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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 138 - Número 11 -  Agosto 2017 (en Castellano)

 
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Propagando y demostrando la Teosofía

 

 

Tim Boyd

 

La Sociedad Teosófica (ST) fue fundada en 1875. En La Clave de la Teosofía H. P. Blavatsky (HPB) hace la afirmación, aparentemente simple, de que se fundó para demostrar que la Teosofía existe. Ése era el propósito subyacente de la ST y del movimiento que se formó con su aparición. La intención había sido llevarlo a cabo en dos líneas diferentes.

La primera línea era la propagación de los conceptos y verdades incorporados en la Teosofía. En la Carta del MahaChohan se afirmaba que debemos “predicar y popularizar” las diversas verdades que contiene la sabiduría teosófica. Hacía énfasis en la introducción de algunas ideas poderosas, capaces de cambiar la dirección del pensamiento y comportamiento humanos.

La segunda era la demostración, es decir, que las verdades incorporadas en esta sabiduría debían aplicarse siempre, y con esa aplicación la auto-transformación devenía una posibilidad. La idea ofrecida era que las ideas simiente, tan profundas y poderosas, una vez enraizadas en la conciencia individual, darían, necesariamente, resultados transformadores. Por un lado, pues, estaba la propa- gación y por el otro, la demostración de la validez y poder de estas verdades. En 1888, casi treinta años después de la fundación de la ST, HPB escribía el Memorandum Preliminar de un nuevo grupo llamado inicialmente Sección Esotérica (SE) de la Sociedad Teo- sófica. (Posteriormente ese nombre se cambió por Escuela Esotérica de Teosofía). En este memorándum, una de las cosas que señalaba era que la ST había alcanzado “estupendos” resultados desde su fundación, demostrando que tal cosa como la Teosofía existía. Pero limitaba estos resultados estupendos a las áreas que ella llamaba

 “exotéricas”. El trabajo externo se había llevado a cabo de forma notable, particularmente en el aspecto de sembrar ideas teosóficas en la conciencia global. Por primera vez se estaba hablando de estas poderosas ideas. Decía que ése había sido el gran éxito del movimiento Teosófico, junto con la inclusión de las religiones del mundo y el reconocimiento popular que, como resultado, se extendió a la ST.

El área en la que consideraba que la ST había fracasado era en demostrar la validez de las enseñanzas a través de la conducta de sus miembros. Desde su punto de vista, únicamente había que demostrar una cosa. Algunos de los primeros miembros estaban interesados en cultivar aquellos potenciales internos que pudieran darles el control de los poderes psíquicos y de las fuerzas de la Naturaleza. HPB produjo numerosos fenómenos, demostrando que los poderes internos eran reales y estaban al alcance del individuo adecuadamente preparado y motivado. Pero no era ése el tipo de demostración que le interesaba cuando hablaba de las dificultades que afrontaba la ST.

Desde la perspectiva de HPB y de los Fundadores Internos, el propósito fundamental de la existencia de la ST era demostrar la posibilidad de una fraternidad universal. Era en ese punto donde ella consideraba que la ST, y consecuentemente sus miembros, no habían tenido éxito. Desde su punto de vista en aquella época, los miembros de la ST ni siquiera alcanzaban el nivel de cualquier organización fraternal corriente.

Su opinión se basaba en que las críticas de los miembros (de las que  ella misma fue objeto), las calumnias que se produjeron, las relaciones interpersonales que superaron en importancia la idea y la práctica de la fraternidad fueron tan acusadas que pensaba que, si no se hacía algo para corregir esa tendencia, todo el trabajo realizado por los Fundadores Internos y por ella misma se perdería. Comentaba que los Maestros poco pueden ayudar a una organización que no está completamente unida en su propósito y sentimientos, y que vuelve la espalda a la razón fundamental de su existencia: el amor fraterno universal. Era necesario introducir un factor corrector. A falta de alguna demostración de la Fraternidad Universal, no había manera de sentir la influencia de los Fundadores Internos a través de la ST.

Siempre habrá individuos excepcionales que irán apareciendo periódicamente en el mundo, como HPB o J. Krishnamurti, que podrían ser utilizados con ese fin. Pero la intención evidente no era la de tener una luz muy brillante luciendo por un momento en el mundo, sino estimular la creación de grupos activos de personas motivadas por sus enseñanzas, que quisieran expresarlas con su vida. El movimiento teosófico se creó con la esperanza de que, a través de esta demostración de una fraternidad posible, la influencia de los Maestros se hiciera sentir en el mundo.

Es interesante ver que en la fundación inicial de la Sección Esotérica, HPB estableció, al desarrollarla, ciertas reglas para sus miembros. Hizo una lista de veintiuna reglas, que deberían regir la conducta y orientación de los miembros de esa Sección. De estas veintiuna reglas, once de ellas estaban enfocadas a la relación entre los miembros de la Sección Esotérica. Consideraba que era de suma importancia dejar claro cómo deberían conducirse sus miembros.

Blavatsky no hubiera establecido esas normas si los miembros las hubieran tenido en cuenta, pero el cotilleo, los juicios injustos entre ellos, las acusaciones de todo tipo contra un compañero, la pretensión de estar más avanzado de lo que realmente uno estaba y otras cosas parecidas, dieron lugar a que las estableciera como normas que los miembros de la Sección Esotérica debían respetar estrictamente. Evitar esas conductas se considera de sentido común en cualquier práctica de buena voluntad, cuanto más en la práctica del amor fraterno. Esos fueron los puntos en los que más insistió.

El resto de las normas hablaban de las prácticas, de la dieta, de cómo debemos considerar a los Maestros, del altruismo, de la naturaleza de la vida interior, pero las reglas más importantes que estableció eran sobre la conducta externa normal y simple. No creo que fuera algo accidental por parte de HPB, ni que se dejara llevar por la situación del momento. Existen razones para nuestra manera de comportarnos. Nuestro desarrollo interno se expresa con la conducta externa.

Muchas veces intentamos empezar tratando de cultivar  el estado interior ideal, para que la conducta externa pueda ser una manifestación del mismo. Pero HPB reconocía que el proceso puede funcionar también al revés -de fuera hacia dentro. Si actuamos de forma amable, adoptamos también la mente que dicta esa conducta. Tiene un cierto valor adoptar algunas conductas hasta que consiguen enraizarse en la conciencia. El viejo adagio que dice “imítalo hasta conseguirlo” expresa una cierta sabiduría.

La Teosofía tiene una capacidad muy profunda para describir las dimensiones de la condición humana, pero el verdadero valor que tiene para nosotros es el que lleguemos a ser capaces de aplicar esas enseñanzas a nuestra propia condición, o más precisamente, al condicionamiento de nuestra mente.

Queda muy claro en las enseñanzas teosóficas que vivimos en un universo multidimensional. Todos funcionamos continuamente a muchos niveles. El funcionamiento de la mente humana se describe generalmente como la mente enraizada en los deseos (kama-manas) y en la satisfacción de esos deseos. Es la forma en que funciona nuestro pensamiento “normal”.

Evidentemente hay otras formas más expansivas en las que puede funcionar la mente. Está la capacidad que tenemos para que esa misma mente se exprese de forma muy diferente, frecuentemente descrita como la mente “iluminada”. En lugar de la mente enraizada en la satisfacción de los deseos, la mente es capaz de recibir una luz y quedar iluminada por la luz de la intuición (buddhi) -la mente universal.

Como cualquier buen médico, la Teosofía puede diagnosticar y también puede recetar. El diagnóstico de nuestra condición es que nuestra mente está enraizada, de alguna manera, en un lugar determinado. Una parte de lo que necesitamos para expandir las li- mitaciones de nuestra conciencia consiste en comprender qué que- remos decir cuando hablamos del deseo y de la mente enraizada en el deseo.

¿Qué es el deseo? Es una palabra con la que estamos familiarizados. En el librito A los Pies del Maestro, un joven J. Krishnamurti afirma que hay cuatro cualificaciones, y la más difícil de ellas es la carencia de deseos. La razón es que, como seres humanos, tendemos a pensar que nosotros mismos somos nuestros deseos. Parece que nos definieran en muchos aspectos. Nuestros deseos están tan enraizados en nuestro sentido del yo, que es difícil incluso llegar a verlo. Hablar de la carencia de deseos es casi como hablar de su extinción; pero ¿qué es un deseo?

En los términos más simples, un deseo es un pensamiento que va en pos de un sentimiento o de una sensación. Nuestros cinco sentidos nos proporcionan información—conocimiento sobre el mundo en que vivimos—a través de las sensaciones (vista, tacto, olfato, gusto y oído). Las sensaciones en y por sí mismas son neutras; no son deseos. Pero cuando esas sensaciones interactúan con nuestra conciencia, se transforman. Así que algunas sensaciones nos parecen agradables y otras no. Debido a esas preferencias, nos sentimos atraídos por unas y repelidos por otras.

Lo que comienza como una simple sensación de gusto o tacto se convierte en un apego o una aversión. Cuando la mente se afirma a sí misma, buscando aquellas cosas que son placenteras y apartándose de las que no lo son, entonces tenemos un deseo. Cuando mente, sensación, sentimiento y emoción coinciden en ese simple objetivo, entonces tenemos la mente de deseos, en la que la humanidad, en su conjunto, se encuentra enraizada. ¿Qué hacemos con este diagnóstico y esta descripción? Para que eso tenga algún valor deberíamos tener una receta de lo que se puede hacer. Esa es la otra cara de la sabiduría teosófica—la aplicación.

Durante su vida Buddha tuvo una experiencia de iluminación en la que vio que existían otras posibilidades más allá de esta mente de deseos. Y dedicó su vida a enseñar a los seres humanos cómo librarse de las diferentes formas en que esta mente de deseos causa el sufrimiento.

Entre las cosas que Buddha enseñó, y que se encuentran en La Voz del Silencio de HPB, están algunas poderosas herramientas que animó a utilizar a sus monjes y a sus seguidores. En La Voz HPB tomó las seis Pāramitās del Budismo y añadió una séptima. La idea era que hay una posibilidad universal y que estas  Pāramitās tienen la capacidad de conducirnos, si nos comprometemos con ellas, más allá de las limitaciones de nuestra norma, a experimentar el “alma maestra” o alaya, de la que ella habla.

La primera Pāramitā es la caridad (dāna), la generosidad. Muy frecuentemente, se  considera que es la más fácil de practicar. Se dice que podemos hacerlo en tres niveles diferentes. Uno de ellos es ser generoso con las cosas materiales, las que afectan al cuerpo físico. Aprendemos así a dar y compartir y los hábitos de la generosidad empiezan a tener un impacto en la mente comenzando por el nivel físico.

A un nivel más profundo de esta práctica de la generosidad adoptamos la visión de que todo el mundo sufre, e intentamos encontrar modos de ser generosos, identificando primero los sufrimientos de los demás y abordándolos después. Vamos al encuentro de otras personas a nivel de sus necesidades emocionales y mentales. Finalmente está el potencial para la generosidad universal que necesita despertar, que es la base de la Teosofía: concienciar una verdad universal, primordial, y generalmente dormida en lo más hondo de cada individuo. A medida que desarrollamos este potencial más profundo de generosidad, éste va adquiriendo la capacidad de ayudar a despertar la presencia de la conciencia universal en los demás. Es la expresión “más elevada” de la perfección o Pāramitā de la generosidad. Al describir las perfecciones en La Voz, HPB se refiere a cada una de estas Pāramitās como una llave. Hay siete Pāramitās y cada una, dice, es la llave de siete “portales”, o umbrales, que nos conducen a la experiencia de lo universal. Y cada una debe practicarse en sucesión.

¿Qué significaría para nosotros comprender más profundamente esta primera perfección?

¿Qué significa vivir una vida de generosidad? En términos de las reglas que HPB estableció para la Sección Esotérica, si esta primera regla se comprende y se aplica perfectamente, las restantes diez u once reglas relacionadas con la conducta se verán también mejo- radas. Una de las dificultades que H. P. Blavatsky tuvo que afrontar, así como todos los miembros de la Sociedad Teosófica, es que la Sociedad y su trabajo están destinados a personas imperfectas. Son para nosotros y el mundo que habitamos. Si pudiéramos verlo realmente así alguna vez, sería imposible relacionarnos con los demás de una forma distinta al espíritu de la generosidad.

La generosidad es la primera de las Pāramitās por una razón. Hasta que no podamos comprender lo que significa ser verdaderamente abierto y verdaderamente generoso, las demás perfecciones quedarán fuera de nuestro alcance: la armonía, la paciencia, ese tipo de energía irresistible que no pierde su objetivo, la indiferencia al dolor y al placer, el cultivo del profundo silencio de la meditación y finalmente la sabiduría, las siete Pāramitās, todas ellas, estarán fuera de nuestro alcance, hasta que realmente lleguemos a comprender la primera. Esta primera Pāramitā fue la que engendró las reglas de la EE, la primera cuya ausencia representaba el problema para el trabajo de la Sociedad en el mundo.

Quizás valdría la pena reflexionar en lo que queremos decir cuando hablamos acerca de la “generosidad”.  

 

 

 

 

 

 

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