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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 138 - Número 10 -  Julio 2017 (en Castellano)

 
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Cosmocentrismo

en la visión teosófica del mundo

 

DEEPA PADHI

Vicepresidente internacional de la Sociedad Teosófica, Adyar y

Presidente de la Orden Teosófica de Servicio, Región de Odisha, India.

 

Como es evidente hoy, la humanidad está atravesando una crisis sin precedentes. A pesar del magnífico avance en la ciencia y la tecnología, que ha proporcionado mayor prosperidad y comodidad en el mundo físico, estamos totalmente empobrecidos en nuestro interior. Esta crisis tiene su origen no en la naturaleza exterior sino en la misma psiquis de la humanidad, y es de su propia creación. Es debido a una visión errónea sobre nosotros mismos y el mundo que nos rodea. Esta crisis psíquica de hoy es la expresión de un vacío espiritual que ha superado a la humanidad y ha resultado en un intento frenético por servir a los intereses humanos a costa de los no humanos y de la Naturaleza. Se necesita urgentemente un cambio en la percepción de nuestra visión del mundo para poder salvarnos de la auto-extinción que tiene su origen en nuestra propia arrogancia e ignorancia. Lo importante es nuestro modo de pensar y el hardware psíquico (nuestros rasgos internos básicos). Necesitamos producir una transformación en nuestro núcleo psíquico, despojándonos del óxido y la escoria acumulados en éste durante muchas vidas.

En este momento crítico, la Teosofía ofrece una visión del mundo, que es cosmocéntrica, basada en la ética del Cosmos, el Todo, cuya profunda comprensión adquiere hoy suma importancia y relevancia. Consta de tres proposiciones fundamentales:

1. El universo y todo lo que existe en él es un todo interrelacionado e interdependiente.

2. Todo ser existencial, desde el átomo a la galaxia, está arraigado en la misma Realidad creadora de vida. Esta Realidad es omnipresente, pero nunca puede resumirse en sus partes, ya que trasciende todas sus expresiones. Se revela en los procesos de la Naturaleza, ordenados, significativos y con sentido, así como en los lugares más profundos de la mente y el espíritu.

3. El reconocimiento del valor único de todo ser viviente se expresa en la reverencia por la vida, compasión por todo, simpatía con la necesidad de los individuos de encontrar la verdad por sí mismos y respeto por cada tradición religiosa. Las formas en que estos ideales se convierten en realidades en la vida individual son la elección privilegiada y el acto responsable de cada ser humano. La Teosofía enseña que hay un orden eterno que es a la vez inmanente y trascendente, que los humanos no pueden hacer ni romper. El hombre es sólo una parte del orden cósmico que funciona por su propia dinámica. La visión cosmocéntrica de la visión teosófica del mundo encuentra su expresión más elocuente en la Oración Universal compuesta por la gran Teósofa, la Dra. Annie Besant:

Oh Vida Oculta que vibras en cada átomo;

Oh Luz Oculta que brillas en cada criatura;

Oh Amor Oculto que todo lo abarcas en la Unidad;

Que cada ser que se sienta uno Contigo,

Sepa, que por lo tanto es uno con todos los demás.

 

La vida connota un continuum universal. Tiene expresiones tan variadas como las formas y grados de existencia.

La vida que constituye la esencia de todas las especies bióticas también vibra en cada partícula del universo. La Teosofía rechaza la idea de una división tajante entre vivos y no vivos, animados o inanimados. H P Blavatsky observa:

El Ocultismo no acepta nada inorgánico en el Kosmos. La expresión "substancia inorgánica" empleada por la ciencia significa simplemente que la vida latente, que duerme en las moléculas de la llamada "materia inerte", es incognoscible. TODO ES VIDA, y cada átomo, aunque sea de polvo mineral, es una VIDA, si bien se halla fuera de nuestra comprensión y percepción. . .(La Doctrina Secreta, Vol. 1, p. 248)

En cualquier parte del mundo en que vivamos, compartimos la misma naturaleza. Desde el punto de vista espiritual, se espera que el hombre se eleve por encima de las divisiones para percibir la unidad que subyace en la diversidad. Los profetas nos explican la necesidad de extender la camaradería a todos los otros seres: cuadrúpedos, de seis patas, con alas, con raíces, que nadan, etc., incluso a los llamados inanimados, porque toda cosa y ser creado participan de la misma esencia.

La ética cosmocéntrica está fundamentada sobre la realidad última que es de la naturaleza de la conciencia pura que es omnipresente. Es la pan-conciencia inmanente en todo. Toda la creación, desde las partículas subatómicas hasta las galaxias, de las bacterias a los seres humanos, son expresiones de una conciencia cósmica, infinita. Los seres humanos que se consideran limitados y separados entre sí y distintos de la Naturaleza, en realidad son partes de un todo mayor y están integralmente relacionados con el resto de la creación.

Esta visión también encuentra su comprobación en la metafísica Vedanta, que sostiene que es una conciencia manifestándose a través de las miríadas de entidades en el universo, vivas o no vivas. Sarvam khalvidam brahma: todo en el universo es Brahman(La conciencia pura absoluta), dice el Chandogya Upanishad. En los tres Textos canónicos del hinduismo (Upanishads, Bhagavadgitâ y Brahma Sutras) se sostiene firmemente la unidad cosmocéntrica. Aham brahmâsmi, soy el Todo (conciencia absoluta), es la meta de la evolución humana y el derecho de nacimiento de cada ser humano en la tierra. El Verso inicial de Isâvâsya Upanishad sugiere una nueva visión que abarca todo el universo, el cosmos: isâvâsyamidam sarvam yat kiñcha jagatyâm jagat, que significa: la única conciencia suprema envuelve todas las cosas (las animadas y las llamadas inanimadas) de este universo fenomenal.

El Lama Anagarika Govinda, budista y ferviente teósofo, expresa la misma idea:

El Buda no cree en un mundo externo que exista de manera separada o independiente, en cuyas fuerzas dinámicas él podría insertarse. El mundo externo y su mundo interior son para él sólo dos lados de un mismo tejido, en los que hilos de todos los acontecimientos, de todas las formas de conciencia y de sus objetos, se tejen en una red inseparable de interminables relaciones mutuamente condicionadas. (Fundamentos del Misticismo Tibetano, p. 93)

La idea de la unidad del universo que todo lo impregna no es una fantasía mística sino un hecho científico, ya que tiene su base en la física cuántica. La unidad fundamental subyacente en el mundo manifiesto es llamada por David Bohm "el orden implicado". Según Bohm:

En el mundo externo del espacio y del tiempo, las cosas y acontecimientos pueden parecer separadas o distintas, pero debajo de la superficie, en el orden implicado o campo de la frecuencia, todas las cosas y eventos son sin espacio, atemporales, intrínsecamente uno e indivisos. (David Bohm, La Totalidad y el Orden Implicado, p. 208)

Bohm presentó una cosmología del universo como una red dinámica de eventos interrelacionados donde ninguna propiedad de cualquier parte de la red es fundamental. Todas las propiedades de una parte se desprenden de las propiedades de las otras partes, así que todo debe definirse en términos de todo lo demás.

La visión Teosófica del mundo también cree que en el estado de la Naturaleza (cosmos) las partes (animadas e inanimadas) son interdependientes y a la vez están interrelacionadas e integradas al conjunto. Las relaciones entre lo animado y lo así llamado inanimado se caracterizan por la coexistencia y la interdependencia. Incluso relaciones depredadoras que parecen ser agresivas, son realmente beneficiosas para ambas especies. Nos criamos y respiramos, vivimos y morimos en sincronía. Toda criatura que existe tiene efectivamente valor de utilidad en la corriente de la creación que siempre fluye. Nada es inútil o sin importancia en la Naturaleza.

Incluso esas criaturas que nosotros, debido a nuestra limitada comprensión, consideramos perjudiciales, tienen un propósito en el plan cósmico. En lugar de destruirlos a ellos y su hábitat, debemos intentar crear un medioambiente apropiado para su preservación con salvaguardias adecuadas para que no causen ningún daño a la especie humana.

La Vía Láctea es vasta de un extremo al otro; una hormiga es una criatura muy pequeña, pero el papel de ambas en el mantenimiento del equilibrio del universo es igual. Incluso si a una hormiga le ocurre una muerte prematura, perturba el equilibrio de todo el Cosmos. Por lo tanto, nada es insignificante, ni siquiera una hormiga. (Una Nueva Visión-Un Nuevo Mundo).

El biólogo Edward O. Wilson muy acertadamente denominó a los invertebrados "pequeñas cosas que dirigen el mundo''. La verdad detrás de esto es que necesitamos a estas pequeñas criaturas, ya que constituyen nuestro sistema de soporte vital. Sin ellos la sociedad humana no puede sobrevivir. Todos somos interdependientes.

La suma total de todas las creaciones es el orden cósmico. Esto incluye el sol como así también una hoja de hierba o un diminuto insecto; todos pertenecen a una familia cósmica y como cada uno tiene un valor intrínseco, merece reverencia, compasión y simpatía.

El primer principio de conexión cósmica considera al objetivo de la vida humana como la comprensión del fundamento divino de todo ser. En lugar de ver la materia como la base de la existencia, el nuevo sistema de valores cosmocéntrico acepta la conciencia cósmica como el fundamento trascendente de toda realidad porque en lugar de dominación, inspira amor y compasión; en lugar de separación, nos guía hacia la comprensión de la Unidad. Al igual que con el Santo Sai Baba de Shirdi (India), que vio un caballo que era azotado y sintió los latigazos sobre su propia espalda, que lloró por compasión cuando una losa de piedra cayó y se rompió en pedazos; nuestra profunda armonía con todo, animado e inanimado, surgirá desde nuestra unidad con la misma fuente de todos los seres. De hecho, para aquellos que han comprendido el Todo, lo Uno, todo parece tan bueno que tratan todo con amor y reverencia. Son incapaces de perjudicar a los demás, explotar a los débiles, o devastar un bosque, ya que sienten a todas las criaturas como parte de sí mismos. Este estado de conciencia búdica ha sido expresado con acierto en Pláticas en el Sendero del Ocultismo, Vol. III:

Cuando el discípulo alcanza este grado, su conciencia se ha vuelto parte de la vida del mundo. Si al pensar en sí mismo dice "Yo" es como parte de un "yo" que encierra a todos los otros. A partir de ese momento para él no existe nada que esté separado o fuera de él; se identifica con esta gran vida única, sea cual sea la etapa en que se encuentre, cada vez que esta vida necesita ayuda. Pierde totalmente la sensación, tan común en el mundo, de que algunas personas están separadas de él; él está en todos y con todos.

Esta visión cosmocéntrica que proporciona la visión Teosófica del mundo definitivamente tendrá profundas consecuencias en nuestra conciencia y comportamiento. La comprensión de que somos partes integrantes de todo el universo o cosmos, puede modificar nuestra actitud hacia nuestro medio ambiente y el ecosistema. ¿Quién destruirá el ecosistema, la flora y la fauna, si se da cuenta de que es parte de éste?

La única esperanza para el futuro radica en un cambio, en una transformación fundamental en nuestros pensamientos, percepciones, valores y, lo más importante, EN las acciones. Como manifestó C W Leadbeater: "Debemos crecer como lo hace una flor. ¿Por qué? Porque la flor crece desinteresadamente, de manera absolutamente altruista… Todo su crecimiento no es para sí misma, sino para las otras plantas que vendrán''.

 

 

 

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