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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 139 - Número 05 -  Febrero 2018  (en Castellano)

 
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Mirar hacia el interior para alcanzar lo externo

 

DEEPA PADHI

Vicepresidente internacional de la Sociedad Teosófica, Adyar, y

Presidente de la OTS, Región de Odisha, India.

Charla dada en la Convención internacional el 1 de enero de 2018.

 

Es una paradoja que lo que conocemos como real fuera de nosotros, no es real. Es como la paradoja de Sócrates: "Solo sé que nada sé".

 

Los seres humanos viven en dos mundos, visible e invisible, lo externo y lo interno. Pero desafortunadamente, la mayoría de nosotros conocemos solo un mundo, el que es visible: un mundo material denso experimentado por nuestros órganos sensoriales que están orientados hacia afuera. Se da importancia a las cosas, a los seres y a los sucesos en el mundo exterior, y se nos hace creer que las soluciones a todos los problemas y desafíos se encuentran fuera de nosotros. Esperamos adquirir alegría, felicidad, paz mental desde el exterior al poseer, complacernos y disfrutar de los objetos del mundo. La mayoría de nosotros estamos contentos con nuestra vida "tal como es" y nos identificamos con nuestras "personalidades artificiales", es decir, nombre, forma, posición, cualidades, riqueza, etc. Pero cuando nos enfrentamos a desafíos, cuando ocurre algo adverso en nuestras vidas, cuando vemos que la ciencia, la religión, los rituales no pueden resolver nuestros problemas, nos sentimos deprimidos, abatidos y frustrados. Nos sentimos engañados por el mundo exterior.

 

Nuestra infelicidad e inseguridad en el mundo se deben a nuestra percepción errónea y limitada de nosotros mismos y del mundo exterior. Todo lo que tiene un límite es limitado. Esta parte de la vida que estamos viviendo ahora es limitada, ya que tiene su límite físico. Pero hay algo dentro de cada uno de nosotros, de naturaleza infinita, a lo que no le gusta el límite y anhela ir más allá. El cuerpo físico que es finito y limitado me pertenece a "mí" pero no es el "yo”. El profundo deseo de conocer el verdadero "yo" nos hace mirar hacia el mundo interior para buscar nuestra verdadera identidad. De hecho, es el deseo original del que no somos conscientes a fin de conocer nuestra verdadera identidad, para lo cual no se requiere ninguna cualidad, ni existe la necesidad de comprometernos con ninguna denominación religiosa. Solo necesitamos ir hacia el interior.

 

Cuando el anhelo de conocer al verdadero yo es intenso, buscamos algún tipo de guía espiritual o un maestro que ya ha recorrido el camino. Madame H. P. Blavatsky sugirió tres métodos, reconocidos como las tres partes de la vida teosófica: estudio, meditación y servicio. El estudio no consiste simplemente en la adquisición de conocimiento de libros o conferencias. Uno tiene que ir más allá de las palabras escritas y habladas, al nivel de la comprensión.

 

Se sabe que la principal característica de la mente es la externalización. Pero la mente puede volverse hacia adentro al retirar su enfoque de los sentidos y del ambiente externo. Antes de practicar la meditación, que es la técnica principal, hay que despejar la mente de todos los contenidos negativos; es decir, en palabras de Patanjali, chittavrtti nirodha y de acuerdo con HPB, “destruir al destructor” (la mente inferior). Uno necesita desaprender todo lo que ha aprendido a lo largo de los años.

 

Una vez, un caballero vino desde Alemania para ver a Ramana Maharshi en India y dijo que quería aprender de él. El Maharshi respondió:

 

Lo siento. Has venido al lugar equivocado. Aquí enseñamos cómo desaprender. Hay muchas universidades donde puedes aprender, pero la nuestra es una universidad para desaprender, una universidad para crear la no-mente.

 

De hecho, el proceso de crecimiento interno es a través del desaprendizaje para volver a aprender en forma de cambios transformacionales.

 

Solo una mente libre de ideas preconcebidas, creencias ciegas y supersticiones puede meditar. En la India antigua, los niños eran enviados al gurukula ashram a una edad muy temprana para aprender la técnica de la meditación junto con la búsqueda del conocimiento empírico y espiritual. Se aconseja que la meditación se practique desde la infancia cuando la mente es como una pizarra en blanco (tabula rasa), un estado prístino vacío, antes de obtener fuertes impresiones externas. Su Santidad el Dalai Lama ha dicho enfáticamente: "Si a cada niño de ocho años en el mundo se le enseña a meditar, eliminaremos la violencia del mundo en una generación".

 

Annie Besant describió un método muy simple y práctico, es decir, meditar sobre una virtud o cualidad como la compasión, el amor, la bondad, la simplicidad, y vivirla en nuestra vida diaria. Esto trae, como ella dice, un progreso definitivo en el viaje interior.

 

Existen diferentes niveles de meditación, según lo enseñado por HPB en su Diagrama de Meditación. Para empezar, dice ella, uno necesita "primero concebir la unidad por expansión en el espacio e infinito en el tiempo". La práctica de concebirlo "gira y expande nuestra conciencia hacia el corazón mismo de nuestra naturaleza real y puede ayudarnos a reconocer nuestro verdadero yo en una vida divina trascendental porque se basa en lo que ya es inherente a nuestra naturaleza real". En la meditación propiamente dicha, uno puede ir a las capas más profundas de la conciencia. Cuanto más profundamente nos internamos, más clara se vuelve la percepción de nuestra verdadera identidad, el Yo, una dimensión más allá de lo físico, es decir, la Conciencia Pura.

 

La Sabiduría Eterna afirma que el proceso de transformación a través de la meditación ocurre en tres etapas de desarrollo. En la primera etapa de la transmutación, el alma del aspirante aún no está plenamente consciente de sí misma en su propio plano, pero es consciente y sensible a los niveles más sutiles de la realidad. En esta etapa, las personas creativas transmutan activamente las fuerzas vitales de su personalidad en servicio, particularmente para traer cambios y mejorar la vida de los demás. En la segunda etapa, la fuerza material y la energía espiritual se mezclan en una sola unidad para que pueda funcionar sin problemas y el aspirante se transforma en un vehículo para servir al propósito del alma. En la etapa final de transfiguración, el alma completa el proceso que comenzó con su despertar. Aunque el aspirante está en la forma humana, se transforma a sí mismo en un instrumento de expresión divina en el mundo para prestar servicio. Es el estado más elevado alcanzado por muy pocos.

 

Con este despertar, que es absolutamente vivencial, uno experimenta una magnífica transformación como la de una oruga en una mariposa. En palabras del Dr. Deepak Chopra, científico y pensador de la Nueva Era, "cuando el consumo excede sus necesidades metabólicas, [la oruga] comienza a morir. Un gen que estaba dormido en la oruga se despierta [como] la mariposa con el vuelo a la libertad". De manera similar, hay una "semilla imperecedera"—bijam-avyayam, como dice el Gita, que está escondida dentro de cada ser humano. Cuando hay un anhelo por libertad o expansión desde el interior, se desarrolla como el "Yo", que todo lo abarca, que todo lo incluye. Nuestra limitada conciencia individual finita se funde con la conciencia infinita como una ola que se instala en el mar.

 

Una vez, vieron al santo místico indo Ramakrishna Paramahamsa sentado en el templo en una postura meditativa ante el ídolo de la Diosa Kali, poniendo en su cabeza las flores que estaban destinadas a la Diosa. Cuando existe la realización de la Unidad, no hay distinción entre "tú" y "yo", "sujeto" y "objeto", "adorador" y "adorado". Ambos se vuelven uno, se unen en conciencia.

 

Todos los grandes maestros espirituales y religiosos, santos, adeptos, han pasado por este proceso. Al mirar dentro, Ratnakara, el bandido, se transformó en el gran sabio Valmiki, que escribió la épica Ramayana; de Narendra vino Vivekananda; Mohandas Karamchand Gandhi surgió como Mahatma Gandhi; Siddhartha se convirtió en el Buda. Esta no es una nueva teoría, no es un proceso nuevo. La mente humana es el mismo "campo viejo", pero las percepciones transformadas de esas grandes personas son como el "nuevo maíz" después de la cosecha.

 

J. Krishnamurti dice: "Mira hacia el interior, tú eres el mundo". Significa que el mundo entero existe en la conciencia individual como una experiencia perceptiva. Un tono similar se encuentra en la declaración del santo sufí Rumi cuando dice: "¿Sabes lo que eres? Eres un manuscrito de una carta divina. Eres un espejo que refleja un rostro noble. Mira dentro de ti, todo lo que quieras ser, ya lo eres." Uno obtiene el conocimiento vivencial de que el yo, o la conciencia que está dentro de mí, es el yo que está dentro de cada ser: dentro de un mendigo, un hombre rico, un santo, un ladrón, un perro, una mosca y también una planta.

 

El Isâvâsya Upanishad declara que cuando el buscador se ha identificado a sí mismo con todos los seres, es decir, cuando ve la Unidad en todas partes, no puede haber aflicción o engaño (versículo 7). La ilusión, el dolor, la fragmentación, la separación son el lenguaje del mundo exterior. En la circunferencia hay diversidad, multiplicidad, pero en el centro, todo es Uno.

 

Puede surgir la pregunta: ¿es necesario mirar hacia el interior para alcanzar lo externo? Para un teósofo, la respuesta es "sí", porque la base interna necesita ser fuerte para mantener el peso externo. Como afirma Annie Besant: "Es imposible ayudar a los demás hasta obtener la propia certeza. Si se quiere sacar a una persona de aguas tormentosas, tus propios pies deben estar sobre la roca "(Pláticas sobre el Sendero del Ocultismo, volumen III - Luz en el Sendero, p. 419). Un teósofo es sobre todo un altruista, dice HPB. Hay personas que hacen muchas obras de caridad y muestran compasión. Pero esa puede que no sea siempre la intención real. Puede haber una intención oculta detrás de lo que se hace. No obstante, con el despertar de la Unidad desde adentro, cuando las manos se extienden para prestar servicio, se vuelve puramente altruista. De hecho, la jornada de "mirar hacia el interior para alcanzar lo externo" es un movimiento desde el egoísmo al desinterés, desde la exclusión a la inclusión. Una vez que el individuo se transforma, el amor, la compasión, el cuidado y la generosidad llegan espontáneamente.

 

Nuestro crecimiento, la transformación que ocurre en el interior, no es autocentrado sino que está centrado en los demás. Un árbol crece hasta que se vuelve lo suficientemente grande como para proporcionar refugio a quienquiera que esté bajo él, sin discriminar. Una flor emana fragancia para otros. El consejo desafiante de Annie Besant sobre el servicio implica "un cambio desde el intelectualizar hacia el respecto, a sentir la realidad de la acción: un cambio en la conciencia, una conexión de alma con alma".

 

Los grandes Maestros, incluso después de su liberación del ciclo de nacimiento y muerte, eligen vivir en este mundo por su propia voluntad para servir y proteger la humanidad del sufrimiento con amor y compasión. Por lo tanto, es esencial para cada uno de nosotros "mirar hacia el interior" para la auto-transformación que es la necesidad del día, porque el centro, el corazón, solo nos conecta entre nosotros y eso establecerá el núcleo de la Hermandad Universal en el verdadero sentido.

 

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