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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 139 - Número 05 -  Febrero 2018  (en Castellano)
 

 
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Annie Besant sobre GiordanoBruno

 

Annie Besant fue la segunda Presidente internacional de la Sociedad Teosófica desde 1907 a 1933.

Extracto de Giordano Bruno: Un apóstol de la Teosofía, pp. 32-35.

 

GIORDANO Bruno gritó... con un triunfo y un transporte de alegría que le pareció diabólico a la asustada Iglesia:

¡Sí! ¡Sí! La tierra con sus habitantes gira y se mueve en el espacio; los mundos son innumerables, el universo infinito, en todas partes la vida encarna en formas. Por lo tanto la vida es universal, y por todos lados crea seres vivos. Esta vida, universal, omnipresente, infinita, es el Ser Universal al que los hombres han llamado Dios. En todos lados mundos habitados, en todas partes seres vivos! Entonces la muerte sólo puede desintegrar los cuerpos, no puede tocar la vida. Por lo tanto, el cuerpo no tiene más valor que como instrumento para una vida que es sagrada, una vida noble, amorosa, heroica, digna de ser parte de la vida universal y divina. Miedo, falsedad, bajeza, estos son los verdaderos males de la vida.

Tal fue la nueva base moral, correspondiente al nuevo pensamiento, que Bruno ofreció al Cristianismo con una cierta ingenua expectativa de respuesta amistosa: la Inmanencia de Dios, la Vida Universal animando todos los cuerpos; la eternidad del Espíritu, ya que por su misma naturaleza es parte de la Vida Universal; basado en estos dos hechos naturales e irrefutables, el culto de lo Verdadero, lo Bueno y lo Bello, la vida heroica, la única manera en que la vida especializada podría hacerse digna de la Vida Universal.

Esta fue la tesis defendida por Giordano Bruno en todos los países de Europa que visitó, en todas las universidades que le abrieron sus puertas, en todos los centros del pensamiento. Lo que transformó en ardor su elocuencia fue esta visión de la vida. La ciencia para él no era árida y estéril, un mero conjunto de categorizaciones; era una religión fructífera e inspiradora. Amaba la ciencia, predicaba la ciencia con toda su ardiente energía y su entusiasmo inefable; era el apóstol de la ciencia, su ferviente defensor, y se convirtió en su mártir. Porque para él la ciencia significaba ocultismo, el estudio de la mente divina en la Naturaleza, el estudio de las ideas divinas encarnadas en los objetos materiales. Por lo tanto, al estudiar los objetos, era posible leer el lenguaje de la Naturaleza y comprender en ella los pensamientos de Dios.

Pero el Cristianismo rechazó completamente su mensaje.  Si lo hubiera aceptado, nunca habría estallado el amargo conflicto que se libró entre la religión y la ciencia entre los siglos XVI al XIX. La Iglesia encarceló al Mensajero, luego quemó su cuerpo hasta convertirlo en cenizas, y esparció las cenizas a los vientos, que las llevó como semillas de verdad sobre Europa. . . .

Sus pensamientos han elevado su camino hacia la inmortalidad, y se han esparcido sobre el mundo moderno; ellos son Teosofía.

 

 

 

 

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