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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 139 - Número 06 -  Marzo 2018  (en Castellano)

 
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Milarepa: de pecador a santo

 

CYNTHIA OVERWEG

 

Educadora y escritora. Vive y enseña en Krotona sobre la Sabiduría Perenne que une Oriente y Occidente.

Reimpreso de la revista Quest, primavera de 2014.

 

 

Sentado en una cueva estéril y gélida en lo alto del Himalaya, Milarepa meditaba día y noche, manteniéndose caliente con la práctica yóguica avanzada conocida como tummo, la habilidad de generar calor corporal manipulando canales de energías dentro del cuerpo. Débil y escuálido, había estado meditando en cuevas remotas de las montañas durante muchos años, y sólo se marchaba para mendigar por comida. Debido a su riguroso voto de práctica continua de meditación, su cuerpo se había reducido a un esqueleto, y sus ojos estaban hundidos y huecos. Su única fuente de alimento durante más de un año había venido de un abundante suministro de ortigas que encontró creciendo cerca de su cueva. Había comido tantas ortigas que su piel caída tenía un tono verdoso.

La muerte parecía inminente, pero las austeridades físicas de Milarepa tenían un objetivo claro y deliberado: quería alcanzar la iluminación o morir en el intento. Su disciplina de meditación era tan feroz que se negó a permitir que hasta el hambre más severa interrumpiera su meta. Cuando un grupo de desventurados cazadores de animales tropezaron con su cueva buscando algo para comer, gritaron horrorizados, creyendo que Milarepa era un fantasma. Les aseguró que no, mientras saqueaban su cueva en busca de dinero. No encontrando nada, lo golpearon. Su crueldad llenó a Milarepa de compasión y lloró por ellos.

Un año después, un segundo grupo de cazadores apareció en su cueva, pero su actitud hacia Milarepa fue muy diferente. Vieron el valor de su devoción a la práctica y le ofrecieron comida. Milarepa les dijo: "He recibido las instrucciones orales para alcanzar el Budado en una vida y un cuerpo. Habiendo renunciado a esta vida, estoy meditando solo en las montañas y dedicándome a lograr este objetivo duradero". Entonces, los cazadores lo dejaron en soledad para meditar.

Afortunadamente para Milarepa y para el legado espiritual que dejó detrás, no murió de hambre, y la palidez verde de su piel desapareció cuando dejó de comer ortigas y finalmente tomó algo de comida nutritiva. El amado santo tibetano del siglo XI continuó percibiendo su preciado objetivo y luego enseñó a muchos a hacer lo mismo.

Milarepa era un yogui tibetano errante que se dedicaba a la meditación y a la práctica tántrica en cuevas del sur del Tibet. Lo que inicialmente lo llevó a retirarse a la montaña fue un intenso deseo de superar su pasado devastador, que incluía su participación en magia negra, venganza y asesinato. Al sentir el lastre del pesado karma negativo y abrumado por el remordimiento, consideró el suicidio más de una vez. Pero encontró a un maestro talentoso que le mostró el camino para salir de la oscuridad.

Lo que muestra su vida, dice el doctor José Cabezón, un erudito budista que ocupa la Cátedra Dalai Lama en la Universidad de California en Santa Bárbara, es que "no importa cuán difícil se haya vuelto nuestra vida o cuántos giros equivocados hemos dado, siempre es posible hacer cambios en nuestra vida". Pero, al mismo tiempo, añade Cabezón: "En el camino espiritual la paciencia y la enseñanza de un maestro calificado son necesarios para el progreso espiritual."

Milarepa aprendió a convertir su desesperación en una práctica espiritual que finalmente lo transformó en el yogui más venerado del Tibet. Se dice que no sólo obtuvo la liberación en una vida, sino que también se convirtió en un bodhisattva, un ser plenamente realizado que toma el voto de liberar a todos los seres sensibles a través de la compasión y la sabiduría, sin importar cuánto tiempo lleve. "Siempre existe la sensación de que el bodhisattva comienza con un altruismo básico y luego desarrolla una visión cada vez más integral de la realidad y de la compasión", dice el doctor Francis Tiso, sacerdote católico y erudito budista que escribió su disertación doctoral sobre Milarepa y estudió al santo tibetano durante treinta y cinco años.

"Sólo cuando Milarepa se da cuenta de que necesita encontrar el camino hacia la liberación, 'en un solo cuerpo y una sola vida', para evitar las consecuencias post-mortem de sus malas acciones, busca un maestro que pueda mostrarle el camino virtuoso de la práctica budista", explica Tiso, que escribió un libro sobre Milarepa y fue varias veces al Tíbet a investigar. "Sólo comenzamos a ver a Milarepa como un verdadero bodhisattva mucho más adelante en su vida, cuando se encuentra con personas en diversas situaciones de desesperanza", señala Tiso.

Milarepa nació en el suroeste del Tíbet alrededor del año 1052 y murió aproximadamente en 1135. Las fechas específicas de su nacimiento y muerte son discutidas por los historiadores, pero parece haber acuerdo en que vivió hasta finales de los setenta o principios de los ochenta.

La mayor parte de lo que sabemos sobre la vida y las enseñanzas de Milarepa proviene de su principal biógrafo tibetano, Tsangnyön Heruka, un conocido maestro tántrico del siglo XV.  La historia de Milarepa se hizo famosa en Occidente en 1928 con la publicación de El Gran Yogui Milarepa del Tíbet, editado por W. Y. Evans-Wentz, un teósofo que también trajo El Libro Tibetano de los Muertos al mundo de habla inglesa.

Para vislumbrar el peregrinaje épico de la metamorfosis espiritual de Milarepa y el dominio que adquirió sobre la naturaleza de la mente, es útil contar la historia que lo empujó a un infierno interior, pero también lo condujo a buscar el Budado. Milarepa fue el único hijo de padres ricos que lo bañaron de amor y consuelo material. Su padre, Mila Sherab Gyaltsen, lo llamó Mila Thöpaga ("una alegría oír"), lo que resultó ser profético, ya que Milarepa (repa: "yogui vestido de algodón") tenía una voz de maravilla y en lugar de dar conferencias sobre la enseñanza budista, conocida como el Dharma, "cantaba" o narraba sus propios poemas líricos describiendo sus percepciones espirituales y experiencias místicas.

Su madre, Nyangtsa Kargyen, también dio a luz a una hija, Peta, la hermana menor de Milarepa. Vivían una vida idílica con suficiente libertad financiera para hacer lo que querían. Pero los buenos tiempos llegaron a un final abrupto y trágico al morir el padre de Milarepa de una misteriosa enfermedad cuando Milarepa tenía apenas siete años. Aunque su padre dejó un testamento con instrucciones sobre cómo administrar su patrimonio para el beneficio de su esposa e hijos, él no dejó la herencia directamente a su esposa.

La estructura patriarcal del Tíbet medieval generalmente ponía a las mujeres bajo la protección y dominio de sus parientes masculinos. Esto fue catastrófico para Milarepa, su madre y su hermana, porque su deshonesto y codicioso tío paterno quedó a cargo de la fortuna de la familia. Poco después del funeral, sus tíos confiscaron sus riquezas, ignorando descaradamente los deseos del fallecido padre de Milarepa. Milarepa, su madre y su hermana fueron obligadas a vivir como mendigos sin dinero para comprar comida o ropa. Les robaron su dignidad y todo lo que poseían. La madre de Milarepa casi se vuelve loca por la traición y la miseria que ella y sus hijos tuvieron que soportar.

Cuando Milarepa tuvo edad suficiente para casarse, su madre le rogó a su cuñado y cuñada que le devolvieran al menos parte de su dinero. Pero se burlaron de ella diciéndole: "Si son muchos, hagan la guerra. Si son pocos, hagan magia". Incapaz de cambiar la situación, le pidió a su hijo que aprendiera magia negra para vengarse de sus torturadores y de aquellos que se mostraron indiferentes al observar lo que sucedía. Su dolor era tan extremo que juró suicidarse si no se castigaba la traición de sus cuñados.

Milarepa aceptó estudiar las artes negras y vengarse. Salió de su casa y encontró a un lama que le enseñó a causar un daño terrible con magia negra. Desarrolló habilidades malévolas con una mente poderosamente enfocada y una determinación sostenida que lo distinguió de otros practicantes. El primer hechizo que lanzó hizo que la casa de su tío se derrumbara durante un banquete de bodas cuando la casa estaba llena de sus parientes. Murieron 35 personas.

Irónicamente, su cruel tío y su tía no resultaron heridos, aunque sus hijos y esposas estaban entre los muertos. Pero Milarepa no se detuvo ahí. También envió una terrible tormenta de granizo que arruinó las cosechas de sus parientes justo antes de la cosecha. Madre e hijo ahora tenían su venganza, pero continuaron sufriendo. Los sobrevivientes de la destrucción de Milarepa amenazaron con matar a su madre, que fue tratada desde entonces como una marginada. Su hermana, Peta, se quedó sin hogar, vagando de pueblo en pueblo trabajando como sirvienta y mendigando comida, mientras que Milarepa se quedó en las montañas sirviendo al lama que le enseñó a hacer tanto daño.

Es en este punto de la historia que nos enfrentamos con toda la magnitud de las horribles consecuencias de la ira desenfrenada y nos preguntamos si hay alguna redención concebible para Milarepa. Y ese es un elemento intrínseco de la historia: la redención es posible si estás dispuesto a hacer el duro trabajo de auto-transformación.

Milarepa estaba atormentado por el remordimiento y por un profundo anhelo de liberarse de la miseria. La venganza no era tan dulce después de todo. "En esa etapa de su vida, tenía delirios en su mente. La mayoría de nosotros no somos asesinos, pero sufrimos como él de ira, miedo, apego, orgullo y confusión", dice Amy Miller, una monja budista tibetana y directora del Centro de Meditación Milarepa en Vermont. "Se dio cuenta de que necesitaba un guía que lo ayudara a salir de su ensimismamiento, y encontró un maestro calificado."

Y así Milarepa dejó al lama que le mostró el camino oscuro para buscar a un maestro que pudiera poner fin a su sufrimiento. Después de fracasar con el primer maestro que conoció, fue enviado al hombre que abriría la puerta a su transformación espiritual. Se le conoce como Marpa, "el traductor", un título que honra su traducción de preciosos textos tántricos del sánscrito al tibetano. Marpa estaba casado, tenía un hijo y enseñaba a muchos estudiantes. Viajó varias veces a Nepal e India para obtener sus propias iniciaciones, que incluían transmisiones orales secretas de enseñanzas tántricas. Mucho más adelante en la historia, le dio estas transmisiones seguras a Milarepa.

Una vez bajo la guía de Marpa, Milarepa pasó por un arduo y penoso aprendizaje en el que se le negó repetidamente cualquier tipo de enseñanza. Durante muchos años, Marpa puso constantemente a prueba la determinación de Milarepa humillándolo frente a otros y obligándolo a construir, y luego derribar y volver a construir, varias estupas altas. El trato fue duro y a veces insoportable. Milarepa se derrumbó y pensó en el suicidio, creyendo que era un pecador demasiado grande para recibir la enseñanza de Marpa.

Pero Marpa conocía bien el pasado de Milarepa y su lucha interior. Le ayudaba a limpiar su mal karma y le enseñaba a librarse de la auto-importancia y del ego. Aunque Marpa sabía que Milarepa era extremadamente capaz, que incluso estaba destinado a convertirse en su discípulo más grande, no fue hasta que Marpa se convenció de que Milarepa se había ganado el privilegio de aprender una enseñanza sagrada y transformadora que él le dio la instrucción.

En la lengua vernácula actual, lo que Marpa hizo puede llamarse "amor rudo", pero también hay una base esotérica en su relación. Por lo tanto, sugiere Tiso, es importante reflexionar sobre la relación gurú-discípulo. "La devoción que uno experimenta no es servil ni obediente; tiene que venir de quien uno es realmente y de lo que se es, que es un delicado equilibrio de gran humildad, nuestra nada, y nuestra grandeza, el cuerpo divino en el que somos transformados por la práctica espiritual", dice Tiso.

Sintiendo que Marpa era la clave de su regeneración espiritual, Milarepa reunió fuerza interior para perseverar. Pero Marpa continuó negando su enseñanza, y Milarepa llegó a un punto de quiebre. Dejó a Marpa para buscar otro maestro. Después de algunos giros y vueltas que implicaban falsificación y engaño, Milarepa regresó y fue finalmente aceptado como estudiante de Marpa. Era la primera vez, desde su infancia, que Milarepa experimentaba algo parecido a la alegría. Era como si hubiera nacido de nuevo.

Milarepa comenzó su desarrollo espiritual cuando Marpa (cuyo linaje de enseñanza provenía de la escuela Kagyu transmitida por el gran sabio indo Naropa, quien a su vez la recibió de Tilopa) lo inició en las sutilezas del Vajrayâna, que enfatiza la práctica tántrica y la experiencia directa sobre el aprendizaje formal. "Los tibetanos creen que toda forma de budismo puede transformar la mente de forma positiva, pero sólo el Tantra, el camino esotérico, es capaz de traer la iluminación en una sola vida", dice Cabezón.

En la forma más avanzada de la práctica Tántrica, conocida como la "etapa de realización", el objetivo es "transformar el cuerpo humano físico en el cuerpo de un ser iluminado, un cuerpo de luz no físico", explica Cabezón. "Se dice que quienes logran esto no dejan ningún resto físico en el momento de la muerte. Sus cuerpos se transforman en luz o arco iris."

Una vez que Marpa instruyó a Milarepa en la práctica tántrica, demostró las posibilidades que le esperaban si podía meditar sin distracciones por el resto de su vida. Marpa hizo que su cuerpo se desmaterializara y rematerializara para convertirse en sus deidades elegidas, conocidas como Hevajra, Chakrasamvara y Guhyasamâja. También transformó su cuerpo en un loto, una campana y una espada, así como círculos de luz. El maravilloso despliegue de los poderes de Marpa llenó a Milarepa de felicidad y de la determinación de tener el mismo dominio sobre los componentes de su propio cuerpo y mente. Y él hizo exactamente eso.

Después de muchos años más de meditación y práctica, Milarepa pudo transformar su cuerpo en cualquier forma que deseara, incluyendo fuego y agua. También aprendió el vuelo yóguico, la habilidad de volar a través del cielo y viajar grandes distancias. En una ocasión, cuando volaba sobre el campo, vio a un campesino que perdió a un pariente a causa de su hechicería letal. El granjero reconoció a Milarepa y lo maldijo. Fue este encuentro el que reafirmó la resolución de Milarepa de iluminarse no sólo para su propio beneficio, sino para el beneficio de todos los seres.

El encanto de los logros místicos de Milarepa cautivó la mente occidental durante siglos Está más allá del alcance de este artículo intentar explicar las prácticas tántricas que se supone que convierten a un hombre o mujer ordinario en algo sobrehumano. Baste decir que Milarepa aprendió a practicar los Seis Yogas de la meditación Naropa y Mahamudra y al haberlos dominado se liberó de los límites de la mente. Fue un proceso gradual supervisado por Marpa, que también es un tema central, la guía esencial de alguien que conoce el camino hacia la libertad. "La pregunta es: '¿Cuán libre quieres ser?' Estamos bien siendo relativamente libres, pero cuando nos pasa algo malo, o hacemos algo malo, ¿entonces qué?" pregunta Amy Miller, cuyo trabajo en el Centro de Meditación Milarepa se centra en ayudar a las personas a descubrir su relación con su propio sufrimiento.

La vida de Milarepa está llena de tantos acontecimientos dramáticos que, en aras de la brevedad, sólo se pueden dar aquí los momentos más destacados. Antes de que procedamos a considerar el momento más compasivo de su vida, debemos mencionar su dolor cuando encontró los huesos de su madre; su alegría cuando se reunió con su hermana; su sabiduría cuando se reconcilió con su tía y su tío; y su gratitud por las visitas de las misteriosas dakinis, divinidades femeninas celestiales que le dieron consejos e instrucciones proféticas. Pero quizás sea el episodio final de su vida el que mejor ilustra su peregrinaje trascendente.

A principios de sus sesenta años, Milarepa había alcanzado la iluminación. Pasó el resto de su vida enseñando cómo lograr la liberación a sus discípulos, grupo que incluía unas pocas mujeres Pero su estilo de vida cavernícola y la falta de credenciales académicas o monásticas a veces causaban celos entre otros maestros y lo ridiculizaban. En un fresco día de otoño, Milarepa fue invitado a ser el huésped de honor en una boda a la que asistieron sus discípulos y muchos otros invitados. Entre el público estaba el hombre que se convertiría en el asesino de Milarepa. Su nombre era Geshé Tsakpuwa. El Geshé (un monje erudito) no le gustaba lo que él veía como la pretensión de sabiduría de Milarepa. Queriendo avergonzarlo frente a la multitud, le hizo a Milarepa una serie de preguntas intelectuales sobre el Dharma.

Milarepa respondió que para entender la naturaleza de la realidad uno debe ayunar y meditar en las montañas. Esto, el Geshé lo tomó como una ofensa y siguió desafiando a Milarepa sobre una base intelectual. Pero la multitud abucheó al Geshé y le dijo que se callara. Humillado, el Geshé planeó una venganza asesina. Y ahora hemos cerrado el círculo de la historia: la venganza comenzó esta saga espiritual y reaparece al final de la vida de Milarepa.

No queriendo matar a Milarepa él mismo, el Geshé indujo a su novia a envenenarlo. Para obtener su cooperación, él le prometió casarse con ella y le dio un hermoso pedazo de turquesa para endulzar el trato. Incubaron un complot para traerle a Milarepa algo de comida contaminada.

En el momento en que la amante de Geshé apareció con comida envenenada como ofrenda, Milarepa supo lo que estaban haciendo. A través de su clarividencia, vio su astuto plan. Cuando la mujer le ofreció a Milarepa la comida, ella tomó conciencia de ello y tuvo un repentino cambio de opinión. Le rogó que no lo comiera, confesando que estaba envenenada. Pero Milarepa creía que la misión de su vida había llegado a su fin y que su muerte podría ser utilizada como una enseñanza sobre la impermanencia. Le ofreció purificar sus malas intenciones y le sugirió que si meditaba, podría trascender los límites de su mente. Entonces le dijo que la comida envenenada no podía hacerle daño y se la comió. La implicación es que Milarepa estaba eligiendo morir y que mientras que el cuerpo desaparecería, él no lo haría.

Cuando Milarepa mostró signos de enfermedad, el Geshé vino a verlo fingiendo preocupación. Creyendo que Milarepa no tenía poder espiritual, le instó a enviar la enfermedad a su propio cuerpo. En cambio, Milarepa transfirió la enfermedad a la puerta de su celda de retiro, que se rompió en pedazos y se estrelló contra el suelo. Aún no persuadido, el Geshé pidió de nuevo a Milarepa que le enviara la enfermedad. Milarepa lo hizo. El Geshé se derrumbó en el suelo, retorciéndose de dolor, y casi muere antes de que Milarepa devolviera el veneno a su propio cuerpo.

Finalmente, convencido de la grandeza del yogui, el Geshé lloraba incontrolablemente y pedía perdón. Juró practicar la meditación y servir a los demás. Agradecido por la sinceridad del Geshé, Milarepa se ofreció a darle sus enseñanzas.

Cuando el gran yogui murió, hubo un milagroso despliegue de luz en los cielos con huestes de seres celestiales honrando al santo. El aire se llenó de fragancia, y hermosas flores cayeron a tierra. Entonces el cuerpo de Milarepa desapareció en un resplandor de luz que se convirtió en un hermoso arco iris.

Francisco Tiso resume así la muerte voluntaria de Milarepa: "La elección de morir se vuelve emblemática de la tradición Kagyu: convertir las circunstancias negativas en medios hábiles; identificarse con la humanidad ordinaria para liberarse; y enfatizar la práctica espiritual y la experiencia sobre la erudición y las expresiones verbales de los puntos de vista budistas".

Puede que nunca conozcamos todos los hechos sobre el histórico Milarepa, y quizás no importe. Fue su implacable búsqueda de la realización espiritual frente a su espantoso pasado lo que le da a su historia una poderosa resonancia transformadora que ha perdurado durante nueve siglos y se extiende mucho más allá de las fronteras del Tíbet.

En la vida de Milarepa, podemos ver sombras de nuestra propia vida disfuncional coexistiendo con nuestro anhelo espiritual más elevado, y podemos encontrar inspiración para mantener vivo nuestro propio trabajo interior. Su arduo peregrinaje espiritual ilumina lo sagrado y lo profano como un continuo en una historia humana en constante evolución.

Bibliografía

-Chang, Garma C.C., Las cien mil canciones de Milarepa, Boston: Shambhala,

1999.

-Evans-Wentz, W.Y., El Gran Yogui Milarepa del Tibet, Oxford: Oxford University

Press, 1928.

-Heruka, Tsangnyön, La vida de Milarepa, Traducido por Andrew Quintman, Nueva

York: Pingüino, 2010.

-El Centro de Meditación Milarepa, <www.milarepacenter.org>.

-Tiso, Francisco V., Liberación en una sola vida: Biografías y enseñanzas de

Milarepa, Berkeley, California: North Atlantic Books.

 

 

 

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