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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 138 - Número 12 -  Septiembre 2017 (en Castellano)

 
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La Voz del Silencio y la alquimia de la compasión

 

Cynthia Overweg

Educadora y escritora que reside en el Instituto Krotona de Teosofía en Ojai, CA, EE.UU., donde enseña sobre la Sabiduría Perenne que vincula Oriente y Occidente.

 

 

La Voz del Silencio (La Voz) de Madame H. P. Blavatsky es una obra poética y mística que permite introducir al lector receptivo a una nueva forma de vida. A lo largo de sus elaboradas páginas, se nos recuerda una dimensión interna de conciencia silenciosa que contiene la clave de la sabiduría y un corazón compasivo. Sus versos más conmovedores se refieren a una forma ilimitada de compasión que responde "a cada suspiro y pensamiento de todo lo que vive y respira", la conciencia expansiva de un Bodhisattva.

Mientras que este tipo de sensibilidad y compasión puede ser incomprensible para nuestro estado mental ordinario, sin embargo, La Voz nos convoca a darnos cuenta de que toda la vida es un todo interconectado; que somos parte de una matriz inimaginablemente inmensa de hilos de intersección que nos vinculan entre sí y con toda la creación. Pero con nuestra percepción limitada, estamos ciegos a la unidad de la vida. H. P. Blavatsky (HPB) enfatizó que ser ignorantes de esta unidad subyacente es la causa raíz del sufrimiento infligido por los humanos en el mundo. Ella se refirió a esta ignorancia como "la gran y terrible herejía de la separatividad".

Este artículo explorará versos seleccionados de La Voz que describen las dificultades que deben superarse si queremos eliminar nuestro arraigado sentido de separatividad, y alcanzar "la otra orilla", donde nos espera la plenitud del potencial humano. Este movimiento hacia el interior de la conciencia se representa como el paso del alma a través de los Vestíbulos de la Ignorancia, del Aprendizaje y de la Sabiduría. En el Vestíbulo de la Ignorancia, el peregrino espiritual está sumido en un estancamiento mental, una especie de autohipnosis que produce conflictos continuos y repetidos, caos y violencia. La Voz no rehúye a este dilema humano, todo lo contrario. En casi cada página, habla de la ardua tarea de aceptar nuestra propia ignorancia, no importa cuánto creamos que sabemos.

Cuando La Voz se publicó por primera vez en 1889, HPB escribió en su prefacio que "procedía del Libro de los Preceptos de Oro, una de las obras que se ponen en manos de estudiantes místicos en Oriente". Nos dice que ella tradujo los versos de "la misma serie de la cual se tomaron las estancia de El Libro de Dzyan, en las que se basa La Doctrina Secreta", y que ella había memorizado treinta y nueve versículos del texto original que contenía unos noventa "pequeños tratados". Ella dijo que algunos de ellos, son anteriores al budismo. Organizó su texto traducido en tres secciones, a las que llamó "fragmentos" y escribió La Voz dándole la secuencia del Budismo Mahâyâna, El Bhagavadgitâ, y las slokas en los Upanishads. Dejó en claro que lo que puso ante el lector provino de una fuente antigua tanto en India como en el Tíbet, y que contenía una enseñanza que era "obligatoria" para el buscador sincero y persistente.

En la primera página de La Voz, se nos presenta lo que es "obligatorio" o indispensable si queremos embarcarnos en este viaje interior. Este párrafo lo dice todo: "La mente es el gran destructor de lo Real. Que el discípulo destruya al destructor". Estas dos frases se encuentran entre las más memorables e instructivas de toda la obra de Madame Blavatsky. Sugieren que para distinguir lo verdadero de lo falso, lo "Real" de lo irreal, primero debemos observar los contenidos de nuestra propia mente. Para "destruir al destructor", debemos despertar de nuestras vidas ensimismadas y ciertamente prestar atención al cristal a través del cual interpretamos y etiquetamos a todos y a todo. Lo que es real, indica el texto, no es lo que aparece en el mundo del tiempo, donde abundan la división y los conflictos humanos, sino más bien una dimensión interna que es atemporal y completa.

En su libro Transformación de lo interno a lo externo, Joy Mills se refiere a La Voz como "literatura de poder" porque las ideas expresadas son tan auténticas que la mente de repente se silencia. A partir de ese silencio, una verdad más profunda resuena dentro del individuo, y se produce un despertar. "Cuando nos despertamos a nuestra condición, nuestras elecciones se vuelven más significativas, con una intencionalidad que no deriva de nuestras propias necesidades psicológicas o nuestros deseos personales, sino del sustrato de nuestro ser", escribió Mills. Es este paisaje sin descubrir de nuestras propias profundidades a lo que La Voz apunta.

El filósofo Jacob Needleman, a quien Mills cita en su libro, se refiere a la idea pitagórica de que las obras de poder espiritual, ya sea en literatura, artesanía, arquitectura, música o danza, son una forma de "comida espiritual" porque transmiten una energía sutil que puede ser transformadora en un individuo receptivo. Para decirlo de otra manera, los textos inspirados como La Voz, el Bhagavadgitâ o "El Sermón de la Montaña" nutren el anhelo de unirse con lo que es verdadero dentro de nosotros. Esto también puede suceder en una catedral o templo, en la belleza de la naturaleza o escuchando música sacra.

Como todas las obras de poder espiritual, La Voz nos invita a encontrar una presencia interior silenciosa que no se puede conocer con el ruido incesante en el que vivimos. Esto incluye no solo el ruido y las distracciones del mundo, sino también la constante charla de nuestros propios pensamientos: "Cuando él (el discípulo) ha cesado de escuchar a los muchos, él puede discernir el Uno, el sonido interior que destruye al exterior. Sólo entonces, y no hasta entonces, tendrá que abandonar la región de asat, lo falso, y venir al Reino de Sat, lo verdadero." Este verso aclara la tarea: "abandonar" lo que es falso, y descubrir lo que es verdadero, se nos aconseja dejar de escuchar a la mente con sus innumerables pensamientos, opiniones, prejuicios y vanidades que impulsan el comportamiento humano. Lo que el texto ilustra es que sin hacer el trabajo interior de desenmascarar el subterfugio de la propia mente, no hay salida del Vestíbulo de la Ignorancia, por tanto, una profunda verdad permanece oculta.

Es una situación que puede ser comparada con lo que se observa en el salón de los espejos en un carnaval o circo. Los contornos y las curvas de los espejos están diseñados para distorsionar la propia percepción de sí mismo; todo parece confuso, enrevesado, e incluso grotesco. La única manera de ver claramente es alejarse del engañoso espejo. La Voz lo expresa de esta manera: “Observa las Huestes de Almas. Observa como aletean sobre el proceloso mar de la vida humana y, cómo exhaustas, sangrientas y con las alas rotas, caen una tras otra en las olas encrespadas”. La sugerencia es que hasta que el peregrino espiritual busque salir de la ignorancia, él o ella están inconscientemente atrapados en las "olas encrespadas" en el "mar tempestuoso de la vida humana".

 

Pero, ¿cómo vamos a calmar la tormenta? A fin de "destruir al destructor", o destruir la mente que tiende a oscurecer lo que es verdadero, se nos invita a comprometernos con la auto-indagación y observar el funcionamiento de la mente. Como Joy Mills dijo: "Tenemos que saber con lo que estamos tratando." Para ayudar en este esfuerzo, La Voz nos invita simplemente a estar quietos y escuchar: "Antes que el alma pueda ver, hay que alcanzar la armonía interna y los ojos carnales deben volverse ciegos a toda ilusión." La inferencia aquí es que cuando nuestros ojos están vueltos hacia adentro y la mente está muy serena, es posible volver a conectarnos con nuestra verdadera naturaleza, mencionada en el verso anterior como la "armonía interna".

 

La experiencia de la armonía interna es descrita por Sântideva en El camino del Bodhisattva como un "hombre ciego que ha encontrado una gema preciosa dentro de un montón de polvo". Esta es una maravillosa metáfora porque pone de relieve lo que La Voz nos dice que está disponible para el buscador sincero que quiere encontrar la joya interior: “Esta tierra, oh Discípulo ignorante, es sólo la entrada desconsoladora que conduce al crepúsculo que antecede al valle de luz verdadera, esa luz que ningún viento puede apagar, esa luz que arde sin mecha ni combustible.”

 

A medida que se desarrolla el viaje interior, La Voz ofrece una guía que abre una nueva dimensión: "El discípulo debe recuperar el estado de infancia que ha perdido, antes que el primer sonido pueda vibrar en su oído". Este "estado infantil" sugiere una pureza de corazón y una sensación de asombro ante la belleza de la creación. En el Evangelio de Mateo, Cristo hace una afirmación similar a sus discípulos: "En verdad os digo que, a menos que cambiéis y os hagáis como niños pequeños, nunca entraréis en el reino de los cielos". Decirle a un adulto que se vuelva como un niño puede ser confuso o liberador, o tal vez ambos. La idea es dejar de lado nuestras ideas y juicios, hechos por la mente, para que una nueva conciencia pueda entrar y echar raíces en el corazón.

A medida que el peregrino espiritual pasa a través del Vestíbulo del Aprendizaje y cruza hacia el umbral del Vestíbulo de la Sabiduría, ella o él se someten a muchas pruebas de resistencia egoica para una visión de la vida más amplia e inclusiva. Junto con esta lucha consciente, existe un desarrollo interior equivalente, que tiene sus alegrías y tristezas. Se nos dice que si nos encontramos en crisis y todo parece perdido, debemos ser pacientes con nosotros mismos, porque ningún esfuerzo sincero es insignificante o se pierde: "Los gérmenes sagrados que brotan y crecen invisibles en el alma del discípulo, sus tallos se fortalecen en cada nueva prueba, se doblan como juncos pero nunca se rompen, ni pueden perderse jamás. Pero cuando llega la hora, alcanzan su plenitud ".

Podemos preguntar ¿Qué son los "sagrados gérmenes" que eventualmente "alcanzan su plenitud"? Tal vez son el fruto de una intensidad profunda y consistente de auto-indagación, y de abrir el corazón al sufrimiento de los demás. La palabra "santo" sugiere un proceso interior sagrado que conduce a la sabiduría. Es sólo cuando el aspirante reconoce que el sufrimiento que envuelve a la humanidad es el resultado de la ignorancia, y que es la misma ignorancia que el aspirante mismo está luchando por vencer que una verdadera y auténtica relación con otros seres humanos es alcanzable. Con este nuevo sentido de empatía, la intención de aliviar la carga de los demás puede surgir, o el deseo de no hacer daño puede convertirse en un objetivo.

Este es un momento alquímico, el nacimiento de un corazón compasivo. En este punto, La Voz llama al peregrino receptivo a dar un salto gigantesco en la conciencia: "Debes vivir y alentar en todo, así como todo lo que percibes alienta en ti; debes sentir que vives en todas las cosas y todas las cosas en el YO….Así estarás en armonía plena con todo lo que vive". Esto es a la vez una invitación y una súplica para reconocer con todo el ser que "yo" y "el otro" son uno. Sólo hay una vida, y "tú eres eso", como lo expresó el filósofo Zen Alan Watts. Sin embargo, sabemos que la capacidad de estar "plenamente de acuerdo con todo lo que vive" requiere una radical transformación interior que parece inalcanzable.

 

En el cristianismo, es conocido como "la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento". El Mundaka Upanishad lo describe como una luz en el centro mismo de nuestro ser: "Brillante pero oculta, el Yo que habita en el corazón." La Voz destaca la realización del Yo por el camino del corazón. El texto se refiere a esto como la enseñanza esotérica del Buda, lo que se denomina la "Doctrina del Corazón". HPB escribe en su glosario que es la enseñanza que procedía del corazón de Buda. Esta se debe distinguir de la "Doctrina del Ojo", o de la enseñanza exotérica que vino de la "cabeza o del cerebro" del Buddha. Una es externa, la otra interna. "Aprende sobre todo a separar el aprendizaje de la cabeza, de la Sabiduría del Alma, la doctrina del 'Ojo', de la 'doctrina del Corazón'", se nos aconseja.

¿Qué significa esto? Como con cualquier cosa en La Voz, hay diversas interpretaciones, pero una fuerte sugerencia es que la búsqueda intelectual de la sabiduría a través de libros, conferencias y talleres, aunque útiles, pueden llevarnos sólo parte del camino. Sólo una experiencia directa de nuestra unidad esencial puede transformarnos radicalmente. Esto es posible, el texto sugiere, al prestar atención a "ese poderoso mar de tristeza formado por las lágrimas de los hombres". Se nos pide intencionalmente entregarnos a un bien mayor; ayudar a los que sufren; dar fuerza y bondad dondequiera sea necesario, para compartir lo que somos y lo que tenemos; pero hacerlo sin la expectativa de la recompensa. "Abandona tu vida si quieres vivir", dice La Voz.

Es el sacrificio de lo conocido a lo Desconocido, del yo al YO.

El camino del corazón descrito por HPB sigue el ideal del Bodhisattva, y aunque aún no podamos encarnar una conciencia tan compasiva y expansiva, se nos pide que nos movamos en esa dirección eligiendo darnos a nosotros mismos en la vida que estamos viviendo ahora. Si bien nuestros pasos pueden ser pequeños y tentativos, es suficiente con intentarlo. Así es como el corazón guía el camino.

Una de las líneas más emotivas en La Voz plantea una pregunta que pone en primer plano la dimensión de lo que se necesita enfocar: “¿Puede haber bienaventuranza cuando todo lo que vive debe sufrir? ¿Te salvarás tú y oirás al mundo entero gemir?” Esta tierna pregunta se hace al final de la larga y difícil peregrinación interior hacia la Sabiduría. Tiene lugar justo antes de que el peregrino iluminado entre a través de "la puerta del conocimiento final", donde la bienaventuranza de nirvâna espera. Aquí es donde se hace la opción para entrar al nirvâna y experimentar la libertad completa del sufrimiento; o renunciar a este paraíso tan difícil de ganar para ayudar a liberar a la humanidad.

Con un corazón perforado por los gritos del mundo, la elección se hace, y un nuevo Bodhisattva se acerca a la "luz suave que inunda el cielo de Oriente. El cielo y la tierra se unen en himnos de alabanza….se eleva un canto de amor….y un peregrino ha regresado “de la otra orilla.” Esta es la gran visión de La Voz del Silencio.

 

Notas Finales

H. P. Blavatsky, La Voz del Silencio,  TPH, 1998.

Eknath Easwaran, traductor, Los Upanishads, Nilgiri Press, 2007.

Mills, Joy Transformación de lo interno a lo externo, Centro Teosófico Internacional de Naarden, Holanda, 2002.

Needleman, Jacob, El Corazón de la Filosofía, Jeremy Tarcher/Penguin, 2003.

Shantideva, El Camino del Bodhisattva, traducido por el Grupo Padmakara, Shambala. Publicaciones, 2008.

 

 

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