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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 138 - Número 09 -  Junio 2017 (en Castellano)

 
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Ver el yo como un huésped de paso

 

Pedro Oliveira

 

Coordinador de Educación de la ST en Australia, exsecretario Internacional, y exdirector de la Oficina Editorial en Adyar. Conferencia dada en la Convención internacional, Adyar, el 4 de enero de 2017.

 

Uno de los grandes obstáculos para la transformación humana, que es reconocido por todas las grandes tradiciones espirituales, es la idea de que nuestro sentido del yo separado, es real. Las enseñanzas budistas acerca de los skandhas, por ejemplo, sugieren que esta idea es muy antigua y ha sido inmortalizada a través de incontables encarnaciones.

 

En el centro mismo de tal sentido del yo, encontramos no solamente pensamiento y memoria, sino también deseo. La idea del “yo” tiene una firme base en el proceso del pensamiento que depende de la memoria para su funcionamiento, y es alimentado por el deseo, descrito como tanha en la tradición budista manifestándose como una sed verdadera de más experiencias, más gratificación. El anhelo por más es uno de los distintivos del yo.

 

El yo está detrás de todas nuestras actividades. Cuando nos alaban, se manifiesta como un sentido de auto-importancia más o menos glorificado: cuando nos critican, se expresa como ira o perturbación. No es raro que las personas sientan sospecha por una persona a quien nunca vieron antes, y por lo tanto no conocen, pero la sospecha es otra manera en que se muestra el yo. La tendencia a criticar revela una actitud basada en la idea de que sabemos más, que conocemos exactamente cómo las personas deberían conducirse o no en la vida. Cuando nos volvemos violentos, de modo verbal o de otra manera, la ira supera el sentido del yo, una emoción no controlada, y podemos decir o hacer cosas que luego podemos lamentar.

 

¿Qué es lo que da una aparente realidad al sentido del yo? Una respuesta posible se halla en el significado de la palabra ahamkara, la facultad de la formación del yo. Antonio Damasio, un bien conocido neurocientífico, al investigar la naturaleza del yo desde el punto de vista de la neurociencia, sugirió que uno de los más profundos estratos del yo en nosotros es lo que ha llamado el “yo autobiográfico”. Nos inclinamos a permanecer en nuestra historia personal la mayor parte del tiempo: recordar el pasado, tratar de experimentar nuevamente ciertas experiencias, encontrar difícil soltar memorias hirientes, volver en pensamiento a experiencias que provocaron placer, etc.

 

Cuando el Mahatma KH regresó de su retiro, lo que escribió entonces al Sr. Sinnett tiene profunda aplicabilidad a nuestro tema:

 

Hermano mío, he realizado un largo viaje en la búsqueda del conocimiento supremo; me tomé mucho tiempo para descansar. Luego, ya de regreso, tuve que dedicar todo mi tiempo a mis obligaciones y todos mis pensamientos al Gran Problema. Ahora todo ha pasado: las festividades del Año Nuevo han terminado y yo soy “Yo” de nuevo. Pero ¿qué es el Yo? Sólo un huésped de paso cuyos intereses son todos como un espejismo del gran desierto …

 

El pasaje parece implicar que durante el periodo de su retiro el Mahatma experimentó una clase de consciencia mucho más allá del yo personal.

 

Los místicos también han señalado la misma imperecedera realidad: la irrealidad esencial del yo personal. Cuando termina el engreimiento creado por el mecanismo de la autoimagen, la consciencia interna es liberada y llega a un darse cuenta de su propia naturaleza esencial – svarupa. Luego experimenta libertad como su propia naturaleza intrínseca y se convierte en un ciudadano de la sagrada unidad de la vida. Toda expresión de tal consciencia se impregna de bondad.

 

Jalaluddin Rumi escribió:

 

¿Qué es el Sufismo? ‘Es encontrar alegría en el corazón

  tan pronto como lo abruma la angustia y la ansiedad.

(Masnavi)

 

Una de las paradojas de la vida espiritual parece hallarse en el hecho de que aunque el yo personal levanta un frente de adaptación y fuerza, en realidad es vulnerable a los muchos golpes de la experiencia. Esta vulnerabilidad traiciona la verdad de que el yo es solo como una superestructura, erigida sobre la noción de una existencia separada. El papel de las embestidas kármicas es enseñarle al alma interna que la identificación con un sentido de un “yo” separado y exclusivo, no es una buena idea. El pasaje de Rumi transmite la sabiduría que se encuentra cuando la alegría no creada llega a ser el refugio real en medio de las experiencias implacables.

 

Meister Eckhart apunta hacia la valiosa realización espiritual de una vida vivida más allá del sentido del yo:

 

San Anselmo le dice al alma, “apártate un poco del tumulto de las ocupaciones externas”. En segundo lugar, “huye y ocúltate de la tormenta de los pensamientos internos, que también perturban el alma”. En tercer lugar, “el hombre no puede ciertamente ofrecerle a Dios nada más precioso que el descanso”. Dios no considera o requiere de ayuno, oraciones o de alguna mortificación de si mismo casi tanto como del reposo. Dios no quiere nada del hombre sino un corazón sereno; entonces Él lleva a cabo dentro del alma un trabajo tan secreto y divino como ninguna creatura puede conseguir o ver: incluso  el alma de nuestro Señor Jesucristo no puede entrar allí.”

                                                (Meister Eckhart, Sermón 45, Sermones y Tratados,vol.II)

 

Aunque el cuerpo del hombre puede descansar, la mente nunca descansa, lo que hace que el cerebro esté incesantemente activo. Este exceso de actividad vuelve imposible el escuchar y el percibir. Una mente así no puede descubrir qué es la verdadera quietud interna, con su profundo sentido de espacio y percepción clara. Eckhart sugiere que en las profundidades de esta quietud yace la posibilidad pura de comunión con eso que es increado.

 

Sant Kabir también comparte su visión de lo que sucede cuando se deja atrás el egocentrismo:

 

Cuéntame, ¡oh cisne!, tu antigua historia.

¿De qué tierras vienes, oh cisne?

¿Hacia qué riberas encaminas tu vuelo?

¿Dónde descansarás, ¡oh cisne!, y qué es lo que buscas?

Despiértate esta misma mañana, ¡oh cisne!,

Levántate y sígueme.

Hay un lugar donde no imperan ni la duda ni la tristeza,

 donde ya no existe el terror de la muerte.

Allí, los bosques primaverales están en flor,

Y la brisa nos trae un perfume que dice: “Él soy Yo”.

Allí, la abeja del corazón

penetra profundamente en la flor,

sin aspirar a otro goce”.

(Cien Poemas de Kabir, traducidos por Rabindranath Tagore)

 

Pero es Rabindranath Tagore quien transmite, en verdadero lenguaje bhakti, nuestro más profundo anhelo:

 

Que sólo quede de mí, Señor, aquel poquito con que pueda llamarte mi todo.

Que sólo quede de mi voluntad aquel poquito con que pueda sentirte en todas partes,

volver a ti en cada cosa, ofrecerte mi amor en cada instante.

Que sólo quede de mí aquel poquito con que nunca pueda esconderte.

Que sólo quede de mis cadenas aquel poquito que me sujete a tu deseo,

aquel poquito con que llevo a cabo tu propósito en mi vida;

la cadena de tu amor.

                                                                                       (Gitanjali, Rabindranath Tagore)

 

Un extraordinario aspecto de la experiencia mística es que también ocurre fuera de los límites de los mundos religioso o espiritual. Arthur Koestler, un intelectual y autor británico, fue a España alrededor de 1936 para oponerse al régimen fascista. Fue finalmente arrestado y encarcelado, donde muchos de sus colegas estaban siendo fusilados. Fue entonces que le sobrevino una profunda experiencia. Mientras estaba en la cárcel, una contemplación intelectual del teorema de Euclides lo condujo a una profunda percepción de la belleza. En su profundidad la experiencia lo llevó a una completa pérdida del sentido del yo y su sentimiento complementario de bienaventuranza. Experimentó un sentido de unidad sin fin. Puede ser válido mencionar aquí que el Sr. Koestler era un ateo acérrimo.

 

La mayoría de nosotros abriga un sentido de auto-identidad, y podemos llegar a  perturbarnos si una observación acerca de tal sentido tiende a desafiarlo o a criticarlo. Algunas veces esto conduce a un sentimiento de  dolor personal que puede durar por un largo tiempo. Pero en las palabras del Mahatma, el yo en nosotros es solo un “huésped circunstancial”. No es el verdadero Yo que es eterno en su benéfica inteligencia, y cuya misma estructura es felicidad pura. Ningún huésped permanece por siempre.

 

 

Sé completamente humilde y llegarás a la base de la paz.

                                                                               Lao-tzu - El Camino de la Vida

 

 

 

 

 

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