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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 139 - Número 01 -  Octubre 2017 (en Castellano)

 
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Discurso ante el 38º Congreso Europeo

 

Tim Boyd

 

El tema del Congreso Europeo, “Teosofía - Un Camino hacia la Conciencia Universal”, es profundo dentro de su humildad; la idea de la Teosofía como un camino, no el camino, merece una atención especial.  Si queremos ser honestos con nosotros mismos debemos preguntarnos: ¿Qué sabemos realmente sobre la Conciencia Universal? Ciertamente, en la historia de la Sociedad Teosófica hemos tenido personas que han hablado desde su experiencia de esta conciencia expandida: HPB, los Maestros, J. Krishnamurti, N. Sri Ram y otros. Pero, realmente, ¿qué se puede decir sobre la conciencia universal?

¿Hay palabras para captarla? ¿Hay ideas que la abarquen? Creo que no. Sobre lo que sí podemos hablar es de “un camino” que lleva en esa dirección.

Voy a darles dos afirmaciones, tal vez paradójicas. Después de la muerte de H.P.Blavatsky, entre sus escritos no publicados, se encontró el texto siguiente: “Hay un camino escarpado y lleno de espinas, que conduce al corazón del universo”. Años más tarde encontramos la tan frecuentemente citada afirmación de J. Krishnamurti: “La Verdad es una tierra sin caminos”. Así que, por un lado tenemos a Blavatsky hablando de un camino que conduce al corazón del universo y, por otro, que no existen caminos. Hay un camino y no hay camino.

¿Es una correcta y la otra incorrecta? O tienen un significado más profundo, como el de que tal vez haya, de hecho, un camino que conduce a la Sabiduría, que conduce a la Verdad. Pero la Verdad, la Sabiduría o la Conciencia Universal, en último término, son inexpresables e indefinibles por medios ordinarios. Son preguntas que hemos de plantearnos con un espíritu de humildad.

Cuando se fundó la Sociedad Teosófica en 1875, había un muchacho en América que entonces tenía nueve años. Estuvo influido, hasta cierto punto, por la Teosofía, pero también por el pujante movimiento del Nuevo Pensamiento, basado en las ideas de Phineas Quimby, Emerson, Thoreau y otros. Escribió un libro en 1897 que fue, y sigue siendo, uno de los libros más leídos sobre este nuevo movimiento. Su nombre era Ralph Waldo Trine y el libro que escribió se llamaba “En Sintonía con el Infinito”.

En este libro, Trine nos da un bello ejemplo que me parece útil para considerar la conciencia universal. Trine habla de un amigo suyo que tenía una propiedad en el campo y en esa granja había un hermoso estanque con lotos. Solía tener invitados en aquel bello lugar. Para él, todo el mundo era bienvenido a disfrutar de la paz y belleza del estanque. Los animales y las abejas venían en tropel hasta allí, las flores abundaban; era un lugar de belleza y paz. El estanque debía su existencia a un embalse de agua bastante distante. Entre éste y el estanque había una compuerta que regulaba el caudal de agua y el dueño la mantenía siempre abierta para alimentar al estanque.

Llegó un día en que este caballero tuvo que ausentarse durante un año, y arrendó la propiedad a otra persona que resultó ser alguien de “mente práctica”. No le interesaba demasiado ni la belleza ni el trabajo adicional del mantenimiento del estanque. Así que cerró la compuerta que lo conectaba con el embalse y el estanque se secó. Los peces murieron y comenzaron a oler mal y las abejas y los pájaros dejaron de acudir. Los niños y los vecinos que acostumbraban venir y los animales que bebían en la corriente que salía del estanque dejaron de hacerlo. Este ejemplo se refiere al camino del que estamos hablando, el camino hacia la conciencia universal.

Desde la perspectiva de las enseñanzas teosóficas, el ser humano puede definirse como: “El espíritu más elevado y la materia más basta unidos por la mente”. El espíritu que está lejano, invisible, incognoscible es el embalse del ejemplo de Trine -la fuente de vida que permanece siempre invisible, pero que siempre está presente. El mundo material de nuestra personalidad, nuestra naturaleza personal, es el estanque con su potencial belleza, o el que está asqueroso, árido y nada atractivo. El factor determinante entre un lugar bello y otro repulsivo es la compuerta, la mente. Todo el trabajo que hagamos en nuestro camino hacia la conciencia universal depende estrictamente del trabajo que se haga, de la apertura que le demos a esa compuerta que es la mente. Existe un principio fundamental para todos los que estamos implicados en lo que llamamos el sendero espiritual. Puede describirse así: en nuestro interior hay una chispa de una llama divina, una chispa de la conciencia universal. Cuando reconocemos la presencia y el potencial de esta chispa, es posible convertirla en una llama que acabe por arder con tanta fuerza que se reunifique con su origen. El camino en el que estamos es un camino para descubrir cómo llegamos a conseguirlo.

Los fundadores de la ST fueron prudentes en muchos sentidos. Uno de ellos es que la Teosofía nunca fue ni ha sido definida oficialmente. No existe ninguna frase ni párrafo oficial del que pueda decirse que resume lo que es la Teosofía. A veces lo lamento, porque sería más fácil si existiera una definición condensada en tres frases o menos pero, obviamente, esto no es posible.

Dicho esto, es cierto que en algunas ocasiones HPB dio definiciones de lo que es la Teosofía. Hay dos en particular que me gustaría compartir para reflexionar sobre ellas. En una ocasión definió la Teosofía como “La Sabiduría Atemporal probada y verificada por generaciones de videntes”, y añadía que “para los mentalmente perezosos, la Teosofía siempre será un enigma”. Parece algo muy preciso, pero ¿lo es?

 Una de las cosas que más me impresiona de esto es la insistencia en la necesidad de la implicación del componente mental. La Teosofía siempre será un enigma, a menos que la mentalidad, la mente, el intelecto, se implique en considerar su valor.

Así que, aunque la Teosofía no esté compuesta meramente de conceptos, la base conceptual de la Teosofía es, ciertamente, importante. Dentro de esa misma definición, aunque implicando incuestionablemente al intelecto, la Teosofía es algo más que una cuestión de conceptos, es también algo experiencial. Es “probada y verificada”. Y  ¿dónde?, ¿en qué laboratorio se realizan estas pruebas? La experimentación que conduce a la verificación de los profundos principios incorporados en la Teosofía tiene lugar en el laboratorio de nuestra propia conciencia.

La segunda definición que Blavatsky dio de la Teosofía es más breve. Decía: “es el altruismo, primero y ante todo”. Esto nos lleva a otra dimensión. En esta definición, la compasión es la base de la Teosofía. Así que, concepto, experimentación, altruismo y compasión, comienzan a describir algo de esta Teosofía, que es un camino hacia la conciencia universal.  No es por casualidad que HPB diga en La Voz del Silencio que la compasión no es un mero atributo, “es la Ley de Leyes”. Éstas son cosas sobre las que sería bueno reflexionar.

Con esta base, debemos preguntarnos: ¿Cuál es nuestra tarea? ¿Qué trabajo tenemos que hacer? Hay un poeta en Estados Unidos más leído y más vendido que ningún otro. Curiosamente, no es un poeta americano. Nació en Afganistán en el siglo XIII. Es el poeta místico y maestro Jalal ad-Din Rumi. Dijo algo destacable para nuestra consideración sobre la conciencia universal. Dice: “Vuestra tarea no es buscar el amor”. En nuestro contexto, este amor es sinónimo de la conciencia universal que nos rodea por todas partes. De modo que nuestra tarea no es buscar el amor, “sino buscar y encontrar todas las barreras que hemos creado en nuestro interior en contra de él”.

La conciencia universal, el amor, la compasión, la Teosofía, cualquiera que sea el nombre, no nos pide nuestra ayuda. No necesita mejora, desarrollo o descubrimiento. Lo único que se requiere por nuestra parte es abrirnos para que esa sabiduría siempre presente se manifieste a través de nosotros y dentro de nosotros. Mahatma Gandhi decía algo similar pero de un modo muy diferente.  Hablando de la historia, tal como se nos enseña en la escuela y en la familia, decía que “la historia es el registro de todas las interrupciones en el fluir de la fuerza del Amor”.

¿Qué aprendisteis en el colegio? Las guerras que hubo, los líderes que alcanzaron el poder, los ciclos de la economía subiendo y bajando, cada una de las interrupciones del fluir de la más natural de las cualidades de nuestro ser, eso es lo que llamamos historia. Somos capaces de pervertir hasta las enseñanzas de las más elevadas voces que vienen periódicamente para probar y dar testimonio de esta conciencia universal. A veces me descubro a mí mismo diciendo que la ST es perfecta en todos los aspectos, el único problema somos los teósofos: vosotros y yo. En nuestros sinceros intentos de darnos cuenta de algo de esta Enseñanza de la Sabiduría, que es más profunda que ninguna de nuestras capacidades, lo hacemos mal una y otra vez; pero también lo hacemos bien. Así que este trabajo continúa. Hay una tarea, que no es buscar esta conciencia universal, sino abrirnos a ella. Y luego, está el trabajo que debemos hacer. Pero ¿cómo hacemos el trabajo de llegar a abrirnos?

Todo el que ha leído las obras de HPB sabe que fue una gran defensora del valor y el poder de la meditación. A pesar de ello, casi en ningún sitio encontramos detalles de “cómo” meditar. Hacia el final de su vida, cuando vivía en Inglaterra, dictó lo que conocemos como “El Diagrama de la Meditación”. Es una herramienta muy poderosa que yo recomendaría a todos, porque expone un acceso muy profundo a este proceso del cultivo de la mente hacia la conciencia universal. Tenemos que volver a él una y otra vez. No se ve ni se capta a la primera.

Me gustaría detenerme en un aspecto de este diagrama. Comienza afirmando que primero debemos concebir la Unidad, lo que, obviamente, es imposible. La Unidad no es algo que cualquiera pueda concebir, pero se nos dan instrucciones: “Primero concebid la Unidad por la expansión del Espacio y la infinitud del Tiempo”. De modo que la instrucción inmediata es la de eliminar barreras hacia la Unicidad, o la Unidad, lo que hemos designado en nuestro primer Objetivo como la Fraternidad. Ése es el postulado primerísimo. Luego sigue diciendo que debemos moldear el estado de nuestra conciencia personal, deteniéndonos en lo que describe como las cosas que adquirimos o las cosas de las que privamos a nuestra conciencia.

En una de las fases de la Adquisición debemos llegar a “la percepción de que todos los seres encarnados tienen sólo Limitación”. Todo lo que está encarnado es meramente una envoltura que nos oculta lo universal. Ésta es una conciencia, dice, en la que debemos persistir, que todo lo que vemos sólo nos oculta su naturaleza universal. Y añade que el resultado de ello es una percepción universal de nosotros mismos y de nuestra conexión con el todo. Obviamente tiene un gran valor alcanzar una conexión más amplia que la nación, la raza y la religión.

No hay nada nuevo en decir que en el mundo de hoy los innumerables problemas con que nos enfrentamos proceden únicamente de las identidades separativas que adoptamos. Aunque pretendamos creer que esos problemas pueden resolverse con descubrimientos científicos o soluciones políticas, históricamente vemos que no es así. Con frecuencia cito a Albert Einstein y su famosa frase “ningún problema puede ser resuelto en el mismo nivel de conciencia en el que se creó”. Para todos los problemas que afrontamos, desde los cambios ecológicos a los desequilibrios económicos, tenemos ya suficiente conocimiento para resolverlos. Lo cual nos sugiere que el conocimiento en y por sí mismo no es suficiente.

El mensaje de la Sociedad Teosófica es que existe una Sabiduría que supera a todo conocimiento, que esa Sabiduría existe no sólo fuera de nosotros, sino también en nuestro interior, y que hay un camino que conduce a esa Sabiduría. En el mundo actual, la importancia del movimiento teosófico no consiste en tener mejores concepciones que otras organizaciones, o en tener personas más prominentes o más grandes pensadores que otros. El valor y el propósito del intento de este movimiento teosófico se descubre cuando nosotros, como miembros, llegamos a darnos cuenta de lo que significa la Unidad.

Es fácil subir al estrado para hablar de la Unidad, pero el trabajo que nos acerca a ella dura toda una vida. Es el trabajo de buscar y descubrir los obstáculos que se interponen a la presencia de la Conciencia Universal, de la Unidad, de la Fraternidad. Este trabajo se puede empezar, pero nunca se acaba.

Hay un libro de Jiddu Krishnamurti llamado “La Libertad primera y Última”. Ciertamente, no voy a discrepar con Krishnamurti, pero creo que sería más exacto pensar en términos de la más reciente libertad, la más reciente barrera de identidad que hemos podido reconocer dentro de nosotros mismos. Obviamente, la época en la que vivimos es de transición y en las transiciones se produce, necesariamente, confusión, y esto es algo que no podemos esperar que cambie en breve. Pero el papel que tenemos es el de crear, en medio de este alboroto y confusión, un centro dinámico de individuos que hayan tocado, valorado y realizado algo de esta cualidad más profunda del ser.

Éste es el sentido de reunirnos una y otra vez en las reuniones teosóficas. A menudo pensamos que nos reunimos porque nos beneficia individualmente, porque algo se despierta en nosotros, y la comunidad que compartimos vivifica algo en nuestro interior. Esto, ciertamente ocurre y tiene un gran valor. Pero hay un propósito más profundo para reunirnos. Cuando somos capaces de estar juntos en armonía, tranquilos, constituimos un vehículo para los Grandes Seres, que respaldan este movimiento—un vehículo a través del cual su energía y su vida se pueden expresar y trasladarse a este mundo que tan profundamente la necesita. Tengamos esto siempre presente.

El fin principal de este movimiento teosófico es la Unidad, formar el núcleo, proporcionar los medios, la base para que aquello que está más allá de nosotros pueda llegar al mundo. Hagamos el esfuerzo para lograrlo.

 

 

 

El yo de la materia y el Yo del Espíritu no pueden encontrarse nunca. Uno de los dos debe desaparecer; no hay lugar para ambos.

 

      H.P.B. 

      La Voz del Silencio, Fragmento I, v.56

 

 

 

 

 

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