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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 138 - Número 05 -  Febrero 2017 (en Castellano)

 
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La educación a la luz de la Teosofía

 

ANNIE BESANT

Las enseñanzas fundamentales de la Teosofía transforman de tal forma nuestros puntos de vista respecto al niño, que forjan una importante revolución en las relaciones de este con sus mayores. Anteriormente considerábamos al niño o bien como un alma fresca proveniente de las manos de Dios, envuelta con cuerpos provistos por sus padres, o bien como una inteligencia dependiente del cerebro y la organización nerviosa construida por las leyes de la herencia que trabajó a través de innumerables generaciones en el pasado. Algunos pensaban que la mente del niño era una página en blanco en la que su entorno escribía su carácter, de modo que todo dependía de las influencias que se ejercían desde fuera; otros pensaban que traía sus cualidades mentales y emocionales con él a través de la herencia, y sólo podía ser ligeramente modificado desde fuera, ya que "la naturaleza era más fuerte que la educación". Desde todos los puntos de vista, era prácticamente un ser nuevo, una nueva conciencia, para ser entrenado, disciplinado, guiado, mandado por sus mayores; una criatura sin experiencia que vivía en un mundo nuevo para él, un mundo al cual entraba por primera vez.

 

Un alma inmortal con nuevos cuerpos

 La Teosofía ha puesto ante nosotros la concepción del niño como un Individuo inmortal, que nace entre nosotros después de cientos de nacimientos en nuestra tierra, con experiencias reunidas a través de muchas vidas y forjadas en él como facultades y poderes, con un carácter que es la memoria encarnada de su pasado, con una receptividad limitada y condicionada por ese pasado, y que determina su respuesta a las impresiones del exterior. Ya no es un alma plástica, dúctil, en manos de sus mayores, sino un ser que hay que estudiar, comprender, antes de que pueda ser efectivamente ayudado. Su cuerpo, en verdad es joven y aún no está bajo su control, un animal escasamente dominado. Pero él mismo puede ser mayor que sus padres y sus maestros, incluso más sabio que sus mayores.


Para el teósofo cada niño es un estudio, y en lugar de imponer su propia voluntad sobre él y de suponer que la edad y el tamaño del cuerpo dan derecho al orden y a la dominación, trata de descubrir a través del cuerpo joven las características del dueño y de entender lo que el Gobernante Inmortal está tratando de lograr en este nuevo reino de la carne. Se esfuerza por ayudar al Gobernante que mora en él, no por usurpar su trono, sino por ser un tutor, un consejero, no un maestro. Siempre recuerda que cada Ego tiene su propio camino y método, y lo trata con una tierna reverencia; tierna, por la juventud y debilidad del cuerpo; reverencia, a causa de la santidad del Individuo, cuyo imperio nadie debería invadir.

Además, el teósofo sabe que los nuevos cuerpos que visten al antiguo y eterno Espíritu, además de representar los resultados de su pasado encarnado, pueden ser inmensamente modificados por las influencias que ejercen sobre ellos en el presente. El cuerpo astral contiene gérmenes de emociones buenas y malas, las semillas sembradas por las experiencias de vidas anteriores; estos son gérmenes, no son cualidades completamente desarrolladas, y pueden ser nutridos o atrofiados por las influencias que se ejercen sobre ellos. Un Ego que posee un cuerpo astral con gérmenes de temperamento violento o de engaño, puede ser ayudado por la paz y honestidad de sus padres: estos gérmenes, tratados con sus opuestos, pueden morir por falta de alimento. Alguien que tiene un cuerpo astral en el que hay gérmenes de generosidad y benevolencia, puede hacer que estos sean fortalecidos por la expresión de virtudes similares en sus mayores. Así también el cuerpo mental posee los gérmenes de facultades mentales, y estas pueden ser alimentadas de manera similar o atrofiadas. En el Ego están las cualidades o las deficiencias y en sus átomos permanentes están las potencialidades materiales de los cuerpos. La construcción, la modificación de los cuerpos astral y mental durante la infancia y la juventud, salvo en casos excepcionales, depende en gran medida de las influencias que le rodean; aquí viene el poderoso karma del ambiente generado en su pasado, y las pesadas responsabilidades de sus mayores. Todo su futuro en este nacimiento está determinado, en gran medida, por las influencias que se ejercen sobre él durante sus primeros años.

Primeras condiciones

Al saber todo esto, los padres teosóficos acogerán al Ego entrante, vestido con sus nuevos ropajes materiales, como un encargo sagrado y responsable confiado a sus manos; se darán cuenta de que sus cuerpos jóvenes y plásticos dependen en gran medida de ellos para su uso futuro. Así como alimentan y cuidan con diligencia el cuerpo físico y lo entrenan con cuidado escrupuloso, desarrollando sus músculos con ejercicios graduados y adaptados, sus sentidos con estímulos para observar, sus nervios con condiciones de curación general y protección vigilante contra todos los sobresaltos, tensión y choque; del mismo modo se ocuparán de que solo a las emociones altas y puras, solo a los pensamientos nobles y elevados, se les permita ejercer influencia en los gérmenes de los cuerpos astral y mental durante este período formativo de gran importancia. Recordarán que cualquier vibración indeseable en sus propios cuerpos astral y mental se reproducirá inmediatamente en la del niño y, por lo tanto, se darán cuenta de que no basta con cuidar sus palabras, expresiones y gestos; sino que tampoco deben sentir ni pensar indignamente. Además, deberán vigilar cuidadosamente y proteger al niño de todas las influencias bajas y vulgares, así como de aquellas que son directamente malvadas, y deben mantenerlo alejado de toda compañia indeseable, tanto vieja como joven.

Estas son las primeras condiciones obvias con las que los padres teosóficos deben rodear a su hijo. En cierto sentido son protectoras y negativas. Veamos a continuación cuál debe ser el entorno educativo y positivo en el hogar. Hay muchas cosas que no siempre se consideran, pero que son muy aconsejables y que están al alcance de la mayoría.

Hogar y belleza

La casa, y especialmente la habitación del niño, deberían ser lo más hermosa posible. La belleza es mucho más una cuestión de gusto refinado que de riqueza, y la simplicidad y la idoneidad desempeñan una parte mayor en ella que la complejidad y el valor monetario. La sala de estar debe tener poco mobiliario, pero lo que hay debe ser útil y bueno dentro de su clase.

Una habitación de este tipo traerá el sentido de belleza en el niño, y entrenará y refinará su gusto. Todos los utensilios utilizados en el hogar deben ser hermosos y adaptados a su fin; metal, loza, deben ser elegidos para el brillo y el color, y los recipientes deben ser bien formados y exquisitamente guardados. Lo que el campesino griego y egipcio hicieron en el pasado, lo que el campesino indo hace hoy, no puede estar fuera del alcance de las clases media y obrera de occidente.

Debemos darnos cuenta de que la Belleza es una condición esencial en la vida humana, y que lo que la Naturaleza hace por el animal y el hombre salvaje, debe hacerlo el hombre civilizado por sí mismo. Que los padres recuerden que lo mejor que tienen se lo deben dar al niño, porque su entorno está dando forma a los instrumentos que debe usar durante toda su vida en este y los dos mundos relacionados con él. Lo que haya en su habitación no debe ser ordinario o llamativo, lo que sobra de las posesiones artísticas de la familia (y consideradas lo “suficientemente buenas para los niños”). Unas cuantas imágenes buenas o cuadros bien pintados, retratos o estatuillas de los verdaderamente grandes, cuyas historias se puedan contar al final del día a los más pequeños; imágenes de hechos nobles, cuyo brillo pueda ser también representado en palabras inspiradoras. Estos imprimirán en los jóvenes recuerdos que nunca pasarán, vivificarán los gérmenes de emociones nobles, de altos pensamientos y aspiraciones.

Amor y ternura
 

Toda la atmósfera que rodea al niño debe estar llena de cálido amor y ternura. Todas las cosas buenas crecen y todas las cosas malas se marchitan en una atmósfera de amor. Si el bebé nace en el amor, se lo rodea de amor; si el niño se nutre en el amor, el joven será delicado, obediente, confiado. Si el castigo fuera desconocido en el hogar, nunca sería "necesario" en la escuela. Palabras agudas, reprensiones, culpa apremiante, estos errores de los padres evocan y desarrollan las faltas en el niño. Gane la confianza y el amor de un niño, (y estas cualidades las obtendrán los padres por naturaleza si no han hecho nada para repelerlas) y podrá hacer cualquier cosa con él. Solo el amor es apto para educar y digno de confianza para los cuerpos frágiles en los cuales el Ego debe pasar esta vida.

Solo el amor dará la comprensión que es como el pan de vida para el niño. Sus fantasías incipientes, sus tanteos en el nuevo mundo, su confusión entre impresiones físicas y astrales, sus rompecabezas sobre los informes de sus sentidos no entrenados, su sentido de la presión de un enorme desconocido en su cuerpo frágil y pequeño, las incomprensibles idas y venidas de los gigantes aparentemente irresponsables a su alrededor, todos estos enigmas de la vida lo rodean como a un extraño en una tierra extraña. Sin duda, estos pequeños tienen derecho a la más tierna compasión mientras se abren camino a través de las primeras etapas de la nueva vida terrena y tratan de moldearse a la expresión en su nuevo entorno.

Estudie al niño: déle libertad
 

El niño debe ser estudiado; sus mayores deben tratar de conocer sus puntos fuertes y sus debilidades para descubrir el objetivo y propósito del Ego en esta nueva etapa de su peregrinación. Por lo tanto, no debe ser coaccionado, salvo cuando sea necesaria la moderación para impedir que hiera ignorantemente sus cuerpos, pero debe ser estimulado a expresarse libremente para que pueda ser estudiado y comprendido. Un niño que está constantemente reprimido lleva una máscara y se esconde de sus mayores, quienes se equivocan, inconscientes de su verdadera naturaleza. La mitad de las observaciones dirigidas a muchos niños por padres bien intencionados forman una serie de "noes", irracionales e innecesarios. La obediencia se hace cumplir según la voluntad de los padres, en vez de hacerlo según los principios vitales para el bienestar del niño, de los cuales el padre es el portavoz temporal. El deber y la necesidad de la obediencia a la ley, que hablan a través de la persona encargada de su enunciación, son de importancia inconmensurable; establecen el fundamento de la rectitud religiosa, moral y cívica. Pero la autoridad arbitraria reforzada por el tamaño y la fuerza superiores, el sometimiento a los irresponsables caprichos y fantasías de los padres, sin ninguna razón más que "porque te lo digo", destruye en la mente joven el invalorable respeto por la autoridad legal, que se nutre y es reforzado por el primer método.

Estudiar al niño debe ayudar a los padres a tener una idea general de su vocación futura y, por lo tanto, de la educación que debe prepararlo para ella. Deberían estudiar sus facultades, sus gustos y su temperamento con cuidadosa y diligente asiduidad.

Verdades y hábitos básicos

 La educación dada en el hogar debe incluir las verdades básicas de la religión en su forma más simple: la Vida Una, reencarnación, karma, etc. Sobre estas lecciones morales deben basarse y tomar forma las historias de grandes hombres y mujeres, de aquellos que mostraron las virtudes que el niño debe emular, con frases cortas y sucintas de las escrituras del mundo, de forma que la memoria se nutra de material valioso. Estas verdades básicas deben darse por sentadas, insinuadas constantemente, en vez de ser enseñadas didácticamente. Los buenos modales deben ser cuidadosamente enseñados, cortesía con las personas de menor e igual rango, respeto y deferencia a los superiores. La lección debe reforzarse a través del ejemplo de las buenas costumbres en los mayores, pues un niño tratado con cortesía se volverá instintivamente educado. Los buenos hábitos físicos de limpieza y orden extremos deben ser trasmitidos al niño, y se le debe enseñar la respiración apropiada. Los deberes sanitarios deben ser atendidos al levantarse y, después del baño de la mañana, algunos minutos se deben dedicar a la práctica de la respiración. Luego debe venir la oración diaria que incluya un versículo sobre la Vida Una, agradecimiento a los antepasados, a los trabajadores que proveen las necesidades diarias, a los animales que nos sirven. Luego, algunos ejercicios físicos sencillos, preferiblemente sin aparatos, para el fortalecimiento de los músculos.

 

Los primeros siete años

La educación de los primeros siete años de vida en el hogar, no debe poner en tensión la inteligencia del niño después de comenzar el día como se ha descrito anteriormente. Debe estar al aire libre todo lo que se pueda, debe enseñársele a observar los hábitos de plantas, insectos, aves y animales, debe motivársele a actividades del jardín, a jugar con los animales; sus lecciones deben ser muy cortas y dialogadas, sobre todo sobre objetos e imágenes, y debe incluir el aprendizaje de memoria de pequeñas frases y poemas. Los ejercicios físicos y los juegos deben ser cuidadosamente graduados para fortalecer y flexibilizar el cuerpo y, para hacerlo elegante, deben alternarse con lecciones fáciles. En estos años hay que sentar las bases de una madurez fuerte, hermosa y saludable. La comida debe ser simple y nutritiva; brindarle todo aquello que lo alimenta y no lo que lo sobre-estimula. La carne, cebollas u otros alimentos pesados no deberían ofrecerse al niño.

Este período de la vida del niño es aquel en el que la fantasía y la imaginación están en pleno juego y debe ser alentado, no controlado. El "hacer creer" del niño es fructífero para sí mismo e instructivo para sus mayores que están tratando de comprenderlo.

De los siete a los catorce

A partir de los siete años de edad, debe iniciarse un estudio más serio, pero, si se organiza correctamente, será una alegría, no una carga para el niño. Habrá aprendido a leer durante los años anteriores; la escritura, después de aprender la forma de las letras, se practica mejor copiando lenta y cuidadosamente pasajes elegidos por su belleza y simplicidad, de manera que se aprenden juntos la escritura, la ortografía y el estilo. Como la escritura se vuelve más fácil para él, puede escribir un día sin el libro, tanto como pueda recordar de lo que copió el día anterior.

 

Maestro y Alumno

El maestro debe amar al discípulo, debe ser paciente, tierno, consciente de las características de los niños, nunca áspero, nunca impulsado por palabras descuidadas, conduciendo por el amor y la persuasión suave, nunca por la fuerza. Más aún, que un ser humano inflija dolor a otro con el objeto de causar pena, es criminal; está mal en principio, pues constituye una violación de la ley de inofensividad (ahimsâ). Al niño que se lo castiga con violencia está moralmente lesionado, así como físicamente herido y asustado. Se le enseña que infligir dolor en otra persona es la manera adecuada de mostrar disgusto con alguien más débil que él mismo, y se convierte en un opresor para los niños más pequeños. Su resentimiento desdibuja cualquier posible impresión que de otra manera pudiera haber tenido de su propia mala acción, y las semillas de la venganza se siembran en su corazón.

Las faltas de un niño, en su mayor parte, pueden ser curadas por las virtudes opuestas en sus mayores, y por mostrarle respeto y confianza. Debería darse por sentado que él ha hecho lo mejor que pudo, aceptar su palabra sin cuestionamientos, tratarlo honorablemente y como que él mismo es una persona honorable. Si comete un error, se le debe explicar el error la primera vez sin culparlo: "Estoy seguro de que no lo harás de nuevo, ahora lo entiendes". Si se repite, se debe enfrentar con una expresión de sorpresa, de tristeza, de renovada esperanza. El sentimiento de respeto de un niño por sí mismo nunca debe ser menospreciado; incluso si miente, se debe confiar en él una y otra vez hasta que se vuelva veraz: "Debes estar cometiendo un error; no me dirías una mentira cuando sabes que acepto tu palabra."

Trabajo práctico

Cocinar, el trabajo doméstico y la jardinería deben formar parte de la educación de los niños de siete a catorce años. Deben aprender la carpintería del hogar, clavar un clavo (sin estropear la pared), atar varios nudos, hacer paquetes seguros con prolijidad y, utilizar sus dedos hábilmente y con destreza. Deben aprender a ayudar, a servir, a encontrar alegría en ayudar, como lo hacen naturalmente los niños

Si sus padres tienen la posibilidad de que se les enseñe en casa, o si un grupo de familias pudiera juntarse para darles lecciones en casa hasta la edad de catorce años, sería mejor que enviarlos a la escuela. Los niños y las niñas podrían aprender y jugar juntos en un círculo de hogares, y sería mucho mejor tener las influencias del hogar a su alrededor, constantemente. Durante estos siete años los niños deben aprender a nadar, remar, andar en bicicleta, montar, correr, saltar, jugar al cricket, hockey, tenis. A partir de los once años, la lectura, escritura, aritmética, historia, y geografía enseñadas como se ha dicho, pueden añadir un simple estudio científico, en forma práctica en la que puedan realizar algunos experimentos sencillos de los que puedan aprender, pues no hay otra cosa de la que puedan aprender la inviolabilidad de la ley natural. Durante la última parte de este segundo período de siete años, la vocación futura de los niños debe ser definitivamente resuelta, dando crédito a sus propias ideas, las cuales se les debe alentar a expresar libremente, de modo que, desde los catorce en adelante, puedan especializarse a lo largo de líneas definidas y prepararse para su trabajo en el mundo

 

Especialización

Los primeros siete años se deben dedicar a la construcción de un cuerpo físico sano, a la formación de buenos hábitos y a transmitir ideales religiosos y morales que deben regir la vida; estos son los años más receptivos y las impresiones que se producen en este período son indelebles. Los segundos siete años deben ser dados a la formación del cuerpo y la mente, a la adquisición del conocimiento general que toda persona bien educada debe poseer como base para un estudio posterior. Después de los catorce años, los jóvenes deben especializarse, y a esta cuestión debemos dirigirnos ahora.

Si los padres o maestros del niño o niña son dignos de la responsabilidad de su posición, habrán observado las cualidades y capacidades del niño, habrán notado sus gustos tanto en el estudio como en la diversión, lo habrán alentado a hablar libremente de sus esperanzas y deseos, y habrán llegado así a una visión bastante definida de la línea de actividad que debería convenir al futuro adulto. A medida que se aproxima el decimocuarto año, deben hablar con el niño de las diversas posibilidades que se abren ante él, explicándole cualquier ventaja o desventaja que no vea, ayudando y guiando (pero sin coaccionar) su juicio. En gran parte, el niño aceptará fácilmente el consejo de los padres, si ese consejo se basa en un estudio cuidadoso de las aptitudes y gustos del niño, y estará encantado de apoyarse en el juicio más maduro de los mayores. Sin embargo, de vez en cuando se encuentra un niño de genio o de talento marcado que, aun a esa temprana edad del cuerpo, sabe lo que quiere hacer y habla con decisión de su obra futura. Con tal niño, es deber del mayor cooperar en la realización de su ideal.

Pocos padres, comparativamente, pueden ofrecer instrucción especializada en el hogar y en esta etapa generalmente será necesario que el estudiante vaya a un centro educacional donde resida o a una escuela en la que regrese a casa diariamente. Aquellos que se proponen entrar en una de las universidades más antiguas y eligen "humanidades" como su línea de estudio, y la iglesia, leyes, literatura, educación, servicio civil, política o diplomacia, como su carrera, harán bien en pasar por las clases superiores de una buena escuela pública y luego ir a la universidad; aprender en esos pequeños mundos algo de las variedades de la naturaleza humana, algo de las cualidades necesarias para el liderazgo entre las personas, algo de los motivos que influyen en las mentes ordinarias. El niño o la niña que haya pasado los primeros catorce años de vida bajo las influencias y el entrenamiento ya descritos, debería ser capaz de pasar indemne por el peor lado de la vida de la escuela pública y mantenerse inquebrantable con bases en los principios que ha asimilado.

Los estudiantes que seleccionan otros caminos en la vida, tales como medicina, otras ciencias e industrias, deben entrar en escuelas con departamentos que se ocupen de esos caminos de una manera preparatoria, y pasar de estos a una universidad moderna para la conclusión de su educación.

Universidades: realidad e ideal

Nada, sin embargo, puede ser moral y físicamente peor para los estudiantes jóvenes que vivir en enormes ciudades en las cuales, desafortunadamente, están establecidas estas universidades. Parece inútil sugerir que deberían ser trasladadas y establecidas lejos de las ciudades, en lugares con aire puro y en medio de un bello entorno. No obstante, este cambio es imprescindible, porque la pureza y la belleza son esenciales para el correcto desarrollo del cuerpo y la mente.

Si filántropos, poseedores del conocimiento filosófico, construyeran y proveyeran escuelas y universidades modelo, adaptadas para la formación de estudiantes que se preparan para los caminos de la vida arriba mencionados, si escogieran lugares exquisitos para sus sedes, si hicieran edificios hermosos y útiles, y aseguraran a perpetuidad unos cientos de acres de parque y tierra de granja a su alrededor, construirían por sí mismos un nombre que perduraría, y también le otorgarían beneficios incalculables a la humanidad.

Sobre todo, un teósofo debería estar a la cabeza de la Facultad de Medicina y del Hospital, donde se puedan formar algunos médicos del futuro, libres de todas las abominaciones que hoy rodean la preparación de esta noble profesión, donde los estudiantes deberían aprender el arte de curar más que el arte de equilibrar los venenos, donde deberían estudiar más diligentemente la preservación de la salud que la cura de la enfermedad.

Las necesidades de algunas estudiantes pueden ser satisfechas en escuelas de primer nivel sin internado en los distritos alejados de la ciudad, y en escuelas en el campo con internado para las hijas de los padres obligados a vivir en las ciudades. En tales escuelas, no sólo debe darse la formación literaria. La economía doméstica, que incluye la preparación de alimentos tanto para sanos como para enfermos, leyes de higiene y saneamiento, primeros auxilios, medicina doméstica y cuidado de enfermedades simples, cuidado de niños pequeños, instrucción en algún tipo de arte a través del cual pueda expresarse naturalmente la belleza, estas cosas son partes esenciales de la educación de una mujer. De esta escuela, después de cuatro o cinco años, la estudiante podría pasar a la universidad, ya sea que opte por la enseñanza, la oratoria, la literatura, como su profesión o prefiera vivir como el ama de su hogar. De tal escuela, después de dos o tres años, podría continuar el estudio de medicina o de enfermería, de ciencia o de comercio; si selecciona cualquiera de estos como profesión, o artes—pintura, música, escultura, drama, si tiene verdadero talento en cualquiera de estas direcciones; el tema elegido puede ser proseguido en una universidad como se ha descrito anteriormente, instituciones que deberían establecerse aparte para la residencia de las estudiantes.

Entornos rurales

Estar lejos de las ciudades y en medio del campo, es necesario para la juventud. Solo así puede crecer sana, fuerte y pura. Además, el campo ofrece oportunidades para cultivar el amor a la naturaleza, lo que desarrolla la ternura y el poder de observación. Tanto a niños como a niñas les debe estimular a estudiar animales, aves y plantas; deberían rastrearlos hasta sus escondites secretos y observarlos, aprender sus características y sus hábitos, fotografiarlos en su juego y su trabajo, diversiones mucho más atractivas que la de asustarlos o matarlos. Las niñas pueden aprender muchas lecciones de enfermería y de cuidado de niños en las casas de los campesinos al regreso de la escuela; los muchachos pueden aprender muchas lecciones sobre el hábil uso de la tierra, de los métodos de la agricultura, de la artesanía en madera y de la ganadería.

Hoy es apenas posible que los teósofos eviten el uso de las escuelas y colegios que existen para la educación de los estudiantes de más de catorce años, aunque se puede hacer un intento de fundar una escuela modelo y una universidad como la que se sugirió antes, para aquellos que no desean entrar en una de las carreras mencionadas en el primer grupo. Pero si los primeros catorce años se han empleado bien, esto no debe preocuparlos seriamente. Para los que adopten una carrera del primer grupo la forma es más fácil porque las grandes escuelas públicas y las universidades más antiguas están alejadas del ruido y la agitación de las ciudades y dominan por completo la atmósfera de sus diversas localidades.

Sugerencias para una escuela

Si es necesario o, en ocasiones, deseable –como a veces lo es— enviar a un niño a una escuela en la que residen, antes de los catorce años, entonces parece que hay una gran necesidad de establecer una escuela para niños de siete a catorce años, en línea consonante con las ideas teosóficas.

Debería estar situada en una parte bonita del campo, donde todos los alrededores despierten el sentido de la belleza en los niños y donde la salud sea su condición normal. Las sugerencias sobre la belleza del edificio deben ser tenidas en cuenta, y se debe ejercer un cuidado especial en la elección de los cuadros, para que puedan hacer surgir la investigación, lo que conduce a historias interesantes. Los cuadros de los fundadores de las grandes religiones deben ser colgados en una sala dedicada para el inicio y el final de cada día con canto y agradecido homenaje a los santos y guardianes del mundo y el reconocimiento reverente de la Vida Una en la que vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser. Esta habitación debe ser la más bella del edificio y estar llena de pensamientos alegres y pacíficos.

La comida en esta escuela debe ser simple y no estimulante, pero nutritiva y sabrosa, para que los cuerpos jóvenes puedan crecer fuertes y vigorosos. Ningún tipo de carne debe, por supuesto, entrar en la dieta, porque se les enseñará a los niños la bondad para con todas las criaturas sensibles.

La enseñanza estará en las líneas ya esbozadas y los maestros cuidadosamente escogidos, que amen a los jóvenes. Los principios previamente establecidos para la formación de los niños en el hogar, deben aplicarse a los estudiantes en la escuela.

Después de los catorce años los estudiantes pasarían a los cursos especializados ya descritos, y así prepararse para su trabajo en el mundo exterior.

El fin

Desde una niñez y juventud así dirigida y custodiada, los jóvenes, al llegar a la edad adulta, estarían preparados para asumir y soportar ligera y felizmente las cargas de la comunidad, tomando las alegrías de la vida con gozo y sus tristezas con ecuanimidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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