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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 139 - Número 07 -  Abril 2018  (en Castellano)

 
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Tres verdades y un dharma

 

FERNANDO A. DE TORRIJOS

Miembro y conferenciante de larga data de la ST en EE.UU.

Charla dada en el Congreso Europeo, Barcelona, ​​España, agosto de 2017.

 

 

“No hay Dharma más elevado que la Verdad”

Escúchame, mi hermano:. . . Hay tres verdades que son absolutas, y que no pueden perderse, pero que pueden permanecer en silencio por falta de expresión.

El alma del hombre es inmortal, y su futuro es el futuro de algo cuyo crecimiento y esplendor no tienen límite.

El principio que da vida mora en nosotros y fuera de nosotros, es inmortal y eternamente benéfico, no se oye, ni se ve, ni se huele pero lo percibe el hombre que anhela la percepción.

Cada hombre es su propio y absoluto legislador, el dispensador de gloria o aflicción para sí mismo; quien decreta su vida, su recompensa, su castigo.

Estas verdades que son tan grandes como la vida misma son tan simples como la mente más simple del hombre. Alimenta con éstas al hambriento. [énfasis agregado]

Hace exactamente 40 años que descubrí la Sociedad Teosófica en Madrid. Durante varios años estuve buscando el sentido de la vida y la razón por la cual entre tanta belleza natural también había tanto sufrimiento. Este pensamiento me generaba una profunda fuente de sufrimiento, llevándome a episodios de depresión y ansiedad.

En 1977, a los 30 años, estaba trabajando en una estación de esquí en las montañas de los Pirineos, Baqueira-Beret. Este lugar se convirtió en mi escape, al menos en apariencia, de los conflictos emocionales que me acompañaban desde mi adolescencia. El hito de llegar a los 30 y la curiosidad que despertó en mí un folleto de los rosacruces abrió la necesidad de encontrar una respuesta a los misterios de la vida y la existencia.

Sin pensarlo mucho, y sin tener en cuenta la oposición de mi empleador, decidí tomarme unas vacaciones de tres meses en los Estados Unidos, sin saber inglés, pero con mucho entusiasmo. Fui de Nueva York a California, y después de visitar el Centro Rosacruz en San José, llegué a la conclusión de que practicar algunos de los rituales que sugerían no era una forma de obtener respuestas a mis preguntas. De regreso en Madrid, decidí tomar un retiro en las montañas de Ávila y construí una cabaña sencilla con madera y piedras.

Debido a mi falta de experiencia en la meditación, aparte de la información que obtuve de unos pocos libros disponibles en ese momento en España, me vi obligado a diseñar mi propio sâdhana, un grupo de prácticas sobre auto-indagación y concentración para ayudar a que mi mente se serenara. Tuve suerte porque para complementar esto, un pequeño libro, A los pies del maestro, de alguien llamado J. Krishnamurti, de repente cayó en mis manos. Este libro se convirtió en mi compañero íntimo durante mi retiro silencioso y solitario de 45 días, lo que me dio la oportunidad de aprender el libro de memoria. A LOS QUE LLAMAN, eran las palabras iniciales. Sí, llamé a esa puerta y todo cambió. "De lo irreal condúceme a lo Real, de la oscuridad condúceme a la Luz, de la muerte a la Inmortalidad", este mantra de los Upanishads iniciaba mi conversión a una nueva vida.

Mi retiro terminó y regresé a Madrid, tal vez más confundido mentalmente que antes y con cierto cansancio físico, pero lleno de ánimo. Fui a una pequeña librería que tenía una sección de Libros Esotéricos: lo "esotérico" tenía más que ver con su ubicación en una habitación interior oculta y que las páginas tenían un fuerte aroma a incienso. Después de preguntar, me dijeron que si quería saber más sobre Krishnamurti, lo mejor que podía hacer era acercarme a la Rama Hesperia de la Sociedad Teosófica.

¡Gran descubrimiento! Cuando llamé a la puerta de la rama teosófica y ésta se abrió, me inundó una bocanada de incienso, como la de esos viejos libros. Un señor mayor me preguntó: "¿Qué quieres, joven? ¿Qué te trae por aquí?" Le conté de mi interés. Inmediatamente me recitó el Primer Objetivo de la Sociedad Teosófica (ST), y al expresar mi conformidad, me invitó a entrar.

Una intensa sensación invadió mi ser, algo en mi interior me decía, "Bienvenido a casa otra vez." Yo estaba entre un grupo de extraños, pero no era realmente así; me resultaban familiares. Algo me decía que ésta no era la primera vez que estaba en su compañía. . . ¿pero cómo?

Ahora sabía lo que tenía que hacer a continuación: escuchar, estudiar, asimilar y, finalmente, enseñar lo que de a poco podía aprender y comprender. Un nuevo mundo se abría frente a mí: Hinduismo, Taoísmo, Budismo, Neoplatonismo, hermetismo, misticismo, etc. Y La Doctrina Secreta, la mejor colección de enseñanzas, los mejores instructores, todo lo que estaba buscando.

El resto de la historia es buena para un libro; la única otra cosa que quiero mencionar es que participé en cursos y retiros largos, a veces hasta de dos o tres meses, con un solo propósito, aprender y comprender. Unos años más tarde, me enamoré de una bella dama estadounidense a quien conocí a través de Joy Mills en Krotona, California. Nos casamos en Madrid, luego fuimos a India para ayudar con la Convención del Centenario en Adyar y Radha Burnier nos presentó a J. Krishnamurti. Desde allí fuimos a Worcester, Massachusetts, para establecer nuestra nueva residencia y cumplir importantes obligaciones familiares sin saber lo que vendría en el futuro.

En EE.UU.

 La primera y más importante tarea para mí en esta etapa fue dominar el idioma inglés, primero para ganarme la vida y luego para poder seguir aprendiendo desde las tradiciones teosóficas y sagradas. Comencé a escuchar, estudiar, asimilar y enseñar, primero en español y luego en inglés.

Durante años, dediqué mucho tiempo a estudiar, posiblemente con los mejores instructores disponibles en ese momento en persona o de libros. Reflexioné sobre cada tema en mis prácticas de meditación y auto-indagación, y comencé a presentar mis hallazgos en clases y conferencias. Pero, algo faltaba. Todo lo que estaba leyendo o escuchando decía que la causa principal del sufrimiento provenía de la mente. Todas las metodologías para calmar la mente eran claras en el texto escrito, pero muy difíciles de lograr en la práctica. Pero esto no me desanimó. Continué explorando diferentes enfoques y siempre llegaba a la misma conclusión, que para mí las enseñanzas más convincentes eran las de Krishnamurti. Pero K. no era fácil de leer, era demasiado radical en su enfoque, incapaz de llegar a la mayoría de la gente. Era necesario hablar y enseñar en un idioma que la gente entendiera, pero ¿cómo?

En una mañana de marzo de 1989 comencé un proceso de exploración interna con una pregunta en mente: ¿Qué necesito hacer para generar eficiencia en el proceso de aliviar el sufrimiento humano? Hablaba en serio, éste era un verdadero compromiso basado en una especie de Bodhichitta: hacer todo el esfuerzo necesario para aclarar la mente, volverme más auténtico, útil y gentil para el beneficio de todos. Citando a Goethe, "cuando se hace un compromiso sincero para hacer el bien, las cosas comienzan a suceder." Y sí, las cosas comenzaron a suceder, era como si alguien hubiera estado esperando que yo hiciera este movimiento. Las energías internas y externas se unificaron, generando una sensación de claridad y dirección, y señalaban hacia un objetivo natural, sin rigideces ni reglas dogmáticas.

Hicieron falta cinco años más de preparación hasta que se abrió una nueva puerta, lo que sucedió en uno de esos encuentros "casuales" de la vida.

Encuentro mutuo

En noviembre de 1994, asistí a un simposio de fin de semana en Boston titulado "Cuerpo y alma". Destacados profesionales pioneros en el nuevo enfoque de la medicina integrativa, también conocido como medicina cuerpo-mente, se unieron para presentar su trabajo. El orador principal era Robert Bly, un poeta estadounidense que ha traducido el trabajo de muchos poetas españoles al inglés; entre ellos, Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, Federico García Lorca, etc.

 La magnífica charla de Bly duró 90 minutos. Destacó la importancia de reconectarse con la naturaleza para sanar nuestra alma y describió al ser humano como un conglomerado de tres cuerpos. Un cuerpo de fragancia que nos permite volver a ser un niño pero con la madurez de un adulto, para recuperar la espontaneidad y la respuesta natural a las cosas; un cuerpo ancestral que reconoce que cada uno de nosotros representa a la humanidad entera y que para poder sanar a la humanidad, necesitamos aprender cómo curarnos a nosotros mismos; y un cuerpo de río celestial, que significa nuestra capacidad de conectarnos con lo más elevado en nosotros, y a través de este centro reconectarnos con todo, no solo con otros seres humanos, sino también con la esencia de la existencia que está presente en todo lo que respira.

Después de su charla, tuve una charla con Bly y prometí darle una copia del casete del músico español Joan Manuel Serrat en el que canta poemas de Machado. A la mañana siguiente, después de terminar la meditación que él estaba dirigiendo, decidió dedicarme y recitar un poema de Machado para mí:

Llamó a mi corazón, un claro día,

con un perfume de jazmín, el viento.

 —A cambio de este aroma,

todo el aroma de tus rosas quiero.

  —No tengo rosas; flores

en mi jardín no hay ya; todas han muerto.

  Me llevaré los llantos de las fuentes,

las hojas amarillas y los mustios pétalos.

Y el viento huyó... Mi corazón sangraba...

Alma, ¿qué has hecho de tu pobre huerto?

 

Sentado cerca de mí, estaba el Dr. Jon Kabat-Zinn, fundador del programa de reducción del estrés basado en Mindfulness (MBSR) del Centro Médico de la Universidad de Massachusetts, en Worcester. Tras recitar el poema, Jon se acercó y me preguntó si el español era mi primera lengua, si mi residencia estaba en Worcester, y si me interesaba la medicina de mente / cuerpo. Asentí a todas esas preguntas y me invitó a almorzar con él la semana siguiente en el hospital. Durante el almuerzo, le conté sobre mi pasado y mi trabajo voluntario con la S.T. Después del almuerzo, me llevó a su oficina para presentarme a su equipo y luego se ofreció para capacitarme en MBSR para que yo pudiese enseñar su programa. Unos meses más tarde fui nombrado director de una de sus clínicas. Este fue el comienzo de una amistad y colaboración que duró 23 años, y posiblemente continuará por el resto de nuestras vidas.

Este encuentro fue la respuesta a lo que estaba buscando, la última pieza del rompecabezas finalmente encontró su lugar. Aprendí muy rápido sobre la eficacia del Satipatthâna Sutta del Buda, donde él halló la fórmula para aliviar el sufrimiento humano. El consejo que el Buda dio a los interesados ​​en enseñar el dharma fue el siguiente: sea simple, hable en el lenguaje de las personas de tal manera que las personas entiendan el mensaje desde dentro para ayudarse a sí mismas a iniciar su proceso de curación y auto transformación.

Esta es la metodología creada por Kabat-Zinn. Me inclino ante él en reconocimiento a su capacidad para poner en palabras simples una profunda sabiduría. Durante los primeros 15 años de su programa, evitó el uso de palabras tales como: espiritualidad, dharma, vacío, atención plena, etc., para evitar crear barreras o etiquetas mentales en los participantes. El mensaje era simple: reunámonos para explorar el significado de estar vivos, de ser humanos, y la responsabilidad que esto implica. Deberíamos poner nuestra atención en esa joya que tenemos dentro desde el momento del nacimiento, que está presente en el corazón de cada ser; también en ese jardín, que nos fue confiado al nacer para cuidarlo. Acercándonos a todo esto a través del cultivo de la atención plena, esa habilidad humana natural presente en nosotros, tal vez desconocida o raramente utilizada, que se ha denominado "el chaleco salvavidas de la inteligencia emocional".

La facultad de concentrar voluntariamente la errante atención una y otra vez, es la raíz misma del juicio, el carácter y la voluntad. Nadie es compos sui si no lo tiene. Una educación que mejorara esta facultad sería la educación por excelencia. Pero es más fácil definir este ideal que dar instrucciones prácticas para lograrlo.

William James, Principles of Psychology, 1890. (Continuará)

 

 

 

El Dharma (Vida religiosa) tiene la mente como precursor, se vuelve noble a través de la mente, es la mente misma. Si uno habla o actúa con una mente malvada, el sufrimiento lo sigue como la rueda de un carro, el pie del caballo lo lleva.

El Dharma (Vida religiosa) tiene la mente como precursor, se vuelve noble a través de la mente, es la mente misma. Si uno habla o actúa con una mente pura, la felicidad lo sigue como una sombra que nunca lo abandona.

Dhammapada

 Dr. C. Kunhan Raja

 

 

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