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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 139 - Número 02 -  Noviembre 2017 (en Castellano)

 
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Reseña de La Doctrina Secreta de Madame H. P. Blavatsky

 

Annie Besant

La Doctora Annie Besant fue la segunda Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica desde 1907 hasta 1933.

Reimpreso desde el NatinalReformer para El Teosofo,en Septiembre de 1889.

 

 

El National Reformer (El Reformador Nacional) llega a tantos diferentes tipos de lectores, todos ellos de mente supuestamente liberal, que parece probable que, entre todos ellos, se encuentren algunos que se interesen en los inusuales puntos de vista sobre el universo, expuestos en esta muy notable obra. Madame Blavatsky, de cuya pluma proviene, es una personalidad tan extraordinaria como su libro. Ha sido alabada como la apóstol de una nueva revelación, denunciada como la inventora de la mayor impostura de la época. Nadie que la conozca creerá que ella es una impostora; mientras que el hecho de que posea un conocimiento oriental amplio y profundo, y tenga acceso a fuentes de información raras y recónditas, será evidente para cualquiera que incluso examine ligeramente estos volúmenes.

Pero el examen rápido es más probable que repela a que atraiga: el arcaísmo desconocido y el misticismo del Libro de Dzyan, aún más desconocido, que es proclamado como uno de los manuscritos más antiguos del mundo; la metafísica sutil, que se vuelve completamente ininteligible e incluso contradictoria, a menos que percibamos y comprendamos la delicada gradación de la frase; la atmósfera oriental en la que viven y se mueven las imágenes mentales; el antagonismo de toda la tendencia intelectual al pensamiento de nuestra civilización occidental; es más que probable que todo esto haga que el hombre del siglo XIX arquee las cejas, se encoja de hombros y deje el libro. Porque Oriente comienza a estudiar el universo justo donde Occidente deja de hacerlo.

Con telescopio y microscopio, con bisturí y pilas, la Ciencia Occidental interroga a la naturaleza, registrando hecho tras hecho, acumulando experiencia tras experiencia, pero volviendo siempre a los abismos insondables de sus profundidades y a alturas infranqueables. Amplia y magistral en sus respuestas al "¿Cómo?", el "¿Porqué?" siempre lo elude, y las causas permanecen envueltas en la oscuridad. La Ciencia Oriental usa únicamente como su instrumento científico las penetrantes facultades de la mente, y al considerar el plano material como mâyâ, ilusión, busca en los planos mental y espiritual del ser las causas de los efectos materiales. Para ella, allí yace la única realidad; ahí está la verdadera existencia, de la cual el universo visible no es más que la sombra.

Está claro que para tal investigación es necesaria más capacidad mental que la que normalmente proporciona el cuerpo humano. Y aquí viene la "separación de los caminos" entre Oriente y Occidente. Para el estudio del universo material, nuestros cinco sentidos, ayudados por los instrumentos inventados por la ciencia, pueden ser suficientes. Para todo lo que podemos oír y ver, gustar y palpar, estos habituales servidores, aunque a menudo engañosos, son las mejores guías disponibles para llegar al conocimiento. Pero el caso es que por su naturaleza son inservibles cuando la investigación versa sobre formas de existencia que no quedan impresas en nuestras terminaciones nerviosas.

Por ejemplo: lo que conocemos como color es la frecuencia vibratoria de las ondas etéricas que impactan en la retina del ojo entre ciertos límites bien definidos - 759 trillones de impactos como máximo y 436 trillones como mínimo, estas ondas producen en nosotros la sensación que nuestro cerebro traduce en color. (Por qué 436 trillones de impactos en el extremo de un nervio se transforman en “rojo” en el otro extremo, no lo sabemos; registramos el hecho, pero no podemos explicarlo). Pero nuestra capacidad para responder a la vibración no puede limitar la capacidad de vibración del éter; para nosotros, las frecuencias de vibración superior e inferior no existen, pero si nuestro sentido de la vista fuera más sensible, seríamos capaces de ver allí donde ahora somos ciegos.

Siguiendo esta línea de pensamiento nos damos cuenta de que la materia puede existir en formas desconocidas para nosotros, en modificaciones a las que nuestros sentidos son incapaces de responder. Pero la Sabiduría Oriental interviene y dice:

      Aquello que vosotros decís puede ser, es; hemos desarrollado y cultivado sentidos tan superiores a los vuestros como vuestro ojo es superior al de la medusa; hemos desarrollado facultades mentales y espirituales que nos permiten investigar en los planos superiores del ser con la misma certeza con la que vosotros investigáis en el plano físico; no hay nada sobrenatural en ello, como tampoco vuestro conocimiento es sobrenatural, aunque esté muy por encima de lo que es accesible para los peces; no especulamos sobre estas formas superiores de existencia; las conocemos por el estudio personal, del mismo modo que vosotros conocéis la flora y fauna de vuestro mundo. Los poderes que poseemos no son sobrenaturales; están latentes en cada ser humano y evolucionarán a medida que avance la raza. Todo lo que hemos hecho es desarrollarlos más rápidamente que nuestros semejantes, mediante un proceso tan a vuestro alcance como estuvo al nuestro. La materia está en todas partes, pero existe en siete estados, de los cuales solo conocéis cuatro, y hasta hace poco conocíais solo tres; en esas formas superiores residen las causas, cuyos efectos veis en las inferiores, y para conocer esas causas debéis desarrollar la capacidad para poder conocer los planos superiores.

A menos que la evolución sea un sueño, o que hubiéramos alcanzado el último peldaño de su escala, una hipótesis bastante absurda, no hay nada irracional per se en esta afirmación. Si es que fuera cierta, el que tales personas con facultades psíquicas altamente evolucionadas existan, es cuestión de evidencia: algunas personas están tan seguras de su existencia como de la de sus propios padres y madres; y otras, las que no saben nada sobre el tema, son algo apresuradas al negarlo. Se puede sugerir, además, como indicio de una evolución mental mas avanzada, que está más allá de toda duda, que en muchas personas se están mostrando facultades psíquicas que todavía no son comunes, como: clarividencia, mesmerismo, hipnotismo, que apuntan a la existencia, bajo condiciones anormales, de una visión interna que trasciende el poder visual y de facultades que aún no se comprenden. La seria dificultad en todas las investigaciones al respecto, hasta ahora, sobre esta parte tan poco explorada de la psicología, es la tendencia a perder el control del juicio frente a lo anormal; el peligro grave radica en la posibilidad de alterar el equilibrio mental, de tensionar la mente hasta tal punto, que el estudiante pueda cruzar la línea que separa la cordura de la locura.

Esta introducción me parece necesaria para guiar al lector novato en este aspecto del pensamiento que nos concierne, para comprender algo de las ideas que subyacen en La Doctrina Secreta. Porque estas ideas provienen de "Los Hombres Sabios de Oriente", en cuyas manos, así como en las manos de sus predecesores, se afirma que están los manuscritos en los que se basa esta obra.

En una antigüedad anterior a la cual los Romanos, Griegos y Hebreos no son más que plantas de ayer, los sabios indos pensaban y reflexionaban sobre sus observaciones, generación tras generación asumiendo esa tarea. El conocimiento acumulado se mantuvo siempre secreto para la masa común de la humanidad, revelándose solo a aquellos que tras un largo periodo probatorio, llegaban a ser Iniciados. Con la evolución de la raza ha llegado el momento en el que parte de este conocimiento podría ser útil a la humanidad, y durante los últimos años partes de él mismo se han ido filtrando. En el libro que tenemos ante nosotros está el registro de la evolución del universo y la génesis del hombre, y el que quiera leerlo deberá preparar la mente para hacer un fuerte y prolongado esfuerzo.

Sólo podemos presentar aquí un brevísimo resumen por dos razones: la primera, este espacio no permitiría una exposición extensa; la segunda, que cualquiera que quiera entender La Doctrina Secreta debe estudiarla por sí mismo. No puedes reproducir un continente en la palma de tu mano, ni comprimir una montaña en una canica. Resumiendo, entonces:

Antes de que el universo visible llegue a existir, existe la Seidad Absoluta, la Existencia en abstracto: ilimitada, infinita, inmutable. No vamos a detenernos en este concepto: todo estudiante conoce las interminables contradicciones en las que nos enredamos cuando nos esforzamos por describir lo Absoluto en términos de cuál es su esencia. En cuanto intentamos precisar algo, nos contradecimos. Al comienzo de un ciclo, se despierta el Logos No manifestado, ideación abstracta y potencial, raíz del posterior Mahat, el alma inteligente universal, y de aquí, el segundo Logos con su doble aspecto, Purusha y Prakriti, Espíritu-Materia, "Padre-Madre", y Mahat el Hijo. De este Triángulo del Ser, Purusha, Prakriti y Mahat, surge toda vida y forma, en numerosas jerarquías, en los siete planos de la existencia.

El espíritu se cristaliza, por así decirlo, en la materia a través de los tres primeros, volviéndose más y más solidificado y grosero, llegando a su punto de inflexión en el cuarto, haciéndose autoconsciente intelectualmente a medida que se hace más denso; a partir del cuarto vuelve a ascender nuevamente, eliminando su grosera envoltura material, pero reteniendo la experiencia que de otro modo no podría haber ganado, hasta que, con la sabiduría que ha recogido con sus luchas y andanzas, regresa allí de donde procedía y descansa . Tal ciclo constituye un Manvantara, y a este le sigue "el sueño de Brahma"; cuando despierta, comienza otro ciclo, pero en un plano más elevado. Mis lectores deben recurrir al libro para completar este esquema tan simplificado, y descubrirán que vale la pena.

¿Qué papel juega el hombre en este vasto drama de un universo? Huelga decir que él no es la única forma viviente en un Cosmos que, en su mayor parte, es inhabitable para él. Igual que la Ciencia ha mostrado formas vivas por todas partes en el plano material, razas en cada gota de agua, vida que palpita en cada brizna y en cada hoja, también La Doctrina Secreta señala formas vivas en planos superiores de la existencia, cada una adaptada a su entorno, hasta que todo el espacio se estremece con la vida, y en ninguna parte hay muerte, solo cambio.

En medio de esas miríadas, algunas evolucionan hacia la humanidad, otras evolucionan alejándose de la humanidad tal como la conocemos, despojándose de sus partes más groseras. Porque el hombre es considerado como un ser septenario, con cuatro partes que pertenecen al cuerpo animal y perecen con la muerte, o poco después, mientras que las otras tres forman su ser superior, su verdadera individualidad, y estas perviven y son inmortales. Estas forman el Ego, que pasa a través de muchas encarnaciones, aprendiendo las lecciones de la vida a medida que avanza, trabajando por su propia redención dentro de los límites de una ley inexorable, sembrando semillas de las que siempre recoge la cosecha, construyendo infatigablemente su propio destino, y sin encontrar en ninguna parte, en el inconmensurable tiempo y espacio que le rodean, a nadie que pueda levantar por él un peso que haya creado, que pueda sostener por él una carga que haya acumulado, que pueda desenredar por él un enredo que haya tejido, ni tapar por él un pozo que haya cavado.

La evolución física y mental del hombre se traza paso a paso en el segundo volumen, se esboza la vida de cada raza, con sus características. El lector atento, notará con interés cómo, curiosamente, esta enseñanza oriental a veces sostiene, a veces contradice, nuestros puntos de vista occidentales. Un tema de poca importancia en sí mismo, pero significativo por lo que entraña, merece señalarse aquí, el conocimiento, alcanzado recientemente por la Ciencia Occidental, de que la glándula pineal, de función muy debatida, es lo que queda del "tercer ojo". Esto ha sido "descubierto" ahora por Occidente, pero es una historia muy, muy antigua en Oriente.

La tercera sección del Vol. 1 es muy atractiva, y muestra amplias coincidencias con los últimos descubrimientos de la ciencia, en "Contraste de la Ciencia y La Doctrina Secreta". Es de curioso interés observar cómo algunas de las últimas teorías parecen captar vislumbres de las doctrinas ocultas, como si la Ciencia se encontrara en el mismo umbral de un conocimiento que hará que todo su pasado parezca pequeño. Ya le tiembla la mano, intentando apoderarse de fuerzas a cuyo lado todas las que ahora controla son insignificantes. ¿Cuán pronto clavará sus manos en ellas? Esperemos que no sea hasta que se haya transformado el orden social, pues solo servirían para dar más a los que ya tienen, y dejar a los desgraciados aún más miserables por la fuerza del contraste. El conocimiento usado de manera egoísta ensancha el abismo que separa un hombre de otro y una raza de otra, y bien podemos estremecernos ante la idea de que nuevos poderes de la Naturaleza se sujeten al carro de la Codicia. De aquí que la sabiduría de aquellos “Maestros”, en cuyo nombre habla Madame Blavatsky, hayan negado siempre el conocimiento que es poder, hasta que no se haya aprendido la lección del Amor, y hayan dejado sólo en manos de los seres altruistas el control de aquellas fuerzas naturales que, mal utilizadas, destrozarían a la sociedad.

El espíritu y la materia, aunque una y la misma cosa en su origen, en cuanto entran en el plano de la diferenciación, comienzan cada una de ellas su proceso evolutivo en direcciones contrarias: el Espíritu cae gradualmente en la Materia, y esta última asciende hacia su condición original, la de pura Sustancia espiritual. Ambas son inseparables, aunque siempre estén separadas.

H. P. Blavatsky, La Doctrina Secreta, Vol. I

 

 

 

 

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