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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 139 - Número 04 -  Enero 2018  (en Castellano)

 
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El rol del libre albedrío

a la luz del sendero espiritual superior

 

 

William Wilson Quinn

Antiguo miembro de la ST en Estados Unidos de Norteamérica.

Fue Editor de su revista y Editor Asociado de la TPH (Wheaton). Es licenciado en Teología y Humanidades.

 

Ningún hombre que no sea dueño de sí mismo es libre.

Epicteto

Los estudiantes serios de la tradición sabiduría ancestral, la filosofía perenne, estarán familiarizados con el tema de la complejidad terminológica, por no decir absoluta confusión, en el estudio y comparación de ciertas palabras y términos fundamentales en tratados específicos de esta filosofía en todas partes y a través de todas las épocas. Esta literatura sagrada está escrita en pâli y tibetano, en griego y latín, y en francés e inglés, por nombrar sólo algunos idiomas. Las verdades inmutables de esta filosofía fueron registradas por los primeros escribas taoístas y védicos del mundo antiguo en chino y sánscrito, y reformuladas en inglés moderno por H. P. Blavatsky y aquellos para quienes ella sirvió como agente. Las causas de esta complejidad terminológica, y/o confusión son múltiples e incluyen entre otras cosas las variables de discernimiento del escritor original, las metáforas idiomáticas y culturales utilizadas para explicar los principios sutiles, y las habilidades lingüísticas y el discernimiento esotérico de los traductores de los tratados y textos escritos, y ello a pesar de que los primeros principios de la filosofía perenne son siempre los mismos e inmutables, independientemente de las consideraciones espaciales o temporales.

Esta complejidad terminológica o confusión ha sido y continúa siendo un desafío para muchos buscadores serios, peregrinos, en el sendero de un desarrollo espiritual más elevado. Sin embargo, este problema es en gran parte remediable con el conocimiento de que los primeros principios en sí mismos no difieren, sino que lo que difieren son los términos y descripciones usados en los lenguajes fluidos orales y escritos en los que aparecen estos principios. Debido a que una comprensión adecuada del término "libre albedrío" y su relación con la doctrina tradicional de los "dos yoes" son claves para ascender por este empinado sendero, esta breve exposición intenta proporcionar mayor claridad y comprensión para aquellos que lo buscan.

Significado claro de palabras y términos

Dentro del contexto de la literatura teosófica antigua y moderna, basta pensar en la gran variedad de usos y significados de la palabra "alma ", y en la traducción en otros idiomas del término traducido como "alma", por ejemplo, la "psique" del griego, para encontrar ambigüedades y discrepancias entre las definiciones y traducciones de otros idiomas. Aun cuando cada uno de los escritores originales de textos esotéricos se refería exactamente al mismo principio o fenómeno como otros escritores de este tipo, los términos escogidos por esos escritores en su propio idioma, y los diversos sinónimos y metáforas que utilizaron para definir estos principios, siguen siendo objeto de recurrente complejidad y confusión terminológica para los estudiantes de hoy con respecto a términos y palabras medulares para describir dichos principios.

Estos problemas se ven agravados, si no exacerbados de un idioma a otro, por la traducción de estos términos y descripciones a las formas mutables de comunicación que llamamos lenguaje. Esto se hizo muy evidente en los siglos XIX y XX, cuando una avalancha de doctrinas esotéricas primero escritas en tempranos idiomas asiático e indoeuropeo, fueron traducidas a lenguas modernas europeas, incluyendo el inglés. Sólo tenemos que referirnos a diversas traducciones del término sánscrito dharma (dhamma en Pâli) para encontrar una plétora de significados para el mismo término.

Dados estos predicados fácticos, antes de entrar en un debate formal del "libre albedrío", un principio que ha dejado perplejos por igual, tanto a los estudiantes de esoterismo como a los filósofos analíticos, es esencial aclarar lo mejor posible los términos relacionados que necesariamente se incorporan a este debate. Una plática sobre el libre albedrío requiere, al menos, alguna descripción, si no definición, de los términos "voluntad", "elección" y "destino" (latín fatum, del que se deriva fatalis). Además requiere familiaridad con el principio de los dos yoes - "Hombre/Mujer Externo" (ser inferior) y " Hombre/Mujer Interno" (ser superior) - y las siete modalidades a partir de las cuales se forman, las que se conocen en Sánscrito como kosa-s, y traducidas de diferentes formas como "cuerpos sutiles", "vehículos" o "envolturas", que corresponden a los múltiples estados del ser. Si adoptamos la clásica formulación vedantina de kosa-s, podemos decir que el primero (o el más elevado) de ellos es el ânandamaya-kosa, que también puede ser llamado âtmâ, el segundo es el vijñânamaya-kosa, que también puede ser llamado buddhi, y que debajo de éstos está la mente, o el manomaya-kosa, a menudo llamado manas.

Juntos, estos tres kosa-s más elevados (âtmâ, buddhi, manas) constituyen lo que denominamos, Persona Interna o Ser superior para los efectos de esta presentación. El resto de los kosa-s inferiores, que no se enumeran aquí, pero que incluyen los cuerpos físico y vital, junto con las modalidades sutiles donde existe la "personalidad" de una persona con sus deseos, apetitos e imagen de sí misma, comprenden el yo inferior o Persona Externa. Este resumen general del concepto de los "dos yoes" (Externo-Bajo/Interno-Alto) debe omitir por ahora cualquier tratamiento de la bifurcación crucial del manas en (i) pensamiento ordinario versus (ii) pensamiento verdaderamente espiritual, a fin de enfocarse mejor en una comprensión apropiada del libre albedrío tal como se entiende en la filosofía tradicional o perenne.

Voluntad y libre albedrío

Para comprender lo que es el "libre albedrío", es obvio que primero hay que comprender lo que significa y lo que se entiende por voluntad. El término voluntad, al igual que "libre albedrío", también está sujeto a una multiplicidad de significados por filósofos modernos y seculares, así como por científicos del complejo mente/cerebro, desde psiquiatras hasta neurólogos. Sin pretender ser desdeñosos, podemos referirnos a estos modernos investigadores analíticos en cuanto a voluntad y libre albedrío colectivamente como seculares, y así compararlos con los esoteristas, siendo los iluminadores y sabios de las sagradas verdades espirituales, registradas de diversas maneras en conocidos textos y tratados de la tradición sabiduría antigua y moderna.

Una diferencia principal entre los seglares y los esoteristas son los métodos que utilizan. El seglar típicamente se basa únicamente en la facultad de la razón, y permite como apoyo fundamental lo que es cuantitativo y puede ser aducido empíricamente, y así rechaza cualquier noción del Ser Interno o componente espiritual dentro de los seres humanos. Por lo tanto, el rechazo, o por lo menos la omisión, de cualquier referencia al Yo superior (âtma-buddhi-manas) en el discurso y deliberaciones de los seglares necesariamente significa que sus conclusiones pertenecen solamente a nuestro Ser Externo.

Por el contrario, el esoterista, aunque acepta la realidad del Ser superior, también se basa en la razón de la mente superior, pero aún más, sintetiza este intelecto con la intuición que opera a través de buddhi para comprender plenamente algo, incluyendo su naturaleza cualitativa (interna). Si bien puede valer la pena familiarizarse con las conclusiones de los seglares que pueden ser convincentes, es importante tener presente que cuando las premisas iniciales utilizadas por los seglares son empíricas y los análisis de sus sujetos de indagación son exclusivamente lógicos y racionales, entonces sus conclusiones deben compartir ese proceso y, por lo tanto, estar imbuidas de las mismas limitaciones. Siendo este el caso, ipso facto el seglar moderno no sería capaz de aceptar, ni quizás entender, la idea del libre albedrío tal como la perciben los grandes expositores de la tradición sabiduría.

Como esoterista, H. P. Blavatsky (HPB) formuló una definición precisa de "voluntad", en el contexto de estas categorías duales. Ella escribió que

La Voluntad es lo que gobierna los universos manifestados en la eternidad. La voluntad es el único principio de la MOCIÓN eterna abstracta, o su esencia trascendente. Emanando de la una, eterna, abstracta y puramente inactiva Voluntad (Âtmâ en Layam), se convierte en Buddhi en su estado Alaya, y desciende más bajo como Mahat (Manas)… La voluntad, como principio eterno, no es ni espíritu ni sustancia, sino ideación eterna.1

La pregunta que esta definición suscita para los propósitos de nuestro debate es ¿qué significa para esta "voluntad", tal como existe en el ser humano, ser "libre" cuando HPB afirma que las principales características de la voluntad son que gobierna los universos manifestados, es la esencia trascendente del movimiento eterno, emana y desciende a través de âtma-buddhi-manas y más allá "por la escalera de los grados", y como principio "eterno" no es ni espíritu ni sustancia sino ideación? Ciertamente parte de lo que significa es que la voluntad tiene una relación inseparable con âtma-buddhi-manas o el Ser Interno, un principio que no se encuentra como parte de ningún debate por parte de los seglares modernos sobre el libre albedrío, pero que forma la base de su definición y entendimiento de acuerdo con la antigua tradición de la sabiduría, o sabiduría perenne.

Elección                                

Mucha complejidad, confusión y "ruido intranscendente" pueden ser eliminados provechosamente de la indagación sobre el libre albedrío a la luz del sendero espiritual superior mediante la comprensión de los atributos y el significado de la elección. En la literatura sobre la cuestión del libre albedrío entre los seglares modernos, uno se enfrenta a menudo con la elección y el libre albedrío como términos intercambiables. Debe reconocerse que esta intercambiabilidad puede tener sentido dentro de un contexto secular racional estrecho, donde uno esté confinado a estratos cuantitativos y empíricos de la actividad humana que son navegables por la razón, y donde una referencia al Yo superior (atma-buddhi-manas)  ha sido excluida del debate.

Sin embargo, cuando la investigación sobre el libre albedrío es exhaustiva, cuando incluye la enseñanza tradicional de los dos yoes, el debate necesariamente requiere la inclusión de un espectro del significado de las elecciones que uno hace, por así decirlo, desde las "micro-opciones" diarias y comunes hasta las que alteran la vida o las "macro-opciones". Esto último incluye la elección que en última instancia enfrenta el peregrino en el viaje espiritual más elevado de abandonar completamente los caminos de la Persona Externa en favor de seguir un sendero iniciático centrando su conciencia principalmente dentro y a través del Ser Interno, sin importar si él o ella está actualmente bajo la tutela de un gurú calificado.

Existe un nivel de elección, al que nos hemos referido como "micro-elección", que es una parte inextricable de la vida humana, ya sea que hablemos de la vida encarnada de una mónada al comienzo mismo de su peregrinaje a través de la existencia humana, o que hablemos de la vida encarnada de un Adepto como Morya o Koot Hoomi efectivamente al final de ese viaje. Las micro-elecciones son aquellas con poca o ninguna importancia en lo que respecta a la ley de compensación, o causas mediatas, comúnmente referidas como karma. ¿Debo, camino a mi destino, caminar bajo el sol o a la sombra de los árboles? ¿Debería evitar la rama caída o pasar por encima de ella? ¿Debo tomar mi comida a una hora en punto, o a cierta hora y media? Y así ad infinitum con una miríada de micro-elecciones.

Las micro-elecciones permanecen con nosotros a través de nuestros viajes espirituales a través de la existencia humana hasta los niveles superiores, como se refleja en la afirmación de Koot Hoomi de que "un adepto es un mortal ordinario en todos los momentos de su vida diaria excepto en aquellos en los que el hombre interno está actuando"2.  He aquí un buen ejemplo de un modelo espiritual que reconoce la verdad de la doctrina de los dos yoes, donde uno es su Hombre "ordinario" o Externo, que actúa como "carcelero" de su otro Hombre Interno. Esta realización apunta directamente a la necesidad de cada Persona Externa, incluso a nivel de Koot Hoomi, de hacer una serie de micro-opciones sólo para vivir los días comunes de un ser humano con todas las necesidades materiales y sutiles de existir en un cuerpo físico, y nos acerca a la comprensión tradicional de la elección y el libre albedrío en el contexto del Ser Interno (âtma-buddhi-manas).

Resumiendo nuestro análisis sobre la elección, podemos decir que dondequiera que en el discurso moderno y seglar la elección y el libre albedrío sean generalmente usados indistintamente, es predecible en ese contexto concluir que debido a que los seres humanos pueden elegir en cualquier nivel de significado, deben por lo tanto tener libre albedrío. Y mientras que en ese contexto esta conclusión puede cubrir todo, desde las micro-opciones mundanas e insignificantes hasta las macro-opciones que alteran la vida y que pueden incluso incluir la pérdida de la propia vida, por ejemplo, esta conclusión no se puede razonar más y se detiene en el portal de la intuición (buddhi). La intuición, al ser una facultad indispensable para percibir la naturaleza del Yo superior, permite al viajero hacer la elección a través de manas para ser guiado siempre por la emergente voluntad de ese estado espiritual superior,  una elección fuera del alcance de los seglares.

Seglares, esoteristas y libre albedrío

Si se investigara el legado filosófico escrito del libre albedrío en latín y en varias lenguas europeas desde poco antes de la época de la "Ilustración" en Europa (hacia mediados del siglo XVII) hasta el presente, se encontraría un considerable volumen de material identificable como secular y basado únicamente en la razón. De hecho, hay especialistas académicos contemporáneos en el libre albedrío que han reunido fuentes anteriores y han presentado contribuciones originales sobre el tema, un área de creciente interés en la filosofía dentro de la academia. Uno de ellos fue el fallecido Profesor Michael Frede de la Universidad de Oxford, quien publicó Un Libre Albedrío: Orígenes de la noción en el pensamiento antiguo.3

En las aulas y en la literatura de la academia seglar moderna, donde se hacen contribuciones a esta investigación en los libros de sus editoriales y en los documentos que aparecen en revistas pedagógicas de filosofía, se encuentran los preceptos del libre albedrío y del "destino", en forma de fatalismo, o alternativamente determinismo causal, y sus derivados, yuxtapuestos como proposiciones opuestas. Irónicamente, hay también una yuxtaposición de libre albedrío y destino en la perspectiva esoterista, aunque no tiene ninguna semejanza con su contraparte seglar. En esta filosofía perenne, que contiene la doctrina de los dos yoes, el destino puede decirse que gobierna sólo a la Persona Exterior, cuya existencia mortal debe sufrir un fin "fatal", mientras que el libre albedrío gobierna al Ser Interno e inmortal.

En fuerte oposición a esta perspectiva está la del seglar, cuyos análisis se limitan típicamente a la Persona Externa, y cuyas ideas opuestas son que la persona mortal o bien tiene (i) libre albedrío, es capaz de hacer elecciones verdaderas, o (ii) no lo tiene, ya que todas esas supuestas "elecciones" han sido predeterminadas por acciones previas acumuladas de la persona, o alternativamente por un Creador divino. Mientras que en la perspectiva seglar, el fatalismo y el determinismo, y sus "ismos" derivados, pueden diferir de manera significativa, comparten en común la característica de que ambos se oponen al libre albedrío y pertenecen exclusivamente a la Persona Externa. Y dentro del discurso filosófico seglar, esta oposición invariablemente se transforma en disputas polémicas cuyas premisas y argumentos, y falacias, se vuelven cada vez más impenetrables y, al menos para el esoterista, insatisfactorias en lo que se refiere a una clara comprensión del libre albedrío.

Uno no debería concluir de esto que la perspectiva esoterista del libre albedrío es simple de entender, pero no lo es. Sin embargo, es al menos más simple de entender que los diversos puntos de vista filosóficos seglares que compiten por el libre albedrío, y eso porque sólo hay una manera, en lugar de múltiples maneras, de percibirlo dentro del contexto de la filosofía perenne. Y esa única manera se basa en la habilidad que él o ella, el peregrino, que busca comprender, ha desarrollado su razón e intuición superiores para que operen y aprehendan juntos.

La visión esoterista del libre albedrío descansa en el reconocimiento y comprensión del principio de los dos yoes, y fue hábilmente articulada por Ananda K. Coomaraswamy, quien escribió:

Nuestro sentido de libre albedrío es tan válido en sí mismo como nuestro sentido de ser, y tan inválido como nuestro sentido de ser fulano (la Persona Externa). Existe un libre albedrío, es decir, una voluntad, no limitada por nada externo a su propia naturaleza; pero es sólo "nuestra" en la medida en que hemos abandonado todo lo que queremos decir en el sentido común por "nosotros mismos" y nuestra "propia" voluntad.  Sólo Su servicio es libertad perfecta.4

Para repetir, esta concepción tradicional del libre albedrío no significa que aquellos que actúan por y a través del Yo Interno estén exentos de tener opciones en absoluto, o exentos de tomar decisiones. Cuando las micro-elecciones y las decisiones están ligadas a las necesidades contingentes y materiales de vivir encarnado en un cuerpo, ya sea un individuo ordinario o un jivanmukta iniciado (alguien que mientras encarnado ha logrado liberarse de la rueda de la muerte y el renacimiento), uno incluso tendrá elecciones.

Anteriormente abordamos las micro y las macro-elecciones, y este principio denota la diferencia crítica entre el tipo de opciones mencionadas anteriormente como aquellas que son ineludibles mientras se exista en un cuerpo físico, y el tipo de elección, trascendental,  que involucra cuál de los dos yoes predominará en la existencia encarnada. En el contenido de los tratados y escrituras clásicos de la antigua tradición de la sabiduría, Coomaraswamy señaló que

la naturaleza y el carácter de los dos yoes se tratan extensamente, y se enfatiza la importancia de la resolución de su conflicto interno; ningún hombre está en paz consigo mismo hasta que se haya llegado a un acuerdo sobre cuál de los dos gobernará. (énfasis añadido).5

Qué yo gobernará se convierte así en la macro-elección.

Este "conflicto interior" entre los dos yoes al que se refiere Coomaraswamy es nada menos que el que en algún momento debe generar la elección que cambia la vida, la decisión sobre qué dirección se quiere tomar entre una existencia normal y ordinaria o el ascenso a un camino espiritual superior. Una alternativa es permanecer sujeto a las vicisitudes de la Persona Externa, incluso cuando uno vive generalmente una vida "buena". Debido a que está controlada por el Destino y las correspondientes fuerzas del apetito, el deseo y el apego, la alternativa de elegir a la Persona Externa es la de la muerte y el renacimiento continuos, y por lo tanto siempre es fatal. No sólo esta alternativa es fatal, sino que a menudo se describe en la filosofía perenne como el camino de la esclavitud, donde la Persona Externa ha encarcelado a la Interna y actúa como su carcelero, y por lo tanto donde el verdadero libre albedrío no se aplica.

La otra alternativa es vivir y estar dentro del Ser Interno, el camino de la liberación eterna de ese ciclo fatal, y en grados cada vez mayores sincronizar o unir nuestra propia voluntad a la voluntad Universal o cósmica, cuyo resultado final es el completo libre albedrío. Esta decisión trascendental, elegir entre estas dos direcciones, se conmemora en los sagrados tratados y escrituras del tiempo. Cuando esta elección se hace correctamente, es fundamentalmente bautismal si no iniciática, de la mortalidad corruptible a la inmortalidad incorruptible. Es la misma macro-elección entre "gloria u oscuridad" expresada una vez por Mabel Collins: "Cada hombre es su propio y absoluto legislador, el dispensador de gloria u oscuridad para sí mismo, aquel que decide su propia vida, su recompensa, su castigo".6

Una renombrada ilustración de tal elección es la parábola de Hiram Abiff, en la tradición masónica, el "hijo de la viuda" que eligió enfrentarse a la muerte antes que divulgar los secretos masónicos, y después de ser asesinado en el Templo por tres rufianes exigentes, fue resucitado por su Maestro a una vida nueva y totalmente espiritual. Este motivo de sacrificio se repite en varias mitologías y escrituras del mundo en forma de renacimiento heroico, o resurrección, como lo describe hábilmente Mircea Eliade en Ritos y Símbolos de Iniciación: Los Misterios del Nacimiento y Renacimiento.7

Este motivo de macro-elección puede representarse como principio equivalente a elegir entre el caos y el cosmos, entre la oscuridad y la luz o entre lo profano y lo sagrado, entre otros. Pero también se puede expresar, escrito en otro lugar, como una elección entre (i) preservar el status quo del propio camino espiritual familiar y continuar progresando gradualmente en términos de ausencia del yo personal y otras cualidades relacionadas necesarias para la eventual admisión a la `probación` como posible chela de un Adepto o "Mahatma" en la Orden cuyos miembros forman la jerarquía espiritual de la humanidad; o (ii) actuar con la convicción de que uno está listo y ha dejado atrás todo lo que le es familiar y cómodo, sumergiéndose sin equívocos en la búsqueda de la `probación` y el chelado bajo un Adepto con el que uno percibe una conexión.

Por lo tanto, en la filosofía perenne ocurre el libre albedrío, sin mayor complejidad o confusión terminológica, donde el caminante exitoso escoge el último curso y es capaz de sincronizar posteriormente su voluntad individual operando a través del Ser Interno (âtma-buddhi-manas) con la voluntad Universal o cósmica. Cuando esto finalmente ocurre, el peregrino ya no se enfrenta a ninguna "elección" significativa o macro-"opción" entre "dos o más cursos de acción alternativos; en ese punto uno sabe que sólo hay una cosa correcta que hacer y se convierte en una cuestión de si uno tiene la habilidad requerida, es decir, voluntad para hacerlo".8 Esta es la condición a la que Coomaraswamy se refería cuando escribió:

En esta filosofía [perenne] no somos libres en la medida en que nuestra voluntad está determinada por los deseos del hombre externo, y somos libres en la medida en que el hombre externo ha aprendido a actuar, no para sí mismo, sino como el agente del hombre interno, nuestro verdadero Yo.9

 

Referencias

 

1. Blavatsky, H. P., Theosophical Glossary. London: Theosophical Publishing Co., 1892, p. 370.

2. Barker, A. T., comp., The Mahatma Letters to A. P. Sinnett. Manila: TPH, 1993, p. 257.

3. Berkeley, CA: University of California Press, 2011.

4. Coomaraswamy, Ananda K., Selected Papers: Metaphysics. Bollingen Series LXXXIX. Roger

Lipsey, ed. Princeton: Princeton University Press, 1977, p. 91.

5. Coomaraswamy, Ananda K. Selected Letters of Ananda K. Coomaraswamy. Alvin Moore, Jr., ed.

Delhi: Oxford University Press, 1988, p. 135.

6. Collins, Mabel, The Idyll of the White Lotus. London: Reeves and Turner, 1884, p. 141.

7. New York: Harper & Row, 1975. Muchas obras publicadas de Eliade están repletas con este tema.  Ver también Coomaraswamy’s “Âtmayajña: Self-Sacrifice” (p. 107) y “The Meaning of Death” (p. 426)

en Selected Papers: Metaphysics.

8. Brooks, Richard W., “Free Will.” Theosopedia (Internet site). Manila: TPH, n.d.

9. Coomaraswamy, Selected Letters of Ananda K. Coomaraswamy, p. 135.

 

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