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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 139 - Número 05 -  Febrero 2018  (en Castellano)

 
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Pedro Oliveira

Coordinador de Educación para la ST en Australia, ex Secretario Internacional, y

Jefe de la Oficina Editorial en Adyar.

Conferencia dada en la Convención internacional 2017-18

 

En su Conferencia ‘Blavatsky’ pronunciada en la Convención del Centenario de la Sección Inglesa de la Sociedad Teosófica el 30 de julio de 1988, Radha Burnier dijo:

La tradición del yoga, contrariamente a la creencia común, no se limita a India, y no es una actividad esotérica en la que sólo unos pocos pueden entrar. Se relaciona con una corriente universal de indagación y comprensión que fluye a través de las edades en las diversas escuelas interesadas en la trascendencia del hombre. En Egipto y Grecia, en la tradición Sufí, en las enseñanzas de los Budistas y Taoístas, en la tradición Cristiana, en el Tantra y la Vedanta, en el corazón de las enseñanzas externas hay un modo de vida y un entrenamiento apropiado para la búsqueda interior y la dirección que se indica por la palabra "yoga".

Ella parece sugerir que una enseñanza genuina que brota de la Sabiduría y no de la especulación, es como una vasta corriente que siempre avanza, que se renueva, que nunca se detiene, y que lleva al estudiante a niveles cada vez más profundos de realización y comprensión verdadera. Como sugirió Orígenes, una enseñanza tiene cuerpo, alma y espíritu. El cuerpo puede ser el significado literal, el alma una comprensión de cuál es el propósito de la existencia humana y el espíritu una dimensión de libertad impregnada de un profundo sentido de unidad con todo lo que es.

Aquellos que están tratando de entender la Teosofía a un nivel más profundo y por lo tanto vivirla, pueden estar en la posición del samurai que visitó a un Maestro Zen y le pidió que le mostrara el camino al Cielo. En la primera visita, en lugar de responder a la pregunta de su visitante, el Maestro le ofreció un té. Y también en la segunda visita. No hace falta decir que el samurai se estaba impacientando.

La tradición dice que en la tercera visita y después de que el Maestro una vez más le ofreciera té, el samurai, sólo por una fracción de segundo, y sin mover la cabeza, miró su espada que había dejado a la puerta de la casa, como señal de respeto. Sin embargo, no se dio cuenta de que estaba en presencia de una persona totalmente atenta y sensible. En el mismo instante en que miró su espada, el Maestro puso su cabeza sobre la mesita que tenía frente a él y dijo, señalando a su cuello: "Este es el camino al infierno. Ataca." El impacto en la conciencia del samurai fue tan intenso que entendió su situación, y a sí mismo, tan completamente que alcanzó la iluminación.

Si permanecemos obsesionados con el cuerpo de la enseñanza y así desarrollamos una mera relación intelectual con ella, nos perdemos una gran oportunidad. La historia de las religiones y de los movimientos espirituales da testimonio de las interminables, y acaloradas, divisiones causadas por una comprensión literal de las enseñanzas. Tales divisiones se basan esencialmente en una amarga disputa por la fuente de la autoridad de las escrituras, así como por la tiranía de "la única visión válida". Tal actitud nunca puede alcanzar la corriente viva de la verdad que siempre yace por encima de las representaciones mentales de cualquier tipo. Como se afirma en el pequeño libro de Madame Blavatsky sobre Cómo Estudiar Teosofía, "ninguna imagen representará jamás la VERDAD".

El Glosario Teosófico define la palabra "psique" como "el Alma animal, terrestre; el Manas inferior". El alma de la enseñanza tiene que ver con principios y conceptos metafísicos profundos que estimulan la mente. No son conceptos que puedan ser encontrados atractivos por una mente mundana. Algunos de los principios que se nos presentan están revestidos del lenguaje de la paradoja. En su artículo "La Gran Paradoja", HPB nos advierte que "las paradojas del ocultismo deben vivirse, no sólo pronunciarse. En esto reside un gran peligro, porque es demasiado fácil perderse en la contemplación intelectual del sendero, y olvidar que el camino sólo puede conocerse recorriéndolo".

El riesgo inherente a este nivel más profundo de la enseñanza es que la mente pueda quedar completamente satisfecha y deslumbrada sólo con conceptos, sin darse cuenta de que los conceptos, las ideas de la tradición platónica, se ofrecen al estudiante para que pueda asimilar su esencia liberadora que yace en las profundidades de la Mente Universal. HPB sugirió que el estudio teosófico es una forma de Jnana Yoga, una indagación transformadora que lleva del Ser a la Seidad.”

Hace más de veinte años, en una charla realizada en el Salón de la Sede Internacional en Adyar, Radhaji dijo: "Aspiramos a hollar el Sendero porque hemos escuchado un llamado. Y hollarlo significa acercarse cada vez más a la Fuente de ese llamado para que pueda gobernar nuestras vidas completamente."

Sin embargo, la svarupa de la Teosofía, o la Sabiduría en su forma esencial y prístina, se encuentra en una dimensión que está completamente libre de representación, ideación y conceptualización. Todos los maestros teosóficos genuinos, desde la infancia de la humanidad hasta ahora, han enfatizado que el Espíritu increado de la Teosofía es la Unidad indivisa de toda la existencia; en palabras de HPB, "lo que une no sólo a todos los HOMBRES, sino también a todos los SERES y a todas las cosas en el Universo entero en un gran todo." ("¿Es la Teosofía una Religión?", H. P. Blavatsky Collected Writings, Vol. X).

Veamos cómo varias tradiciones, infundidas con un espíritu Teosófico verdadero, describen el sendero que conduce a esa experiencia fundamental, a la que se hace referencia en la lengua sánscrita como sâkshâtkara, "ver con los propios ojos", una comprensión directa, no mediada, intraducible de que la existencia entera e ilimitada es Una. La tradición mística Cristiana habla de via  purgativa, via iluminativa y via unitiva. La primera etapa es purgar la conciencia de las formas más burdas del sentido de auto-apego, auto-engaño, auto-importancia, separatividad. La segunda etapa es traer claridad a la mente mediante la reflexión sobre las verdades esenciales y universales. En la tercera etapa la mente, fusionada con la conciencia más grande, se convierte en un vaso puro para la verdad de las verdades, la Unidad de toda vida.

La tradición budista menciona a sila, samâdhi, prajñâ, la conducta armoniosa y responsable, la educación y la purificación de la mente y la sabiduría. En todas las tradiciones nuestra conducta actual es el punto de partida. No puede haber otro. El antiguo Sankarâchârya de Kanchipuram Swami Chandrasekharendra Saraswati Mahaswamigal, cierta vez escribió: "El autoconocimiento es el viaje más largo al lugar más cercano." El viaje es largo porque muchas veces nos perdemos en el laberinto de nuestra propia mente. El Tantra Visvasâra pronuncia la misma verdad de manera diferente: "Lo que está aquí está allí: lo que no está aquí no está en ninguna parte."

En esta etapa la armonía es un imperativo para seguir adelante. Cuando esto se hace con cierto grado de éxito, uno puede avanzar más para entender todas las corrientes y hábitos mentales y comenzar a educar la mente hacia la conciencia silenciosa. La última etapa está bellamente descrita en el Tercer Fragmento de La Voz del Silencio:

La puerta de Dhyâna es como un jarrón de alabastro, blanco y transparente; en su interior arde un fuego dorado constante, la llama de Prajñâ que irradia desde Atman.

Es difícil encontrar una definición más precisa y elocuente de meditación: "como un jarrón de alabastro, blanco y transparente". En las profundidades de la verdadera práctica meditativa apenas queda nada personal y todas las reacciones cromáticas han desaparecido.

Los Upanishads afirman que para conocer a Âtman, el verdadero Yo, que es idéntico a Brahman, la Realidad Sin Límites, uno debe proceder a través de tres etapas: sravana, manana, nididhyâsana - escuchar, reflexionar, meditar. Podemos ver por nosotros mismos la verdad de que escuchar realmente produce orden y sensibilidad en nuestra conciencia, ya que tiene la capacidad de acabar con toda forma de ruido que la mente personal produce en su inconsciencia,. Reflexionar en un sentido más profundo es buscar el contacto con el significado esencial de aquello en lo que reflexionamos. Cuando tal reflexión alcanza un nivel de madurez interior y serenidad, se transforma en un estado meditativo de conciencia que puede ser un prerrequisito para avanzar más hacia la verdad de la existencia.

La fuente de tales enseñanzas exaltadas, uno se atrevería a decir, yace en una conciencia impregnada de Sabiduría y Compasión. Porque parece reconocer plenamente el hecho de que la mente humana sufre de limitaciones ancestrales y que el progreso y la evolución espiritual avanzan bastante despacio, aunque las tradiciones hablan de almas avanzadas que pueden moverse rápidamente a través de estas etapas en el campo de la conciencia y la percepción incondicional.

La Enseñanza-Sabiduría se acerca a la condición humana con ojos objetivos y sin embargo compasivos, poniendo ante nosotros un sendero que comienza en nuestra vida diaria y eventualmente nos ayuda a verlo de nuevo, no como un campo de placer, logro, búsqueda de poder, auto-engrandecimiento y orgullo. Sino como un campo de aprendizaje, de servicio constante, de múltiples oportunidades de ser útil.

Uno de los Custodios de la Teosofía verdadera, perenne y no sectaria, compartió con nosotros su percepción de la  extraordinariedad de la vida:

Créame, en la vida de un Adepto llega un momento en que todas las dificultades por las que ha pasado son mil veces recompensadas. Para adquirir mayor conocimiento, ya no tiene que recurrir a un minucioso y lento proceso de investigación y comparación de diferentes objetos, sino que se le concede una instantánea e implícita percepción de toda verdad primordial. (Cartas de los Mahatmas)

En los Misterios Eleusinos de la Antigua Grecia, la etapa final del Sendero se llamaba epopteia, "ver las cosas como son". Otra definición de la misma palabra griega es "la visión de la verdad eterna, la bondad y la belleza". Este descubrimiento es, en efecto, un redescubrimiento, un recuerdo, en el lenguaje de Platón, de lo que siempre hemos conocido en el centro mismo de nuestra conciencia: que en este mundo, en este planeta, en el vasto sistema solar y en el universo ilimitado no hay otro.

En palabras del gran maestro mayor de obras, San Pablo: "... somos miembros los unos de los otros." (Efesios 4:25)

¿No es éste el gran secreto a voces?

 

 

Soy todas las órdenes del ser, la galaxia circundante,

la inteligencia evolutiva, la ascensión y la lejana caída, lo que es y lo que no es.

Tú que conoces a Jelaluddin, Tú el uno en todo, di quién soy yo.

Di que Yo soy Tú.

El Rumi Esencial

Traducciones de Coleman Barks

 

 

 

 

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