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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 138 - Número 08 -  Mayo 2017 (en Castellano)

 
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¿Qué es Yoga?

 

TRÂN-THI-KIM-DIÊU

Presidenta de la Federación Teosófica Europea. Diserta y escribe profusamente sobre Teosofía.

Ha sido Secretaria General de la ST en Francia.

 

Introducción

Cada ser humano tiene el deber de realizar su naturaleza divina y tiene el derecho de transitar su propio camino hacia lo Divino. El camino en sí no es diferente del yoga o de la religión -la reunificación del yo con uno mismo o lo Divino. La necesidad de practicar yoga, y antes de esto, la reflexión sobre el tema de la naturaleza y el destino humano es testimonio de la maduración del alma. El sentimiento de que algo falta a pesar de las ocupaciones, la disconformidad que éstas ocasionan, junto con momentos de infelicidad, demuestra que el conocimiento intelectual se vuelve insufrible en un momento determinado.

Practicar yoga en realidad no significa necesariamente ir a una de las numerosas escuelas de yoga. ¿Quién puede hacerlo hoy? ¿Y sería prudente hacerlo? La exposición de las seis grandes filosofías (shad-darsana-s), junto con las explicaciones sobre los diversos tipos de yogas –desde el principiante hasta el tipo real- no serán de ninguna ayuda si permanecen en el nivel de la teoría, porque, refiriéndose a Nâgârjuna, una de las mentes más grandes, toda intelección sin Auto-realización equivale a nada. En la Edad de Hierro (kali-yuga) no es momento ya para la especulación. Es tiempo para la realización.

Qué puede ser yoga

La inspiración puede provenir de muchas fuentes para ser usadas como ingredientes para el propio crecimiento espiritual, siempre que uno reflexione sobre ellas correctamente y las aplique apropiadamente en la vida, como un experimento. En el mismo sentido, el yoga puede ser al mismo tiempo o sucesivamente, pero de modo inevitable, lo siguientes: habilidad en la acción, aniquilación de las modificaciones de la mente, purificación, estudio integral del yo, entrega de sí a lo Divino, etc. Cada una de estas es verdadera y valiosa, cada una define una forma de yoga.

Habilidad en la acción es la característica del karma yoga. La aniquilación de las modificaciones mentales es el fin del râja yoga. Este último culmina con samâdhi, un estado en el que la función de la mente no puede describirse. La purificación, el estudio comprehensivo del yo y la entrega de sí mismo a lo Divino son las piedras angulares del yoga. H. P. Blavatsky solía decir que estudiar ocultismo -a través de literatura teosófica como La Doctrina Secreta- es jnâna yoga. Sin duda, este sendero también es un camino valioso y largo como los otros. El bhakti yoga parece ser el más apto para los discípulos devocionales. Tan altamente inspiradores como los Yoga Sutras de Patanjali -en los cuales los comentarios del Dr. IK Taimni encantan la mente de todos los estudiantes- los Bhakti Sutras de Narada introducen el elemento del amor-devoción incondicional del aspirante hacia lo Divino, de los discípulos hacia los Grandes Seres que enseñan la Verdad que poseen. A menudo leemos que el camino de la devoción es el más corto; uno puede asumir cuál es el motivo: tal vez se parece a un atajo a través del laberinto de la existencia.

Sin embargo, común a todos los yogas, el sine qua non parece ser "pureza de motivación". De hecho, cuando el Señor Krishna, como se relata en el Bhagavadgitâ, en medio de la batalla de Kurukshetra (la batalla entre el bien y el mal) revela a Arjuna la naturaleza secreta de la acción, "Yoga es habilidad en la acción", este consejo está destinado sólo a Arjuna. Sería impensable que Krishna aconsejara lo mismo – digamos - a Karna, el ambicioso (y proscrito por ignorar su origen), o a Sakuni, el tramposo en el juego. La razón es bastante obvia: Arjuna representa al discípulo que lucha por su realización y pide instrucción, mientras que Karna sigue siendo gobernado por la naturaleza inferior, busca el éxito en la acción para sí mismo y es conducido por la vanidad y la ira; Sakuni, por otro lado, no tiene la motivación correcta ni la comprensión correcta de la verdadera naturaleza de Mahâ-Lilâ, el juego divino, no juega, engaña.

Imaginemos, sin embargo, a Krishna diciéndole a Karna "Yoga es habilidad en la acción". Este último diría que no necesita tal consejo, que él ya tiene la habilidad. Pero su habilidad sólo sirve a su ambición. Lo mismo se aplica a Sakuni; él también tiene habilidad: él gana cada juego sobre Yudhishthira, el próximo rey. Pero la habilidad de Sakunis sirve a una causa equivocada.

Para los muchos Karnas y Sakunis en la tierra, el yoga debe estar primero "relacionado con algo que purifique la habilidad y trascienda la motivación". El consejo de Krishna sólo funciona para toda la humanidad cuando el receptor ya ha pasado los preliminares. Por lo tanto yoga es habilidad en la acción solamente cuando el trabajo preliminar se ha hecho.

La motivación purificadora parece ser el primer paso del trabajo preliminar. Una inteligencia ávida por aprender, al pensar, es el segundo. Este trabajo es tan esencial que en varias civilizaciones, diferentes maestros espirituales lo han enfatizado repetidamente. Recientemente, y conocido por nosotros, Alcyone (J. Krishnamurti), en A los Pies del Maestro, nos recuerda la necesidad de una entrega incondicional en toda acción y del papel esencial del discernimiento. Él considera la entrega incondicional como un estado de mente desinteresado, que también es amor-compasión. Pone al mismo nivel el aprendizaje y la aplicación de la inteligencia y el discernimiento, que es el primer paso y el último del desarrollo espiritual. El discernimiento corta y talla al alma-diamante humana para convertirla en un dios.

Notable es el orden del contenido de este pequeño libro, que señala una excelente forma de enseñanza. De hecho, la parte que trata de la recta conducta (shatsampatti) -que es sólo un capítulo en el Vivekachudamani- se sitúa entre el discernimiento (viveka, el primer paso y el último) y el amor (mumukshatva, la cualidad). Esto significa que el principio y el final del viaje se muestran antes de enseñar el comportamiento, es decir, cómo vivir éticamente, cómo viajar correctamente a través del ciclo de la experiencia humana. Entonces, finalmente llega la advertencia de que todas las prácticas morales no tendrían valor sin amor.

Se puede decir que yoga es totalmente pureza en la motivación, inteligencia en el pensamiento y habilidad en la acción. Y quizás, además, es la armonización consciente de todos los aspectos de un ser humano de modo que eventualmente todos operen bajo una sola voluntad, la de lo Divino. A mayor escala, esto implica un reflejo completo y perfecto de lo Divino en los planos inferiores de la manifestación. Pero entonces, ¿qué es lo Divino?

Un paso tentativo más allá

La Teosofía enseña que lo Divino es al mismo tiempo la fuente prístina de la cual todos los seres se originan y la meta final a la que todos los seres están destinados a regresar. Es también el final inexorable del viaje evolutivo universal. Sin utilizar la terminología técnica, uno puede identificar lo Divino con la Realidad última. Al leer la mayor parte de la literatura teosófica, se puede observar que el término "Divino" se usa cuando implica un sentido de devoción, y el término "Realidad" se usa cuando se refiere a la Razón pura o el intelecto (o el más alto manas). Un aspirante en bhakti yoga preferiría referirse a lo Último como "Divino" en lugar de "Realidad", mientras que un aspirante de raja yoga haría lo contrario. Es fácilmente comprensible que la ciencia no utilice el término "Divino", sino más bien menciona provisionalmente el concepto de realidad.

La ciencia es el conjunto relativamente reciente, de metodologías que investigan el mundo físico para conocer su mecanismo, su estructura y su naturaleza. Es reciente en efecto, en comparación con la escala geológica del tiempo. A finales del siglo XX, la ciencia, supuestamente actuando como nuestro gran "aliado", conduce a la mente a conceptos más amplios de materia, espacio, tiempo y conciencia. "La cresta de la ola del intelecto humano" se pregunta sobre las fronteras de la verdadera ciencia y la espiritualidad, atreviéndose a arriesgarse a no estar ni en un lado ni en el otro. Haciéndolo, hace uso, con o sin saberlo, de los indicios dados por los maestros altamente evolucionados, los Adeptos del Ocultismo. Esos Adeptos, según sus propias palabras, se han sumergido, a riesgo de sus propias vidas, en el profundo océano de la conciencia para sacar a la superficie perlas de la Verdad (Las Cartas de los Mahatmas, 9). Es como si los Adeptos hubieran dejado la puerta de la percepción medio abierta, al mencionar la posibilidad de un mayor conocimiento sobre la materia, el espacio, el tiempo y la conciencia, y entonces la ciencia empuja tentativamente para ampliar la entrada y todo el resto debe ser investigado y logrado por cada individuo humano. Así, a medida que la puerta de la percepción se abre más ampliamente, entonces facilita el paso para que otros vengan.

Cada ser humano es un mundo propio. Este mundo está compuesto por lo interno y lo externo. Ambos están incluidos e inter-penetrados por el espacio, para decirlo simplemente. Los seres humanos menos evolucionados tienden a separar el mundo interno del externo, y a vivir con esta dicotomía, de manera permanente o esporádicamente. Los más evolucionados, los místicos realizados, viven simultáneamente en los dos mundos, sublimados en uno, e identificados con el espacio. El aquí y el ahora, tan degradado por la tendencia hedonista actual, es de hecho la condición última del espacio, donde no hay tiempo, sino sólo duración.

Las incursiones del espacio en la conciencia del individuo humano proporcionan momentos de vacío, donde el tiempo se trasciende, así como otras condiciones de vida. Esto disuelve el ego personal por una fracción de tiempo y trae una nueva percepción en la conciencia y el cerebro. Esto puede ocurrir durante un estado intenso de oración apropiada, o correcta concentración, cuando toda la “corriente” de la mente-sustancia se enfoca en una sola dirección, que es un nivel más profundo, más amplio y más elevado (los tres términos son equivalentes) de su propio entorno y estructura, y eventualmente alcanzará el estado final más refinado de su espacio-sustancia.

Es necesario aclarar un punto: el espacio como lo define la ciencia no es el espacio que estamos tratando de transmitir aquí. Para la ciencia, el espacio es el que contiene todos los universos, el teatro de todos los fenómenos cósmicos; es el espacio objetivo exterior. El espacio en nuestro compartir es aquello que lo impregna todo e incluye el mundo objetivo externo, así como el subjetivo interno. Todo nivel de conciencia tiene su propia realidad; el nivel supremo, la Realidad última, debe tener algo que ver con el espacio. El estado de conciencia en samâdhi, supuestamente la experiencia directa de esa Realidad, también debe tener en consecuencia algo que ver con el espacio.

¿Qué es el espacio entonces?

El espacio era, es, y será. Como lo define el Proemio de los Dos Libros de las Estancias de Dzyan, es aquello que queda cuando todo se disuelve. Al preguntarle a Platón acerca de lo que permanecerá al final de un gran ciclo de manifestación o manvantara, -como se describe en la conclusión del primer volumen de La Doctrina Secreta- él contestó: bondad. La literatura teosófica a veces identifica el espacio con akasa. Este último es la sustancia cósmica última en la filosofía Vedanta, el sustrato del sonido. En otra parte, se llama el solvente universal y anima mundi (alma del mundo). El sistema Advaita Vedânta lo define como mulaprakiti, la raíz-materia, Purusha velado por mâyâ. En la enseñanza budista Mahāyâna, se llama alaya, el nivel original, básico y último de la conciencia. Y los budistas esotéricos nepaleses en sus precintos lo llaman svabhavat, la cualidad esencial de la materia raíz como tal, que significa la esencia inmutable de la materia raíz, en su movimiento eterno. Aquello que es ES Realidad. El espacio es entonces el sustrato y la esencia detrás de esto, o Realidad.

El término svabhavat se compone de tres partes su, sva, bhava; Su, significa lo bueno, lo perfecto, lo hermoso, sva la cualidad de algo como es, y bhava la cualidad de ser. La esencia inmutable de la materia-raíz no está sólo en eterno movimiento, sino que también es perfecta y buena. Esto puede estar relacionado con la cualidad budista de karuna, amor-compasión que caracteriza el nivel de alaya, el último estrato de conciencia que lo impregna todo; es decir, que al principio y al final de la manifestación, el amor-compasión mora en la raíz de su fundamento, y que este amor caracteriza a la Realidad.

Consecuentemente, y de manera consistente, cualquier indicación a la Realidad despierta a la consciencia al amor-compasión. Del mismo modo, cuando los límites defensivos del ego personal se disuelven en el solvente universal, el amor-compasión aparece en el vacío del yo y testifica por el sentido de la Realidad. Dado que el espacio o la Realidad, donde la conciencia está arraigada, es eterno, el vivir con la presencia consciente del espacio es vivir en lo eterno. Yoga es vivir con un creciente sentido de la Realidad.

La conciencia del sustrato que sostiene todas las cosas

Vivir con un creciente sentido de la Realidad pone todo en su propio nivel relativo. Al ocuparse de las actividades cotidianas, la mente guarda en su trasfondo lo que es esencial y vital, en oposición a lo que sólo es importante y útil en el mundo externo.

Medido con la Unidad que es espacio, todas las cosas parecerán sin valor debido a su impermanencia. Ninguna de ellas ya podrá tener un glamour en la mente del aspirante-discípulo: la riqueza, la sensualidad, y sobre todo el sentido del poder. La riqueza y la sensualidad pertenecen a los planos físico y astral. Son menos sutiles que el sentido del poder, que pertenece a la mente. La mente, por su poder, puede dominar el deseo de riqueza y sensualidad, pero no el deseo de poder, porque la mente inferior, esta parte terrenal de manas, investida en el ego personal, extrae su poder de un poder superior y hace uso de ella como consecuencia. Así como el fuego no puede extinguir el fuego, la mente no puede dominar el sentido del poder.

No obstante, la mente inferior puede salir de su propio laberinto por un acto de rechazo (o de negación) de identificación con un plano inferior. Es un acto de integración que envía la mente hacia el principio del discernimiento (buddhi). La mente inferior se entrega a sí misma, y al hacerlo constantemente permite a veces incursión del espacio. De hecho, esta acción de entregarse sólo puede hacerse por amor o por voluntad, pero no por la razón. Proviene de la fuerza de la voluntad, del âtmâ, el principio espiritual más elevado en un individuo. La vacuidad ocurre cuando el ego se desvanece: vacuidad de límites, percepción de la ilusión de nombres, sombras y formas. Ese vacío no es sino presencia consciente. La conciencia del sustrato que sostiene todas las cosas es parte de la percepción.

En ese flujo de conciencia dentro de la conciencia, todas las preguntas son reabsorbidas y eliminadas. Sin embargo, este estado también sigue el ritmo de aparición, desarrollo y final. Cuando termina, las preguntas esenciales y vitales que estaban en el trasfondo de la mente aparecen naturalmente otra vez. El interrogatorio continuará, enriquecido con nuevas percepciones, pero no tendrá ninguna respuesta final satisfactoria; este cuestionamiento también es parte de la realización. La alternancia de la realización y el cuestionamiento ayudarán a ampliar aún más los límites de los misterios. Uno tras otro serán desvelados. Y sin embargo, siempre habrá otro velo detrás y más allá, hasta que el último, el Misterio final, cuya superación hará del Alma-Diamante un Dhyan-Chohan, o un Buda. El yoga en ese nivel puede ser llamado el yoga de la teosofía.

 

Bibliografia

 1.- Alcyone (J. Krishnamurti), A los Pies del Maestro, TPH, Adyar.

  2.- Aurobindo, Sri, Ensayo sobre el Gita, Sri Aurobindo Ashram.

  3.- Barker, A. T., Las Cartas de los Mahatmas a A. P. Sinnett, Theosophical

Publishing House (TPH), Adyar.

  4.- Besant, Annie, Bhagavadgitâ, TPH, Adyar.

———, Mahabharata, TPH, Adyar.

  5.- Blavatsky, H. P., Cómo estudiar Teosofía, TPH, Adyar.

———, La Doctrina Secreta, TPH, Adyar.

———, Las Estancias de Dzyan, TPH, Adyar.

———, Glosario Teosófico, TPH, Adyar.

———, La Voz del Silencio, TPH, Adyar.

  6.- Nagarjuna, Lankâvatâra-Sutra, Routledge & Kegan Paul Ltd.

  7.- Price, A. F. and Wong Mou-lam, El Sutra del Diamante y el Sutra de Hui-neng,

Shamballa.

  8.- Sankarâchârya, Viveka-chudâmani, TPH, Adyar.

  9.- Taimni, I. K. , La Ciencia de la Yoga, TPH, Adyar.

10.-  ———, Auto-Realización a través del Amor — Narada Bhakti Sutras, TPH,Adyar.

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Siento que nadie puede conducir a otro a la verdad, porque la verdad es infinita; es una tierra sin senderos, y nadie puede decir cómo encontrarla. Nadie puede enseñarte a ser un artista; alguien sólo puede darte los pinceles y el  lienzo y mostrarte los colores a usar.

                                                                                   J. Krishnamurti

 

 

 

 

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