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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 139 - Número 05 -  Febrero 2018  (en Castellano)

 
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La Sabiduría del Corazón

Tim Boyd

 

LA “SABIDURIA” es un tema que entendemos vagamente, pero la sabiduría y la senda que conduce hacia ella han sido mostradas por los sabios y los santos a lo largo de generaciones para que residan en el corazón del ser humano.

Existen muchos términos que se han usado incorrectamente de manera intercambiable con la palabra “sabiduría”. Cuando pensamos superficialmente, nos parece que la línea que separa términos como información, conocimiento y sabiduría es difusa. A menudo encontramos personas educadas que emplean “conocimiento” en lugar de “información” en la misma frase, pero no significan lo mismo. La época en la que vivimos ha dado en llamarse la “Era de la Información”. Se está indicando con ello un crecimiento exponencial de la información o los datos. Se estima que cada trece meses la suma total de la información humana se duplica y que este ritmo continúa aumentando. Nadie tiene la capacidad de captarlo.

La información es un elemento básico; es un hecho. El conocimiento da sentido y se estructura sobre combinaciones de hechos. El color de una camisa es un hecho y esto es así. No se trata de un conocimiento que surge cuando vamos añadiendo otros hechos, creando una estructura que dota de sentido a los hechos aislados. Por tanto, hay información y hay conocimiento. A menudo, incluso como teósofos, creemos que el paso siguiente hacia la sabiduría consiste meramente en acumular cierta cantidad de conocimientos. Es decir, después de haber leído un número suficiente de los libros adecuados, atravesamos, de algún modo, una línea indefinible y nos hacemos sabios. También tendemos a creer que la edad y la sabiduría están relacionadas. Así que el pelo blanco contribuye a dar la impresión de sabiduría. Pero todo esto son apreciaciones falsas que no tienen nada que ver con la sabiduría. La Sabiduría no guarda ninguna relación con el conocimiento, la información o la edad. Su naturaleza es completamente diferente.

La Sabiduría es la percepción de la realidad, la visión de lo que Es, sin diluir por la cantidad de engaños que nos hacemos, sin filtrar por toda la hueste de identidades que abrazamos, como la nacionalidad, el género, la raza, la religión etc. El velo de estas identidades obscurece la luz de la sabiduría hasta el punto de que nos es virtualmente inaccesible en cada momento. Siempre está presente pero es, por regla general, inaccesible. Cuando hablamos de la sabiduría, estamos hablando de otro orden de cosas.

Las referencias al corazón abundan en la conversación normal. Cuando observamos la música, las películas, las canciones, la literatura de cualquier parte del mundo, vemos que están repletas de referencias al corazón. Cuando alguien recibe una carta que comienza “Con el corazón apesadumbrado...”, sabe que algo ha ocurrido. Hablamos de los que son fríos de corazón, los de corazón abierto o cerrado, o de los que hacen algo de corazón, o sólo a medias. Nuestro lenguaje está impregnado de referencias al corazón. En cierto modo, el territorio actual de la exploración del ser humano parece ser la difícil zona del corazón.

A niveles más profundos, encontramos también referencias al corazón. En la Biblia podemos leer lo siguiente: “Como un hombre siente en su corazón, así es él”. En la terminología teosófica hablamos de la “Doctrina del Corazón”. En el Budismo Mahayana hay un mantra siempre presente: el Prajñaparamita Hrdaya Sutra, conocido también como el “Sutra del Corazón”. Miremos donde miremos, tanto a niveles superficiales como a niveles más y más profundos, veremos que se insiste en la supremacía del corazón. Es algo que nos debería llamar la atención.

No hace mucho, estaba escuchando una conferencia que dio, en 1965, el anterior Presidente de la Sociedad Teosófica, N. Sri Ram. Hablaba del mundo moderno y de cómo él lo veía en esa época. Dado lo extremadamente brillante que era, lo enfocaba con una profundidad que no soy capaz de reproducir, pero merece la pena examinar alguno de los aspectos de su análisis. Uno de ellos decía que la influencia de la ciencia contemporánea ha llegado a impregnar nuestra vida de maneras de las que ni siquiera somos conscientes.

En esta fase del desarrollo de la ciencia, se ha estudiado todo fenómeno material a su alcance. Ya puede ser la expansión del universo físico como el diminuto átomo. Ha investigado el mundo biológico y geológico, además del meteorológico. Existe información y descripciones de todos los fenómenos que podamos imaginar. Debemos tener claro que la ciencia, tanto ahora como en la época de la conferencia de Sri Ram, se ocupa del mundo físico. También resaltó que la profundidad cada vez mayor de los conocimientos de la ciencia ha dado lugar a todo un cúmulo de tecnologías que están influenciando la conducta humana.

El impulso tecnológico de esa época creó oportunidades para la comunicación global, imposibles anteriormente. Uno de los resultados fue la creación de organizaciones a nivel global que no existían anteriormente, porque no había medios eficaces de comunicación a escala global. Estas organizaciones, por su propia naturaleza, tratan de captar nuestra atención y tanto si venden un producto como una idea, compiten por nuestra atención y nuestra mente.

En la época de la fundación de la Sociedad Teosófica, Ralph Waldo Emerson, el gran trascendentalista americano, hizo la interesante observación siguiente: “La Sociedad en todas partes conspira contra todos y cada uno de sus miembros. La virtud más buscada es la conformidad... Finalmente, no hay nada que sea sagrado excepto la integridad de vuestra propia mente”. Esto no ha cambiado; en todo caso, se ha intensificado. Otra de las cosas que decía Sri Ram, era que, como resultado de todos estos avances, el movimiento que se produce dentro de la sociedad humana se ha hecho más grande.

Avancemos rápidamente hasta el momento actual. ¿Se ha producido algún cambio en los cincuenta años transcurridos desde el análisis de Sri Ram hasta el momento actual? En todo caso, el cambio es que todo se ha intensificado. Las tecnologías actuales son mucho más capaces de conectarnos con las fuentes de información y con la gente, 24 horas al día cada uno de los 7 días de la semana. Estuve recientemente en Nueva York. Mirando a mi alrededor en el metro, veía a siete personas de cada diez enganchadas a la pantalla del móvil. Jugaban, leían algo o tenían puestos los auriculares y escuchaban música. Esta tecnología es de uso constante por el común de la gente.

Otro acontecimiento, desde el análisis de Sri Ram, se produjo en 2008, cuando, por primera vez en la historia, el mundo superó el 50% de la población urbana. Más del 50% de la gente vive actualmente en ciudades como Chennai, Nueva York, Bombay, Delhi, Lisboa. El mundo se ha urbanizado y seguirá haciéndolo a un ritmo muy rápido. La concentración de la gente en estrecha proximidad de unos con otros ha aumentado de forma dramática. Se ha convertido en un verdadero desafío poder encontrar un lugar para descansar en nuestra propia aura o entorno. Es casi imposible encontrar un espacio que no esté ocupado por la presencia o influencia de otras personas dentro de la vida urbana normal.

Viajar se ha convertido en un fenómeno universal. El mundo está en continuo desplazamiento. Otra característica del movimiento de las poblaciones humanas es que la nación más grande, con el puesto número 25 por densidad de población, está constituida por refugiados, desarraigados, sin techo y desplazados y continuamente nómadas, pero no tiene estado propio. Ésta es una de las características del mundo de nuestros días.

Otra forma de movimiento es que el éter que nos rodea se ha llenado de energías de creación humana. Por ejemplo, las energías de la banda de radio frecuencia, usadas por los móviles, atraviesan constantemente nuestro cuerpo. O sea que una condición de la modernidad es la exposición permanente a modelos de energía no estables.

Una de las razones por las que nos sentimos renovados en contacto con la Naturaleza es porque sus patrones de energía son estables. Son cíclicos y regulares. La gente sale, pues, a la Naturaleza para recargarse. Los patrones de las energías de creación humana, típicas de la vida urbana, son necesariamente erráticos. Se ha dicho que uno de los mayores inventos de todos los tiempos fue la bombilla de incandescencia. Su uso hizo que pudiéramos estar operativos efectivamente las 24 horas del día, pero también alteró completamente los ciclos circadianos, que habían sido el patrón normal desde siempre.

Mientras que los grandes sabios nos recuerdan siempre la primacía del corazón, nuestra existencia normal la han acabado dictando los límites del intelecto y de su órgano —el cerebro.

Muy pronto en la historia de la Sociedad Teosófica (ST) se puso de manifiesto la importancia de la relación que había entre la ST y la Sabiduría Perenne con la ciencia. La religión, la ciencia y la filosofía son las direcciones básicas de la búsqueda de la Verdad por parte del ser humano, que menciona nuestro segundo Objetivo. Pero nuestra relación con la ciencia ha sido peculiar. H.P. Blavatsky (HPB), uno de los Fundadores de la ST, tuvo que modificar y corregir continuamente, al principio, las limitadoras afirmaciones científicas que trataban de confinar el conocimiento humano y la existencia al plano físico.

En una de las cartas de los Maestros, el Maestro KH escribía que “la ciencia moderna es nuestra mejor aliada”. La idea que hay tras ello es que la ciencia, por su propia naturaleza, es progresiva. Todo lo que se ha comprendido científicamente en un momento determinado se expandirá e incluso tal vez quedará descartado en otro momento; está siempre en progresión. Se asumía, pues, que el arco natural de este planteamiento en el estudio del universo llegaría a confluir en los temas de la vida interna y de la dimensión espiritual del ser. Con gran expectación, muchos teósofos han contemplado el progreso del pensamiento y del estudio científico a medida que ha ido madurando el campo de la mecánica cuántica. Muchos de nosotros hemos considerado la física cuántica como “el mejor aliado”, en lo que se refiere a la comprensión de la gente de la vida interna.

Algunos de los principios básicos de esta disciplina incluyen ideas teosóficas fundamentales. La idea de la no localización —(es decir,) que cuando unos electrones que han estado enlazados entre sí se encuentran después a miles de kilómetros de distancia entre ellos, pero que lo que le sucede a uno afecta inmediatamente al otro—guarda correlación directa con algunos preceptos de la Sabiduría Perenne. La idea de que los pensamientos son cosas que no están afectadas por el espacio y el tiempo es tan fundamental para cualquier estudiante de la tradición de la sabiduría como la experiencia, común a cualquier persona, de tomar conciencia del sufrimiento de una persona amada, que se encuentra lejos, sin haberla visto ni oído, pero sabiendo y sintiendo lo que el otro siente a distancia —la telepatía, ver/sentir a distancia, la no-localización.

Otra de las ideas fundamentales de la física cuántica es la llamada “discontinuidad” o, de forma más popular, “salto cuántico”. La discontinuidad describe la conducta de los electrones. Se ha observado que cuando se irradia un electrón con un cierto quantum de energía, éste salta a una nueva órbita. Normalmente cabría esperar que el electrón se trasladara a su nueva órbita atravesando gradualmente el espacio entre ambas, pero la física cuántica demuestra que no atraviesa el espacio intermedio; se halla en un lugar y luego efectúa un salto cuántico hasta el siguiente.

Todo el que se haya visto favorecido con algún nivel de experiencia mística, puede dar testimonio del aspecto espiritual descrito por la física cuántica. La base de la experiencia mística es que, en un momento determinado, tenemos una visión normal del mundo y de repente esa “tierra” se funde y lo vemos todo con nuevos ojos. Por esto teníamos gran ilusión de que este aspecto de la ciencia fuera el gran aliado que estábamos buscando. Desafortunadamente, en este momento no es el aspecto científico el que aporta una nueva era del pensamiento. En primer lugar, la física cuántica no es entendida del mismo modo entre los propios científicos y mucho menos por quienes no tienen una inclinación científica.

Este “mejor aliado” dentro de la ciencia moderna nos ha llegado desde una dirección muy inesperada y es algo que, de forma indirecta, está teniendo un profundo efecto en la apreciación de las profundas ideas que presenta la Teosofía. Surge del ámbito de la ciencia médica. Esto no quiere decir que la ciencia médica haya trazado el esquema del akasa o del mundo interno, sino que lo que ha ocurrido es lo siguiente: en 1961 la causa de muerte del 50% de la gente del Reino Unido era el ataque cardiaco. En esa época, en cualquier hospital de todo el mundo, lo mejor que sabían hacer era suministrar analgésicos al paciente y colocarlos entre los pacientes de otras dolencias. Normalmente se morían, o, en el mejor de los casos, no se recuperaban del todo.

En 1976 quedó demostrado, con las investigaciones, que la causa de los ataques cardiacos era la presencia de coágulos de sangre que bloqueaban las arterias. Al detenerse el flujo sanguíneo, se detenía también la vida. En 1977 se realizó la primera cirugía para eliminar estos coágulos. A finales de los 80 se habían fabricado medicamentos que disolvían los coágulos. El resultado fue que la gente dejó de morirse por ese motivo.

Hasta hace dos décadas, la definición de “muerte” era que el corazón dejara de latir. Pero, de pronto, la ciencia médica empezó a ser capaz de devolver a la vida a algunas personas, después de que su corazón se hubiera detenido. Y aquello dio lugar a toda una explosión en el número de personas que habían “muerto” y después habían tenido una experiencia cercana a la muerte (NDE-near-death experience). Estas experiencias NDE no ocurrían únicamente a un grupo determinado de personas, como por ejemplo a los trabajadores de la construcción, o a un género determinado, a los graduados universitarios más que a los que sólo tenían la educación secundaria, o a los que no tenían estudios; no, era mucho más democrático.

Había personas que habían vivido, y luego relatado, su experiencia de una existencia consciente separados totalmente del cuerpo. La conciencia no dependía en modo alguno del vehículo físico en el que habían vivido. Entre otras muchas estimaciones, se ha llegado a concluir que una de cada ocho personas ha pasado por una experiencia NDE.

La característica en común de las experiencias NDE era la conciencia de encontrarse fuera del cuerpo. Muchos podían ver su cuerpo sobre una mesa y relatan lo que los médicos decían. Se incluye también la experiencia de atravesar un túnel o subir una escalera hacia una luz, encontrándose con seres de luz o personas fallecidas muy próximas. También aparece siempre la revisión de la vida y las instrucciones que se reciben sobre uno mismo y sobre el universo. Se trata de experiencias compartidas por quienes experimentaron una NDE y luego regresaron, a veces muy a su pesar. No querían abandonar el lugar en el que se encontraban, pero tuvieron que regresar por diversas razones.

Algunos de los resultados de estas experiencias que actualmente han tenido millones de personas de todo el mundo es que regresan siempre con un propósito. Ya sea la sensación de poder amar de forma altruista, algo de lo que no eran capaces antes, ya sea el sentir compasión o aprecio por la vida. Cuando hablamos de las dimensiones superiores del corazón, son las mismas cualidades expuestas por los grandes instructores espirituales, a lo largo de la historia. De algún modo, los planos más elevados del corazón se experimentan en ausencia de la cegadora influencia de la obsesión por el cuerpo.

HPB hacía una llamativa afirmación sobre la experiencia de lo espiritual, y cómo se hace. Una de las cosas que decía era que, para experimentar una vida espiritual genuina, se debe “paralizar la personalidad”. La bloqueante y veladora influencia de nuestra mente, siempre deseosa de algo, de las sensaciones que siempre estamos buscando, y del cuerpo, con todos sus dolores, sufrimientos y exigencias, deben “paralizarse”. Claramente, no hay parálisis más fuerte que la muerte y por esto, con la NDE, aparece la posibilidad de una espiritualidad más profunda.

Innumerables personas han pasado actualmente por experiencias NDE y por esto, cuando escuchamos a alguien hablar de ello, incluso no siendo nuestra propia experiencia, apenas nos surge una brizna de duda sobre la consistencia de esa realidad que la gente insiste en que aceptemos. La idea de que éste es un mundo físico, con objetos físicos, de que la conciencia se genera a través del órgano físico del cerebro, empieza a resultarnos más bien dudosa, y para la persona que ha vivido la experiencia, resulta totalmente ridícula. Esto es algo en lo que la ciencia moderna ha resultado un gran aliado, aunque de forma indirecta.

HPB decía que en el cuerpo había tres centros: el ombligo, o centro de la naturaleza del deseo; el cerebro, centro de lo psíquico, o “naturaleza psico-intelectual”, y el corazón, centro de la conciencia espiritual. ¿De qué corazón hablaba? Es muy fácil pensar que se trata de nuestro corazón físico, que late y bombea la sangre. Pero no es así. En el mantra Gayatri, hablando de la conciencia solar, una traducción dice lo siguiente: “Desvelad... la faz del verdadero Sol, ahora oculta por un vaso de luz dorada”. La idea obvia en el mantra es que el sol que vemos, que da vida a todos los organismos físicos, es sólo un velo del sol espiritual, más interno. De modo similar, el corazón que nos es familiar es la cobertura de un corazón más profundo, con el que está conectado.

Existe un lugar en California, el HeartMath Institute, cuyos experimentos han sido replicados en otros muchos lugares. Realizaron un experimento en el que programaron un ordenador para mostrar fotografías de forma aleatoria. No había forma de saber cuál sería la fotografía siguiente. Las personas participantes en el experimento estaban conectadas por un cable, de forma que se podían observar las respuestas eléctricas de su corazón y su cerebro.

Lo que buscaban en el corazón es algo llamado “coherencia” o variabilidad del ritmo cardiaco. Las fotografías que se mostraban aleatoriamente eran de dos tipos: uno consistía en deliciosas escenas naturales, bebés, gatitos, etc., que iban a generar sensaciones cálidas y agradables. El otro tipo eran fotos de escenas de guerra, accidentes de coche, violencia, y lo más realistas posible. Les mostraban estas imágenes a los participantes y se registraban las reacciones del cerebro y del corazón.

Vieron que cuando estaba por aparecer una imagen, un instante antes de que apareciera, el cerebro respondía del modo que preveía para la imagen. Pero casi cinco segundos antes de la aparición de la imagen, el corazón respondía de la forma adecuada para esa fotografía. El corazón era el órgano que reflejaba la intuición del acontecimiento inminente bastante antes de que se mostrara la imagen. Por tanto, éste es un reconocimiento científico de la enseñanza antigua que dice que el corazón es el centro de la conciencia espiritual. A continuación se reproducen algunas citas sobre el corazón, que tal vez podamos aplicar. Proceden o bien de los Collected Writings de HPB o de uno de los Mahatmas. Dicen así:

“El corazón es la morada del hombre espiritual, mientras que el hombre psico-intelectual reside en la cabeza, con sus siete puertas. En el corazón hay un punto, que es el último en morir; un punto marcado por una diminuta luz violeta… El corazón es el centro de la conciencia espiritual, como el cerebro lo es de la conciencia intelectual, pero la conciencia espiritual no puede ser guiada por la persona, ni tampoco su energía, hasta que esté unificado con su buddhi manas (Yo superior). Hasta que lo pueda guiar, hace esfuerzos por llegar a él y dejar su impresión en la conciencia inferior. Esos esfuerzos se ven ayudados por su propio crecimiento en la línea de la pureza… El esfuerzo para centrar la conciencia en el corazón debe ser continuo y también para escuchar las indicaciones de la Conciencia Espiritual porque, aunque el lograrlo esté muy distante, en algún momento hay que empezar, para que el Sendero quede abierto”.

Cuando se habla del esfuerzo “continuo” se entiende que deberíamos localizar en nosotros lo que consideremos como nuestro centro del corazón, centrar en él nuestra conciencia y escuchar las indicaciones de la conciencia espiritual. Al principio se necesita una cierta concentración, para que el susurro de la vocecilla de la conciencia espiritual no quede ahogado por los potentes ruidos que nos rodean, siendo nuestros propios pensamientos uno de los más intensos. Escuchad las indicaciones de la conciencia espiritual porque, aunque probablemente tardemos mucho en lograrlo, si no comenzamos, nunca lo conseguiremos. Hay que comenzar y sólo entonces se abrirá el Sendero.

HPB propone entonces una práctica concreta, que resulta mucho más fácil para quienes están familiarizados con la Teosofía. Escribe: “respecto a la concentración, el bendito Maestro Koot Hoomi dice: “El mejor método consiste en concentrarse en el Maestro como si fuera un ser vivo en nuestro interior, como una presencia viva dentro de nosotros; formad su imagen en el corazón como un foco de concentración, para perder toda sensación de existencia corpórea en ese único pensamiento’ ”. Quedar tan absorto ante la presencia de este Maestro vivo en nuestro corazón, que nada perturbe nuestro interior, ése es el consejo del bendito Maestro Koot Hoomi, tal como lo describe HPB.

Es maravilloso compartir, estar sentados, escuchar, pensar etc., todo esto es magnífico y probablemente nos enriquece como individuos, pero el hecho básico es que la Sociedad Teosófica -ese movimiento del que somos miembros- no se creó para el mero beneficio personal. La felicidad personal es maravillosa y necesaria, pero vivimos en un mundo, y por alguna razón hemos nacido todos en una época en la que el mundo ha tomado un determinado sesgo donde impera la energía de la separatividad. ¿Qué podemos hacer ante ello?

Evidentemente, como individuos, podemos sentirnos pequeños y quizás impotentes. El Dr. Albert Schweitzer hizo en una ocasión la acertada afirmación de que “el ejemplo no es el medio principal para influir en los demás, es el único medio”. Si no se consigue aplicar la Teosofía para que dé frutos, sólo será un estudio interesante, como muchos otros. El consejo que nos daba HPB no era solamente centrarnos en el corazón, sino escuchar las indicaciones de la conciencia espiritual, que siempre nos está susurrando, y actuar en consecuencia. No hay un solo momento, en que no nos esté susurrando. Y del mismo modo, casi nunca dejamos de bloquearla con nuestro ruido.

El sol brilla siempre, pero con demasiada frecuencia hay nubes creadas por nosotros que impiden la recepción de sus rayos sanadores. Esto es lo que tenemos ante nosotros, la esperanza para esta organización y para el mundo.

 

 

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