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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 139 - Número 05 -  Febrero 2018  (en Castellano)

 
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J. Krishnamurti

Radha Burnier

 

La conexión entre J. Krishnamurti (Krishnaji como se lo conocía familiarmente) y la Sociedad Teosófica se rompió, no porque él se fuera, como creen muchos miembros, sino porque la gente no estaba preparada para escuchar un mensaje profundo que se daba en unos términos a los que no estaban acostumbrados. No es la primera vez que ocurre esto. Los judíos no querían escuchar a Jesús cuando les iba a enseñar. La mayoría de los hindúes no respondieron durante mucho tiempo a lo que tenía que decirles el Buda. A la mayoría de la gente le gusta volver a sus pensamientos y hábitos normales, a sus teorías e ideas convenientes, aun cuando se las estén cuestionando, porque el cambio radical es a la vez difícil e “inconveniente”. Pero todo lo que es profundo es radical. La verdad no puede contemporizar ni comprometer, y a nosotros nos gusta llegar a un compromiso y tener lo mejor de ambos mundos. En Las Cartas de los Mahatmas se deja muy claro que la persona que está realmente interesada en seguir el Sendero debe abandonar toda su forma de pensar y de actuar hasta ese momento. Por esto los miembros de la Sociedad Teosófica deberían haberse preparado para oír un nuevo mensaje. Pero cuando Krishnaji empezó a hablar de forma radical, hubo muchos que no quisieron escucharlo.

El mismo hecho de que él se negara a sí mismo toda autoridad era algo radical. Quienes esperaban que el “Maestro del Mundo” se manifestara a través de Krishnamurti tenían, como él mismo afirmó en 1927, una imagen en la mente de lo que se diría y de cuál sería el papel de Krishnamurti. Una imagen es una forma material estática proyectada por la mente y Krishnaji señalaba que mientras la imagen era estática, la gente estaba contenta y satisfecha. Cuando la imagen cobraba vida, se sentían inquietos. Obviamente es mucho más conveniente tratar con algo que no habla ni actúa, excepto como la persona quiere. Una imagen puede manejarse para que desempeñe el papel más satisfactorio para nosotros. Se esperaba que el “Maestro del Mundo” le dijera a la gente qué debían creer, que definiera la “verdad” y el papel que sus seguidores debían representar. Muchos hubieran deseado tener un papel importante como seguidores e intérpretes. Pero cuando empezaron las enseñanzas y Krishnaji negó su propia autoridad, repudió a todos los seguidores y rechazó toda interpretación, aquello desinfló el sentido del ego de algunos futuros seguidores y desanimó a otros.

Krishnaji dejó claro, a partir de 1927, que él no iba a decir lo que había descubierto. En aquellos días, la gente preguntaba: “¿Quién es el Amado del que usted habla?” Y él respondía: “Voy a ser deliberadamente vago porque, aunque podría aclararlo fácilmente, no tengo la intención de hacerlo. Una vez que se define algo, ese algo ya está muerto”. A la gente le hubiera encantado oír maravillosas descripciones del Amado, o de lo que fuera que había descubierto. En sus Libros de Notas y en su Diario, hay vislumbres de un algo inmenso e innombrable que a veces denominaba “lo otro”, porque no tenía nada que ver con la necesidad de nuestro mundo de rotular[i]. Los Upanishads también se refieren a “Aquello” que no puede ser tocado ni por la mente, ni por las palabras ni por el pensamiento. Lo que se oye con los oídos, las palabras recordadas y repetidas, todo eso forma parte del cerebro material. La memoria pertenece a la región del nunca jamás. Pero a la gente le gusta mucho tener descripciones y apegarse a definiciones y etiquetas. Les habría gustado que él se etiquetara a sí mismo. Si se hubiera etiquetado, automáticamente ellos se habrían convertido en “discípulos”, “apóstoles” o cualquier otra cosa que les hubiera apetecido. Pero él decía “Cuando empecé a pensar, quería descubrir qué significaba ser el Maestro del Mundo… y lo que significaba su manifestación en el mundo”. Tal vez la manifestación no era lo que la gente debatía, pero era algo que no se puede expresar con palabras. Todo el que quiera descubrir la verdad tiene que aprender a pensar y a descubrir por sí mismo, sin aceptar descripciones, definiciones ni las palabras de otras personas.

Krishnaji dio, sin embargo, algunas indicaciones de lo que era el Amado: “Mi Amado es el cielo, la flor, cada ser humano”. En su vida eso era la verdad. No se trataba simplemente de una frase altisonante; su vida nunca mostró ningún pensamiento de que algo fuera importante en detrimento de otras cosas, ni la sensación de que algo fuera inferior y otra cosa superior. Decía que a él le gustaba escuchar siempre a todo el mundo. “Deseaba aprender del jardinero, del paria (intocable), de mi vecino, de mi amigo, de todo lo que me pudiera enseñar, para poder convertirme en uno con el Amado”. Hasta el final escuchó cuidadosamente, con atención y con afecto, a todo el mundo, sin distinciones de superioridad o inferioridad. Respondía con lo que puede parecerles a los demás una generosidad poco práctica. Observando y escuchando al científico, al intelectual, al político, a todo el mundo, era capaz de ver la esencia de las cosas, tal como queda claro cuando leemos sus Comentarios sobre el vivir y otros escritos. Tenía una capacidad de afecto enorme, tal vez ilimitada. La gente utiliza la palabra “amor” con un significado pobre. El amor normal y corriente admite los celos, el apego, la mezquindad etc. Pero su amor era profundo, abrumador, atento, compasivo, totalmente distinto al de los demás.

Muchos de los que lo escucharon durante años sintieron el poder y la inspiración extraordinarios que él emanaba en sus charlas, debates y conversaciones personales. A la mayoría de la gente les gusta tener influencia y usarla, pero muchas veces él advertía: “No os sintáis influenciados por mí”. Bajo su influencia la gente creía comprender, pero muchas veces se trataba de algo pasajero. Cuando alguien comprende verdaderamente a través del hecho de escuchar, aprender y observar, entonces hay una luz que permanece y eso es lo que cada uno tiene que encontrar.

Así pues, desde un buen principio, cuando empezó su trabajo, dejó claro que no iba a tratar de convencer ni persuadir a nadie de nada. Todo cuanto hizo fue intentar despertar la percepción y el deseo de buscar la verdad sin aferrarse a la autoridad, sin repetir las frases o citar libros, ni siquiera los suyos. Cuando existe un verdadero deseo de buscar la verdad, entonces cada persona halla su libertad. Cuando hay autoridad, probablemente exista el miedo. La autoridad nos sacude, nos crea inseguridad, fanatismo y dogmatismo.

Era como una flor que emana su fragancia a su alrededor, sin preocuparse por quién está cerca o por lo que piensan esas personas. Es la quintaesencia de la acción que no busca resultados de la que nos habla el Bhagavad Gita. Innumerables personas han hablado de ello, han memorizado las palabras y las ideas de libros importantes, pero la verdad está muy lejos de su vida. Cuando alguien conoce la verdad, puede que hable de ella o puede que no, pero su vida está llena de belleza y de fragancia.

Krishnaji decía que cuando no hay apego, el límite entre la muerte y la vida es muy estrecho. Mostraba la vida y la muerte bajo una luz diferente. La muerte del cuerpo es considerada por lo general como algo trágico, algo de lo que se puede hablar durante mucho tiempo. La distancia física también se considera como una “separación”. Krishnaji decía que cuando estaba lejos, no echaba en falta a nadie. Tal vez estaba cerca de todo el mundo todo el tiempo porque era uno con la inmensidad y la atemporalidad de toda la vida.

Algunos preguntan: “¿Sus enseñanzas no eran abstrusas y alejadas de la vida del hombre corriente?”. Pues era precisamente todo lo contrario. Su enseñanza era profunda pero no abstrusa. Tenía que ver con la vida de la gente corriente, porque arrojaba luz sobre el problema del ego, que es el único problema que existe y que produce miedo, amor, deseo de poder, decepción, esperanza, apego, deseo de perdurar. Por esto el suyo era un mensaje para la vida cotidiana de todos los hombres, mujeres y niños, pero también se trataba de un mensaje que nos podía llevar más allá de la vida cotidiana, hasta el corazón mismo de la existencia, hasta su belleza, su verdad y su paz.

                                                          

               

[i] En ingles This-ness

 

 

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