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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 138 - Número 11 -  Agosto 2017 (en Castellano)
 

 
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La búsqueda de la Felicidad

 

D. P. Sabnis

miembro de larga data de la Sociedad Teosófica EN India.

 

 

Un contacto algo íntimo con la vida convencerá a cualquiera de que la felicidad y el dolor son inseparables. Son un par, uno de los cuales el Bhagavadgitâ designa como "pares de opuestos". Mientras quedemos presos en las trampas de estos pares, seguirán manifestándose en sucesión alterna, lanzando a la persona en oscilaciones de alegría y tristeza, de lágrimas y risas. Cuando decimos que quiere ser feliz, realmente desea que cesen para él todos los dolores, al menos por los años restantes de su vida. Quiere detener el giro del péndulo en el punto donde alcanza el cenit de la felicidad y fijarlo allí por algún proceso que pueda contrarrestar y neutralizar ese tirón kármico de la Ley.

Mientras existan péndulos en nuestra vida que se balancean bajo estímulos externos, dolor y placer, éxito y fracaso, fama e ignominia seguirán sus pasos. Cada par refleja la vida de existencia vibratoria y quienes viven en una atmósfera donde prevalecen tales oscilaciones, deben seguir siendo lanzados de aquí para allá, como desamparados restos flotando en el océano, donde la calma es la precursora de las tormentas. Es por la emoción, por el deseo insatisfecho y por la sed de sensación, que uno empuja violentamente el péndulo en oscilaciones que deben entonces ejecutar su curso.

En el Bhagavadgitâ (III.34-35) Sri Krishna dice que los apegos y las aversiones de los sentidos son naturales y que por lo tanto, nadie debería caer bajo su influencia. Los llama enemigos del hombre. Apegos a cosas y personas, que por su naturaleza son perecederos, pueden traer dolor y angustia en el momento de la separación. Pero si los apegos tienen el poder de encadenar a la persona, y balancearlo de aquí para allá, de tal manera que no penetre luz, las aversiones también tienen un fuerte poder para sacudirlo de sus amarras. Por ejemplo, hay muchas personas inteligentes y amables que se sienten atraídas por un trabajo que no es su deber realizar. Esta codicia acciona el constituyente opuesto del par, es decir, el aborrecimiento.

El pensar acerca de la desgracia de no tener un trabajo que le guste, la persona comienza a disgustarse y luego aborrece su propia tarea. Mientras más fuerte es su aversión, mayor es la fuerza que ejerce sobre el péndulo. Incluso cuando se consigue el objeto codiciado, las oscilaciones se burlan de lo conseguido y con demasiada frecuencia, donde se esperaba felicidad, aparece la miseria. Si, como dice el Bhagavadgitâ, el afecto y la aversión son mis posesiones, entonces lo que es agradable a los sentidos y por lo tanto conducente a la felicidad, con el tiempo dará paso a una condición de preocupación y tristeza. Por lo tanto, tal experiencia puede tornarse placenteramente dolorosa o dolorosamente placentera, para decirlo de una manera tosca. Las lágrimas nunca estarán demasiado lejos de la risa.

Las posesiones que corroen y se consumen por la acción del tiempo y la circunstancia son efímeras, y la felicidad que pueden brindar también es efímera. Además, estas posesiones, que pueden producir una intensa felicidad durante un estado particular de conciencia, pueden volverse repugnantes cuando sobreviene un estado superior. No se puede lograr ninguna felicidad permanente ya sea por posesiones o por falta de éstas. Son superfluas para el alma y por lo tanto deben utilizarse únicamente como vías para vivir la vida del alma sobre la tierra. Si en su ceguera la persona hace uso de la fuerza para obtener el objeto de sus deseos, o utiliza fuerzas ocultas para fines egoístas, entonces la fuerza así utilizada puede tender a despertar la parte psíquica indeseable de su naturaleza y finalmente estallan en el cuerpo, en la mente o en la parte psíquica de su personalidad. Las semillas de la verdadera felicidad y alegría no se encuentran en el plano material, y si se las trae desde lo alto y se las siembra en la tierra, pierden sus cualidades intrínsecas en una atmósfera sofocante.

El arquetipo de la felicidad se encuentra en kâma, no como se lo materializa en estos días en un poder que gratifica al deseo, sino como está originalmente descrito en los Vedas. Es el primer deseo consciente y omnipresente para el bien universal, un amor por todo lo que vive y siente y necesita ayuda y bondad. Es el primer sentimiento de tierna compasión infinita y misericordia que surgió en la conciencia de la Fuerza Una creadora desde que surgió a la vida. Kâma es principalmente el deseo divino de crear felicidad y amor. Donde el espíritu y la materia se conectan, y donde el fuego eléctrico, que es la fuerza que imprime en la materia la ideación que reside en el Espíritu, allí, yace el fundamento de la verdadera felicidad.

Donde la mente pierde su control sobre la diáfana alma interna, se destruye el ritmo de la evolución. Así, al perder el control sobre lo Verdadero, la persona intenta obtener su semblanza de felicidad en el júbilo que crece, decae y muere en acciones que satisfacen la vida sensorial. "La verdadera felicidad sólo puede encontrarse en el vínculo que conecta la entidad con la no-entidad o manas con puro âtma-buddhi". Desde esta confluencia de corrientes de vida, la felicidad desciende en cada etapa sucesiva de la escalera descendente de la vida. Allí donde la mente razonante se embriaga en su amor y unión con la mente superior, donde el intelecto rinde homenaje a la intuición, allí la calma reina sobre el alma agobiada y prevalece una paz que no puede destruirse a pesar de las tormentas de ira.

En la búsqueda de la felicidad, muchos pierden de vista el hecho de que la felicidad no es un fin en sí misma. Es un efecto que sigue a cada despertar progresivo del alma. Los procesos de su fruto no pueden ser precipitados, ni su florecimiento puede ser duplicado por medios dudosos. Ha habido y seguirá habiendo quienes al no ver más allá de sus lámparas rotas, han intentado buscar la felicidad torturando y mutilando sus sentidos y órganos, y mediante el desarrollo de la tremenda fuerza de la Voluntad.

En un análisis final, se verá que la felicidad brota y fructifica en las líneas laterales y fronterizas del camino que debe transitar el alma inquisidora.

Luz en el Sendero dice:

Busca [el Sendero] sumergiéndote en las espléndidas y misteriosas profundidades de lo más íntimo de tu ser…Búscalo estudiando las leyes del ser, las leyes de la naturaleza, las leyes de lo sobrenatural; y búscalo postrando tu alma ante la pequeña estrella que arde en el interior. En tanto que vigilas y adoras con perseverancia, su luz irá siendo más y más brillante. Entonces sabrás que has encontrado el comienzo del Sendero.

 

 

 

Comprende que toda felicidad es divina, y entonces sabrás dónde aferrar y dónde soltar. Entonces tendrás la piedra de prueba por la cual se muestra la diferencia entre la vida que es alegría y la forma que es a menudo la fuente y la causa del dolor. Mira a través de la forma, la vida; mira a través del vehículo exterior, lo que está dentro de él. En tus amigos, en tus circunstancias cotidianas, en todo lo que te rodea, mira en lo que aparece ante el ojo, lo que el Espíritu conoce y siente. Entonces, en medio de los problemas terrenales, tu alegría estará segura, y en medio de la pérdida tu fortuna estará asegurada; entonces en medio de los problemas, tu paz será imperturbable; en medio de la tormenta, la calma permanecerá en ti.

Annie Besant

La Búsqueda de la Felicidad

 

 

 

 

 

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