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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 138 - Número 09 -  Junio 2017 (en Castellano)

 
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Teosofía: Un legado espiritual para la humanidad

 

Tim Boyd

 

La idea de la Teosofía como un legado espiritual para la humanidad implica una tradición que fue preparada para nosotros por otros que nos precedieron. Esa es la naturaleza de la tradición; implica cierto tipo de linaje por el cual el conocimiento y la profundidad de la experiencia se comunican a las generaciones futuras. Con suerte, se comunican de modo que se puedan repetir. Esa es la base de cualquier tradición. En el caso de la Teosofía no es diferente.

Todos somos conscientes de que hubo y hay guías que pueden mostrarnos el camino. Esta es la naturaleza de cualquier tipo de conocimiento o tradición de la sabiduría. Necesitamos hacer uso de esas personas, fuentes y libros. Sin embargo, con eso no basta, a veces necesitamos que se nos recuerde que, por más valioso que pueda ser un guía o una tradición, si falta ese anhelo interior, nada se enciende; hace falta una chispa para producir un fuego. Cualquier madera puede arder, pero si no hay nada que la encienda, sólo tenemos el potencial para el fuego. De forma similar, cuando miramos hacia el pasado, percibimos grandes seres tanto en este movimiento como en los movimientos espirituales del mundo. Por importantes que puedan ser los factores externos, debemos ser siempre conscientes de que el catalizador está dentro de nosotros.

La Teosofía tiene como cimientos principios e ideas muy amplios. Probablemente el más importante sea la “unidad de toda vida”. La unidad, la unicidad, la fraternidad, o cualquier idea que exprese la interconexión de todas las cosas, es el importante principio expresado a través de la tradición teosófica. Hace unos cuarenta años que trato de explorar más profundamente cuál podría ser el significado de la Unidad, de la Unicidad. Es algo tan amplio que nunca podremos abarcarlo. Pero también parece que sigue aumentando en términos de su significado. Es el centro básico de este movimiento espiritual y de cualquier enfoque genuinamente espiritual de la vida.

La Teosofía habla de tres vías principales para obtener un conocimiento más profundo de esta “Unidad”: Religión, Filosofía y Ciencia. Vamos a tratar de la Religión en su sentido puro, algo que, desafortunadamente, casi siempre falta en lo que vemos en los noticiarios nocturnos en cualquier país. “Religión” proviene del latín y significa volver a atar o religar. La idea de que existe una conexión que de alguna manera se soltó, que se cortó una conexión con la fuente divina, es religión. Crear el vínculo o lazo que nos vuelva a conectar con el espíritu es el papel que tiene la religión bajo cualquier forma. El enfoque religioso es uno de los caminos en los que la Teosofía enfoca nuestra capacidad de comprender esta dominante unidad.

Cuando hablamos sobre espiritualidad, solemos pensar normalmente en términos de religión. En un sentido ideal, es eso exactamente. Ello se debe a que la verdadera religión trata de fomentar la experiencia de lo Divino. De modo que la espiritualidad trata de esa experiencia y hace referencia a aquellas actividades y estados de conciencia que nos mueven hacia una experiencia más profunda de la Unidad. En teoría, la religión tiene un objetivo similar. Pero en la práctica, como todos sabemos, la capacidad humana de distorsionar incluso las cosas más sublimes es más notable en el ámbito de la religión.

La religión, tal como se practica hoy en el mundo, es una de las fuerzas con mayor poder de división, incluso más que el nacionalismo o las diversas formas de acuerdos económicos. Está en la naturaleza de las religiones el necesitar creyentes. No podemos participar en una religión si no creemos en ella. No necesita, y en realidad tampoco se busca, a personas que tengan conocimientos, sino personas que hayan aceptado ciertos tipos de creencias. Precisamente porque hay diferentes creencias, tiene una capacidad divisiva, no intencionada, pero resultado de nuestras limitaciones. Encontramos la manera de expresar nuestras limitaciones a través de todo lo que tocamos.

El término “filosofía” viene del griego philosophia, amor por la sabiduría. En general, nos referimos a una cualidad intelectual. El intento de cuestionar y explorar la naturaleza de las muchas formas en que esta unidad se expresa a través de la mente y a través de las actividades del intelecto ha sido el objetivo de la Filosofía. Uno de los fundadores de la Sociedad Teosófica (ST) dio otro giro a este significado. H. P. Blavatsky decía que, en su expresión más pura, Filosofía significa la “sabiduría del amor”. Y no es un simple juego de palabras, es mucho más que esto.

Si comprendemos realmente lo que es la sabiduría, veremos que ni siquiera es de la misma naturaleza que el conocimiento. Nuestra visión general del conocimiento es que, si obtenemos el suficiente conocimiento nos volvemos sabios, como si hubiera cierta cantidad de libros, y después de leerlos todos, y si fuéramos lo suficientemente viejos, ya seríamos sabios. Es como la expresión que dice: “Con la edad llega la sabiduría”. El ingenioso escritor Oscar Wilde lo invirtió y dijo: “Con la edad llega la sabiduría, pero a veces sólo llega la edad”

La “sabiduría del amor” significa que el amor, por su misma naturaleza, es unificador. Si lo consideramos en términos de nuestras relaciones, el amor por nuestros hijos, nuestra mascota o nuestra pareja, el resultado es siempre que, de alguna manera, los límites del yo individual y separado se expanden hasta que la unidad que es el “yo” ahora incluye a otro. El amor tiene pues, una cualidad expansiva, y llevado a su extremo, no reconoce ninguna separación. Cuando pensamos en los grandes maestros que han existido en el mundo y que abarcaban a todos los seres con su amor, estamos acercándonos al área que podría llamarse “sabiduría”, una percepción o comprensión auténtica de la realidad. De modo que la sabiduría del amor es generalmente un esfuerzo intelectual para comprender el universo.

La “Ciencia” es, por su naturaleza, el estudio de los fenómenos y del mundo material. En cierto sentido, intenta  captar la  naturaleza de lo que existe debajo del velo material visible, mediante los diversos medios disponibles actualmente para la investigación científica. Podemos describir algo de los mundos invisibles mediante las leyes de la física y los comportamientos del mundo biológico. Es ese tipo de aproximación a la Verdad. Estas son, pues, las tres vías principales que la Teosofía contempla para aproximarse a la comprensión y a la experiencia de la Verdad.

Estas tres vías tienen como objetivo lograr una comprensión más profunda de la Unidad, y nos ayudan a buscar lo que llamamos “el espíritu”. Pero lo que quisiera analizar ahora es el proceso del desarrollo espiritual. Tanto si somos devotos o religiosos, como si tendemos a ser más filosóficos o científicos, el camino por el cual podemos llegar a comprender la Verdad depende del temperamento.

Existen personas que exploran la naturaleza de la Realidad desde muchos ángulos diferentes. Ninguno de ellos es correcto y todos pueden conducir a la misma Verdad. Como dice Krishna en el Bhagavad Gitä: “Cualquiera que sea el camino por el que los seres humanos se acerquen a mí, en ese mismo camino yo los recibiré”. Por cualquier medio que hagamos un acercamiento sincero a la comprensión y a la experiencia de la Verdad, por ese mismo medio seremos recibidos y esa comprensión aumentará.

Cuando hablamos de la espiritualidad y del desarrollo de nuestra vida espiritual, se necesita algo más que simple información. Se necesita práctica. El proceso del desarrollo de los aspectos más profundos de nuestra naturaleza espiritual parece tener lugar en tres etapas distintas. Primero está la experiencia del despertar. La siguiente es el proceso y periodo de purificación. Y estas dos conducen a un acontecimiento que puede describirse como  la realización.

Estamos familiarizados con la primera, el despertar; lo hacemos cada mañana. Pero, ¿qué sucede cuando decimos que hemos despertado? Nuestra conciencia se retira del estado inconsciente del sueño profundo, avanza y sale del estado de ensoñación y entonces abrimos los ojos y despertamos al mundo que nos rodea. Eso es lo que describimos como el despertar. Volver a la consciencia en el mundo es algo que hacemos repetidamente.

En términos de nuestra vida espiritual, el proceso del despertar es el mismo, pero es un tipo distinto de consciencia la que recuperamos. “Buddha” significa “el despierto”. Cuando Buddha alcanzó su experiencia de la iluminación, había otras personas con las que había estado haciendo prácticas religiosas en el bosque. Se separó de ellos porque se había dado cuenta de que sus prácticas no iban a llevarle donde necesitaba ir. Cuando tuvo su experiencia de despertar, volvió con el mismo grupo de personas y cuando le vieron llegar, no le reconocieron. Le rodeaba un resplandor que los cegaba y no podían reconocerle. Le preguntaron, entonces, si era un dios. Cuando él lo negó, le preguntaron si era un hombre y respondió: “No, estoy despierto, soy Buddha”

Pero ¿despiertos de qué? La forma en que la terminología budista describiría nuestro particular dormir y soñar sería que estamos afectados por el sueño de la ignorancia. Nuestro modo de interpretar la ignorancia es como una falta de conocimiento. Pero desde la perspectiva espiritual, no significa “no saber”, sino tener un “conocimiento erróneo”. El clásico ejemplo que se utiliza en las escrituras indias es que, cuando confundimos una soga enrollada con una serpiente, tenemos una subida de adrenalina, nos invade el miedo y buscamos un palo para defendernos de la serpiente, o una dirección para echar a correr. Pero, al acercarnos un poco más, vemos que, de hecho, la serpiente no es más que una soga enrollada. Entonces desaparece el miedo, disminuye la adrenalina, tiramos el palo y continuamos adelante, ya  con una  percepción correcta.

Esto describe el estado de la ignorancia, el percibir erróneamente todo lo que miramos como si estuviéramos viendo una serpiente en lugar de una soga, y actuar en consecuencia. Aceptarlo nos resulta un poco difícil, pues a nuestro alrededor vemos cosas, las interpretamos, y “sabemos” que nuestra visión es correcta, pero, ¿lo es? Cada uno de nosotros es un ser espiritual. Existe un alma asociada con una forma material. Igual que las chispas que se desprenden de una llama, todas las chispas forman parte de una sola llama. Como los rayos de un único sol, cada una de las chispas espirituales es parte de la fuente única que todos compartimos. Y sin embargo, nos sentamos en la silla, con nuestros diferentes contextos y experiencias, sintiéndonos completamente separados unos de otros. Cuando muevo la mano, tú no mueves la tuya; todo lo que hacemos nos confirma que somos distintos y estamos separados, y nos comportamos en consecuencia.

Cuando miramos la situación del mundo, vemos partes muy extensas donde la gente apenas tiene algo para comer, y hay unos pequeños grupos dentro del mismo mundo con las posibilidades y riqueza necesarias para hacer cuanto deseen. Hay grupos de almas en cuerpos que cambian de país o simplemente cruzan la frontera, combatiendo y matando a otros grupos de almas en otros cuerpos. Visto desde la perspectiva de nuestra naturaleza superior, comprendemos por qué se dice que estamos fundamentalmente dormidos y que somos ignorantes.

La experiencia del despertar es realmente la de llegar a un estado en el que nos damos cuenta de que existe un alma en nuestro interior. Este despertar está simbolizado en toda la literatura espiritual del mundo. Hay un pasaje en la Biblia en el que Jesús y sus  discípulos  van en una barca y Jesús se queda dormido. Mientras navegan se desata una gran tormenta. Los discípulos tienen miedo de morir ahogados y despiertan al Maestro. Como resultado de la crisis, el espíritu superior o conciencia crística, dormido en la barca (el cuerpo), se despierta y le ordena al viento y a las olas (los pensamientos y emociones) que se calmen. Permanecemos ignorantes de esta presencia superior que dormita dentro de nosotros, porque no le damos la oportunidad de que despierte. Pero hay momentos memorables en nuestras vidas en los que el alma dormida halla la forma de expresarse. Esos momentos son inolvidables porque es entonces cuando nos sentimos íntegros, completos y conectados.

La experiencia del despertar ocurre de diversas maneras. En algunos sucede porque conocen a alguien especial. Cada uno de nosotros es como una burbuja en el océano. Hay una finísima membrana que nos separa de la gran masa de agua. Flotamos sin rumbo, absortos en nuestra propia individualidad, sintiéndonos  separados  unos  de otros. Pero de vez en cuando la membrana desaparece aunque sea temporalmente, y experimentamos algo de nuestro potencial superior. Algunas veces estos despertares son el resultado de lo que podríamos describir como “Ya basta”. En el Movimiento Norteamericano de los Derechos Civiles había una mujer muy activa llamada Fannie Lou Hamer, que había sufrido por todos los prejuicios y discriminaciones raciales típicos del sur de los Estados Unidos. Pero en cierto momento, adoptó una postura extremadamente activa en el Movimiento de los Derechos Civiles. Cuando alguien le preguntó por qué había cambiado convirtiéndose en adalid de los Derechos Civiles, respondió: “Sabes, llegó un momento en que me harté y me cansé ¡de estar harta y cansada!”.

Esa es nuestra experiencia. Las suficientes repeticiones de circunstancias no productivas van desgastando la burbujita y llega el momento propicio. El despertar es un momento, un acontecimiento, pero conduce a un proceso de purificación. Una vez despiertos, intentamos comprometernos de forma inteligente con el entorno en el que nos encontramos; algo que no podíamos hacer mientras estábamos dormidos. En ese proceso de purificación reconocemos que hay ciertas cosas de las que necesitamos desprendernos.

Pero, ¿qué es la pureza? A menudo la gente considera la pureza en términos de conducta. Tendemos a describir a las personas puras por sus acciones, lo que comen, lo que visten, lo que compran, etc. Hacemos muchas clasificaciones de sus conductas con nuestros juicios, pero las conductas pueden indicar pureza o no. Son engañosas. Merece la pena señalar que Adolph Hitler era un vegetariano estricto, no fumaba ni bebía alcohol. Cuando comía con sus generales y soldados, si estos se servían carne, les hablaba de la terrible crueldad contra los animales, que permitía tener ese alimento en la mesa. Quizás las conductas no indican necesariamente una pureza más profunda.

Entonces, ¿qué es la pureza? Todos conocemos las cualidades del oro. El oro puro tiene 24 quilates. Se agregan otros metales en el oro de 14 quilates para que se vuelva más duro, es más económico y sigue conservando el brillo del oro. Resulta que cuando es sólo oro tiene ciertos potenciales. El tercer Objetivo de la Sociedad Teosófica (ST) habla de los “poderes latentes” en la humanidad. Del mismo modo, en su pureza, ciertos poderes latentes del oro pueden manifestarse cuando se eliminan las aleaciones y otros agregados: puede reducirse su espesor golpeándolo, desde el tamaño de una moneda hasta el de una habitación de 3x3 metros, es un maravilloso conductor de la electricidad, puede estirarse, no se mancha, etc. Todas estas cualidades sólo son posibles en el estado puro del oro. Por ello, se lo considera un “metal precioso”. Se podría decir que éste también representa una conciencia más elevada incluso en el reino mineral, en el sentido de que el oro es más responsivo a una amplia gama de actividades. La pureza es el estado de no estar aleado, una singularidad en la naturaleza.

 

Para nosotros, como practicantes espirituales, lo que buscamos entonces es alcanzar un estado sin aleación. Es algo difícil de imaginar, pues como seres humanos somos multidimensionales. Cada uno de nosotros funciona en muchos niveles diferentes. El más obvio es el cuerpo físico y sus sensaciones, pero también tenemos una naturaleza emocional y mental, y todas ellas son diferentes. Entonces, ¿cómo podemos purificarlas? La respuesta es: todas estas actividades están unidas.

Hay personas que han decidido cambiar su dieta para liberar las toxinas del cuerpo físico. Siguen una dieta que empieza realmente a cambiar la composición de su cuerpo físico. Tal vez su salud mejora y se vuelven más radiantes, pero también suceden otras cosas. A menudo, cuando se ha cambiado la dieta de forma adecuada, la persona se torna menos temerosa, menos ansiosa; es capaz de centrar mejor su atención. La mente y las emociones, pues, se ven afectadas por la elección intencionada de nuestros alimentos. Esto es la interrelación. Todas las cosas se afectan entre sí. Funciona de abajo hacia arriba y luego de arriba hacia abajo. “Eres lo que comes”, tanto si tomamos copos de maíz, como si tenemos pensamientos de ira, todos se incorporan a la naturaleza que nosotros mismos nos creamos. La purificación tiene, ciertamente, sus consecuencias.

En una de sus pláticas, Buddha dio un consejo simple pero profundo. Dijo tres cosas: (1) no hagas daño; (2) haz el bien;3) purifica tu mente. Al otro lado del río desde la Sede de nuestra Sociedad Teosófica en Adyar, en la orilla norte del río Adyar, hay una extensión de 57 acres llamada Adyar Eco Park. En ella había un pequeño arroyo que partía del río Adyar. A medida que la ciudad fue creciendo hasta alcanzar los actuales siete millones de habitantes, el arroyo se fue contaminando con vertidos y otros residuos humanos. El terreno se convirtió en un vertedero para la comunidad local y perdió toda su vegetación. Algunas personas preocupadas por la situación promovieron la idea de que “esto tiene que cambiar, queremos tener agua limpia en esta zona”.

Este grupo comenzó a impedir los vertidos y el depósito de basuras (no hagas daño). Luego empezaron a sacar la basura acumulada (haz el bien). El proceso duró dos largos años de mandar un camión tras otro, hasta que limpiaron los 57 acres de terreno. A continuación plantaron especies nativas de árboles y flores, y construyeron presas de tierra para impedir la entrada directa del agua contaminada del río Adyar. El agua contaminada que llegaba al ecosistema protegido tenía que filtrarse a través de las presas de tierra y pasaba limpia al otro lado (purificar); todas las impurezas quedaban retenidas en el suelo y la arena. También construyeron otros sistemas de purificación y pusieron tanques para recoger el agua de lluvia.

De ser un vertedero tóxico, pasó a ser un lugar floreciente. Las especies nativas se han afirmado bien, aves ausentes durante años, han vuelto a anidar allí, y por las noches, es difícil escuchar los pensamientos propios por el croar de las ranas que han vuelto y tienen allí su hogar, ¡que sigue estando rodeado por siete millones de habitantes! La simple actividad de limpiar un pequeño trozo de tierra de Chennai ha beneficiado a toda una comunidad más amplia. “No dañes, haz el bien, purifica”, son tres pasos con consecuencias. La purificación conduce a ciertos resultados.

En términos de nuestra propia vida interna, ¿cuáles son los estados de conciencia que conducen hacia la pureza? ¿Cuáles son las actividades en las que nos comprometemos para purificar la mente? No hace falta tener un Doctorado en “Indología”, ni hacer ninguna práctica espiritual, para saber que cuando nuestra mente refleja el afecto hacia los demás, se produce una cierta expansión del espíritu en nuestro interior. Cuando expresamos gratitud por todo lo que mantiene la vida, la amistad, las relaciones, descubrimos que nuestra mente ejerce una influencia.

En el campo de la neuroplasticidad del cerebro, se hizo un estudio investigativo sobre el efecto de la meta meditación. Es una meditación enfocada en el amor incondicional hacia todos los seres: “Que todos los seres estén seguros, sean felices y estén libres de sufrimiento”. Se observó que, en la gente que realiza esta práctica con cierta regularidad, se producen, en muy poco tiempo, cambios medibles en la estructura de su cerebro. Actualmente esta práctica meditativa se emplea en la terapia del cáncer, pues el cuerpo tiende a movilizarse hacia la salud como consecuencia de esta práctica. Estos pasos tienen sus consecuencias. Finalmente, todo esto apunta hacia una cierta forma de realización, es decir: hemos despertado, hemos hecho el trabajo de la purificación; ¿y ahora qué?

Desde nuestra propia experiencia, tenemos un indicio de lo queda por delante, una tenue conciencia de lo que la realización puede implicar. Si pensamos en aquellos momentos de nuestra vida en los que hemos sentido felicidad, paz y alegría, existe una cualidad que todos ellos parecen compartir. Por la razón que sea, fueron momentos en los que habíamos perdido nuestra constante preocupación por nosotros mismos; cuando la membrana de la pequeña y aislada burbuja de nuestro ser se había disuelto. La alegría y la libertad de experimentar cierto grado de expansión y liberación del peso de nuestras limitaciones habituales y autoimpuestas nos da una sensación de lo que pueda significar la realización. En las bellas palabras de La Luz de Asia, Sir Edwin Arnold describe la experiencia de la iluminación de Buddha como el momento en el que “la gota de Rocío se desliza dentro del brillante Mar”. Es una bella expresión del potencial que nos espera a cada uno de nosotros cuando nos comprometamos a reconectar y a recordar el estado purificado de nuestra mente y nuestro corazón.

 

 

 

 

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