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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 138 - Número 10 -  Julio 2017 (en Castellano)

 
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Karma y reencarnación

 

K. Jaishree

Antiguo miembro residente de la ST. en Adyar. Supervisa los Archivos de Adyar.

 

 

Karma significa acción, trabajo, o realización; también se refiere al principio de causalidad, donde la intención y las acciones de un individuo influencian su futuro. La buena intención y buenas acciones contribuyen a la felicidad futura, mientras que la mala intención y malas acciones contribuyen al sufrimiento futuro. El karma está estrechamente asociado con la idea de la reencarnación en algunas escuelas de las religiones asiáticas. Las diferentes religiones han tratado con el karma desde perspectivas diferentes. Consideremos lo que las cinco principales religiones han dicho acerca del karma.

 

Aunque la palabra “karma” no se usa en el Cristianismo, la Biblia dice: “Lo que tú siembres, cosecharás”. Esto significa que enfrentaremos las consecuencias de nuestras propias acciones –que es el karma.

 

El Islamismo tiene su ética de reciprocidad, o la Regla de Oro, que esencialmente afirma lo siguiente:

 

* Deberíamos tratar a otros como nos gustaría que los otros nos trataran a nosotros. (La forma positiva de la Regla de Oro)

 

*No deberíamos tratar a los demás de maneras que no nos gustaría ser tratados. (La forma negativa de la Regla de Oro, o la Regla de Plata).

 

Este concepto describe una relación “recíproca” o “mutua”, entre nuestro yo y el de los demás que comprende ambos lados igual y mutuamente. Esta es también una forma de karma.

 

En el Hinduismo, de acuerdo a los Vedas, si sembramos bondad, cosechamos bondad; si sembramos mal, cosechamos mal. El karma se refiere a la totalidad de nuestras acciones y sus reacciones concomitantes en esta vida y las anteriores, las  cuales determinan nuestro futuro. La conquista del karma se halla en la acción inteligente y la reacción imparcial. No todos los karmas repercuten inmediatamente. Algunos se acumulan y regresan inesperadamente en esta u otras vidas. Se nos dice que el karma se produce de cuatro maneras, a través de (1) pensamientos, (2) palabras, (3) acciones que efectuamos y (4) acciones que otros efectúan bajo nuestras instrucciones.

 

Todas las cosas que hemos pensado, hablado, hecho o causado que sucedan, es karma, como también lo que pensamos, hablamos o hacemos en este mismo momento. Las escrituras hindúes dividen al karma en tres clases:

 

(1) Karma acumulado (sanchita karma). Sería imposible experimentar y soportar todos los karmas en una sola vida. De la existencia de karma acumulado se toma una parte para cumplir en una vida, y este puñado de acciones, que ha comenzado a dar frutos, y el que se agotará solamente cuando se haya beneficiado de su fruto y no de otro modo, es conocido como (2) prarabdha karma (comenzado), que es la parte de karma acumulado que ha “madurado” y aparece como problemas particulares en la vida presente.

 

(3) Karma kriyamana (karma que se crea) es todo el que producimos en la vida actual. El karma kriyamana fluye en el karma sanchita y forma nuestro futuro. Solamente en la vida humana podemos cambiar nuestro destino. Después de la muerte perdemos kriyasakti (capacidad de actuar) y por lo tanto somos incapaces de generar karma kriyamana hasta que renacemos en otro cuerpo humano.

 

Las acciones realizadas conscientemente pesan más que las que se hacen inconscientemente. Sobre esta base algunos creen que sólo los seres humanos que pueden distinguir lo correcto de lo incorrecto pueden producir karma kriyamana. Por lo tanto a los animales y a los niños pequeños se los considera incapaces de crear nuevo karma.

 

Tulsidas, un santo hindú, dijo: “Nuestro destino se formó mucho antes que entrara el cuerpo en existencia”. Mientras la provisión de karma sanchita perdura, una parte de él continúa para ser tomado como karma prarabdha para disfrutar en una vida, llevando al ciclo de nacimiento y muerte. Un jiva (alma) no puede alcanzar moksha (liberación) del ciclo de nacimiento y muerte, hasta que el karma sanchita acumulado se agota completamente.

 

Karma es un término budista que literalmente significa “acción” o “hacer”. En la visión budista, los resultados kármicos no se consideran como un “juicio” impuesto por un Dios u otro ser todo poderoso; más bien, estos resultados se considera que son la consecuencia de un proceso natural. El maestro budista contemporáneo Khandro Rinpoche explica:

 

El budismo es una filosofía no teísta. No creemos en un creador sino en las causas y condiciones que crean ciertas circunstancias que luego llegan a su fructificación. Esto se llama karma. No tiene nada que ver con juicio…De hecho, una causa kármica puede tener muchos resultados, los cuales pueden causar miles de creaciones. Al igual que un puñado de semillas puede madurar en un campo lleno de granos, una pequeña cantidad de karma puede generar efectos ilimitados”.

(This Precious Life, Shambhala, p.95)

 

En la visión budista, la relación entre una sola acción y sus resultados, depende de un número casi infinito de causas y condiciones secundarias; así, la capacidad de predecir con exactitud los resultados de una sola acción, se considera que está más allá de la comprensión de los seres comunes. De acuerdo a la tradición budista, fue solamente en el momento de su iluminación que el Buda adquirió una completa comprensión del funcionamiento del karma. Por ello, se enseña que solamente quien ha alcanzado el estado del Buddha (referido como omnisciencia) podría predecir exactamente las consecuencias de acciones específicas. Ciertamente, el Buddha indicó que preocuparse por los resultados exactos de acciones específicas es un ejercicio contraproducente que solo aumentará nuestro sufrimiento o ansiedad. Él identificó este tipo de preocupación como uno de los cuatro imponderables.

 

Sin embargo, el Buda acentuó la importancia de comprender la naturaleza del karma a nivel general. Él enseñó que las acciones sanas (libres de apego, aversión e ignorancia) conducen a la felicidad y finalmente a la liberación; y las acciones dañinas (basadas en el apego, aversión e ignorancia) conducen al sufrimiento. El desarrollo de una comprensión auténtica y empírica del karma en este nivel se lo considera un aspecto esencial del sendero budista.

 

En el Jainismo, el karma es el principio básico dentro de una psico cosmología global. Las acciones humanas morales forman la base de la transmigración del alma (jiva). El alma es compelida a un ciclo de renacimiento, atrapada dentro del mundo transitorio (samsara), hasta que finalmente alcanza la liberación (moksha). La liberación es alcanzada siguiendo un sendero de purificación.

 

Los jainos citan a las desigualdades y al sufrimiento como evidencia de la existencia del karma. La teoría jaina explica el proceso kármico especificando las variadas causas de la convergencia kármica (asrava) y esclavitud (bandha), poniendo igual énfasis en las acciones mismas y en las intenciones detrás de estas acciones. Le da gran responsabilidad a las acciones individuales y elimina toda dependencia en alguna supuesta existencia de gracia divina o retribución. La doctrina jaina también sostiene que es posible para nosotros modificar nuestro karma, y obtener la liberación de él, por medio de austeridades y pureza de conducta.

 

La Ley del orden, oportunidad y dinámica espiritual.

 

El orden penetra el universo manifestado porque todas las cosas existen de acuerdo a las leyes de la Naturaleza, que operan en el campo material como también en los campos más sutiles del pensamiento y del sentimiento. El karma es la ley de la dinámica espiritual relacionada con cada acción en la vida diaria. Implica el ciclo completo de una causa y sus efectos. Ralph Waldo Emerson la llamó la “ley de compensación”. Todo pensamiento, deseo o acción afecta en alguna medida el equilibrio del universo. Una vez que su armonía ha sido alterada busca regresar al equilibrio, buscando restituir el equilibrio, que es lo que llamamos karma.

 

De acuerdo a H. P. Blavatsky, el karma es “la ley fundamental del universo, la fuente, principio y origen de todas las otras leyes que existen en toda la Naturaleza. Es la ley infalible que ajusta el efecto a la causa, en los planos físico, mental y espiritual de la existencia”.” Ajusta sabia, inteligente y equitativamente, cada efecto a su causa”. Todas las leyes de la ciencia y de la moralidad son expresiones de esta tendencia a restituir la armonía, que nosotros llamamos karma.

 

Nosotros escogemos nuestro destino

 

Nosotros creamos nuestro propio futuro por nuestras decisiones a cada instante. Por medio de la acción ignorante, nos encontramos envueltos en acciones, sentimientos y pensamientos egoístas. Pero la muerte no elimina antiguas cuentas. Nosotros pasamos los efectos de una vida a la siguiente y debemos esperar enfrentar las consecuencias de nuestro pasado.

 

Cada uno de nosotros nace con un carácter heredado en un ambiente y familia que parecen ayudar u obstruir nuestro progreso. En realidad, todas las circunstancias son oportunidades para nosotros, porque son los resultados naturales de nuestra vida pasada y son escalones para nuestro futuro crecimiento. Nuestro destino no se nos impone. Nosotros lo creamos al tejer diariamente los hilos de nuestro futuro.

 

El karma es la ley que ajusta dinámicamente los efectos a las causas. Es la ley de armonía o justicia que equilibra todas las cosas. Pero es también la ley de oportunidad, que nos permite cambiar nuestra conducta presente para un mejor futuro. Nosotros hemos hecho de nosotros mismos lo que somos. Y podemos hacer de nosotros algo nuevo.

 

Acción física en la vida diaria

 

Si nuestras acciones brindan felicidad a otros, tarde o temprano nos encontraremos en un ambiente afortunado, con una mayor oportunidad para difundir felicidad y buena voluntad. Si, por otra parte, causamos dolor a otros por medio de nuestras acciones o por nuestras omisiones, nos encontraremos finalmente en medios infelices hasta que adquiramos una mayor sabiduría en la vida, por medio de la experiencia. La ley del karma en sí misma es impersonal, no es ni buena ni mala.

 

Acción emocional

 

La fuerza generada a nivel emocional es la del deseo o sentimiento. Perseverar en el deseo ayuda en nuestro desarrollo uniéndonos a los objetos del deseo. Podemos juzgar la sabiduría de nuestros deseos experimentando sus resultados. A través de los frutos de los deseos insensatos, aprendemos a concentrarnos en los deseos superiores y finalmente a liberarnos de todo deseo. Por medio de la felicidad que disfrutamos con los deseos sabios, nos iluminamos, y finalmente aprendemos a ser felices en todas las circunstancias.

 

El deseo también crea oportunidades. Cuando seamos concientes de este principio, comprenderemos que tenemos oportunidades de todo tipo en el futuro, solo necesitamos cultivar el deseo en esa línea y poner ese deseo en acción ahora.

 

Acción mental

 

La tercera fuerza es la del pensamiento. La fuerza generada por el pensamiento aumenta nuestra capacidad para pensar claramente. Dedicar algún momento cada día a pensar deliberadamente y de forma controlada, aumentará el poder de nuestra mente como un instrumento. Los pensamientos son cosas, muy literalmente. Ellos son modificaciones de la energía mental que está a nuestro alrededor.

 

Muchos pensamientos están fuertemente asociados con la emoción y por lo tanto llevan al pensador a contactarse con otras personas, en relaciones que son agradables o desagradables. Lo que amamos mucho llega a nosotros. Similarmente, lo que tememos grandemente también nos llega. Nosotros hacemos que esto suceda.

 

Al saber que nos convertimos en lo que pensamos, podemos ponernos a pensar, deliberadamente, en las cualidades que deseamos desarrollar. Poco a poco, el poder moldeador del pensamiento crea estas cualidades. El proceso es tan natural y confiable como desarrollar músculos por medio del ejercicio.

 

La necesidad de la reencarnación

 

Obviamente la armonía y el equilibrio no siempre se logran en una vida. Este es el motivo por el que renacemos – no sólo para experimentar la vida nuevamente, sino para convertirnos en seres armoniosos. Los ciclos de reencarnación proporcionan la necesaria extensión en el tiempo para que opere la ley del karma.

 

Motivaciones y acciones son ambas importantes, y cada una tiene sus propias consecuencias. Las acciones reaccionan sobre el medio ambiente, pero las motivaciones reaccionan en el carácter. Cuando nos enfrentamos con un desagradable resultado kármico, debemos buscar enfrentarlo constructivamente y modificarlo, y recordar que es realmente una oportunidad para construir nuevas cualidades en el carácter. Valor y serenidad para enfrentar la desgracia, y un esfuerzo constante para erradicar todo sentimiento de mala voluntad y resentimiento hacia aquellos que parecen ser responsables de nuestra desdicha, harán mucho en mejorar nuestro presente y nuestro futuro.

 

Oportunidades y posibles cambios

 

Algunas veces tenemos una oportunidad que pensamos que es imposible tomarla. Pero no estaría allí a menos que la ley kármica la hubiera traído hasta nosotros como un resultado de nuestro deseo y esfuerzo pasados. Tales oportunidades deberían ser tomadas valientemente.

 

A menudo el resultado del karma no se ve inmediatamente. Es como una semilla que se encuentra dormida, aparentemente muerta. Pero finalmente brota, madura, y se recoge la cosecha. En el suelo fértil de nuestras naturalezas física, emocional y mental, plantamos las semillas de nuestro futuro, y llevamos con nosotros la rica cosecha de muchas siembras pasadas. Si la cosecha parece ser pobre e infructífera, puede mejorarse plantando mejores semillas. Nunca careceremos de la oportunidad de plantar nuevamente, sembrar semillas de amor, bondad y generosidad, y así cosechar sabiduría, comprensión y paz. La belleza y esplendor de la ley del karma son resumidas en estas palabras de Mabel Collins:

 

Cada hombre es su propio absoluto legislador, dispensador de gloria o de oscuridad para si mismo; aquel que decide su propia vida, su recompensa, su castigo.

                                                                                                    (El Idilio del Loto Blanco)

 

No desees sembrar semilla alguna para tu propia cosecha; trata sólo de sembrar aquella semilla cuyo fruto alimentará al mundo”.

                                                                                                            (Luz en el Sendero)

 

Como seres humanos estamos en posición de hacer algo acerca de nuestro destino, haciendo lo correcto en el momento correcto. Por medio de acciones positivas, pensamientos puros, oración, mantras y meditación, podemos resolver la influencia del karma en la vida presente y mejorar nuestro destino. También tenemos la oportunidad de acelerar nuestro progreso espiritual por motivaciones, pensamientos, palabras y acciones correctos. Nuestros únicos obstáculos son nuestra falta de conocimiento y claridad.

 

La falta de bondad produce frutos deteriorados, papa (vicio), y las buenas acciones producen frutos dulces, punya (virtud). Según uno actúa, en eso se convierte: uno llega a ser virtuoso por medio de la acción virtuosa, y malo por la mala acción.

 

 

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