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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 138 - Número 09 -  Junio 2017 (en Castellano)
 

 
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Un llamado a la unidad

 

S.SUNDARAM

 

Exsecretario General de la Sección India de la Sociedad Teosófica.

Conferencia dada  en la Convención Internacional, Adyar, el 3 de enero de 2017.

 

 

El tema mismo de esta charla sugiere la condición existente en el mundo y en la sociedad en general. A pesar de toda la inteligencia y facultades intelectuales con las que los seres humanos estamos dotados, no hemos conseguido alcanzar la paz y la armonía en la vida; vivir en armonía con la Naturaleza; vivir en justicia y fraternidad. Nuestra limitada y estrecha perspectiva, y nuestra actitud egoísta han confundido nuestra visión, impidiéndonos tener una percepción desvelada de la vida en su totalidad, resultando en discordancia, descontento y desarmonía. Esto es quizás porque no hemos podido canalizar nuestras energías creativas y varias facultades, en la recta dirección. En tal viaje la distancia recorrida no es muy significativa. Lo importante es la dirección en la que nos movemos, la dirección en la que estamos utilizando nuestras capacidades mentales y físicas inherentes.

 

Para lidiar con esta situación, uno tendrá que pensar y reflexionar seriamente sobre los factores positivos y las fuerzas que pueden ayudar y guiar para enmarcar, formular, y sistemáticamente elaborar y planificar nuestra "ley de la vida". La unidad debe ser vista no como un ideal a ser alcanzado, sino como una realidad en la Naturaleza, una expresión de la unidad que impregna toda la vida en todos los niveles.

 

¿Qué se puede hacer para mejorar la situación existente? La pregunta vital no es solamente un cambio estructural, es sobre las relaciones y nuestras mentes. ¿Qué actitud mental humanista producirá un ambiente ético tal? Esta es una tarea que no puede ser responsabilidad exclusiva solamente de individuos elegidos. Constituye un desafío para toda la humanidad.

 

Un pensador muy conocido de la India mencionó una vez que cada ser vivo, ya sea hombre, animal, pájaro o insecto, construye una casa pequeña o grande, un nido, un abrigo o un refugio para protegerse de las inclemencias climáticas. Pero, de todos los seres vivos, los seres humanos son los únicos que, aparte de una casa para vivir, construyen casas de culto, porque hemos percibido y comprendido que hay un Poder Supremo que ha creado todo el universo y tiene su propio plan. Reconocemos su supremacía y por esto, realizamos ceremonias religiosas y rituales para adorarle y respetarle. Según la gran epopeya, Mahâbhârata, el Dharma es aquello que sostiene a todo ser viviente como un todo. Pero el problema es que para la mayoría de la gente "religión significa sólo los caminos de adoración, y no el modo de vida". Como todos sabemos, nuestra vida espiritual depende de nuestra perspectiva hacia la vida y de los valores a los que les demos la máxima prioridad. La vida espiritual depende de la dirección en la que canalizamos nuestro tiempo y energía. Parece que la degeneración global de la sociedad en general ha tenido lugar no sólo por falta de acción, sino también por falta de comprensión.

 

Una vez un discípulo de San Anandmayee Ma le preguntó: "Madre, ¿quién es un verdadero devoto (bhakta)? La respuesta dada fue que un verdadero devoto es aquel que es indivisible (avibhakta),  íntegro, de rectitud moral y uno que es fiel a sí mismo. Todos sabemos que a lo largo de la historia humana, aquellos a quienes adoramos y veneramos, eran fieles a la sociedad en la que vivían, a la Naturaleza y a ellos mismos.

 

Es relevante que la fuerza moral intrínseca de un individuo debe guiar y modelar su composición mental y sus actividades externas. Para ello, nuestro esfuerzo debe ser observar cuidadosamente cada uno de nuestros pensamientos y acciones en su totalidad y, por tanto, comprender e ir más allá de nuestras estrechas consideraciones y perspectivas personales. Es necesario despertar la fuerza moral que yace oculta dentro nuestro, la que solo debe guiar los pensamientos y las acciones en la dirección correcta. Pero debemos ser muy claros acerca de la diferencia entre uniformidad y unidad.

 

La palabra "uniformidad" se deriva de "uniforme", que significa no variable, "lo mismo en todos los casos todo el tiempo", "igualdad"; mientras que "unidad" significa "de acuerdo", "unidad", "formado de partes que constituyen un todo". En la Naturaleza, encontramos variedades de plantas, árboles y flores. Si todas fueran del mismo tipo, no nos habrían dado la gran alegría de su diversidad y su multitud de matices y colores. La variedad se suma a la belleza del universo. Como ha mencionado la ex presidenta internacional, Sra. Radha Burnier, "sin los muchos elementos que componen una flor, no sería única". Además, un enorme tamarindo o un gran árbol de mango no desafía la identidad o la autonomía de una pequeña planta como la rosa o el jazmín. Todos ellos viven sus vidas independientes y, sin embargo, viven en armonía sin perturbar la existencia del otro, y también mejoran la belleza del paisaje. Son independientes y también interdependientes. Del mismo modo, no es una sola nota la que crea la música. La combinación de notas y su unión, crean melodía y armonía, al igual que las variedades de plantas y árboles crean una sinfonía en la naturaleza. La belleza reside en su identidad independiente, así como en su interdependencia. La diversidad es un requisito previo necesario para la unidad.

 

¿Podemos aprender este arte de llevar una vida independiente y, al mismo tiempo, respetar el papel, la función y el dharma de cada uno? La vida y el trabajo de grandes personas demuestran que, además de tener un sentido de respeto por sí mismos, enfatizan en gran medida el desarrollo del sentimiento de respeto mutuo. La realización misma de este enfoque y actitud hacia la vida de cada ser viviente traerá una transformación en la relación humana.

 

Consideraciones personales estrechas no pueden producir la unidad o fortalecer la fraternidad. Sólo una perspectiva amplia lo hace posible. Generalmente, cualquier tipo de asociación cercana con alguien que proviene de un bagaje cultural diferente, a menudo es mal visto, o se lo desalienta abiertamente. En consecuencia, muchos de nosotros pasamos por la vida sin formar una sola relación significativa con alguien que habla una lengua nativa diferente o que pertenece a otra religión, casta o clase social; vemos al otro, muy a menudo, a través de gafas coloreadas con prejuicios, en su mayoría negativos. Es necesario enfatizar los valores y virtudes de la ciudadanía sin distinción ocupacional, social o étnica.

 

Me asocié con varios proyectos de investigación en el Instituto de Estudios Gandhian, donde trabajé durante más de treinta años. Durante el trabajo de campo en algunas aldeas donde permanecimos en relación con un proyecto de investigación, mis colegas y yo encontramos que no eran aldeas en términos socio-psicológicos. Estaban compuestas de una serie de grupos étnicos y de intereses, representando ciertas castas, religiones y secciones económicas. En el análisis final, sugerimos que un primer paso debería ser crear un sentido de comunidad entre la gente del pueblo. No era un programa común crear un sentimiento de este tipo, sino una decisión común para mejorar las condiciones de vida llevadas a cabo a través de una serie de diferentes programas para ese propósito.

 

Los aldeanos vivían y trabajaban en un sistema que empujaba a la gente en lugar de alentarlos. Incluso en las colonias de las grandes ciudades las personas viven una al lado de la otra, pero no juntas, y eso escasamente hace una comunidad. La lucha de los pueblos por la supervivencia es tan dominante que en ellos apenas se plantea una perspectiva orientada hacia el desarrollo. Desarrollo en el sentido real significa una secuencia de cambios continuos para mejor, en el sistema, durante un tiempo considerable. Debería producir cambios en la relación inter-humana y en los estándares de conducta. Debería elevar el nivel moral e intelectual de las personas y elevar su composición mental. Pero nos encontramos con que, en general, la gente ha tomado el camino fácil para el éxito. Los intereses individuales, principalmente económicos y sectarios, están apartando a la gente día a día. Lo que se requiere es crear una inclinación positiva de la mente, que esté libre de trabas e inhibiciones, no limitada por estrechas consideraciones de interés. Por lo tanto, ¿qué se puede hacer en este sentido?

 

En este contexto, tendremos que pensar y elaborar un plan de acción que pueda traer respeto, honor e integridad en el verdadero sentido de los términos; solo esto nos puede proporcionar un código moral. A este respecto, se debe buscar, localizar y aprender todo valor, norma, conducta y responsabilidad que nos haga falta para una coexistencia sana, armoniosa y pacífica. Esto se debe a que sólo se puede generar una atmósfera positiva a través de la práctica de algunos valores. Si queremos regenerar los valores culturales, morales y espirituales de cualquier país, debemos primero analizar e intentar comprender nuestro propio pensamiento y acciones.

 

La tendencia a ayudar, y el sentimiento de compasión y cooperación, son inherentes a la humanidad y surgimos durante una crisis como un terremoto, inundación, hambruna, guerra, etc. En tales ocasiones nos olvidamos de nuestras mezquinas diferencias y unimos fuerzas para hacer frente a la situación crítica. Como se menciona en una escritura hindú, "el peligro interno es más perjudicial para la estabilidad social y la seguridad, que el peligro externo". Por ejemplo, durante una agresión externa o guerra, una sociedad parece estar más unida que antes, pero vuelve a caer en la desunión tan pronto como el peligro pasa. Pero también es pertinente canalizar nuestra energía de una manera positiva cuando esas situaciones de emergencia no están allí. Habrá que elaborar un enfoque sistemático para mantener el espíritu y el celo misionero para que la gente pueda permanecer alerta y actuar positivamente incluso durante días normales. Esto ayudaría inmensamente a utilizar nuestra energía en promover una causa justa y noble, como la fraternidad y la integración nacional.

 

Pero ¿por qué tenemos que esperar algunos acontecimientos adversos para estar unidos? ¿Por qué esperamos esas situaciones críticas para ayudar a los que están en la miseria? ¿Por qué el sentido de compromiso que se despierta durante momentos de crisis, permanece latente en días comunes? ¿Qué impide que este espíritu de conciencia colectiva se haga presente y funcione en tiempos normales? Después de todo, el mantenimiento de la conciencia colectiva es una función muy importante del desarrollo y la transformación. Al proceder en esa dirección podríamos ser capaces de ver y lograr la belleza de realizar una acción colectiva adecuada. Trabajar y pensar juntos en silencio, desarrolla el sentimiento de unión y su continuidad conduce a un estado de integración emocional.

 

La cultura y la tradición india nos han enseñado que la educación libera e intensifica nuestra conciencia, y la despierta. La educación que no ayuda al florecimiento de todo nuestro ser es autodestructiva. En este sentido, la Dra. Annie Besant y Mahatma Gandhi dejaron en claro que mientras seamos esclavos de nuestros instintos más bajos y estemos guiados por las fuerzas que influyen en nuestra naturaleza inferior, la libertad política y la reforma social no tendrán sentido y no nos conducirán a ninguna parte.

 

En la situación actual es esencial descubrir la posibilidad de un cambio en el que el individuo y la sociedad puedan ser interdependientes en el sentido profundo y genuino del término. Los factores y causas que promueven la desigualdad, el fundamentalismo, la codicia y la competencia han creado una gran crisis. Es necesario liberar al individuo y también a la sociedad de esta crisis, y elaborar un modelo de sistema social en el que prevalezca la libertad en el sentido correcto. Un orden en el que la moralidad, la buena conducta, la coexistencia, la cooperación y la compasión puedan ser fuerzas efectivas y poderosas con las cuales contar. Si esto ha de suceder, cada individuo necesita volverse genuinamente fuerte internamente, porque sólo entonces sus buenas y nobles cualidades podrán crear un impacto positivo en las personas. El camino hacia la paz y la unidad debe comenzar dentro de nosotros mismos, en valores éticos, comportamiento y actitudes que puedan fomentar un sentido de comunidad, que hoy está amenazado.

 

Para lograr una paz duradera, armonía y unidad, uno debe tener una clara percepción de la realidad de la fraternidad universal y de la unidad de la vida en su inconmensurable inmensidad e insondables profundidades. Uno tiene que tener un entendimiento implícito de la unidad esencial de toda vida. No hay dos cosas en la manifestación que sean iguales. Cada uno de nosotros, como individuos, es una parte inseparable de la humanidad en general. Así que el esfuerzo humano hacia la paz y la unidad debe comenzar a nivel individual con nuestra propia iniciativa, esto también voluntaria y felizmente. Lo que se necesita es la conciencia del individuo hacia la responsabilidad universal, hacia la creación de una atmósfera positiva y armoniosa que pueda inspirar y motivar a los individuos a preocuparse no sólo por el propio bien sino por el bienestar de todos los seres. En palabras de HPB: "No para sí mismo, sino para el mundo en que vive". En otras palabras, la preocupación por el bienestar de todos debería estar siempre detrás de cada trabajo que emprendamos.

 

La unidad no es un estancamiento, sino un dinamismo que pueda cambiar nuestro pensamiento y acción hacia una mayor relación humana. Debe ayudar en el florecimiento de nuestra inteligencia y propósito por el bienestar de la sociedad. Pero encontramos que el creciente consumismo y la mentalidad de poseer cada vez más, perturba la paz y la armonía de la sociedad. Según la Carta de la UNESCO, la guerra comienza en la mente de los seres humanos. Entonces la cuestión de cómo

lograr la paz en nuestra mente es un punto significativo a considerar. ¿Cómo puede la paz establecerse primero en el corazón humano para que pueda florecer plenamente en el individuo y, por lo tanto en la sociedad? ¿Cómo se puede generar la compasión, que es la base de la paz, la armonía, la unidad y la comprensión? ¿Cómo se puede desarrollar una actitud compasiva? Estas y otras preguntas similares se deben explorar para lograr claridad y respuestas. Sin relaciones amistosas y preocupación por nuestros semejantes, no puede haber un desarrollo significativo, ya que el progreso depende de la unidad y del esfuerzo colectivo.

 

La vida, el trabajo y las enseñanzas de grandes personas nos ayudan a comprender que las preocupaciones y obligación sociales, más que los intereses individuales, deben guiar y determinar nuestro pensamiento y nuestra acción. La acción voluntaria y auto-dirigida respaldada por la preocupación social en el interés y el bienestar de todos, debe motivar nuestro pensamiento, acción y trabajo. Cada uno de nosotros no puede, o tal vez no podría ser capaz de hacer todo lo que hacen las grandes personas, pero todos tenemos que poner nuestro esfuerzo para hacer algo en esa dirección. La intensidad y la autenticidad de las intenciones están destinadas a ser efectivas y sin duda resultarán en una acción positiva para el mejoramiento y el bienestar de la sociedad.

 

La Oración Universal de la Dra. Besant enseña que la Vida Divina existe no sólo en los seres humanos sino en todas las formas de vida sensible. Gandhiji mencionó una vez que uno debería tomar de la Naturaleza solo lo requerido para nuestras necesidades básicas mínimas, y no explotarla para nuestro beneficio personal. Los videntes védicos tenían una actitud positiva hacia la Naturaleza. Observaron y percibieron el tremendo orden y regularidad, perfecta armonía y ritmo en su vastedad y funcionamiento. Nunca la explotaron. La Naturaleza ayudó a los seres humanos a satisfacer sus necesidades básicas de supervivencia y nunca la usaron para satisfacer su codicia, pero siempre agradecieron las bendiciones y la gracia que les otorgó la Naturaleza. Como lo mencionó un miembro de la ST., el fallecido M. G. Kanitkar, en una de las canciones que compuso en los años veinte, "deberíamos aprender de la Naturaleza a servir al mundo de una manera hermosa, armoniosa y cooperativa". En la Naturaleza, las montañas son tan hermosas como los ríos y los arroyos. Si nos volvemos conscientes y vivimos en armonía con la Naturaleza, seremos guiados espontáneamente por nuestra sabiduría, conciencia y percepción.

 

Grandes pensadores y sabios han arrojado luz sobre estos aspectos con sus pensamientos y acciones. Aunque tenían la percepción espiritual de la Verdad a nivel individual, cualesquiera que fueran los pensamientos y acciones nobles que surgían de ellos, los compartían con todos. Ellos pusieron adelante sus esfuerzos para establecer la Verdad en términos de pensamientos y acciones para que todos pudieran beneficiarse de ella.

 

"Servicio" y "sacrificio" también son componentes igual de importantes, que fortalecen el sentimiento de unidad. Servicio significa la capacidad de actuar con la fuerza de todo nuestro ser para cumplir con nuestra responsabilidad con un apego desapasionado. No se trata de una simple acción o trabajo de socorro, ni de un programa de mejora o de trabajo rutinario. Uno hace servicio porque es la expresión espontánea de amor, cuidado y preocupación. Eso incluye dentro de su seno, buena voluntad y un gran sentido de responsabilidad. Solo entonces puede uno tener compasión que lo inspire a "sentir algo por los demás" y hacer algo para aliviarlos de su miseria. El carácter cívico, moral y espiritual de la sociedad sólo puede fortalecerse mediante el servicio, la cooperación y el amor.

 

¿Qué marco mental humanístico puede crear un entorno tan ético? ¿Cómo podemos generar, promover y fortalecer el espíritu del servicio desinteresado? ¿Cómo puede uno elevarse por encima de las consideraciones estrechas y vivir una vida dedicada y desinteresada? ¿Cómo pueden fortalecerse los lazos de fraternidad? ¿Cómo podemos vivir en armonía, con un sentido de unidad con todos los seres? ¿Por qué no podemos vivir religiosamente en el mundo? Por vivir religiosamente quiero decir hacer todo con un sentido de santidad, sacralidad, devoción, dedicación, cuidado y preocupación hacia cualquier trabajo en el que estemos comprometidos. ¿Por qué limitar la vida religiosa dentro de las cuatro paredes de un templo o un pequeño santuario, solamente?

 

Hacernos las preguntas mencionadas precedentemente, y otras similares, puede ayudarnos a entender dónde estamos en realidad y qué más necesita ser hecho. Hay una canción sobre la Dra. Besant, compuesta por el Sr. Kanitkar en 1948, que cubre la esencia de todo su trabajo en tres estrofas. Una de las líneas de la canción dice que ella vio al Señor Viswanâth en cada ser humano y consideraba el trabajo para el bienestar de los demás como Dharma. La vida y la obra de la Dra. Besant nos inspiran a comprender que nadie debería quedar satisfecho con su propio progreso, sino que todos deberían considerar que su propia elevación depende de la elevación de todos. Tenemos que enriquecer y animar nuestras vidas. ¿Los tres Objetivos de la ST no proporcionan un enfoque integral para proceder en esa dirección?

 

El trabajo teosófico ha estado ayudando y alentando a sus miembros a profundizar y expandir su comprensión con respecto a los valores más elevados de la vida. Ha generado un proceso que está en completa armonía con la Naturaleza y está relacionado con el presente de cada ser vivo, que naturalmente modela el futuro y, en ese proceso, toda su vida. El lema de la ST, sus tres Objetivos y los principios básicos de la Teosofía nos ayudan a comprender y ver la unidad en la diversidad, y nos motivan a descubrir la Verdad, a estudiarla y comprenderla, y a llevar una vida en completa armonía con ella. Pero ¿hasta qué punto hemos captado y comprendido este lema, estos Objetivos y principios, y hasta qué punto hemos contribuido a promover su causa? Todo esto merece una seria consideración y necesita ser reflexionado e implementado por nosotros para que podamos poner todo el esfuerzo, la energía y el poder a nuestra disposición para el bienestar de la Sociedad y la elevación de todo el mundo.

 

Cómo los objetivos teosóficos, los principios, la percepción y el enfoque, pueden ayudar a resolver algunos de los problemas prevalecientes, deben ser puestos ante el público en general de vez en cuando. Los miembros de ST no están ni separados de la corriente principal de la sociedad, ni son indiferentes a los problemas prevalecientes. La gente tiene que estar convencida de que no somos observadores pasivos, sino que estamos seriamente preocupados acerca de ciertos temas. La tarea ante los miembros no consiste tanto en imponer una opinión, como en encender una aspiración. Debemos pensar y trabajar para desarrollar el respeto hacia todos los seres humanos y todas las criaturas vivientes, y canalizar nuestra energía en esa dirección con devoción inflexible a la verdad.

 

Es importante darse cuenta de que es posible localizar los factores importantes de la regeneración, y que es necesario tener la línea de demarcación ante el intelecto. Esta línea de demarcación (lakshmana rekhâ) debería basarse en la capacidad de discernir y el poder de la sabiduría. Continuemos reflexionando sobre el tema y continuemos el diálogo en nuestras Ramas Teosóficas. Nos ayudará a descubrir maneras de despertar la sensibilidad y el sentido de conciencia y urgencia de una causa. Puede ayudarnos a reunir fuerzas y coraje para mostrar nuestro desacuerdo con pensamientos y acciones que causan daño social, moral y espiritual a un individuo, grupo o sociedad y al mismo tiempo nos guían para dirigir seriamente nuestros esfuerzos para elaborar y presentar una alternativa efectiva basada en el amor, el interés, la compasión, la cooperación, la armonía y la unidad.

 

 

 

 

Cuando los individuos se reúnen para un trabajo en común, cada uno libera en el otro algo de fuerza y ​​cierta comprensión que no se manifestaban antes.

C. Jinarajadasa

 

 

 

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