charla sobre el tema. Después de la charla los asistentes querían saber más. El accedió a dar otra conferencia en la que iba a materializar realmente los espíritus invocados en la magia Egipcia y enseñaría cómo controlarlos. En algún momento de esa conversación, alguien sugirió la idea de constituir una sociedad para estudiar ese tipo de cosas.

Y ese fue el momento en el que surgió por primera vez la idea de la ST y tomó forma. Así que, en cierto sentido, la fundación de esta organización está profundamente enraizada en su Tercer Objetivo. La idea expresada en este Objetivo ha cobrado mucha fuerza en el mundo actual y la promulgan muchas otras organizaciones—la idea de que en nuestro interior existen varios tipos de poderes durmientes de los que no somos conscientes. En parte porque es algo más fácil de captar, nuestra atención inmediata tiende a dirigirse hacia el tema de los poderes psíquicos.

A menudo, en la ST, surge la pregunta: ¿Por qué no hacemos s por cultivar la telepatía y otros poderes psíquicos?” La pregunta se plantea normalmente cuando se supone que la presencia de poderes psíquicos es un signo de progreso o de elevación espiritual. Hay que señalar que los gatos y los perros tienen telepatía y cierto nivel de visión psíquica que les permite ver cosas constantemente que nosotros no vemos. A menos que creamos que un gato está más avanzado que un ser humano, las capacidades psíquicas no parecen ser una indicación del desarrollo.

El renombrado autor y conferenciante Geoffrey Hodson escribió muchos libros. Una gran parte de lo que escribió está relacionado con sus observaciones clarividentes. No nació clarividente como otras personas. La clarividencia se despertó más tarde en su vida. Nos cuenta el momento en que por primera vez se dio cuenta de ello. Estaba una tarde en casa y su perrito estaba en otra habitación ladrando a algo. Hodson fue a ver por qué ladraba el perro. Entró en la habitación, miró hacia donde miraba el perro y al principio no vio nada, pero luego vio el perfil y luego la forma completa de uno de esos pequeños seres, como hadas. Aunque sus capacidades clarividentes crecieron con el tiempo, aquella fue la primera vez que vio algo de esta naturaleza, estando despierto.

Con frecuencia somos mucho s sensitivos psíquicamente de lo que creemos. Todos hemos tenido la experiencia de pasear por un entorno y percibir algo amenazante, triste o, incluso, edificante, En el Norte de California existe un bosque donde están los árboles más grandes y más viejos del planeta. Hay una experiencia que ocurre siempre que uno se acerca a esos viejos árboles. Independientemente de que una persona sea psíquicamente sensitiva o no, que tenga un fondo espiritual o no, a todos les ocurre lo mismo. Al acercarse a los árboles, la gente comienza a hablar en voz baja, a respirar más profundamente. Una sensación de sacralidad y reposo se apodera tanto de adultos como de niños. Hay algo que casi nadie ve, pero que todos sienten, que habita en ese entorno. Una de las cosas sobre las que hablaba Hodson y otros es la presencia continua del Reino de los Devas—un reino jerárquico de vida inteligente que aparece en la literatura de las tradiciones espirituales como los ángelesseres que, se dice, constituyen una evolución paralela próxima a la humana, pero separada.

Una característica distintiva de la evolución humana se identifica habitualmente con el libre albedrío. En el caso de la humanidad se manifiesta como la libertad de actuar en cooperación con la ley divina o en oposición a ella. Cuando hablamos del Reino Dévico, o seres angélicos, no existe esa elección. En esos reinos, todos sus diversos órdenes, del más alto al más bajo, participan cooperando con el orden divino de las cosas. Geoffrey Hodson hizo un gran trabajo describiendo las tares del Reino Angélico y las formas en que podemos colaborar con él. El potencial de cooperación es particularmente potente en el campo de la sanación. Una de las verdades de la vida espiritual es que cualquier persona que se comprometa sinceramente en una senda de desarrollo espiritual se convierte finalmente en un sanador. Tanto si se manifiestan las capacidades psíquicas, como si no, el poder latente de sanación se magnifica en nosotros. Con o sin un ritual específico de sanación, la presencia de una persona con alguna experiencia de una profunda unidad restaura un sentido de integridad en todos los que penetran dentro de su campo. En presencia de alguien que sea pacífico o inspirador, aunque ni siquiera diga nada, nos sentimos elevados. La mera presencia de tales personas sana a la gente y al entorno que le rodea.

En las Cartas de los Mahatmas se da una perspectiva de este Tercer Objetivo. En la primera carta de K.H. a A.O. Hume, el Mahatma describe un proceso en el que estamos implicados en todo momento: “El hombre está poblando su corriente en el espacio con un mundo propio, atiborrado por las criaturas de sus fantasías, deseos, impulsos y pasiones, una corriente que incide sobre cualquier organismo sensitivo y/o nervioso con el que entre en contacto, en proporción a su intensidad dinámica…el Adepto elabora estas formas conscientemente, los demás las lanzan inconscientemente”.

En la misma carta encontramos otra descripción del aspecto interno de nuestra conducta normal, si bien inconsciente: “todo pensamiento humano, una vez elaborado, pasa al mundo interior y se convierte en una entidad activa asociándose …. con un elemental; es decir, con una de las fuerzas semi-inteligentes de los reinos. Sobrevive como una inteligencia activa, una criatura engendrada por la mente, por un periodo más o menos largo, proporcional a la intensidad original de la acción cerebral que la originó. De este modo, un buen pensamiento se perpetúa como una energía activa beneficiosa; uno malo como un demonio maléfico”.

En virtud de la cualidad de los pensamientos y sentimientos que habitan nuestra mente, estamos constantemente influenciando a otros y a nuestro entorno. Allá donde vamos llevamos toda esta población con nosotros.

Tendemos a creer que el universo funciona bajo diferentes leyes en diferentes ámbitos. En nuestro esfuerzo por entender las enseñanzas s profundas, a menudo prestamos mucha atención a lo que llaman el Axioma Hermético, que dice: “Como es arriba, así es abajo. Como es dentro, así es afuera”. En el mundo natural sabemos que si colocamos un tazón con miel en el exterior, la fragancia y dulzor de ese producto atraerá a ciertos pájaros e insectos. Si colocamos basura en putrefacción en el exterior, atraerá a criaturas de distinta naturaleza. Esto lo sabemos, pero de algún modo no aplicamos ese conocimiento básico a nuestro mundo interior. Los pensamientos que son violentos, airados y depresivos, son el alimento y el sustento para otras formas de vida. Sepámoslo o no, gústenos o no, en cada instante estamos atrayendo y alimentando estas formas diferentes de vida.

Cuando era un niño, en verano íbamos a California para visitar a mis abuelos. Una tarde, un lindo perrito callejero entró en el patio trasero de la casa de mi abuela. Nos gustó el perrito y nos pusimos a jugar con él. Mi abuela nos dijo: “No le deis nada de comer, porque entonces no se irá”. Pero era tan lindo, que no la escuchamos. Cogimos un trocito de carne, se lo dimos y nos fuimos a dormir. El perrito se pasó toda la noche aullando, pidiendo más comida. Del mismo modo, todas las cosas que alimentamos regresan llamando a nuestra puerta, pidiéndonos continuar el proceso que habíamos iniciado. No existe el espacio vacío, no hay ningún lugar en el que no haya formas inteligentes, visibles o invisibles.

Una de las ideas básicas para cultivar la práctica de la meditación es que, en la medida en que pensamos y experimentamos la paz, aquellos seres que se alimentan de esos pensamientos y emociones se sienten atraídos hacia nosotros. Cuando cultivamos la experiencia de la compasión en acción, esos seres se reúnen a nuestro alrededor, y en presencia de ese tipo de vibraciones, no pueden afincarse otras cosas de naturaleza inferior y perturbadora.

Existe un fenómeno asociado con una de las potentes estructuras de la Naturaleza. Cuando se fotografían los huracanes desde un satélite, se ve que tienen una estructura activa que se extiende sobre cientos de kilómetros. Una de las cosas que ocurre es que, alrededor de los bordes de esas tormentas masivas, se desarrollan unos sistemas tormentosos menores—los tornados, que también son muy potentes. Podríamos decir que estos “poderes menores se activan en presencia del “poder” mayor.

En un poema de Robert Browning se hace la afirmación de que nuestra meta debe exceder nuestra capacidad o lugar de confort. Nuestra vida espiritual es el proceso de querer alcanzar una gran visión de la Unidad, que debe estar siempre más allá de nuestro alcance. Sin embargo, el proceso de aproximación progresiva hacia lo más grande incluye necesariamente lo más pequeño. El bosque incluye y a la vez supera al árbol.

Veamos esta cita de la Biblia: En Él (lo Divino) vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser”. Cada aspecto de nuestra experiencia es la expresión de la divinidad; lo único que nos impide una experiencia consciente es nuestra inconsciencia. Con cada aliento, con cada pensamiento, damos testimonio y experimentamos la omnipresente conciencia divina, pero somos inconscientes de ello. Los poderes más elevados latentes en nosotros son los poderes de paz, compasión, paciencia, amabilidad, armonía y generosidad.

En las mitologías de las tradiciones espirituales a lo largo de la historia encontramos profundos relatos que hablan de estas cosas. Hay un hermoso relato en la Biblia, donde Jesús ha estado hablando a la multitud y, al final del día, él y sus discípulos se embarcan en un bote para ir a la otra orilla. Durante la travesía, Jesús se puso a dormir. Cuando el bote estaba en medio de las aguas, se desató una tormenta y los discípulos sintieron miedo de que el bote volcara y se ahogaran todos. En el momento de mayor miedo se pusieron a gritar, y el Cristo, que estaba dormido, se despertó y dijo:¡Paz! ¡Calmaos!” y las aguas se calmaron y la tormenta se disipó.

Como todos los relatos verdaderamente instructivos, se trata de la descripción de la vida que vivimos. No es una descripción Cristiana, Budista o Hindú. Todos nosotros nos encontramos en un viaje en medio de las aguas de los pensamientos y emociones, y todos tenemos muchas cualidades, representadas por las diferentes cualidades de las mentes de los discípulos. Son todas buenas, pero en ausencia de la presencia inspiradora del Cristo, se desconectan y llenan de temor. El principio más elevado que reside en nosotros es este principio Crístico, el Ätman. Cuando está dormido somos vulnerables a todas las olas del mundo, pero si podemos despertarlo en nuestro interior, la orden para las dificultades de la vida y para la gente de nuestro entorno será la misma: “¡Paz! ¡Calmaos!”.

Cuando investigamos las leyes inexplicadas de la Naturaleza y los poderes durmientes de nuestro interior, nos encontramos ante una elección. Debemos elegir continuamente a qué prestaremos atención, cómo “poblaremos nuestra corriente en el espacio”. La atención permanente a los sentidos psíquicos dará lugar a que se despierten a algún nivel. La atención al Maestro, al Cristo, al siempre presente Ätman despertará los poderes más profundos, latentes en nosotros. Cualquiera que sea nuestra elección, generaremos resultados y también Karma. Como medida práctica, se nos aconseja “buscar primero el reino de los cielos y todo lo demás se nos revelará en la conciencia. Debemos seguir aspirando a lo más elevado, a aquello que, finalmente, está más allá de nuestro alcance.

 

 

 

 

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