Volver al Índice de Revistas
El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 139 - Número 02 -  Noviembre 2017 (en Castellano)

 
Anterior
Página 5
Siguiente

 

170º Aniversario del nacimiento de Annie Besant

 

Tim Boyd

 

La vida de Annie Besant muestra una auténtica grandeza. Su vida, como la de toda gran persona, se puede contemplar desde distintos enfoques.

Si nos ciñéramos a la segunda mitad de su vida -el tiempo que pasó en la India- tendríamos que comentar la gran cantidad de cosas que llevó a cabo, no sólo en la India, sino por la India. Ella fue no solamente una activista y visionaria, sino una creadora de instituciones. Mucho antes de la independencia de la nación, se anticipó creando instituciones adecuadas para los albores de la vida nacional. Fundó, por todo el país, numerosas instituciones educativas, desde “colleges” y universidades a escuelas de primaria y secundaria. De gran importancia fue el Central Hindu College, que se convirtió en la Universidad Hindú de Benarés. Creó este “College” por su profundo compromiso con la educación, y no sólo con la educación que se impartía en su tiempo, sino con un sistema que incluía también la educación de las mujeres. Era una educadora por naturaleza.

También fundó un semanario, The Commonwealth, y adquirió un diario, el New India, que utilizó como órgano para la independencia de la India. Constituyó el alma de un movimiento por la independencia de India y fue la fundadora del movimiento “Home Rule” -la primera organización, dentro del creciente movimiento por la independencia, en reclamar claramente el autogobierno para la India. Hace dos años fui el invitado principal de una organización que celebraba su centenario, también fundada por Annie Besant: la Asociación de Jóvenes de la India, que se fundó específicamente para preparar a los jóvenes indios como líderes de la nación naciente. También fue una de los miembros fundadores de la Asociación de mujeres de la India, que hace poco, en este año, también celebró su centenario. El Presidente de India también vino para celebrar con nosotros esta ocasión.

Trabajó en muchas otras áreas, una tras otra, como las Ligas Artísticas, las asociaciones cívicas, los Boy Scouts, que no existían anteriormente, para crear las estructuras necesarias en una India en formación.

Hace cien años, en 1917, una de las cosas que marcaron no sólo su historia personal, sino también la historia de esta nación, fue su arresto y encarcelamiento. El arresto se produjo porque durante el transcurso de la Primera Guerra Mundial, muchos de los otros políticos implicados en los movimientos de liberación de la India consideraron adecuado establecer una tregua durante los críticos tiempos en que Inglaterra se encontraba en guerra, para apoyar a Inglaterra todos unidos en aquellos difíciles momentos. Ella consideraba que no era el momento de retroceder en el movimiento hacia la justa liberación de India del desgobierno colonial, sino que “la debilidad de Inglaterra era la oportunidad de India”. Por esto, en lugar de flaquear, arreció en sus ataques, discursos y escritos, contra el gobierno colonial. Su slogan era “golpear el hierro cuando está caliente y calentarlo golpeándolo”. Ése fue el motivo por el cual el Virrey de India la arrestó.

Su arresto sólo duró tres meses, porque el movimiento Home Rule se propagó por toda la nación reclamando su apoyo. Mientras que al principio funcionaba solamente en las grandes ciudades, se extendió por los pueblos y aldeas donde reclamaban a gritos: “Annie Besant debe ser liberada”. Ante eso el gobierno Británico tuvo que ceder, comprometiéndose a llevar a cabo una política gradual de acercamiento a un Autogobierno (Home Rule) de la India. Esto es lo que ocurrió en 1917, hace ahora cien años. Ese mismo año fue elegida como la primera mujer Presidente del Congreso Nacional de la India.

Con frecuencia, cuando hablamos de las personas que han hecho grandes cosas, hablamos legítimamente en términos de un ideal. Tendemos a considerar como héroes a las personas que han hecho tan grandes cosas como hizo Annie Besant. Junto con la idealización y el heroísmo tenemos la reverencia y el culto; y junto con ellos tenemos la distancia y la separación, pues vemos a esas personas muy distantes del estado en el que nos encontramos nosotros. De alguna manera, esa gran persona está por encima de nosotros, por encima de nuestra estatura en la pureza de sus motivos y en la grandeza de su ser. Por notables que sean las alturas a las que se elevó Annie Besant, más notables son las profundidades desde las que ascendió.

Nada hacía prever, ni por su nacimiento, ni por su educación, que estuviera llamada a desempeñar los roles que desempeñó, no sólo en la India, sino en todo el mundo, a lo largo de toda su vida. Somos pocos los que fundaremos una universidad o un diario, o crearemos organizaciones nacionales que perduren más de cien años. Pocos de nosotros seremos jamás el alma y el corazón de un movimiento de independencia nacional, y me atrevería a decir que ninguno. Éstas son las cosas que la hacen única, pero si contemplamos su evolución, Annie Besant como líder nacional o como gigante espiritual no se percibía así por su nacimiento. Hubo un proceso que la condujo hasta ese grado de reverencia y heroísmo.

Aunque no hayamos fundado universidades ni nada parecido, sin duda cada uno de nosotros ha pasado por momentos muy oscuros en la vida, en los que nos hemos sentido inseguros y confusos.

 

Ha habido momentos en nuestras vidas en los que hemos tenido que hacer una elección difícil y en los que nuestra perspectiva del mundo y de la vida y relaciones era cambiante e incierta. Es de esperar que también hayamos tenido épocas llenas de un ardiente deseo de conectarnos más íntimamente y más profundamente con la fuente común, con la sabiduría pura que todo lo impregna. Como seres humanos, todos lo hemos experimentado. Son las experiencias más significativas para nosotros, cuando consideramos la vida de una persona tan grande como Annie Besant.

Su nombre de nacimiento era Annie Wood, de padres irlandeses y nació en 1847. Probablemente perdamos de vista el contexto que prevalecía en esas fechas, una época en la que las mujeres no podían ir a la universidad en Inglaterra, ni soñar con el derecho al voto, unos tiempos en los que una mujer casada era propiedad de su marido, etc., etc.

Tuvo una familia acomodada muy afectuosa pero su padre murió cuando ella tenía cinco años, dejando a su madre con dos hijos en una situación muy precaria que continuó igual mientras su madre vivió. Intentando sacar adelante a sus dos hijos, evidentemente se decantó por beneficiar al varón, que fue a la universidad gracias a sus sacrificios. También quería lo mejor para su hija, pero la educación universitaria no era posible, pues su escuálida economía no lo permitía.

Poco después de morir su padre, una mujer rica y soltera que acababa de perder a su hermano y cuya madre también había fallecido, trataba de hacer algo provechoso en la vida. Tenía una amiga que le habló de Annie Wood, aquella niña tan brillante y tan precoz. Pronto decidieron que la señora ayudaría económicamente con la educación de esa niña. La señora se llamaba Ellen Maryatt.

Miss Maryatt era una extraordinaria maestra y educadora, cuyos métodos marcaron a Annie Besant para el resto de su vida. No enseñaba a base de memorizar, como hemos aprendido la mayoría de nosotros. Pensaba que el aprendizaje memorístico era inútil y que todo se aprendía a base de “hacerlo”. El estilo de los escritos que hicieron famosa a Besant, lo aprendió en esa primera época, observando, escribiendo, y luego explicando. Besant decía que, a menudo, Miss Maryatt le pedía que explicara algo. La joven Annie, tratando de hacerlo, decía: “Lo tengo en la cabeza pero no sé cómo explicarlo”. Pero esto no satisfacía a Ellen Maryatt, que replicaba: “Si lo tuvieras en la cabeza, sabrías explicarlo, para que yo también lo tuviera en la cabeza”. E insistía en que su alumna debía observar y después explicar.

Ben Franklin,           un gran americano y uno de los padres fundadores de los Estados Unidos, solía utilizar una frase sobre la educación: “Si me lo cuentas, lo olvidaré; si me enseñas, lo recordaré, pero si me implicas, aprenderé”. Éste era el método de Miss Maryatt. E iba, incluso, más allá de ese método, diciendo: “No sólo te implicarás, sino que enseñarás a otros”. Todos los estudios confirman hoy día que así es como se consigue el aprendizaje más profundo. No sólo cuando somos capaces de repetirlo o explicarlo, sino cuando somos capaces de enseñarlo, es cuando aprendemos en nuestros niveles más profundos.

Con este método, Annie Besant aprendió francés, alemán, estilo literario y música, llegando a ser una buena pianista y compositora. La suya fue una educación muy amplia que infundió en ella el amor por el conocimiento. Por naturaleza, era una persona con inclinaciones intelectuales. El amor por aprender y saber cómo encontrar el conocimiento se le despertó a una edad muy temprana y lo mantuvo toda la vida.

Otra cosa que acompañó a la educación de Miss Maryatt fue que, siendo ella una cristiana evangélica, no sólo le enseñó lo que se estudia en los libros, sino también los valores cristianos, y Annie Besant los devoraba: para ella estaba el Cielo arriba y el Infierno abajo, y según las acciones de cada uno en la tierra, el destino acabaría siendo uno u otro. Pero Miss Maryatt tuvo también la brillante idea de insistir en que la verdadera religión no era sólo una cuestión de dogmas y creencias, aunque también importaban desde su perspectiva, sino que también se requería el servicio, el trabajar por los necesitados.

Así fue que Besant, desde muy temprana edad, ayudó a los necesitados, a los pobres y a los enfermos. Miss Maryatt muy raramente daba dinero a la gente. Si tenían hambre los alimentaba; si necesitaban trabajo se lo buscaba. Creía que una dádiva, a menos que tuviera algún coste para el donante, era de poco valor. Esto fue lo que inspiró a Besant a pensar que si el donante no se implicaba con el donativo, éste resultaba vacío.

A los 20 años se casó con un pastor de la Iglesia Anglicana, pero resultó un matrimonio muy desafortunado. Tuvo dos hijos en tres años. El matrimonio duró seis años, antes de que se produjera la separación por diversas razones. Fue muy importante que, aunque Annie Besant era una devota Cristiana y pensaba que no había nada mejor que estar casada con un pastor para poder servir en la Iglesia, tuviera el “problema” de contar con un poderoso intelecto que la empujaba a hacer preguntas.

Comenzó escribiendo sobre la gloria de la fe Cristiana, para lo que necesitó investigar. En una ocasión quiso encontrar la armonía de los cuatro Evangelios del Nuevo Testamento de la Biblia. Quería mostrar su concordancia en la descripción de los acontecimientos en la vida de Jesús. Pero tan pronto inició la investigación, descubrió que los Evangelios relataban historias distintas. Las fechas, los tiempos y los acontecimientos no coincidían. Esa fue la primera semilla de la duda que se sembró en su, hasta entonces, sólida visión de la fe Cristiana.

Intentó liberarse de aquella semilla de la duda. El método empleado fue el mismo que utilizó durante toda su vida: tenía que saberlo. Su mayor problema y su mayor virtud era la de plantear preguntas que necesitaban respuestas. Se acercaba entonces a las personas más profundas, a los más sólidos escritores y pensadores religiosos, para plantearles sus preguntas, pero acababa teniendo pocas respuestas y muchas más preguntas. En cierto momento, la combinación de la duda y de la profunda infelicidad en su vida y en su matrimonio la llevaron a un punto de crisis. Su depresión e incertidumbre eran tan profundas que no sólo pensó en el suicidio, sino que llegó a encontrarse con una botella de veneno en la mano, dispuesta a quitarse la vida.

Ella  cuenta que,  en  ese momento crítico, cuando estaba por beber el veneno, escuchó, por primera vez, una voz que, muchos años más tarde llegaría a serle familiar. La voz le decía: “¡Oh cobarde, cobarde!, que has soñado con el martirio y no puedes soportar unos pocos años de infortunio”. Al escucharla, tiró la botella de veneno por la ventana y comenzó de nuevo. Fue entonces cuando se dio cuenta de que no podía seguir con un matrimonio lleno de dificultades, entre ellas incluso el maltrato físico, y así se produjo la separación.

Al mismo tiempo, evolucionaron sus ideas sobre su propia religión, y empezó a encontrar demasiadas cosas que no podía aceptar. Pasó de un devoto Cristianismo al Ateísmo. Normalmente, cuando alguien se describe como “ateo”, eso significa que no hay ningún Dios, lo que no era su caso. Annie Besant, como cualquier persona de fuerte intelecto, entendía que todo requiere demostración.

De todo punto evidente, ella podía afirmar que Dios es necesariamente incognoscible; no podemos conocer a Dios por medio de pruebas. Pero estaba segura de que el Dios descrito como “el Dios irritado y celoso” del Antiguo Testamento -el que deparaba males a sus oponentes y bienes a sus seguidores, que respondía a los rezos de los que no lo merecían, simplemente porque invocaban su nombre usando una fórmula aprobada- no era un Dios cuya existencia pudiera reconocer. Así que tomó otra dirección. Se decantó por lo que entonces se conocía como movimiento Librepensador y se convirtió en una de sus defensoras más vitales en Inglaterra.

Durante los trece años siguientes, se involucró profundamente en el planteamiento materialista para la mejora del ser humano. Trabajó en favor de los pobres, proporcionando a la gente los conocimientos necesarios para tener una vida mejor y más agradable. Se arriesgó, una y otra vez, organizando reuniones, trabajando con gente en la extrema pobreza. No se limitó a ser una teórica, una idealista, sino una persona que arrimaba el hombro además de hablar.

En ese período fue reconocida como una de las mejores oradoras de su tiempo. Miles de personas se reunían para escucharla. Decía que siendo la gran oradora que era, sin embargo, antes de dar un discurso, siempre se sentía nerviosa, pero se calmaba en cuanto se ponía de pie para comenzar.

En sus notas autobiográficas, describe el primer discurso que dio, sin público. Se encontraba sola en la iglesia de su marido, ensayando al órgano unas piezas para el servicio dominical. Se preguntaba cómo sería eso de dar un sermón. Sabiendo que las puertas estaban cerradas y que nunca se le permitiría subir oficialmente al púlpito, decidió hacerlo y dijo que las palabras le salían solas. Después de éste, su primer discurso, que nadie escuchó, supo que estaba llamada a ser oradora.

En 1875 dio su primer discurso en público. Posteriormente se dio cuenta de que aquello ocurría al mismo tiempo que Madame H.P.Blavatsky (HPB) y el Cnel. H.S.Olcott fundaban la Sociedad Teosófica en la ciudad de Nueva York, al otro lado del océano. Se sentía orgullosa al darse cuenta de que durante ese año fue su creciente implicación en el movimiento Librepensador lo que, finalmente, acabaría por conducirla hacia el movimiento Teosófico, y que ambos comenzaron al mismo tiempo.

En la época en la que la Sociedad Teosófica se estableció en Adyar en 1882, HPB, que estaba muy al corriente de lo que acontecía en el mundo, seguía las actividades de la protesta social en Inglaterra. En sus escritos comentaba de vez en cuando el trabajo que Annie Besant estaba haciendo en Inglaterra, aunque no se conocían personalmente. En esa época, Annie Besant no tenía ningún interés por la Teosofía. Su compromiso lo tenía con lo que ella consideraba como las ideas claras y la ayuda material al mundo.

En cierta ocasión algunas personas del movimiento Librepensador le preguntaron a Besant qué  pensaba ella acerca de que algunos miembros de ese movimiento seglar se hicieran miembros de la Sociedad Teosófica. Entonces estudió un poco la Teosofía y les respondió que no veía nada en común entre ambos. Desde su punto de vista, escribió: “Esta Teosofía parece ser un interés soñador, emocional y algo académico por las fantasías religioso-filosóficas del pasado”. Claramente, no era algo que pudiera recomendar. HPB se enteró de lo que Besant había dicho y escribió muy amablemente a Besant, comentándole que su punto de vista era parcial. Hubo, pues, cierta comunicación entre las dos, aunque todavía no se conocían.

En su Autobiografía escribe que, a veces, el movimiento Librepensador no era suficiente para abarcar el crecimiento interno que ella estaba experimentando. A lo largo de su vida, pasó de ser una devota cristiana, a ser atea, librepensadora y socialista, y en cada etapa estuvo plenamente entregada a cada causa.

En la misma Autobiografía, hay un capítulo final: “A través de la tormenta hacia la Paz”. En él habla de sí misma y de lo que ha comenzado a desarrollarse en su interior, y de la conciencia de que todo el trabajo que había hecho, organizando y luchando para mejorar los salarios y las condiciones de vida de la gente, con todo lo que se había sacrificado, no era suficiente. Nada, según su experiencia, había conseguido inspirar un interés común permanente, algo que pudiera elevar a la gente hacia un servicio altruista. En todo ese tiempo no había conseguido formar un grupo de servidores altruistas, que estuvieran interesados en el mejoramiento de la humanidad, no sólo desde el punto de vista de las condiciones materiales, sino con las raíces en una fuerza universal, que ella describiría como el “amor”.

Volvió a dedicarse a buscar, a pensar, a reflexionar. Pronto descubrió que el enfoque materialista que había abrazado durante tanto tiempo había tenido el efecto de “alejar del alma a su intelecto”. Típico de Besant, comenzó a investigar y a descubrir recientes estudios y experimentos en psicología, hipnotismo y cosas que apuntaban a capacidades y usos de la mente, que iban más allá de lo que hasta entonces había concebido. Necesitaba una explicación, que buscaba pero no encontraba.

Tenía la costumbre de -tras un largo día de trabajo, al caer la noche- sentarse sola para reflexionar. Una tarde empezó a preguntarse cuándo podría encontrar alguna luz entre las tinieblas que ahora invadían su mente. En ese punto, ella volvió a escuchar una voz, aquella voz que comenzaba a reconocer. Y esa voz le dijo: “Ten paciencia, la luz está cerca”.

Dos semanas después, el editor de uno de los periódicos para los que escribía, le dijo: “Tenemos que hacer la reseña de un libro. Son estos dos gruesos volúmenes y nadie lo quiere hacer. Y sé que a Ud. le interesan estas cosas”. Y le entregó los dos libros. Eran los dos volúmenes de la Doctrina Secreta de H.P.Blavatsky. Regresó a casa, leyó los libros y dijo que cada página que leía estaba llena de significado. Tenía una comprensión intuitiva de aquellos temas tan profundos. Y así fue como, página tras página, se iba sintiendo cada vez más cerca de aquella Verdad perdida que hacía tanto tiempo andaba buscando.

Una vez leídos los volúmenes y publicada la reseña (ver en esta revista), Besant pidió a su editor que le consiguiese una cita con HPB, quien entonces estaba viviendo en Inglaterra. Describiendo lo que sintió al ver a HPB por primera vez, dice haber reconocido en HPB a alguien a quien su corazón siempre había anhelado. Pero contra quien, al mismo tiempo, su orgullosa naturaleza se rebelaba. Decía que fue “como si un animal salvaje se rebelara contra la mano dominante que estaba tomando el control”.

La conversación entre ellas fue “normal” para HPB, o sea que hablaron de sus viajes por el mundo y diversas otras cosas, pero nada sobre sabiduría oculta. Cuando Besant se levantó para marcharse, HPB se le acercó y le dijo: “Mi querida Mrs. Besant, sería tan maravilloso que usted fuera uno de los nuestros”. Besant dijo que al oírlo, su orgullosa resistencia se desvaneció. En un mes se había hecho miembro de la Sociedad Teosófica. El hecho de que Annie Besant, atea y Librepensadora de renombre mundial, se uniese a la Sociedad Teosófica, no fue como si lo hubiera hecho cualquier otra persona. Lo que aquello significó para su reputación entre las gentes con las que había trabajado, entre el ejército de gentes que había formado a favor de las causas sociales, fue que todos, salvo unos pocos, le volvieran la espalda.

Su elección estaba hecha, sabiendo muy bien que, una vez más, se vería vilipendiada y defendiendo un punto de vista que no era aceptado, pero para ella no cabía ninguna otra opción. Se incorporó a la ST, llegando a ser su segundo Presidente. Expandió la sede internacional de Adyar –entonces con una extensión de catorce acres- hasta 266 acres, convencida de la necesidad de un silencio más profundo para el trabajo que debía realizarse allí. Es a partir de este momento el comienzo del trabajo que hizo por todo el mundo y en la India, en la línea de su maestra HPB.

Podríamos decir muchas más cosas sobre su vida, pero probablemente lo más importante sea su epitafio muy corto, muy simple. Pidió que cuando muriera, no quería una lápida llena de palabras. La descripción más adecuada de sí misma fue la que nos da en su Autobiografía: “TRATÓ DE SEGUIR LA VERDAD” (p.326).

Para aquéllos que la recordamos en ciertas ocasiones, como en su fecha de nacimiento, por ejemplo, la vemos como un ejemplo de la Verdad, una portavoz de la Verdad, una persona para quien la Verdad fue la contraseña y la clave de su vida. Desde su perspectiva, ella trató de seguir la Verdad.

Una vez al año intentamos comprender a esa gran persona desde distintos puntos de vista. Los detalles de una vida tienen cierta importancia, pero la energía motivadora que hay detrás de esa vida se resume en esto: existe algo que puede conocerse e identificarse como la Verdad. En la medida en que la encontremos dentro de nuestra capacidad para abarcarla, debemos intentarlo. Si hay algún ejemplo significativo de esto, es el que ella nos da, el de alguien que lo intentó. Nos dejó esta maravillosa invocación:

 

Oh Vida oculta, que vibras en cada átomo,

Oh Luz oculta, que brillas en cada criatura,

Oh Amor oculto, que todo lo abarcas en la Unidad,

Que todo el que se sienta uno Contigo,

Sepa que es también uno con todo lo demás.

 

La Sociedad Teosófica fue fundada para formar un núcleo de fraternidad universal de la humanidad, la Unidad es su clave. Esta Unidad no se basa en semejanzas, ni en una humanidad compartida, sino en el simple hecho de la existencia de un amor omniabarcante que nos une a todos, ésta es realmente la fuerza cohesionadora, detrás de todos y de cada uno de nosotros. “Que todo aquél que se sienta uno Contigo, sepa que, por tanto, es también uno con todo lo demás”. Pensad en ello. En este día conmemoramos a Annie Besant.

 

 

 

 

 

Anterior
Página 5
Siguiente

 


 

 
 
000webhost logo