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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 139 - Número 05 -  Febrero 2018  (en Castellano)

 
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Más allá de la ilusión

CLEMICE PETTER

 

Antigua miembro de la Sociedad Teosófica en Brasil. Actualmente trabajadora voluntaria en la Sede de la ST en Adyar.

Conferencia pronunciada en la Convención Internacional 2016-17

 

 

Mucho se ha dicho y escrito acerca de la Verdad. Muchos sienten que saben lo que significa vivir una vida espiritual, que conocen el camino, las "prácticas" que se requieren, y cómo llegar a la Verdad. Olvidamos fácilmente lo que las enseñanzas han señalado; se ha dicho en los Upanishads, y lo han dicho Jiddu Krishnamurti y H. P. Blavatsky: los que dicen saber, no saben. La suposición de que sabemos puede ser la mayor ilusión de todas. Si miramos de cerca la historia de la humanidad, veremos que aquellos que pensaron que sabían, quienes estaban seguros y crearon fórmulas y moldes para vivir, que pensaron que sabían, se pusieron a dictar cómo deberían vivir los demás; esas son las personas que traen miseria y corrupción.

Nuestra estructura social se construye sobre moldes de respuestas prefabricadas a los desafíos de la vida. Nuestros sistemas educativos están dirigidos a formar la mente del niño en una dirección preestablecida. Asumimos que sabemos cuál es la forma correcta de vida, y por lo tanto, entrenamos a nuestros hijos para que sean tan miserables como nosotros. No conocemos la libertad, por lo tanto tenemos miedo de dejarla florecer; los seres humanos viven en la oscuridad de una prisión, y por eso tenemos miedo del resplandeciente Sol fuera de los muros erigidos por nuestra propia mente, los muros de creencia y prejuicio, los muros del "conocimiento".

Porque hemos sido moldeados según cierto patrón, pensamos que seguir un molde es la forma de vivir. Cada uno tiene su propia fórmula sobre lo que los demás deben hacer o ser. Por supuesto, no aplicamos nuestras teorías a nosotros mismos en nuestra propia vida, pero queremos que otros las apliquen en las suyas. Estamos seguros de lo que está mal en el mundo y de cómo hay que corregirlo, pero estamos indefensos en nuestra propia casa. No sabemos cómo acabar con nuestro dolor, nuestras incertidumbres cotidianas y nuestros temores profundos, ni sabemos cómo hablar con nuestros hijos cuando hacen las preguntas más sencillas e inocentes. El hecho es que no sabemos cómo relacionarnos, cómo vivir juntos en armonía y cooperación. El camino de los seres humanos en esta tierra ha sido la división y la competencia.

Entonces, ¿qué es lo que realmente sabemos, no lo que creemos que sabemos? Hemos leído muchas cosas en libros y escuchado las conclusiones de la gente, por lo tanto pensamos que sabemos. Cuanto más leemos, más creemos saber. Cuanto más creemos saber, menos comprendemos. El conocimiento le cierra la puerta a la comprensión; esto es muy fácil de ver, si uno está dispuesto a mirar. Por lo tanto, el gran enemigo de la humanidad en su estado actual de ignorancia es el conocimiento. Esto puede sonar contradictorio, pero no lo es, porque ignorante es aquel que no se conoce a sí mismo. No importa cuántos libros uno haya leído, si estos libros son sagrados o mundanos, o cuántos títulos académicos anteponemos a nuestro nombre, si uno no tiene autoconocimiento, uno es un hombre ignorante. Si uno es consciente de lo que está sucediendo en el mundo, verá que la estructura social actual es el resultado de la ignorancia humana.

La ciencia ha avanzado enormemente en el último siglo, pero no ha sido capaz de resolver los problemas humanos más básicos, por el contrario, nuestros problemas están aumentando. Vivimos en la era de la información, nunca antes en la historia de la humanidad habíamos tenido tanto conocimiento, y sin embargo, nos enfrentamos a la mayor crisis de la historia. Sabemos tanto, pero comprendemos tan poco... El conocimiento no está ayudando al hombre a despertar la naturaleza humana, la bondad, la compasión y la responsabilidad, que permanece oculta. Y para llegar a ella necesitamos entendernos a nosotros mismos. El autoconocimiento es la llave que abre las puertas de esta prisión autoimpuesta, es el camino hacia la libertad, y esta libertad es la libertad del "yo" y lo "mío". Sin libertad, adquirir más y más conocimiento conduce inevitablemente a la autodestrucción, como se puede ver que está ocurriendo delante de nuestros ojos: la destrucción irracional del medio ambiente, la contaminación del agua y del aire, y el envenenamiento deliberado de nuestra propia comida. Estamos destruyendo nuestra propia casa y somos incapaces de verlo; por lo tanto no podemos cambiar.

Para ir más allá de la ilusión primero necesitamos comprender el mundo creado por ella. El mundo en el que vivimos, un mundo que no conoce la compasión, que se está volviendo más y más violento, brutal y competitivo. Hay quienes dicen que la competencia es el camino, que necesitamos ser competitivos para progresar. Y esto sólo muestra lo poco que comprendemos. Necesitamos reflexionar sobre lo que llamamos progreso y civilización. Enseñarle a un niño en la escuela a ser competitivo y enseñar a los niños una fórmula para vivir, diciéndoles lo que deberían sentir, cómo deberían amar, o incluso cosas peores, es un crimen contra la humanidad porque la competencia mata el espíritu cooperativo. Decirles lo que es el amor es matar la inocencia y produce una mente embotada. La verdadera educación es permitir que el niño piense por sí mismo, no enseñarle lo que debe pensar. Hasta ahora no hemos comprendido este hecho simple y obvio.

Blavatsky advirtió sobre la necesidad de comprender las modalidades de la mente, para que no seamos esclavos de ella. En la primera página de La Voz del Silencio, ella escribió: "La mente es el gran destructor de lo Real. Que el discípulo destruya al destructor". Dijo que debemos "buscar al raja [el rey] de los sentidos, el productor de pensamientos, el que despierta la ilusión". Lo escribió hace más de cien años; ¿cuántos de nosotros realmente hemos prestado atención a esta enseñanza básica? al parecer, muy pocos.

Krishnamurti viajó por todo el mundo durante más de sesenta años explicando de mil maneras diferentes estas breves y profundas afirmaciones hechas por Blavatsky. ¿Cuántos de nosotros somos capaces de escucharlo? Ningún maestro antes de Krishnamurti ha ido tan profundo y ha explicado de una manera tan detallada el despertar de las ilusiones y las modalidades de la mente, el gran destructor de lo real. Pero como su lenguaje es sencillo y no se presenta como una figura de autoridad y no promete nada, muy pocos son capaces de escuchar.

Krishnamurti no pretende saber, te invita a viajar con él, a descubrirlo por ti mismo, a caminar juntos como amigos; y caminar juntos es muy difícil para nosotros, porque estamos acostumbrados a la autoridad, adoramos la autoridad, la autoridad establecida por la mente. Somos incapaces de ver la naturaleza destructiva de la autoridad en el reino psicológico.

Para ir más allá de la ilusión necesitamos sentir el impulso, ser serios al respecto, y ser capaces de estar solos. Así que lo primero que hay que darse cuenta es de nuestra propia ignorancia; nuevamente Blavatsky había advertido sobre ello. Pero nos gusta pensar que somos grandes personas y que sabemos. Es la vanidad lo que nos ciega, y en vez de empezar por el primer paso pensamos que podemos saltar al último; en lugar de comenzar a caminar, creemos que podemos empezar llegando. Pero no hay atajos ni milagros que puedan hacernos comprender el mecanismo de nuestro hacedor de ilusiones, esta máquina pensante llamada "mente". Puede parecer posible, después de todo, la mente es experta en fingir.

No hay forma de salir de esta prisión autoimpuesta en la que viven los seres humanos. El autoconocimiento es la clave, y esto fue aclarado por Blavatsky cuando escribió en el Prefacio de La Voz del Silencio:

El Libro de los Preceptos de Oro -algunos de los cuales son pre-Búddhicos, mientras que otros pertenecen a una época posterior, contiene unos noventa pequeños tratados distintos. De éstos aprendí, hace años, treinta y nueve de memoria. Para traducir los restantes, tendría que recurrir a multitud de notas diseminadas entre los papeles y cuadernos de apuntes reunidos durante los últimos veinte años y jamás puestos en orden, siendo su número demasiado grande para que la tarea resultara cosa fácil. Por otra parte tampoco podrían ser todos ellos traducidos y presentados a un mundo muy egoísta y apegado a los objetos de los sentidos, para estar en disposición de recibir en su verdadero espíritu una moral tan sublime. Pues, a no ser que el hombre persevere seriamente en su empeño de lograr el conocimiento de sí mismo, jamás prestará complaciente oído a reflexiones y enseñanzas de tal naturaleza.[cursivas añadidas].

Aquellos que han estudiado La Voz del Silencio comprender que el Autoconocimiento está al principio, es el primer paso. Sin él uno es ciego y sordo en asuntos espirituales. Así que es peor que inútil seguir leyendo libros si uno no está dispuesto a emprender el viaje interior que revelará las ilusiones proyectadas por la mente.

Muchos dicen que ir más allá de la ilusión es sólo para unos pocos, que no es para todos; más bien diríamos que es para aquellos que son serios, para aquellos que están interesados en la Verdad, no importa lo que se necesite para llegar a ella. Es para aquellos que no son ya encantados por la dulce canción de las ilusiones despertadas por el deseo de comodidad, ya sea física o psicológica. Así que la verdadera dificultad en este asunto es cuánto más está uno dispuesto a dejar ir, cuánto está uno dispuesto a mirar, a entrar en sí mismo. Los Maestros han dicho que el "yo" es la ilusión primaria. Intelectualmente lo sabemos pero no podemos entenderlo ni verlo. Fallamos en comprender que este "yo" es la creación de la mente, y mientras no comprendamos sus modalidades no podremos ver las ilusiones que son sus productos.

La mente es una herramienta ciega destinada a ser utilizada por la inteligencia, la dificultad es que los seres humanos han convertido una herramienta ciega en el rey supremo, un rey ciego adorado por la ignorancia. El engaño de que hay inteligencia en la mente es creado por la falsa impresión de que debido a que hemos desarrollado una gran cantidad de tecnología, somos inteligentes. Pero la tecnología es básicamente el conocimiento del proceso mecánico de las cosas, mientras que la inteligencia va mucho más allá de lo mecánico. Para que llegue a ser inteligencia se requiere el desarrollo de la mente y del corazón; inteligencia significa Amor, Compasión y Responsabilidad. La responsabilidad es en el sentido de ser capaces de responder y, para ello, primero tenemos que ser capaces de escuchar. Para escuchar, necesitamos ser sensibles, por lo tanto, para que surja la inteligencia necesitamos trabajar duro; no es trabajo para una mente perezosa, una mente que es sacrificada por creencias. La mente mecánica sin la luz de la inteligencia está destinada a crear más y más miseria, como ha sucedido en el mundo.

Es la ilusión de la  separatividad, la que nos ha dividido en “yo" y "tú", mi país y tu país, la que está destruyendo la casa en la que vivimos, la Tierra. El poder de esta ilusión es tal que nos enceguece y nos impide ver que estamos destruyendo el mismo útero en el que nos estamos desarrollando. En los últimos 50 años, en nombre de lo que orgullosamente llamamos "progreso", hemos destruido el medio ambiente a una velocidad increíble. Somos ciegos y pensamos que somos personas inteligentes y civilizadas, pero la realidad muestra lo contrario; somos tan bárbaros como hace dos mil años o incluso más. Tenemos que cambiar ahora, no en el futuro, porque el comportamiento humano se ha convertido en una amenaza para la vida en este planeta.

Para transformar la sociedad, necesitamos transformarnos a nosotros mismos, y esto es muy obvio; no podemos tener una sociedad diferente con el mismo tipo de mentalidad que ha creado este desastre. Para traer orden al mundo necesitamos primero poner orden en nosotros mismos. Pensar que podemos ayudar a la humanidad a partir de nuestro pensamiento, sentimiento y comportamiento desordenado y conflictivo es lo mismo que creer que es posible limpiar una casa haciendo uso de un trapeador sucio y agua turbia.

Ir más allá de la ilusión es acabar con el "yo", el lugar de nacimiento de toda la miseria y degeneración humana.

 

 

 

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