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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 139 - Número 01 -  Octubre 2017 (en Castellano)

 
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El rol de la naturaleza en el florecimiento de la bondad

 

Clemice Petter

Antigua miembro de la Sociedad Teosófica en Brasil, actualmente trabajadora voluntaria en la Sede Internacional en Adyar.

 

 

Mucho se ha dicho acerca de la evolución humana a través del peregrinaje de millones de años del Alma, y quizás sería importante considerarla una vez más. Estamos familiarizados con las enseñanzas que dicen que el primer modo del ser manifestado estuvo en el reino mineral, luego en el vegetal, en el animal, y finalmente en el reino humano. Puede que hayan más, pero veremos lo que hay aquí para nosotros, en nuestra condición actual, para comprender el proceso de desenvolvimiento de la consciencia.

 

Cuando la consciencia funciona desde un reino en particular, la expresión en el mundo físico es de la naturaleza de ese reino específico. Un árbol del reino vegetal no va a ser confundido con una piedra. Así vemos que cada reino tiene características bien definidas. Cuando llegamos a la etapa humana, y podemos ver muy bien esto en nuestra propia vida, todavía tenemos mucho de animal en nosotros. Blavatsky dijo que el ser humano no es sino la expresión más elevada del animal; podemos ver que nuestra lucha es convertirnos en puramente humanos, sin ninguna traza de animalismo.

 

También vemos que el ego es el residuo del animal, la demarcación territorial, la posesividad, la disposición a pelear y matar, el sentido de auto-defensa, de auto-protección. Todo esto y más, podemos ver fácilmente en los animales que nos rodean. Si observamos a los perros, veremos la misma pelea territorial, la disposición a matar, etc. Entonces, preguntamos, ¿qué es ser humano? ¿Cómo es un ser totalmente humano? Aquí tenemos que ser muy cuidadosos, para no proyectar algo que no tiene realidad.

 

Comencemos mirando objetivamente la vida y el comportamiento humano tal como es, no cómo debería ser, porque este “debería ser” es una proyección, y no tiene validez o realidad. Cuando tomamos la afirmación de HPB de que los seres humanos no son sino la forma superior de los animales, podemos entender que nuestro trabajo es alejarnos de toda conducta animal. Ella nos sugirió la manera de hacerlo. Dijo que la mente es la que crea los problemas, que es en la mente donde encontramos la causa de nuestra desdicha, y que nuestro trabajo es destruir aquello que destruye la realidad, e indica que es la mente. Aquí se aclara que aquello en lo que tenemos que enfocar nuestra atención es en la mente si queremos alejarnos del presente estado de infelicidad y confusión en el que está atrapada la humanidad.

 

Podemos preguntar por qué los animales no tienen todos los problemas que tienen los humanos. La respuesta es simple, porque los animales no piensan como nosotros lo hacemos, ellos aún no han desarrollado la mente como nosotros, de modo que ellos aún están en paz, sin pensar, y por lo tanto sin desarrollar el ego. Su vida está básicamente dirigida por los instintos y sólo los siguen. Nosotros tenemos instintos y una mente distorsionada por toda clase de anhelos creados por el pensamiento. Hay que desarrollar la mente porque es una herramienta importante en la vida humana, y este desarrollo es un periodo delicado en el proceso de desenvolvimiento de la consciencia. De acuerdo a las enseñanzas teosóficas, este periodo de desarrollo está dividido y subdividido en muchas etapas, llamado en La Doctrina Secreta (DS) “razas” y “sub-razas”. Pero nos gustaría llamarlas etapas de desarrollo de lo humano, que significa que a medida que uno camina en este camino, uno se vuelve menos territorial, posesivo, egoísta, y las cualidades de la humanidad comienzan a florecer.

 

Podemos ver que este desarrollo es todo acerca del ser interno, no tiene relación con la piel ni los huesos, estos últimos son el resultado del ambiente físico y las condiciones del clima del lugar donde el cuerpo físico nació primero. Aquí también tenemos que tener presente el hecho de que la Madre Naturaleza está trabajando para darnos un cuerpo en el cual se pueda desarrollar el ser interno, y el trabajo de la Naturaleza es inteligente y proporcionará un cuerpo que pueda soportar fácilmente las condiciones climáticas del lugar particular donde va a vivir. Tenemos que regresar al momento en que estos cuerpos fueron creados para servir como cubierta transitoria para el desenvolvimiento de la consciencia. En esos días, la gente no solía viajar largas distancias, ya que no se había desarrollado la tecnología; una persona solía vivir y morir, más o menos, en el mismo lugar. De esta forma, si el sol era fuerte, tal como en las zonas tropicales, la piel era más oscura para soportar las condiciones ambientales; en un clima frío y con nieve, la piel era más blanca, ya que lo que define el color de la piel es la cantidad de melanina presente en su composición. En la literatura teosófica también aprendemos que la Naturaleza usa sus recursos de una manera inteligente y responsable, utilizando solamente lo que es estrictamente necesario. Así podemos ver que usar la melanina donde no se necesita no es solamente no inteligente sino también irresponsable. Perder recursos es un pecado que la Madre Naturaleza no cometerá.

 

Aquí podemos ver que los diferentes colores de piel son más un tema de necesidades prácticas y una tendencia natural de la diversidad. La Naturaleza tiene tantas posibilidades que sería una lástima hacer iguales a todos los cuerpos. Y se dice que aquellos seres que trabajan con la Madre Naturaleza también están perfeccionándose y necesitan practicar las muchas posibilidades disponibles para perfeccionar su trabajo. Esto sucederá a medida que prosiga la creación. Podemos también ver que el proceso de evolución del físico es solamente una parte del proceso total, y que el desenvolvimiento espiritual sucede en otra dimensión, aunque sucede en líneas paralelas, y cada uno apoya la existencia del otro.

 

Aquí podemos comprender la necesidad de trabajar juntos con la Naturaleza y no destruir o intentar cambiar el medio en el cual nos estamos desarrollando, la verdadera matriz de nuestra Madre, que hace posible el crecimiento del ser interno. Si dañamos el físico a propósito, hay consecuencias, y debemos enfrentarlas a su debido tiempo. No tenemos idea de cuáles serían esas consecuencias, el dolor creado por acciones irresponsables. Nuestros cuerpos no son nuestros, nos han sido confiados por el periodo de una vida, al final del cual serán devueltos a la Madre Naturaleza.

 

El maltrato del cuerpo, como también el prejuicio por el cuerpo de otras personas a causa de su apariencia, la crueldad hacia los animales o la destrucción del medio ambiente, son pecados contra la Naturaleza. Lo que sea que hagamos a otros, seres humanos, animales o árboles, en realidad nos lo hacemos a nosotros mismos. Si lo vemos o no, no importa, porque esta es una ley de la Naturaleza, no podemos escapar a sus consecuencias.

 

En la historia humana, podemos ver que la migración comenzó no hace mucho. Al comienzo, los humanos más primitivos eran cazadores, y como tales, solían explorar lugares, viajar a pie, y no tenían un hogar fijo. Después de largo tiempo descubrieron la agricultura, y esto los hizo permanecer en un lugar. Quizás la estabilidad creada por una residencia fija ayudó en el proceso del desarrollo de la tecnología. Entonces, se desarrollaron  las primeras herramientas y con ellas la construcción de casas, botes, y el descubrimiento de la rueda, una herramienta revolucionaria, que hizo posible comenzar lentamente a recorrer largas distancias. Con los viajes comenzó a aparecer una mezcla de diferentes estereotipos. Todo esto está relacionado con el desarrollo del cuerpo físico, que es una cubierta transitoria para el ser real que se está desenvolviendo.

 

Lo que llamamos evolución humana sucede en otro nivel, no tiene casi nada que ver con la aparición del cuerpo físico. El desenvolvimiento del ser interno es algo tan complejo que no puede medirse a nivel físico. Y lo que se dice en la DS acerca de la raza humana se refiere al Hombre interno. Blavatsky habla acerca de lo que no podemos ver, aun cuando para nosotros parece que ella está hablando acerca de lo físico, o de la manifestación de lo eterno. Esta ilusión puede entenderse fácilmente, porque estamos tan auto-centrados, tan identificados con lo manifestado, el mundo material, que nos perdemos en él, y erróneamente tomamos al cuerpo físico por el ser real. Pero lo que es real está fuera del alcance para quienes están enredados con los aspectos materiales de los seres vivos.

 

Cuando se menciona el color en la DS, parece como si se refiriera al color de la piel, pero lo que dice sobre la pureza de la raza es la pureza del Hombre interno, la pureza de la consciencia, el desarrollo de las cualidades humanas; y se deja atrás al ser animal, que es todo una idea y conducta auto-centradas. Para dejarlo muy claro: mientras más egoísta es uno, hay más oscuridad o ignorancia en nuestra consciencia; y mientras más altruista, más clara la comprensión, más desarrolladas las características humanas. De esta manera, también podemos ver por qué la Fraternidad Blanca es llamada “blanca”, porque es la Fraternidad de aquellos puros de consciencia, puramente altruistas, en quienes no existe nada de lo animal, y lo humano está plenamente desarrollado.

 

A medida que se desenvuelve la consciencia, el ser humano interno crece y se desarrolla un mundo interno a lo largo de este viaje. Al comienzo hay un pequeño punto, y el instinto juega un gran papel. Cuando se desarrolla el ser interno, las cualidades humanas comienzan a mostrar sus colores en la vida diaria. Cuanto más desarrollado internamente, más ética será la manifestación en lo físico.

 

¿Cuáles son las cualidades que son características humanas? Podemos decir que el egoísmo es el remanente de lo animal en nosotros. La posesividad, celos, envidia, competencia, codicia de poder, orgullo, arrogancia, vanidad, y la lista de deseos conocidos en nuestras vidas diarias son solo las señales del egoísmo, y por lo tanto de la naturaleza animal que estamos luchando por soltar. La naturaleza humana es bondadosa, la capacidad de empatía, simpatía y caridad, que significa que la caridad es nuestro estado natural de ser, a medida que desarrollamos más lo humano en nosotros. Si necesitamos que nos recuerden que nuestro vecino está necesitado y que deberíamos ayudarlo, esta es una señal de que no somos lo suficientemente sensibles para verlo por nosotros mismos, y hacer lo que es natural en un ser humano.

 

Esto también muestra que durante más de dos mil años se nos enseñó que sin caridad no hay salvación, pero a pesar de todos los maestros que hemos tenido, y que han sido muchos, ni siquiera hemos aprendido esta enseñanza básica. Todavía necesitamos organizaciones para que seamos caritativos, las que solamente parecen ser una plataforma desde donde nos promovemos, haciendo propaganda de toda la ayuda que hemos prestado. El Cristo enseñó que lo que hace la mano derecha no debería ser conocido por la izquierda. Esto significa, entre otras cosas, que no deberíamos divulgar lo que hacemos para obtener un buen nombre o ser alabados, porque esto es también parte del orgullo y se nos enseña que no somos el hacedor, es la vida que lo hace. Pero porque somos egoístas y por lo tanto ciegos, estamos orgullosos de hacer, ayudar y pensar que somos caritativos. La caridad real no tiene orgullo en ella, no necesita una audiencia, sucede naturalmente en todo momento de nuestra vida, con todo aquel que se cruza en nuestro camino, en el silencio del amor y la gratitud a la vida que nos encuentra confiables y nos usa como una herramienta para su misericordia.

 

Este es solo un ejemplo de cómo nos engañamos, y esto puede verse en todas partes en casi toda actividad en la que nos comprometemos. También es parte de nuestra ilusión creer que somos un ser humano; deberíamos decir que estamos en camino de serlo, tan pronto como purifiquemos nuestra consciencia de todo residuo animal. Cuando hablamos acerca de un corazón puro o de una mente pura, estamos hablando de un corazón y una mente que ya no están contaminados por pensamientos y sentimientos egoístas.

 

Aquí aparece el esquema evolutivo de la DS. Cuando caminamos y crecemos internamente desarrollando la naturaleza humana, nos purificamos y nos volvemos más sensibles hacia la vida que nos rodea. Cuando crecemos, desarrollamos más sensibilidad. Esto se mostrará en el mundo físico, en la forma en que nos relacionamos con los demás y con todo lo que contactamos. El nivel de bondad y empatía surgirá cuando crezca el Hombre interno, y las muchas razas que se mencionan en la DS no son acerca del color de la piel, sino del desarrollo interno que aparecerá en el físico.

 

Como mencioné al comienzo de este artículo, el hecho de que haya muchos colores diferentes de piel y formas de cuerpos, es parte del desarrollo físico que está sucediendo al mismo tiempo, del que es responsable la Madre Naturaleza. Ella cuida del desarrollo físico, y el Padre, que es el Espíritu, cuida del desenvolvimiento interno. En la literatura teosófica, encontramos muchas descripciones de los espíritus que trabajan con la Naturaleza, y todo esto se hace en un mundo silencioso y desconocido.

 

Ni el físico ni el hombre interno están construyendo un nuevo cuerpo que vestirá a otro ser recién nacido en el mundo físico. Esto  lo hace la Naturaleza, usando la materia prima producida por el cuerpo existente. Por ejemplo, una mujer no advierte que en su cuerpo un nuevo ser está en formación hasta que aparecen señales muy notables que comienzan a revelar el proceso que ya está sucediendo. Sabemos de casos donde la mujer sabe que está embarazada después de tres o cuatro meses y el corazón del feto ya está latiendo. El desarrollo del feto que ha sucedido todo el tiempo era completamente desconocido para el cuerpo y para ella. Por lo tanto, el trabajo fue hecho silenciosa e inadvertidamente por los trabajadores de la Naturaleza, quienes son los arquitectos y constructores de este mundo físico en el cual se manifiesta lo eterno.

 

Es verdad que cada país tiene sus propias características, con una cultura y hábitos sociales diferentes. Este es el resultado de muchas influencias, tales como el idioma, historia, organización social y económica, religión, etc. No podemos decir que una persona es más o menos desarrollada interna o espiritualmente a causa de su lugar de nacimiento o ambiente social. Vemos muchos ejemplos de personas nacidas en la misma familia que se comportan completamente diferentes. Vemos familias que tienen un miembro inclinado a vivir una vida religiosa mientras otros viven de modo común. Vemos personas crueles que provienen de familias nobles, ladrones nacidos y criados en buenas familias; es un hecho común que haya tres clases, o más, de razas nacidas en la misma familia, es decir, personas en diferentes niveles de desarrollo interno, y todos sabemos que muchas veces un hombre sabio tiene un estafador por hijo. Entonces, podemos ver que suponer que un grupo de personas es más avanzado espiritualmente a causa de su lugar de nacimiento o del color de su piel, no tiene ninguna base ni lógica.

 

Cuando Blavatsky habla acerca de razas, está hablando de las muchas etapas que atraviesa el ser interno. Entonces, a medida que uno se perfecciona y purifica internamente, uno va desde una etapa a la siguiente, que ella llama razas. De acuerdo a sus enseñanzas, cada raza desarrolla una facultad específica y también tenemos todas las subdivisiones (o sub-razas) en cada etapa. Podemos ver cuán delicado es el proceso de desenvolvimiento de la consciencia, y llegar a conclusiones tales como las que dan origen al racismo, no es sino testimonio de ignorancia y falta de inteligencia. Debido a nuestra identificación con el físico no podemos ver que es solo la manifestación de aquello que se está desarrollando adentro. Hemos desarrollado tantas formas de discriminación y clasificación, que pensamos que podemos comprender lo que es la totalidad con nuestra mente divisiva. Esta también es una señal de nuestra ignorancia y pretensión.

 

Lo que se está perfeccionando en muchos niveles internos también mostrará esa perfección a nivel físico, a medida que se desarrolle, pero verlo en el físico no es tan fácil como pensamos, si es siquiera posible. No podemos relacionar el desarrollo interno con la forma, la apariencia, o el color del cuerpo manifestado. Estas características son de una naturaleza muy sutil y solamente pueden verla aquellos que están en el mismo nivel de desarrollo. Esto puede verse en un relato de siglos de antigüedad en India, cuando el Señor Krishna le enseñaba a Arjuna durante la batalla descrita en el Bhagavadgita. En cierto punto, Arjuna preguntó a Krishna:” ¿Cómo voy a reconocer a un hombre sabio, al iluminado? ¿Cómo camina, cómo come o vive?”. La respuesta de Krishna fue que el santo vive como la gente común, las diferencias se hallan solamente adentro, que es el motivo de sus acciones. Los motivos del hombre común son de naturaleza egoísta, mientras que el sabio actúa por altruismo o amor y compasión.

 

Puesto que el egoísta no sabe acerca del altruismo, amor o compasión, es imposible para ellos reconocer al santo, y si nos cruzamos con tal ser bienaventurado, incluso podemos llamarlo tonto. Dado que nuestra medida es nuestra propia mente, proyectaremos lo que somos, y pensaremos que los motivos detrás de sus acciones son los mismos que nosotros tendríamos en esa situación.

 

Las enseñanzas entregadas a través de la DS no están a nivel divisivo o de la mente auto-centrada. Esto se debe a que la mente no puede comprender nada que no sea mecánico, ya que su naturaleza es dividir y clasificar todo. Para comprender el esquema completo del desenvolvimiento de la consciencia y crecimiento del hombre interno, uno necesita mirarlo como una unidad, sin dividirlo ni clasificar las diferentes etapas del proceso como bueno y malo, superior o inferior.

 

Uno puede preguntarse por qué nos han dado este esquema en primer lugar, ya que no podemos comprenderlo. Entonces necesitamos mirar hacia atrás y recordar que la mayoría de quienes observan la evolución humana realmente no estaban a favor de dárnoslo en ese momento. Pero a causa de la compasión de dos amados Maestros, quienes, pudiendo prever el dolor y desdicha hacia los que la humanidad estaba acercándose rápidamente, con todos los prejuicios y supersticiones desarrollados por una interpretación errónea de lo que había sido enseñado antes, decidieron asumir el riesgo y traer agua limpia de la fuente eterna una vez más, esperando esta vez que sería entendida en alguna medida al menos.

 

Pero nuevamente malinterpretamos las enseñanzas, y pensamos en términos de división de más y menos, superior e inferior. El mismo dogmatismo comenzó, con algunas afirmaciones que solo Blavatsky sabe; aun cuando dijo que la Sociedad establecida por ella no tiene enseñanzas propias, es más bien el depósito de sabiduría de todos los sabios y maestros que alguna vez pisaron la Tierra. Aún hay muchos que piensan en términos de mejor y peor, sin poder ver que somos los que tergiversamos y malinterpretamos lo que se ha enseñado a través de milenios. Todo lo que necesitamos es humildad para ver que lo que sea que veamos, nosotros interpretamos, y todas las interpretaciones son erróneas. Interpretamos porque no podemos ver con claridad, directamente. Las interpretaciones están coloreadas por el trasfondo a través del cual miramos. Para ver directamente necesitamos estar libres de todas las acumulaciones que son el “yo”. Es solamente  en libertad que tiene lugar la percepción directa de lo que es.

 

Blavatsky también dijo que para comprender las enseñanzas en la DS, necesitamos transformar la mente y el corazón. Dijo que será entendido por aquellos que pueden crecer en bondad y comprender sus propios yos. Debe haber crecimiento interno para comprender lo que ella enseñó, y esto no es seguir un conjunto de reglas o efectuar ciertos rituales, o aún sentarse en un rincón por media hora diariamente para meditar. El crecimiento interno necesario para comprender es la fuerza para mirarnos a nosotros y enfrentar lo que somos.

 

Es como cuando tenemos una enfermedad, mientras no sepamos que estamos enfermos no podemos tratarla, y aún saber que estamos enfermos no es suficiente, necesitamos un diagnóstico. Necesitamos ver lo que nos está enfermando para tener un tratamiento adecuado. En el caso del auto-conocimiento, necesitamos ver claramente lo que somos y comprender el proceso que está creando este mundo, y ver qué clase de mundo estamos creando porque nos engañamos muy fácilmente y pensamos que podemos crear un mundo diferente, mejor, si cambiamos nuestra forma de pensar. Esta es la ilusión más grande, porque el pensamiento, en cualquier forma, positivo o negativo, es lo que está creando todos los problemas que estamos enfrentando. El pensamiento no puede solucionar los problemas creados por el mismo pensamiento. Como dijo J. Krishnamurti: “Uno no puede solucionar un problema con la misma mente que lo creó”.

 

La mente auto-centrada, egoísta, crea las divisiones y sentimientos separatistas que prevalecen en el mundo. Para tratar los problemas que la división ha creado, necesitamos una mente que pueda mirar la vida como un todo, a la humanidad y el medio ambiente en el que nos estamos desarrollando, como una unidad, un cuerpo que tiene diferentes partes, pero esas diferencias no contribuyen a la separación.

 

Geográficamente tenemos muchos continentes, pero en conjunto son la Tierra, un cuerpo que no puede ser dividido, que no puede ser separado. De la misma manera, todos los seres vivos son de naturalezas diferentes pero son un cuerpo que no puede ser separado. Si lo vemos o no, no cambia el hecho de que todos los seres vivos en el planeta están interconectados y que son igualmente importantes, apoyándose mutuamente.

 

Comprender la Unidad de la que hablamos tan fácilmente no es una tarea para la mente divisiva. Mientras uno se sienta separado, como “usted y yo”, no hay posibilidad de comprender la unidad de la vida. Comprender es ver, sentir que no hay otro. Ver que todo lo que vive es uno, es comprender la totalidad de la vida. Es de esta comprensión que nacen el amor y la compasión. Cuando el amor y la compasión nacen, nace un ser humano.

 

 

 

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