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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 138 - Número 11 -  Agosto 2017 (en Castellano)

 
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Primera, Segunda y Tercera Persona

  

Pradeep Talwalker

Miembro de la Logia Poona, Sociedad Teosófica en India.

 

 

En un programa de Radio de la BBC en 1948, “La Gran Compañía de Cerebros”, se le pidió a Bertrand Russell un ejemplo de un verbo fuerte. Russell escogió el verbo “ser”. Pero en lugar de expresarlo simplemente como “yo soy, tú eres, él es”, dijo: “Yo soy firme, tú eres obstinado, ¡él es un imbécil testarudo!”.

 

Con su agudo sentido del humor, Russell muy festivamente sacó a relucir una debilidad humana muy común. El ejemplo cargado de humor dado por Russell cautivó la imaginación del público. Gramáticos, con fingida seriedad, lo clasificaron como “Conjugación Emotiva” o “Conjugación de Russell”. Las revistas lanzaron concursos, y la gente inundó las revistas con cada vez más ejemplos humorísticos. Fue bien usado el género en la década de 1980 en la serie cómica de TV de la BBC “Sí, ministro”. El pomposo ministro le dice a su secretario: “Yo he reconsiderado mi opinión, tú has cambiado tu opinión, él faltó a su palabra”; y “Yo di una información confidencial a la prensa, tú la filtraste, él está siendo acusado bajo la sección 2A de la Ley de Secretos Oficiales”.

 

La gente ve sus propias faltas bajo una gloriosa luz, pero no son tan benévolos con otros. Incluso en esto, cuando hablan directamente con alguien acerca de la misma falta en él, evitan la aspereza, aunque lo digan “francamente”, pero no malgastan la caridad en una persona ausente. Un cambio de punto de vista cambia la visión. El egocentrismo siempre hace alguna maldad en las transacciones humanas, un resultado de la ¡“herejía de la separatividad”! Como personas evolucionadas, todos somos conscientes de esto. Este es el motivo por el que disfrutamos tan sinceramente de la “conjugación de Russell””. ¡Las personas se comportan muy graciosamente!

 

Pero la distorsión es: aunque nos burlemos de los demás, cada uno de nosotros es propenso a la misma debilidad. Jugamos el mismo juego con los demás. Reírnos de otros es divertido, pero cuando los otros se ríen de nosotros no es ni la mitad de divertido. Si nos comentan nuestros defectos con igual franqueza, no lo encontramos divertido. Incluso si un amigo perceptivo nos habla amablemente acerca de ello nosotros no estamos de acuerdo. Aunque sabemos en nuestro corazón que nuestro amigo está en lo correcto, tal opinión no es bien recibida. Si queremos encontrar una salida a este dilema, debemos mirarnos inquisitivamente a nosotros mismos.

 

Este autoexamen no es fácil. No es que haya algo particularmente difícil acerca de ello, pero nuestros propios defectos no son fácilmente visibles para nosotros. Aún con la mejor de las intenciones, tendemos a cegarnos a nuestras propias debilidades. Habiéndonos comportado “correctamente”, según nuestro propio criterio, se hace difícil ver la falta. Cualquier remedio que se pueda encontrar tiene que estar fuera de este verdadero revoltijo. Requerirá de un pensamiento profundo.

 

Si emprendemos una rigurosa introspección, veremos que nuestra más profunda emoción, oculta en los más profundos escondrijos de la mente, es de defensa, particularmente de nuestra “imagen”. Cualquier cosa que parezca que nos desestime, o nos exponga al ridículo, es vista como una afrenta. Reaccionamos. Inconscientemente, hemos formado una corteza emocional de autodefensa a nuestro alrededor que es por ahora de muchas encarnaciones de antigüedad, y más bien endurecida a lo largo del tiempo. Ahora es tal parte de nuestro ser, que somos completamente inconscientes de su existencia, y desecharemos tal sugerencia.

 

Pero por el rechazo no podemos escaparnos de ella, y mientras esté allí, continuamos reaccionando. En nuestra ignorancia, hacemos todo lo que podemos para proteger esta corteza. El pensamiento que surge de esta actitud está centrado naturalmente a nuestro alrededor. Vemos la realidad solamente a través de esta tendencia, y pensamos que es la “realidad obvia”. Nos asombramos de que los demás no concuerden con nosotros.

 

En un conflicto, ambas partes insisten que son ellos quienes están en lo correcto. Ambos intentan sinceramente “cambiar” a la otra parte. Vemos que esto sucede todo el tiempo, los ejemplos no son necesarios. Estas “cruzadas” nunca terminan. Hoy día podría ser un lado el que gana, mañana, el otro. Pero aún ganar una pelea es agotador.  Perder nos incita a la revancha. Ganador y perdedor se dirigirán a tener más problemas. Podrían ser individuos, naciones o grupos religiosos. Las causas y los resultados son los mismos, solamente difieren en el grado y la complejidad. Y continúan. Todos sabemos esto. También conocemos la locura común que se halla en la raíz de todo esto.

 

Pero un subterfugio humano es: pensamos que tales cosas suceden a “otros”, no a nosotros. Nos olvidamos de que también somos susceptibles acerca de nuestros intereses. Una gran parte del karma está centrado en esto. Aquellos cercanos a nosotros, como la familia, compañeros, amigos (y enemigos), ligados a nosotros por el karma, siguen apareciendo, en nuevas relaciones, en vidas sucesivas. Los desacuerdos aumentan, agregándose a las fricciones interminables. Si todavía pensamos que somos una excepción a la regla, que no estamos en esta secuencia “necia”, reflexionemos en lo siguiente.

 

No podemos observar esto, pero mantener una interminable tensión por largos periodos (¡vidas!) causa una fatiga insidiosa en nuestros sistemas físico y mental y va en contra de nuestra salud. En realidad, aquí es donde se originan la mayoría de nuestros complejos y enfermedades. A nivel mental, somos acosados por la desconfianza en nosotros mismo, timidez, hipersensibilidad, etc. Sus manifestaciones pueden ser variadas de acuerdo a aspectos individuales de la composición mental general de la persona. A nivel físico, los diferentes sistemas del cuerpo se alteran resultando en alguna enfermedad. Las medicinas o la cirugía no pueden ofrecer una cura permanente porque solo tratan los síntomas, no al paciente. Esto es como mangueras de entrenamiento, para llamas que se ven en el cielo mientras el fuego ruge dentro de la casa. Puede parecer que las llamas se mojan transitoriamente, pero la casa aún continúa ardiendo. Las causas reales, al haber sido traídas de vidas anteriores, no están al alcance de la ciencia médica. Claramente, la coraza defensiva de nuestra propia creación sólo nos da problemas. Nuestra aflicción no termina, y no sabemos dónde mirar.

 

Por el contrario, vemos algunas personas excepcionales entre nosotros que están siempre contentas. Ellas nunca culpan a nadie, sino que admiran rápidamente los buenos aspectos de todos. Ellos comparten el mundo con los mismos hombres que nosotros encontramos insufribles, pero no tienen problemas con ninguno, por el contrario, ellos proporcionan alegría a todos los que los rodean. Se verá que disfrutan de buena salud. Si alguna vez se enferman, no escuchamos mucho acerca de ello. Toda su personalidad y estilo de vida son sanos. De buenos modales, no están en guardia o a la defensiva en su comportamiento. Incluso aceptan burlas ocasionales, de modo razonable. Nosotros los amamos y apreciamos. Por qué entonces ¿no podemos nosotros ser como ellos? Este es un asunto que merece nuestra atención. Traigamos todos, alegría a nuestras vidas, haciéndola más fácil.

 

Habiendo llevado la coraza protectora por muchas vidas y solamente sufrido por ella, es tiempo de liberarnos de esta raíz de todos los males. La gran pregunta es. ¿CÓMO? No es como sacarse una camisa. Tendrá que haber un ejercicio mental. Tal caparazón muestra temor crónico. Tenemos que enfrentar y analizar este temor hasta su final lógico. ¿De qué estamos asustados? ¿A quién tememos? Aún si nuestros temores son reales, ¿este caparazón nos protegerá? Si nuestros temores no son reales, ¿merece que llevemos esta carga inútil? Una vez que comprendamos la inutilidad de arrastrar el caparazón, será el comienzo mismo de su debilitamiento. Cuando avancemos en positividad, se hará más delgado y desaparecerá.

 

Necesitamos reafirmar nuestra fe. Orar a Dios, pedirle algo, no indican nuestra fe en él, en realidad solo lo opuesto. Dios sabe lo que es mejor para nosotros y ya está dándolo en plena medida, sin que se lo pidamos. Pedir algo, muestra insatisfacción con lo que ya tenemos. Necesitamos reflexionar sobre este aspecto de nuestra fe. Él nos protege exquisitamente. No necesitamos temer o preocuparnos. Una vez convencidos, la fe real aumentará sin nuestro esfuerzo.

 

También, necesitamos verificar nuestro comportamiento con otros.  Si comenzamos a tratar a otros con amor incondicional, tolerancia y comprensión, tendremos un punto de apoyo positivo. Todavía no podemos esperar que comiencen a corresponder con nuestro amor inmediatamente. Todos están muy acostumbrados a nuestra naturaleza peleadora, y nos han tratado del mismo modo por edades. Entonces, hay mal karma acumulado que trabajar con estas personas. Desarrollar amor en nuestra naturaleza egocéntrica es en sí un ejercicio. El obstáculo es grande. Pero necesitamos abordarlo. Necesitamos comenzar con determinación y sostenerlo intrépidamente. Requerirá una infinita paciencia y una incansable tenacidad. No será una tarea fácil, pero cada pequeño progreso dará frutos proporcionales.

 

No olvidemos: que tenemos un constante Compañero Mayor en nuestro esfuerzo, que nos cuida sin palabras.  Lentamente, los más maduros de nuestros amigos, observarán el cambio en nuestra actitud y comenzarán a respondernos bien. Esto nos animará. Otros seguirán luego. La calidad de nuestro amor y tolerancia comenzará a mejorar, trayendo mejores resultados. Algunos pueden pensar de esto como de nuestra nueva “pose”, y pueden ser cautelosos en responder. Finalmente, ellos también verán la verdad si somos sinceros en nuestros esfuerzos. Por supuesto, unos pocos podrían ser completamente sordos a nuestra nueva cordialidad y pueden continuar con su ánimo, viejas deudas kármicas. Tengamos compasión por ellos. Nuestro mal karma definitivamente será tratado algún día. Ahora tenemos el requisito de la tolerancia y la paciencia. En cualquier caso, la mayoría de ellos son ahora nuestros amigos. Podemos llevar algunas almas desafortunadas en nuestro caminar.

 

Esto, por supuesto, es más fácil de decir que de hacer, pero ciertamente, no imposible. Los Adeptos deben haber pasado por todo esto. La meditación regular es útil. Es básico ser un observador sereno de cualquier cosa que suceda, tener una fe inquebrantable en Dios, mantener una conducta pura. Es útil comprometerse en el trabajo de la comunidad. Nuestro esfuerzo y paciencia serán probados por los Poderes, pero cada paso hacia adelante producirá resultados proporcionales. Nuestra vida será mucho más suave, más placentera. Habrá “golpes positivos” que confirmen que estamos siguiendo líneas correctas. Requerirá gran valor, y determinación de acero. “Este Atman no lo obtiene el débil” (Mundaka Upanishad III.2.4). Pero los Poderes que prueban son benévolos, y están de nuestro lado. Así como prueban, también ayudan. Saben mucho mejor que nosotros cuánto necesita el mundo con urgencia gente iluminada que los ayude. No tenemos nada que temer. El precio será alto, ciertamente digno de trabajar por él. La victoria es segura. La liberación (moksha) ya se habrá alcanzado. Pero al alcanzar la liberación, ya no la atesoraremos; por el contrario, querremos estar aquí para ayudar a quienes todavía están luchando. Actualmente muchos Mahatmas han elegido estar entre nosotros, y están haciendo que nuestro paso sea más rápido. Ellos quieren buenos ayudantes. Queremos serles útiles en esta noble tarea. Esto acelerará nuestro paso, también. Debemos estar impregnados del Amor Divino por toda la creación. Hoy día somos receptores de este amor. Queremos devolverlo. Esta devolución no puede ser para Dios o sus Hábiles Ayudantes, cualquiera sea el amor que les transmitamos, retornará a nosotros en abundancia. Esta es la experiencia confirmada de todos los chelas. Las bellas líneas de Milton vienen a la mente: “Dios no necesita ni el trabajo del hombre ni sus propios dones; quienes mejor soportan su dulce yugo le sirven mejor”. Podemos pagarle a Dios solamente sirviendo a aquellos que están luchando. Si practicamos la empatía, el amor y la compasión con todo nuestro corazón, finalmente podremos ver la Unidad básica de todos los seres, que a quienes ayudamos somos a nosotros mismos. No son ellos y nosotrostodos somos NOSOTROS.

 

La primera, segunda y tercera persona están bien en gramática, pero son mejor guardadas allí. Más que hablar y escribir el lenguaje correcto, no dejemos que se conviertan en algo demasiado grande de nuestro pensamiento y sentimiento. Los santos han sentido la Unidad con toda la creación. Las escrituras se refieren unánime e inequívocamente a ella. Que pueda convertirse en nuestra experiencia también, no solo un tema de debate pedante.

 

 

 

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