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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 138 - Número 10 -  Julio 2017 (en Castellano)

 
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Carta a Carl H. Hartmann

 

DAMODAR K. MAVALANKAR

Damodar K. Mavalankar (1857-?) teósofo indo y chela del Mahatma Koot Hoomi.

Reimpreso de El Teósofo, diciembre de 1908

 

 

Carl H. Hartmann, Esq., FTS

Range Nursery, Toowoomba,

Queensland, Australia

Adyar, Madras,

8 de enero de 1883.

 

Mi estimado Señor y Hermano,

Recibí oportunamente su correspondencia del 4 y 9 de septiembre de 1882.  Confío en que usted amablemente me disculpará por no haberle escrito, pero estaba tan ocupado que ahora me hice un tiempo, por así decirlo, para responderle. Como debe haber sabido por El Teósofo de diciembre y el número de enero, llegamos aquí desde Bombay el 19 último; gran parte de nuestro tiempo, por lo tanto, fue ocupado en la preparación para la mudanza y luego establecernos en nuestro nuevo hogar. Todavía no estamos totalmente instalados, pero ya hemos comenzado los trabajos. Respecto a los libros, y lo demás que deseaba, adjunto una carta oficial de cuentas.

Solicité al corresponsal indo del Sr. P-- que le permitiera mostrarle a Ud. sus cartas, y solo me dice que se opuso a que el Sr. P. se las enseñe a desconocidos. Lo único que deseaba era que el señor P. despejara primero sus dudas y luego les mostrara toda la correspondencia a hermanos como usted, que son buscadores fervientes y devotos de la verdad. Muchos son los hombres, mi amigo, que toman los ritos y formas exotéricas como verdades, y suponen que todo lo que está escrito en cualquier libro religioso debe ser entendido y practicado literalmente.

Y para poder percibir la verdad oculta, a saber, no hay sino una sola manera, mediante el desarrollo y la purificación física, moral, intelectual y espiritual, con el fin de fortalecer las facultades intuitivas que le permitirán penetrar de inmediato en la esencia. Usted habla sobre la abstinencia, pero recuerde el artículo "El elixir de la vida" en los números de marzo y abril de El Teósofo (Vol. III) y estúdielo cuidadosamente. Es inútil ayunar mientras sienta la necesidad de comer. Todo el trabajo básico del progreso espiritual se resume en esto: observe sus deseos y aprenda a controlar su mente. Y si lo reconsidera un poco, encontrará el fundamento de la filosofía. Los deseos y las pasiones son, por así decirlo, cadenas (cadenas magnéticas reales) que atan a la mente a estos placeres y apetitos terrenales y carnales. Y quien desee elevarse más allá del Mâyâ que impregna este mundo, debe hacerlo liberándose de esas cadenas diamantinas que lo mantienen prisionero en este mundo transitorio. Cuando estas cadenas se rompen, se elimina gradualmente la nube de vuestra visión interna, y se aclara vuestra visión para percibir la verdad. Este es el gran secreto de alcanzar la meta; pero aunque se exprese en estas pocas palabras, encarna una gran filosofía que se revela gradualmente a aquel que sigue el sendero rectamente. Ningún Gurú vendrá jamás a usted; pretendientes a gurú puede encontrar muchos, pero debemos acercarnos y forzar nuestro propio camino hacia un verdadero Maestro. Si por nuestra fuerza de voluntad irresistible y fuerte, nuestro valor indomable y nuestra pureza moral, estamos decididos y nos disponemos a trabajar en la recta dirección que hemos mencionado anteriormente, no podemos sino forzar nuestro camino hacia un Gurú, que no puede rechazarnos como discípulos. Recuerde que cuanto más puro y espiritual sea el hombre, más sensible será su corazón a todas las atracciones puras. Si, por lo tanto, por nuestra férrea Voluntad nos abrimos paso, tocamos la cuerda que no puede evitar llevarnos al canal apropiado. Para una comprensión más clara de lo que quiero decir, no puedo hacer nada mejor que remitirlo al artículo, "Cómo un chela encontró a su Gurú", en El Teósofo de diciembre de 1882, y mis notas al pie de página al respecto.

Ahora tiene usted una edad demasiado avanzada para poder convertirse en un ocultista práctico. De acuerdo con nuestras Reglas Indas, un chela es aceptado para el ocultismo práctico ya sea en el segundo o tercer ciclo de su edad, a más tardar. Esto no es antojo o capricho por parte de los venerados Maestros; todas sus reglas y leyes se basan en una comprensión profunda de las leyes de la naturaleza hasta ahora desconocidas, y un mejor conocimiento de la humanidad que las rodea. Incluso la ciencia moderna ha descubierto que, después de cada siete años, el cuerpo de un hombre cambia por completo. Percibirá que para que el cuerpo pueda cambiar completamente en siete años, el proceso debe continuar gradualmente todo el tiempo, y el nuevo cuerpo así formado es completamente obra del hombre, porque este proceso de emisión y atracción de átomos se está produciendo continuamente. Si, por lo tanto, conociendo este secreto, el hombre controla sus deseos y pasiones todo el tiempo, de modo que sólo emita de sí aquellos átomos que no son aptos para su progreso, y que además les de una buena tendencia para que no sean una molestia para los demás, y si solo atrae aquellos átomos que son adecuados para su progreso, entonces el cuerpo que habrá formado será enteramente su propia creación, y puede usarlo de la forma que quiera. Para completar este proceso, son necesarios siete años. Verá por qué el período de prueba se fija por siete años. No es una regla arbitraria, sino la condición necesaria exigida por la Naturaleza misma. Esta también es la razón por la cual el neófito siempre tiene que proteger el yo del yo; es decir, debe vigilar todo el tiempo sus deseos y pasiones, para evitar que atraigan átomos inadecuados al progreso espiritual. Cuando, por lo tanto, el tercer ciclo de la edad de un hombre ha pasado, su vitalidad, en primer lugar, se gastó en direcciones opuestas al progreso espiritual; en segundo lugar, su mente tuvo el hábito de moverse en canales que son inconsistentes con el desarrollo psíquico y que es extremadamente difícil dirigirla hacia surcos correctos. Por esto, los chelas son admitidos y educados desde corta edad. Usted mismo conoce el proverbio de que se puede doblar una planta joven pero no un árbol viejo. Quizás diga que si los chelas tienen que abrirse camino hacia los Maestros, ¿cómo se puede esperar que los niños (porque los menores de veintiún años no pueden llamarse hombres) hagan lo que las personas mayores encuentran tan difícil? Entonces, amigo mío, recuerde que nadie se convierte en adepto en una vida. Antes de que una persona pueda tener el privilegio de ser admitida como chela, tiene que pasar por una sucesión de vidas y prepararse teóricamente para la tarea. No lo sé, pero de acuerdo con las nociones occidentales esto puede sonar muy extraño, sin embargo, a pesar de todo es un hecho.

El hombre tiene que estudiar teóricamente primero, y desarrollar dentro de sí mismo este germen de adepto, antes de que pueda esperar acercarse al Santuario Secreto en cualquier forma. Aquí entonces está la posibilidad de vivir la vida y prepararse para un renacimiento futuro en condiciones y circunstancias más favorables y ventajosas. Recuerde siempre que un hombre hace su propia red, en la que se enreda a sí mismo, y si estas mallas presionan fuertemente sobre él, son de su propia creación. La ley del Karma, esa Fuerza Inmutable de la Naturaleza que gobierna el universo, es estricta y justa, como la Justicia no puede ser sino estricta y severa, y si nos permitimos ser influidos por fuerzas indeseables, no tenemos que culpar a nadie más que a nosotros mismos. Utilice esta vida suya, entonces, para asegurar un futuro feliz. Por los medios que ya se le han señalado, prepárese para percibir las verdades que no le son dadas a todos para que las comprendan, y gane tanto dominio como pueda sobre el lado teórico, asistido por el desarrollo psíquico. No puede lograrse esto mejor que dándose cuenta de la grandeza y la excelsitud intelectual de la idea principal de nuestra sociedad, es decir, la Fraternidad Universal de la Humanidad.

Las diversas publicaciones teosóficas deben haberle dado ya una idea del hecho de que esta idea es el primer paso en la escalera que conduce al logro de la más difícil de todas las realizaciones: Nirvâna. Si comprende a fondo los gérmenes de la filosofía contenidos en esa idea, no puede sino tratar lo mejor que pueda de promoverlo y propagarlo lo más posible. Recuerde que la humanidad no es más que una parte de la Naturaleza, y para alcanzar Nirvâna uno debe identificarse con la Naturaleza y a través de la humanidad fusionarse con la totalidad universal; verá que esto solo se puede hacer mediante una comprensión profunda y un estudio adecuado de la idea sublime de la Fraternidad. Allí, entonces, yace el camino: identifíquese con la Naturaleza a través de la humanidad mediante el desarrollo de un sentimiento filantrópico desinteresado y de actos apropiados, y así repare su propio futuro.

Con mis mejores deseos y amables saludos fraternales,

Siempre suyo sinceramente

                                                 Damodar K. Mavalankar

 

 

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