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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 139 - Número 07 -  Abril 2018  (en Castellano)

 
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La búsqueda de la Sabiduría

 

N. SRI RAM

Ex  Presidente de la Sociedad Teosófica desde 1953 hasta 1973 y Editor de El Teósofo.

Extracto de una conferencia dada en Adyar el 25 de enero de 1970.

 

 

El carácter de cualquier organización no depende enteramente de sus objetivos, por maravillosos y nobles que sean, porque quienes la constituyen interpretarán esos objetivos a su manera. Por lo tanto, el carácter real de una organización como la Sociedad Teosófica (ST) depende de los miembros individuales, lo que piensan, cómo se sienten y cómo actúan. No puede haber objetivos más nobles que los de la Sociedad. La misma palabra "Teosofía" sugiere algo trascendental, supremo, fuera de esta tierra. El nombre de la organización y sus objetivos tal como están formulados son igual de amplios y elevados.

Sin embargo, con tales objetivos ¿cumple realmente la Sociedad su misión de promover el progreso de la humanidad, y tiene un impacto en la mente y los asuntos humanos? Cuando uno lo mira de esa manera y piensa en lo maravillosa que puede ser una organización como la ST, tanto de hecho como en teoría, uno se da cuenta de que debe producirse un cambio radical en la mentalidad, en la visión y en la forma de vida de los miembros mismos. Entonces cualquiera que mire a la Sociedad sentirá inmediatamente que es algo fuera de lo común, que la verdad que llamamos Teosofía es quizás mucho más importante que la verdad que la gente busca en otros campos, como la ciencia moderna.

No es un cambio en la organización lo que se necesita. Hay mucha gente que hace sugerencias y propuestas a la ligera respecto a la organización y a los métodos de propaganda. Hay sugerencias tales como: no tengamos Ramas, dependamos sólo de las clases de estudio; o, necesitamos usar la televisión y la radio en lugar de tener conferencias; debemos emplear expertos en relaciones pública,; y entonces la ST llegará a ser conocida y se convertirá en una fuerza mundial; etc.

Pero lo importante es un cambio en la calidad de vida que fluye a través de la organización; eso parece mucho más importante que los procedimientos y las formas externas. ¿Fluye la vida en cada parte de la organización? ¿O se queda quieta, como el agua en una piscina estancada? ¿Estamos simplemente cortando patrones de pensamiento en cantidades más pequeñas o más grandes y vendiéndolos, para usar una expresión norteamericana?

La naturaleza misma de la mente es fragmentar la expresión de la vida, que es una energía que siempre fluye y se expresa en diversas formas, pero en todas partes la vida se expresa en cierta unidad interior. Pero la mente, al mirar la forma y no la energía que fluye de ella o de su naturaleza, fragmenta esa expresión y ve sólo las partes. Luego junta las partes para formar un todo; ¡es buena para ensamblar! Esa es la naturaleza de la civilización mecánica actual. Las piezas se ensamblan con astucia, se crea una organización muy elaborada para un propósito particular y no otro. Entonces, nuestra civilización actual es esencialmente tecnológica, pero sin alma.

En la búsqueda de lo que se llama conocimiento, la mente analítica divide todo en diferentes partes, estudia su aspecto formal pero deja que la vida interior desaparezca. Donde la Teosofía se convierta en un mero asunto de intelectualismo, fallará en llegar al corazón de la gente. Pueden ser estimulados por un tiempo, por un tema de estudio u otro, pero eso no logrará realmente un cambio en sus vidas o hará a la Teosofía atractiva.

Algunos dicen que la ciencia ha ido mucho más allá de la Teosofía tal como se encuentra presentada en nuestros libros y, como otras actividades son más agradables a la mente moderna, no podemos causar ninguna impresión con algo tan anticuado y pegajoso como la Teosofía. La gente que dice esto tal vez no entienda la naturaleza de esta Sabiduría a la que llamamos Teosofía y simplemente la mira superficialmente.

En una de las cartas de los Mahatmas el Maestro dice, "pocos de nosotros querríamos hacer en la vida el papel de un pensamiento seco entre las hojas de un volumen de poesía solemne." Los Mahatmas no son exangües, secos, prosaicos, que solo repiten ciertas palabras. El conocimiento de los Mahatmas no pertenece meramente al aspecto superficial de las cosas, sino de aquello que yace dentro de ellas, tanto de la vida como de la forma. No se trata sólo de un aprendizaje de la cabeza que consiste en meros conceptos intelectuales, pero que no toca la naturaleza de la persona ni afecta su calidad de vida. El aprendizaje ocupa el cerebro y el cerebro se ocupa del aprendizaje.

Los Adeptos tienen conocimiento adquirido por un proceso de conocer al vivir sus vidas completamente, y este conocimiento no está aislado de la vida, sino que es una expresión de ella. Cuando el conocimiento se obtiene de esa manera, entonces no es sólo conocimiento mental. Por lo tanto, lo que debemos buscar no es simplemente ocupar la mente con temas que consideramos importantes, sino actuar de una manera diferente, lo que traerá un cambio en nuestro propio ser.

Cuando utilizamos las palabras "ciencia" y "religión", estas se refieren realmente a estos dos modos diferentes de acción. En el sentido moderno se puede perseverar en la ciencia en el plano intelectual, el corazón no tiene nada que ver con ello. Pero cuando hablamos de religión, se refiere a un tipo diferente de acción que tiene lugar en el individuo. Tal vez uno podría usar las palabras "mente" y "corazón" en vez de "ciencia" y "religión". Pero desafortunadamente, el corazón puede ser tan estrecho como la mente, tan rígido y zigzagueante, y también la palabra "corazón" transmite diferentes significados a diferentes personas. Uno puede tener todo tipo de emociones y reacciones personales y mezquinas que podrían ser llamadas el corazón del individuo. Pero no hay otra palabra en castellano que pueda transmitir esa cualidad o aspecto de la conciencia que puede funcionar como una totalidad.

Lo que realmente caracteriza la actitud o el espíritu religioso no son las creencias, las prácticas o las lealtades; éstas varían de una religión a otra. No estamos hablando de ninguna religión en particular sino de la Religión misma, de lo que caracteriza la actitud religiosa. Es sinceridad, dedicación completa. En un hombre religioso encontrarás la respuesta total; la devoción en el sentido real es total, completa, no hay reserva alguna, nada se guarda. Y esa es realmente la acción de la totalidad de nuestro ser. La actitud del religioso es realmente la que está completamente unificada, totalmente integrada. La palabra sánscrita advaita se refiere a esta unidad que existe dentro de uno mismo. Cuando la gente dice que hay Uno y nada más, y por lo tanto no hay dualidad en absoluto, eso es sólo una idea. Pero es posible, como una cuestión de vida, de nuestra propia experiencia, ser completamente íntegro en uno mismo.

Nuestra verdadera naturaleza, siempre incondicional, es la de la paz, la bondad y la indivisibilidad. En las estrofas Upanishádicas usadas para la meditación, están las palabras sântam, sivam, advaitam, paz, bondad, indivisibilidad. Y esa naturaleza puede ser experimentada dentro de nosotros mismos. Podemos saber por nosotros mismos que es posible vivir con una naturaleza unificada, completamente indivisa, que está en paz en sí misma, en la que no hay una doble personalidad en conflicto. Tal naturaleza puede actuar con la totalidad de sí misma, sin ninguna reserva, y tal acción es muy diferente de la acción de la mente, que es sólo un instrumento de todo el ser del hombre.

Sin ser religioso en ningún sentido convencional, es posible ser sincero y completamente desinteresado, en un estado de amor. Si una persona está en esa condición, si es realmente desinteresada, si no es ese así llamado amor que es una expresión del yo para sus propios propósitos, entonces es de todo corazón. De hecho, ese es el único estado en el cual uno realmente experimenta la totalidad de su ser. El amor en sentido real es totalmente voluntario, es pura buena voluntad. Sólo en esos momentos se experimenta la verdad de lo que podría describirse como la totalidad de la acción. Actúa toda nuestra naturaleza.

Por lo tanto, nadie es verdaderamente religioso excepto cuando actúa con una naturaleza de amor, una naturaleza que está sin un yo. Hablamos de un hombre como religioso cuando muestra devoción. La palabra "devoción" que transmite la idea de sinceridad, de abnegación, de cierta fuerza capaz de actuar, denota realmente amor sin ningún elemento de sí mismo. Podemos tener un sentido de asombro cuando estamos en presencia de un gran Ser, pero ese sentido de asombro no es miedo. Está la frase bíblica: "El amor perfecto echa fuera el miedo". El miedo surge porque usted tiene miedo de que otra persona pueda hacerle daño. Pero cuando confías completamente en otra persona, entonces no puede haber miedo. No piensas en lo que podría pasarte, porque no hay "yo" ni "tú" en este amor. Es posible estar en ese estado de amor sólo cuando no hay ningún elemento de miedo. El miedo inhibe. Te acercas a alguien por una razón, pero te inhibe tu temor de que no piense bien de ti, de que descubra tus debilidades y piense que eres mezquino. Eso significa que tienes miedo de perder tu propia autoestima, temes que puedas perder la estima de esta gran persona. Pero sólo si no buscas la estima de nadie, o sientes la necesidad de ser considerado bueno o importante, y no tienes miedo en absoluto, puedes dar absoluto amor.

Nuestra así llamada devoción es mayormente un tipo de servicio o lealtad con expectativas. Puede que no se expresen verbalmente, pero existen. Esperamos, al menos, aprobación, buena voluntad, bendición o algún tipo de beneficio. Si digo que soy leal a mi Dios, en esa misma expresión hay un sentimiento de posesión; soy leal a él porque deseo su gracia, su buena voluntad, su protección; quiero poder invocarle siempre que esté en problemas.

Cuando entendemos el verdadero significado de la palabra "corazón", que no son nuestras mezquinas emociones personales, podemos darnos cuenta de que debe asociarse con todo lo que es más hermoso en la vida. Es un sentimiento maravilloso, desprovisto de miedo y expectativas; un estado de ser indiviso, en el que sólo hay entrega de sí mismo. Y eso realmente apunta a ciertas profundidades que la mente no puede comprender, por muy inteligente que uno pueda ser, por muy bueno que sea el intelecto. No se puede hablar mucho de la sabiduría del alma, que La Voz del Silencio distingue del aprendizaje de la cabeza, porque no se presta al lenguaje de la mente. Tiene que ser experimentado personalmente. No se puede decir nada más al respecto.

La búsqueda principal de la Sociedad no es sólo el conocimiento de varios aspectos de la Naturaleza que están más allá de nuestro conocimiento actual. Puede que sepas de varias Rondas, Cadenas, etc., pero que todavía no te conviertes en un ser diferente debido a ese conocimiento. El verdadero valor del conocimiento se percibe sólo a la luz de la sabiduría que uno pueda poseer.

La palabra "Teosofía" significa esta Sabiduría, que el Bhagavadgitâ describe como vivificante, y no solamente información porque eso no modifica mucho nuestras vidas. Si, en cada una de sus partes, la Sociedad persigue esta Sabiduría, distinguiéndola del mero conocimiento, tendrá un carácter diferente. Entonces la Sociedad podrá realmente ser un factor que produzca el cambio que necesita el mundo entero. Toda nuestra vida tiene que estar dedicada a la búsqueda de la Sabiduría, y no sólo en las clases de estudio. Realmente hablando, la Sabiduría es cierto enfoque que tiene que manifestarse todo el tiempo y en relación a todos los incidentes, circunstancias y personas. Sería una Sociedad maravillosa si incluso un buen número de sus miembros se dedicara realmente a la búsqueda de ese algo extraordinario que se llama Teosofía. Lo ordinario es lo que la mente puede captar, pero lo extraordinario es algo que ha de ser experimentado sólo en las profundidades de nosotros mismos, y sólo podemos experimentarlo cuando toda nuestra naturaleza se libera de todo impedimento, cuando se ha limpiado de todas sus ideas erróneas, sus creencias equivocadas y pensamientos errados.

 

 

 

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