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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 138 - Número 09 -  Junio 2017 (en Castellano)

 
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El poder de la conciencia

 

Vicente Hao Chin Jr.

Presidente de la Universidad Golden Link, una institución teosófica en Filipinas.

 

Tal vez, no hay nada más poderoso que la conciencia como elemento clave en el crecimiento humano y en la nutrición de la vida espiritual. Sin ella, el crecimiento es básicamente mecánico, biológico o instintivo. Con ella, se desvelan nuevas posibilidades. La capacidad para una trascendencia consciente emerge y entonces se pueden escalar niveles de conciencia nuevos y desconocidos.

 

Necesidades humanas. La vida humana tiene dos preocupaciones básicas: la primera es terminar con el dolor y la tristeza, y la segunda es la búsqueda de nuestro  potencial más elevado.

 

Que el dolor y el sufrimiento cesen, cubre quizás más del 90% de las preocupaciones de la persona promedio. Trabajamos y nos ganamos la vida para evitar la pobreza, la privación económica o el malestar físico. Somos conducidos, consciente o subconscientemente, a protegernos del daño, de la derrota, del fracaso, del rechazo, de la humillación, de la crítica, del estrés, de la angustia, del miedo y de cientos de otras formas de vejaciones. Una religión mundial importante, el Budismo, de hecho, está arraigado en este tema básico de resolver el problema del sufrimiento humano.

 

Después de haber alcanzado cierto grado de estabilidad en el equilibrio entre las presiones de la vida y la presencia de la ecuanimidad interior, uno innatamente comienza la búsqueda de los potenciales superiores, lo que Abraham Maslow llamó el impulso hacia la autorrealización y, finalmente la auto-trascendencia. Es una tendencia natural porque hay un impulso intrínseco dentro de nosotros para realizar nuestro potencial más alto. Maslow llama a esto una Necesidad B o una Necesidad del Ser, en contraposición a una Necesidad D o Necesidad básica o Deficitaria, que se refiere a satisfacer las necesidades de la vida humana para evitar angustia o incomodidad.

 

El papel de la conciencia. Al enfrentar la angustia, el dolor o el sufrimiento, uno puede, o bien aplicar paliativos para aliviar la angustia, lo que generalmente significa tratar los síntomas solamente, o ir a las raíces del problema y resolverlo definitivamente. La conciencia desempeña una función esencial en el tratamiento de las causas profundas de la angustia, ya que ésta es esencialmente una reacción o estado psicológico que puede resolverse mediante una transformación de la conciencia en lugar de un cambio en las circunstancias externas.

 

Es importante conocer la diferencia entre ser consciente de algo y saber algo. Puedo saber que tengo miedo, pero puede que no sea consciente de mi miedo. Saber que temo a las serpientes, me hace huir de las serpientes. Ser consciente de mi miedo, hace que me vuelva consciente de mi tensión muscular, dificultad para respirar, debilitamiento de las piernas, mariposas en el estómago, etc. La conciencia de estos estados es la clave para disipar estos síntomas del miedo, que lleva a un estado de relajación y ecuanimidad. Saber no resulta en un estado de calma.

 

A diferencia de las opiniones y del conocimiento, la conciencia es no-discriminatoria y no-analítica. Ni le gusta ni le disgusta, no acepta ni rechaza. Es simplemente consciente. Pero esta situación de un estado de consciencia sin compromiso, tiene un poder tal que es el elemento singular más importante en la transformación humana.

 

Echemos un vistazo a algunos ejemplos concretos sobre cómo la presencia de la conciencia puede producir una transformación fundamental en la vida de un individuo, no sólo en aliviarnos de la angustia, sino en la búsqueda de la vida trascendente o espiritual. Veremos que la conciencia desempeña un papel fundamental en todos los niveles humanos de conciencia: físico, etérico, emocional, mental inferior, mental superior y espiritual.

 

Dolor corporal. El dolor y las molestias corporales provocan angustia psicológica e infelicidad. Dicho dolor puede ser aliviado o eliminado por medios médicos que son temporales y también pueden tener efectos secundarios, a menos que uno recurra al corte de nervios que pueden crear sus propios problemas, (porque el dolor es una señal de advertencia de protección necesaria para nuestra supervivencia y comodidad a largo plazo). Apreciamos el valor del dolor cuando somos testigos de lo que sucede con los niños que nacen sin la sensación o el sentido de dolor. Pero la solución definitiva a la angustia causada por el dolor biológico está en la conciencia. En la conciencia, no eliminamos ni evitamos el dolor. Cuando es inevitable, somos capaces de vivirlo sin sentirnos miserables. Trate de infligir un tipo seguro de dolor en sí mismo (tal como pellizcarse en el interior de su antebrazo superior), primero, rápidamente, y luego, con conciencia, donde se siente la intensificación gradual de la sensación de dolor con plena conciencia. Observarán que mientras el cuerpo siente el "dolor" y la conciencia lo percibe, dentro de la conciencia no hay sufrimiento ni miseria. Cuando no hay una toma de conciencia, la conciencia (o sentido del yo) se identifica automáticamente con el dolor físico y luego uno dice o siente "yo estoy sufriendo” (no sólo el cuerpo está sufriendo, sino también el yo).

Muchas personas pueden recordar la auto-inmolación de un monje budista antes de la Guerra de Vietnam, donde mantuvo la ecuanimidad del cuerpo en una postura de loto mientras su cuerpo ardía. No se movió ni emitió un sonido. Esto es posible cuando uno está en un estado de total consciencia.

Estrés. El estrés es el resultado de una compleja combinación de presión psicológica y tensión fisiológica, que resulta en tensión, angustia e infelicidad. Cuando no hay conciencia, el estrés se acumula y se vuelve crónico, lo que lleva a trastornos más graves, tanto psicológicos como físicos.

Sin embargo, cuando la conciencia se introduce en nuestra vida cotidiana, sucede algo importante. La tensión o la angustia no se convierten en crónica. Tomar conciencia de una tensión conduce a la disminución de la tensión. En los Seminarios de Auto-Transformación que llevamos a cabo, a los participantes se les enseña cómo escanear el cuerpo para observar tales tensiones y molestias. Con conciencia y respiración profunda, la parte del cuerpo endurecida se ablanda, la energía congelada fluye naturalmente, y la persona alcanza un estado de relajación. La capacidad de ser consciente de instante en instante es un poderoso antídoto contra el estrés y la tensión psicológica.

Estrés emocional. Hay emociones que producen dolor e infelicidad, tales como miedo, depresión, resentimiento, ira, dolor, aversión o culpa. El factor que hace esto angustioso es el estrés psicofísico mencionado anteriormente que está asociado con estos sentimientos. Sin ellos, no hay infelicidad o miseria. Tales reacciones estresantes a situaciones (hablar en público) u objetos (serpientes) se disipan cuando uno es consciente de estos estados.

Tomar conciencia es una solución extremadamente potente al problema de la infelicidad humana porque la infelicidad es causada básicamente por reacciones impulsivas, que se han convertido en automáticas y subconscientes. Estos patrones de reacción han sido construidos o creados a través de años de condicionamientos y traumas. Son esencialmente energía psíquica congelada a la que no se le ha permitido fluir naturalmente durante la experiencia y se han convertido en plantillas para reacciones futuras a situaciones similares. La conciencia permite que estas energías embotelladas se liberen y se vuelva al estado normal incondicionado en lo que se refiere a ese patrón de reacción.

Control de la mente. Ahora llegamos al problema de la mente indisciplinada y condicionada. Desde la infancia hasta el momento presente, nuestras mentes han sido condicionadas a pensar según ciertos patrones y podemos vernos incapaces de controlarlos. Por ejemplo, cuando nos centramos en una tarea determinada, la mente puede seguir yendo a otra parte de manera tal, que estamos haciendo nuestro trabajo ineficazmente. O al anochecer, es posible que no podamos dormir porque pensamientos perturbadores siguen invadiendo nuestra conciencia contra nuestra voluntad.

Nuestra mente básicamente determina nuestro destino. Somos lo que pensamos. Nuestras acciones son dictadas por los pensamientos más dominantes en nuestra mente. Cuando estos están habitualmente ligados con el deseo y el estado corporal, entonces estamos prácticamente presos por el patrón condicionado de nuestros pensamientos y hábitos, a menos que el conocimiento de la situación nos vuelva conscientes y deliberadamente hagamos cambios dentro de nosotros mismos.

La técnica básica de recuperar el control sobre la mente es la parte domesticadora de la práctica meditativa. Hay dos etapas en la práctica de la meditación. La primera etapa es la "domesticadora", y la segunda es la etapa de la conciencia. Esto se debe a que la mente tiene una naturaleza dual: una parte densa que produce imágenes o palabras (llamada rupa-manas o mente con formas) y la parte sutil que produce ideas sin forma (llamada arupa-manas o mente sin formas) que incluye ideas abstractas, conceptos o intenciones. Antes de entrar en la segunda etapa, primero uno debe dominar la primera.

La fase de domesticación implica tener conciencia de las actividades de la mente, pero al mismo tiempo hace uso de técnicas que inculcarán en la mente más grosera un nuevo hábito de pensar que responda a la voluntad interior. Mientras que, previamente, los pensamientos de la persona pueden saltar salvajemente como un mono, eventualmente se armonizará después de un cierto período de práctica meditativa. Las prácticas de meditación estándar pueden incluir el uso de un mantra o de contar, para mantener la mente centrada en una sola actividad.

Conciencia de ideas e intenciones. En una obra teatral, vemos a los actores y actrices en el escenario pero no vemos a los directores, guionistas, coreógrafos y a otras personas que le dicen a los actores qué decir, expresar o hacer. Son en cierto sentido más importantes e influyentes en la determinación del resultado del juego que los actores y actrices.

En nuestras mentes, tenemos el equivalente de estos directores y entrenadores invisibles. Detrás de nuestros pensamientos burdos, hay pensamientos sutiles que determinan qué tipo de pensamientos serán producidos. Estos son nuestros prejuicios, ideas, intenciones, y otros pensamientos sutiles que no tienen forma o tamaño. Sin embargo, están allí, poderosos e influyentes. La única manera de hacerse cargo de ellos es a través de la conciencia. Esta es la segunda etapa de la práctica de la meditación. Es un estado constante de conciencia que ve la naturaleza pasajera de las cosas en el mundo y se detiene cada vez más y más en lo infinito y lo inmaterial. Este es el tipo de meditación que fue enseñado por H. P. Blavatsky como se describe en su "Diagrama de Meditación".                                                                                         

Racionalidad e impersonalidad. Sólo después de haber adquirido el dominio de lo que se trató anteriormente, podemos ser verdaderamente racionales e impersonales. Entonces, seremos conscientes de influencias subconscientes o subliminales que tenderán a deformar nuestra percepción y juicio, y estaremos en posición de ver su influencia indebida en nuestras opiniones y decisiones.                                                                                                                                                                                                     Es al llegar a este nivel que comenzamos a entrar en los portales de la sabiduría, donde vemos las cosas como son, no distorsionadas por los deseos de las emociones o por los prejuicios de la mente.                                                                                                                                                                                                                                                    

 

Espiritualidad. En estos niveles etéreos de la conciencia, ésta abre una nueva dimensión en la vida humana. Es la vida espiritual o mística. Su aparición no es como una apertura súbita y ardiente de los cielos, sino como el suave reptar de la suave luz del amanecer. Esta luz de conciencia espiritual brilla sobre la mente e influye en ella, de modo que la mente se vuelve más responsiva a la intuición. Blavatsky llama a esto el manas taijasi, o la mente radiante. La vida y el mundo se ven ahora de una manera totalmente diferente. En la espiritualidad hindú y budista, esta facultad de la intuición es prajñâ.

La conciencia ha hecho posible la quietud de la mente mundana. Es necesario sostener el vínculo con lo trascendente y profundizar nuestra realización. Los Yoga Sutras de Patañjali hablan de siete etapas de esta sabiduría trascendente.

Trascendencia del ego. El bastión final que impide que la conciencia alcance plenamente la realidad espiritual es el ego, el centro del yo, que ha sido necesario en el crecimiento evolutivo del ser humano. Llegará un momento en que haya que desprenderse de este centro y la conciencia meditativa deba incluir ver la propia naturaleza del meditador en sí, no sólo los objetos del espacio de la conciencia. Esto, hasta donde sabemos, es la última etapa de la meditación. Requiere que se hayan alcanzado las etapas anteriores de desapego. El sabio Ramana Maharshi recomendó un enfoque meditativo llamado vichâra que se mantiene preguntando "Quién soy yo?"

La presencia de la conciencia es crucial en etapas fundamentales del crecimiento humano. En la vida espiritual, es el principio y el fin. J. Krishnamurti lo llama "la libertad primera y última". Es la clave para el dominio de nuestra naturaleza personal (o "inferior"), así como de nuestra mente. Sea cual sea el enfoque meditativo que usemos, es esencial que la conciencia esté presente. Cuando una técnica es mecánica y perdemos la conciencia, como en un trance, entonces debemos tener cuidado con ella. La conciencia es de hecho la mejor garantía de que estamos adoptando el enfoque meditativo correcto.

 

 

¿Puede la conciencia volverse consciente de sí misma? No se le pide que sea consciente, porque entonces esto se convierte en una presión, sino llegar a ser naturalmente consciente, sin opción, de su concienciación. Lo que significa también, ¿puede el pensamiento, vuestro pensamiento, adquirir conciencia de sí mismo. . . ¿Puede haber conciencia del pensamiento que surge?

J. Krishnamurti

 

 

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