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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 138 - Número 10 -  Julio 2017 (en Castellano)

 
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Aproximación a la sabiduría

y el proceso del envejecimiento

 

Tim Boyd

 

Vamos a considerar algo que a todos nos interesa en algún grado: el proceso del envejecimiento, inherente en la Naturaleza. Todo tiene un comienzo evidente cuando aparece en este mundo, un proceso por el que pasa y, luego, aparentemente, desaparece de este mundo. Es uno de los grandes misterios a los que se enfrenta la humanidad, cuando pensamos sobre el lugar que ocupamos en el universo. Es también uno de los temas al que los grandes pensadores de toda la historia han prestado atención. Resulta fundamental para entender el tema más profundo de la sabiduría.

Todos estamos implicados en este proceso. Hay muchos dichos populares que comparan la juventud con la vejez, pero parece que una de las características que distingue al joven de la persona de edad es el factor de la experiencia. La actividad es el distintivo de la juventud y la experiencia llega con la edad. Este parece ser un factor de diferenciación.

Hay una expresión humorística que dice: “el buen juicio se alcanza con la experiencia, pero la experiencia se logra por el juicio erróneo”. Uno de los hechos de la vida es que la naturaleza de la juventud es la de carecer de información sobre las actitudes predominantes en el mundo. Ese nivel de experiencia es lo que se considera generalmente como el factor de separación entre la mente joven y la que ha madurado. Viéndolo más de cerca, nos damos cuenta de que las experiencias que acumulamos a lo largo de una vida tienden a ser de determinados tipos. Están las sensaciones que afectan al cuerpo y que se repiten una y otra vez en el transcurso de una vida. “Ganamos experiencia” en el mundo de las sensaciones. También tenemos toda clase de encuentros emocionales a lo largo de la vida y nuestra naturaleza emocional es cada vez más experta en el funcionamiento de ese mundo de los sentimientos. Luego está el flujo constante y cíclico de los pensamientos que pasan por la mente.

Nuestra interacción con este mundo de sensaciones, emociones y pensamientos, constituye el cuerpo de nuestra experiencia que identificamos como “conocimiento”. En lenguaje corriente, la persona que llamamos “conocedora” tiene experiencia en las actitudes predominantes de estos tres mundos de la personalidad. Este tipo de experiencia tiene un gran valor. A los pies del Maestro menciona cuatro cualificaciones, de las cuales la primera es el discernimiento. El conjunto de experiencia y conocimiento que llega con la edad es la base para nuestro reconocimiento de lo que es bueno, mejor y óptimo. La capacidad de discernir de la mente procede de este tipo de conocimiento.

Cuando hablamos de sabiduría -y la Teosofía es la Sabiduría Perenne- ¿es lo mismo que un conocimiento de cualquier clase? Es un tema al que debemos volver una y otra vez, para preguntarnos:

¿Qué es conocimiento y qué es sabiduría? Las tradiciones que han tratado de ilustrarnos sobre este tema describen la sabiduría de diferentes modos. Un profesor válido, experimentado en el ámbito de la sabiduría, siempre nos advertirá de que lo mejor que puede hacerse es darnos algunos términos. Se ha intentado, a lo largo del tiempo, usar el lenguaje y los símbolos para describir aquello que está más allá de las sensaciones, de las emociones y del pensamiento, y necesariamente más allá de las palabras, para que podamos tener una idea de esta sabiduría profunda pero invisible.

Se han utilizado muchas palabras para describir la sabiduría. En lenguaje contemporáneo, podríamos llamar sabiduría a la “percepción de la realidad” -una realidad que se extiende más allá de nuestros cinco sentidos y engloba la naturaleza del alma. En nuestra literatura Teosófica tradicional, pensamos en términos de buddhi, y al vehículo capaz de experimentar buddhi le llamamos buddhi-manas -la mente iluminada o mente-sabiduría.

En La Voz del Silencio, y en la práctica Budista, está el concepto de las perfecciones o pāramitās. En las enseñanzas Budistas hay seis o diez pāramitās. En La Voz del Silencio, H.P.Blavatsky (HPB) enumeraba siete. La última relacionada es la perfección de la sabiduría, prajñā. Para intentar comunicar lo que es prajñā hay varias maneras. En el Buddhismo Tibetano tienen un largo mantra, o Sutra, que se recomienda recitar y sobre el que se aconseja meditar, el Prajñā Pāramitā Sutra, o Sutra sobre la sabiduría como perfección. Ese Sutra es una descripción dada por Avalokitesvara, que tuvo la experiencia de la sabiduría de la mente, tratando de comunicársela a Śāriputra, otro discípulo de Buddha.

Avalokitesvara intenta en ese mantra hacer una descripción de la sabiduría, algo fascinante y poderoso a la vez, en su potencial para realizarla. La forma en que se describe la sabiduría consiste íntegramente en términos de negación, es decir, se la describe solamente como lo que no es. La visión del Prajñā-Pāramitā Sutra es que la sabiduría no puede ser definida ni nombrada, sólo puede ser esbozada, quitando todo lo que no es. En el Sutra se hace una eliminación magistral de todo lo que nos oculta la percepción verdadera de la sabiduría.

Dirigiéndose a Śāriputra, Avalokitesvara dice: “Ésta es la característica original de todo. No es nacido, no es aniquilado, no tiene mancha, no es puro. No aumenta, no disminuye…En la sabiduría no hay ojo, ni oído, ni nariz, ni cuerpo, ni mente, ni ignorancia, ni tampoco fin de la ignorancia”. Si esto no tensiona nuestra mente, ¿qué puede hacerlo? Todo lo que nuestra percepción ordinaria puede comprender no es sabiduría. Éste es un enfoque para intentar comunicar la naturaleza y el valor y para acercarnos a la experiencia de la sabiduría. Es la vía negativa, el camino que conduce a la sabiduría a través de la negación.

Hay otras formas de describir la sabiduría. Sócrates fue considerado el hombre más sabio de su época. Aunque tenía un conocimiento extraordinario y reconocido como tal, lo consideraban un sabio porque contestaba a todo el que le preguntaba: “Sólo sé una cosa, que no sé nada”. Esta percepción de que la sabiduría está compuesta de no-cosa (nada) hacía de él un hombre sabio.

Hay un libro en la Biblia llamado “El Libro de la Sabiduría” o “La Sabiduría de Salomón”. En este breve libro el Rey Salomón describe su visión de la sabiduría y de qué manera llegó hasta ella. Es una descripción esotérica que frecuentemente se ha pasado por alto. Se trata de una descripción muy diferente del enfoque, por la vía negativa, del Prajñā Pāramitā Sutra. Se hace en términos positivos y asertivos, personificando la sabiduría como femenino, como “ella”. Una de las razones por las que Salomón fue considerado como el más sabio de los hombres fue porque cuando llegó a ser Rey de su pueblo, Dios le dijo que formulara un deseo y le sería concedido. Otro rey hubiera pedido extender su reino u obtener más riquezas que nadie. En cambio, su deseo fue: “Concédeme sabiduría y comprensión”. Así reconocía que todas las demás virtudes se derivan de estas dos.

En este libro Salomón describe la sabiduría de manera poética y hermosa. Dice que deberíamos buscarla como se busca el oro y la plata y como se busca un tesoro escondido. Dice que la sabiduría “conmueve más que el movimiento” y “pasa a través de todas las cosas debido a su pureza”. Añadió que la sabiduría, siendo Una e indivisa, puede hacer todas las cosas, “y descansando en sí misma renueva todas las cosas”. Esto es poesía y también belleza, verdad y poder. En la Unicidad, está presente en todas partes. En sus propias palabras: “Con su poder va de un extremo al otro del universo y ordena suavemente todas las cosas”. Ésta es la sabiduría desde la perspectiva de Salomón, una presentación de la vía positiva. Ni la vía negativa ni la vía positiva son correctas. Ambas son parciales, pero intentan orientarnos en la dirección de lo que se describe como un tesoro escondido en el interior de cada uno de nosotros. Si tuviéramos que viajar a tierras lejanas para encontrar estos tesoros particulares, las enseñanzas carecerían de sentido.

Hay innumerables dichos que repiten algún aspecto de que “con la edad llega la sabiduría”. Según una expresión muy popular, que probablemente hayamos usado nosotros mismos, “la juventud para la acción, la madurez para la sabiduría”. Pero, ¿es cierto este dicho? ¿Es que el proceso de acumular años aumenta en algo la sabiduría? ¡Lo dudo! Algo que observamos es que, cuando el sabio describe esta sabiduría, parece tratarse de algo que está escondido, velado. No se la descubre. No la hallamos y, ciertamente, no la creamos. Está siempre presente, pero no se ve, aunque su actividad y su potencial estén disponibles constantemente.

¿Cuál es el proceso que vela y que oculta la sabiduría de nuestra percepción y de nuestra experiencia? En nuestra etapa humana actual de desarrollo, el agente que más vela la Verdad o la Sabiduría de nuestra percepción es el deseo, y nuestra profunda implicación en el proceso de desear. HPB y otros describían el enfoque principal de la mente humana en nuestra etapa, como la mente del deseo, kama-manas. Estamos en un proceso continuo de deseos repetitivos. La capacidad de nuestros sentidos para seguir los numerosos deseos de los sentidos—gusto, vista, tacto, olfato y oído—disminuye con el tiempo, con la edad. En cierto sentido, la capacidad de expresarse que tiene la mente del deseo disminuye simplemente por el hecho de vivir muchos años en este mundo. Obviamente, ese proceso no tiene nada de virtuoso, es simplemente un hecho. Podemos parecer virtuosos simplemente porque, con la edad, la capacidad de expresar nuestros deseos disminuye. Pero esto es solamente la apariencia, no es la realidad.

La primera parte de Luz en el Sendero da tres clases diferentes de instrucciones, Si se siguen las tres, se llega a experimentar la mente sabiduría. En palabras de ese librito, seremos entonces capaces de buscar y ver cómo se abre la flor del alma, lo que se produce cuando ha enmudecido la tormenta. Pero la atención a estos tres tipos de instrucciones es prioritaria, comenzando por extirpar ciertos tipos de deseos —la ambición, el deseo de sensaciones, de crecimiento, de vivir, etc. El siguiente grupo de instrucciones versa sobre el cultivo de los deseos —de cosas que son intangibles y normalmente inexpresables. Luego tenemos las instrucciones para buscar el sendero. Pero “extirpar” es la primera categoría.

En el proceso de envejecimiento, la muerte de alguna de las cosas que Luz en el Sendero nos aconseja erradicar ocurre de forma natural. Se extinguen de forma natural, tras la muerte de la propia capacidad para implicarse. Así, la ambición, el deseo de sensaciones, etc. se extinguen con la edad avanzada. Pero resulta que “extinguirse” no es lo mismo que “erradicar”. Uno es el efecto de la concentración de la voluntad, mientras que lo otro se debe simplemente al paso del tiempo. La voluntad concentrada a lo largo de muchas vidas tiene la capacidad de erradicar, de extirpar la raíz de muchos tipos de deseos, que florecen una vida tras otra. En el caso de las plantas que se marchitan en el otoño, sus raíces se fortalecen durante el invierno y rebrotan con fuerza renovada en la primavera. “Erradicar” es una advertencia para quien quiera llegar a ser un discípulo.

Veamos los tres clásicos de la Teosofía: A los Pies del Maestro, La Voz del Silencio y Luz en el Sendero. Este último se considera como un curso avanzado, pues no está escrito para los que tratan de dirigirse hacia el Sendero, sino para los que tratan de cultivar ciertas cualidades a lo largo del Sendero. Escrito de forma sencilla en el comienzo, está dirigido a todos los discípulos que se encuentran firmemente afianzados y comprometidos en ese camino, porque para ellos tiene sentido.  A falta de ese compromiso, puede resultar interesante e informativo, pero no útil.

Damodar Mavalankar, en algunos de sus escritos durante su corta vida entre nosotros, describió la naturaleza del sendero espiritual muy sucintamente. Decía que una descripción completa del progreso espiritual es la siguiente: “Domina tus deseos, aprende a controlar la mente. Ésta es la base de todo progreso espiritual”. En las Cartas de los Maestros se dan conocimientos profundos y muchas indicaciones orientadas a la sabiduría. Son tan numerosas que es muy fácil pasar por alto muchas de ellas. Una de esas indicaciones, que puede constituir una práctica para nosotros, siempre que la recordemos y tratemos de aplicarla, es la siguiente: “Sobre la serena y plácida superficie de la mente en calma es donde las visiones captadas de lo invisible encuentran su representación en el mundo de lo visible”. Este consejo se daba en una carta dirigida a A. O. Hume, sugiriéndole que no permitiera la perturbación de su mente. Eso es parte del trabajo y se consigue dominando las emociones y aprendiendo a controlar la mente.

Otra cita para reflexionar, y con la que terminaremos, hace referencia a la mente en calma—a su capacidad para recibir impresiones de lo invisible y expresarlas en lo visible: “Es al morir la noche cuando nace Krishna”.

 

 

 

 

 

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