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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 138 - Número 10 -  Julio 2017 (en Castellano)
 

 
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Transitoriedad, inmortalidad e inspiración

 

WAYNE GATFIELD

Presidente de la Rama Bolton  de la Sección Inglesa de la Sociedad Teosófica, y conferenciante nacional.

 

Una gran parte de la filosofía budista se centra en la naturaleza transitoria de la vida en sus muchas formas. De hecho, esta enseñanza impregna la cultura oriental, especialmente en China y Japón. La flor del cerezo se considera como un ejemplo de algo que es a la vez hermoso y sin embargo fugaz. Un término usado en Japón es mono no aware que significa la belleza y la tristeza en esta transitoriedad. La conciencia de la transitoriedad de todas las cosas aumenta la apreciación de su belleza, y evoca una tristeza suave en su paso. Nosotros mismos somos sólo un parpadeo en la eternidad respecto a nuestro yo personal. La vida en sí misma es permanente, mientras que sus incontables formas son como burbujas en un arroyo. Incluso este planeta es así, en el contexto de la vida universal.

 

La mayoría de las personas tienden a no detenerse en esta breve vida que tenemos, la bloquean con innumerables distracciones e imaginan que vivirán eternamente en su cuerpo presente. Despertar al hecho de su mortalidad es demasiado doloroso para que el hombre o la mujer promedio la admitan. De hecho, si este despertar no es sostenido por una conciencia creciente de nuestra inmortalidad inherente, puede conducir a la depresión y a un miedo constante del futuro y a lo que es inevitable. Esta comprensión puede ser extremadamente inquietante para la mayoría de nosotros.

 

Por medio de nuestros estudios de Teosofía y otras enseñanzas espirituales genuinas, podemos llegar a estar conscientes del verdadero significado de la vida y también desarrollar nuestras intuiciones para que tengamos una percepción directa de nuestra naturaleza inmortal. Muchos grandes maestros han venido a nosotros, motivados por la compasión, para hacernos  conscientes de que en realidad somos seres espirituales y que "la muerte no nos afectará en absoluto". El resto tenemos que hacerlo por nosotros mismos, nadie más puede hacerlo. La idea de que algún salvador pueda borrar nuestros pecados o eliminar nuestro karma es improbable que sea verdad. Es mucho más maravilloso darse cuenta de que Cristo no es un hombre, sino nuestro propio Yo superior, y que no hay límite para la expansión de nuestra conciencia. Tenemos una mente para abarcar el universo y una vez que entendemos la verdadera naturaleza de la "autodeterminación" no hay necesidad de apoyarse en ningún maestro externo. El hecho de que existen aquellos que velan por nosotros como nosotros haríamos con alguien menos afortunado o con un niño a nuestro cuidado, es reconfortante, pero nunca interferirían en nuestras decisiones, tenemos que cometer nuestros propios errores y aprender a superar el sufrimiento por nosotros mismos. Sin embargo, a veces estarán allí para inspirarnos y para sembrar ideas en nuestras mentes de que somos libres de elegir o rechazar, según consideremos oportuno. En una determinada etapa de nuestro progreso podemos ser llevados de la mano por uno de estos maestros, pero aún así, no seremos sus títeres y se nos dará total libertad. Podemos elegir cuánto de sus consejos tomamos en cuenta y esto marcará el grado de nuestro progreso. En muchos casos cuando se menciona un gurú en la literatura espiritual, se refiere al gurú principal, nuestro Yo superior. A menudo se confunde con un maestro humano, el vínculo debe hacerse entre nosotros y nuestro Yo superior y con el gurú humano como intermediario y un representante de la Divinidad que todos compartimos.

 

Todo lo que sea menos que el Yo superior es falible, deberíamos apoyar nuestra confianza en nuestra Naturaleza Divina y solo en eso. Es nuestra inspiración y Luz.  Krishna, en el Bhagavadgitâ, hablando como el Yo superior dice: "Yo soy el Señor, el Testigo, el Lugar de Descanso, el Asilo y el Amigo." Es la estrella guía que seguimos hasta que el espíritu de Cristo nace en nosotros. Como escribe H. P. Blavatsky en su artículo "El carácter esotérico de los Evangelios":

 

Cristo - el verdadero SALVADOR esotérico - no es hombre, sino el PRINCIPIO DIVINO en cada ser humano. El que se esfuerza por resucitar al Espíritu crucificado en él por sus propias pasiones terrenales, y enterrado en lo profundo del “sepulcro” de su carne pecaminosa; el que tiene la fuerza para hacer retroceder la piedra de la materia desde la puerta de su propio santuario interior, tiene al Cristo resucitado en él.

 

La vida de cada uno reacciona en la vida de todos y si purificamos y armonizamos nuestras naturalezas influimos en todos los que nos rodean. Tampoco podemos "pecar" y sufrir solos, los efectos del pecado. El pecado es un concepto difícil, ya que tiene diferentes significados en diferentes culturas alrededor del mundo. El único pecado imperdonable es negar el Espíritu en nosotros, dejar de reconocer el potencial de nuestro verdadero Yo y el hecho de que no somos seres transitorios en absoluto sino Seres Divinos. La tarea actual es superar el egoísmo en nuestra naturaleza y ser conscientes de la unidad de todas las cosas para que podamos empezar a pensar y actuar compasivamente por el bien de todos.

 

Toda "virtud" que adquirimos surge de la disolución de esta "enorme y atroz herejía de separatividad que nos separa del resto". Las reglas morales hechas por el hombre tienen poco impacto en alguien que transita el camino espiritual, porque sólo las cosas que le ayudan a superar este sentimiento de separatividad le interesan, en el análisis final.

 

Muchos sistemas modernos de pensamiento "espiritual" intentan justificar la aceptación y adquisición de posesiones materiales y también la satisfacción en un estilo de vida hedonista, y a menudo inventan formas ingeniosas de hacer que todo parezca ser parte del proceso. Se olvidan de que tales cosas son sustitutos de la satisfacción que se siente cuando despertamos a nuestra verdadera naturaleza. Cuando esto sucede, todo deseo de las cosas del mundo se desvanece gradualmente, de modo que aunque estamos en el mundo no somos parte de él. Continuamos viviendo nuestra vida pero ahora no tenemos ninguna inclinación por acumular posesiones. Aceptamos lo que venga en nuestro camino, pero hemos dejado de buscar activamente. Esto es porque hemos encontrado dentro de nosotros la paz y el contento, que en vano buscábamos fuera. Las cosas externas son transitorias; lo que tenemos dentro de nosotros es eterno e inmortal. 

 

La inspiración suele venir a nosotros esporádicamente en las primeras etapas. Si es  genuina, son los susurros de nuestro Yo superior que nos da un destello de lo que hay detrás de los velos que crea nuestra mente inferior. Si somos poetas, artistas, músicos o escritores, podremos ser capaces de interpretar estas ideas en palabras, sonidos o imágenes; pálidos reflejos del original pero  todavía capaces de dar a otros un toque de algo más precioso que la mediocre vida cotidiana. Todos somos conscientes de los efectos de la música, la poesía o el arte verdaderamente bellos. Ellos nos elevan a otro reino y nos infunden el aprecio por la belleza y el amor. La fuente de esta inspiración está más allá de cualquier tipo de descripción, pero debemos agradecer a aquellos que tratan de traducir esto en algo que nos da las alas para volar a nuestro propio cielo y comprender algo que las palabras, los sonidos y las imágenes no pueden. Ellos son los intérpretes y por esto debemos estarles eternamente agradecidos. HPB escribe :

 

. . . una vez que un estudiante abandona el viejo y trillado camino de la rutina y entra en el sendero solitario del pensamiento independiente – dirigido hacia Dios - es un teósofo, un pensador original, un buscador de la verdad eterna con "una inspiración propia" para resolver los problemas universales. (Escritos Recopilados, Vol. II, p.102)

 

Llega un momento en que ya no se necesitan intérpretes y somos conscientes, por medio de la verdadera inspiración, de nuestra Inmortalidad. Entonces, la vida y la muerte se vuelven como sueños. Sólo existe el ETERNO AHORA. Todos los sentimientos de transitoriedad desaparecen como la niebla ante el sol de la mañana y la conciencia de nuestra naturaleza espiritual inmortal queda firmemente establecida.

 

 

 

Saber, es saber que tú no sabes nada. Ese es el significado del verdadero conocimiento.

                                                                                                                         Sócrates

 

 

 

 

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