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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 138 - Número 04 -  Enero 2017 (en Castellano)

 
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Vivir desde el centro de quietud

 

Linda Oliveira

 

Presidenta Nacional de la Sección Australiana y anterior Vice-Presidenta internacional de la ST.

Conferencia dada en la Convención Internacional, Adyar, 1 de enero 2017.

 

Una conversación entre un discípulo y un Maestro

 ilustra una verdad casi universal acerca de la

condición humana:

 

“¿Dónde debo buscar la iluminación?”

“Aquí”, respondió el Maestro.

“¿Y cuándo tendrá lugar?”

“Está teniendo lugar ahora mismo”.

“¿Entonces por qué no la siento?”

“Porque no miras”.

“¿Y en qué debo fijarme?” preguntó el Discípulo.

“En nada. Simplemente mira”.

“¿Mirar qué?”

“Cualquier cosa en la que se posen tus ojos”.

“¿Debo mirar de alguna manera especial?”

“No. Bastará con que mires normalmente”.

“Pero ¿no miro siempre normalmente?”

“No”.

“¿Por qué no?”

“Porque para mirar tienes que estar aquí.

Casi siempre estás en algún otro lado”.1

 

La condición humana general es una de inmersión en este mundo de formas, impulsada por una sed de la gama total de experiencias de los sentidos. Normalmente no vivimos este momento. ¿Han considerado alguna vez que comúnmente tendemos a vivir, actuar y funcionar como si estuviéramos en la circunferencia de un gran círculo, y que éste se convierte en el límite de nuestra experiencia? Dentro del círculo se hallan todas las potencialidades de lo que cada uno de nosotros puede y llegará a ser. Aunque la mayor parte del tiempo nos quedamos cómodamente en el borde mismo de quienes realmente somos. Nosotros estamos “en alguna otra parte”, como lo menciona el relato dado; no estamos presentes. Una metáfora para esto es el hecho de que nosotros vivimos en el exterior del planeta Tierra. La curiosidad de científicos, buzos de mares profundos, y otros, acerca de nuestro planeta y cómo funciona, genera aventuras en lugares ocultos tales como cuevas subterráneas y profundidades oceánicas. De modo similar, nuestra curiosidad innata acerca de los mundos internos es inevitablemente estimulada en alguna etapa durante el peregrinaje a través de samsara, este ciclo aparentemente sin final, de nacimiento, muerte y renacimiento. Es cuando sucede una indagación más profunda sobre la vida, que el límite que hemos creado comienza a adelgazarse, a debilitarse.

 

El hecho es que podemos tener momentos ocasionales de totalidad, aunque mayormente todavía nos percibimos a nosotros mismos como separados, situándonos en el borde del círculo. El microbiólogo Darryl Reanney afirmó:

 

Nosotros no estamos solos, todos estamos conectados…Todo es Uno…es el mensaje convergente de la ciencia y el sentido de lo sagrado. Así es que cada vez que hacemos una elección que pone el yo delante de otros, cada vez que nos abstenemos de una palabra compasiva a un amigo afligido, nosotros cambiamos el equilibrio, aunque quizás ligeramente, hacia nuestra extinción colectiva. Por el contrario, cada vez que sonreímos a alguien en la calle, cada vez que extendemos una mano solícita a un semejante en apuros, nos movemos -todos nosotros- hacia la…luz.2

 

Reconocer nuestra interconexión es el principio de la compasión; y el grado en el cual estamos separados se refleja en conductas imprudentes.

 

Regular nuestra frecuencia mental

 

Bastante emotivamente, el autor mencionado también observó que “Cada momento es un territorio sin descubrir”. ¡Qué elocuente observación! Implica que no vivimos en el momento presente, o que no vivimos plenamente en este momento.

 

Este momento particular no está descubierto porque no permitimos que se nos revele. Típicamente, la mente puede moverse casi por casualidad entre el pasado y el futuro, alterada por numerosas cosas que finalmente pueden ser relativamente insignificantes. Pero es solamente en este momento que hay armonía, profundidad y alegría. Cada una de estas cualidades disminuye en la medida en que la mente pierde su concentración, moviéndose ya sea hacia atrás o hacia adelante en el tiempo. Tan pronto como algo termina, tal como un momento pasado de felicidad, no puede ser revivido de modo total. ¿Alguna vez repitió una experiencia previa en su mente? Cada intento por evocar esa experiencia tiende a ser una versión más debilitada de la misma.

 

Este proceso es similar a girar el dial de una radio. Es solamente cuando el dial está centrado en la correcta frecuencia que hay verdadera claridad. Cualquier otra posición en ese dial produce estática. Similarmente, nuestra consciencia está llena de estática, es decir, está llena de pensamientos y sentimientos, muchos de los cuales son un poco confusos, no bien formados. Esto es en parte porque estos pensamientos y sentimientos son cosas de un recordado pasado, o bien, pertenecen a un futuro que es mayormente el tema de especulación. La mente fundamentalmente carece de fuerza. Solo por girar deliberadamente el dial obtenemos claridad, y así es con la mente. Es necesario que haya un movimiento consciente de la consciencia de modo que la estática disminuya y pueda surgir mayor coherencia. Esto implica inicialmente la facultad de concentración; y es desde un estado sereno, concentrado, que la consciencia puede profundizar.

 

Es posible vivir y funcionar, desde una consciencia que tienda en todo momento hacia la unidad. El diagrama de meditación de HPB3 nos aconseja a comenzar imaginando un estado de unidad, expandiéndose en el espacio y el tiempo. Después de exponer un grupo de adquisiciones, da un grupo complementario de privaciones según las cuales se le dice al estudiante que se niegue a pensar en la realidad de amigos y enemigos, separaciones, etc. Esto solamente puede lograrse cuando el pasado y el futuro se dejan de lado. (Uno podría agregar que, en ausencia de un estado permanentemente unitivo, puede hacerse un intento de traer el pasado y el presente a la mente, de modo consciente, solo cuando son relevantes en una situación dada).

 

La consciencia unitiva es un estado muy claro y concentrado de consciencia. Si este llegara a ser un constante trasfondo en nuestras vidas, sería en realidad posible enfrentar cada situación sin prejuicios, de una manera completamente nueva.  Seríamos capaces de llegar a cada experiencia de la vida sin suposiciones previas, sin reacciones, sin tratar de predecir resultados y sin análisis. Una mente unitiva posee serenidad. Esto puede parecer sumamente difícil de alcanzar, pero es posible. Esta es la percepción directa.

 

Muchas personas están tan llenas de ruido mental y emocional que le tienen miedo al silencio. Sin embargo, las prácticas meditativas pueden ayudarnos a aprender a no temer de esta manera. Es importante también aprender a estar en silencio. ¿Por qué? Porque en esta quietud no hay lucha, ni preocupaciones, ni energía malgastada. Uno solo es. Y a veces hay un inesperado subproducto de quietud: entran al sistema estallidos de una nueva energía fresca, como de ninguna parte. Esta energía fluye a través del silencioso punto interno. Los meditadores regulares deberían darse cuenta de este fenómeno. La energía se puede producir a través de la ejercitación del cuerpo físico. Sin embargo, el proceso que estamos considerando aquí posee precisamente la característica opuesta. Porque es al cesar de permitir que el pensamiento se ejercite en el reino mental, que fluye la energía en y a través del sistema.

 

El Bindu

En el Proemio de La Doctrina Secreta hay una descripción de un disco blanco con un punto en el centro desde el cual emana todo el universo manifestado. Esta unidad semejante a un punto es conocida como ‘thig-le’ en tibetano y ‘bindu’ en sánscrito. Mahabindu se refiere al Gran Centro Cósmico del macrocosmo. ‘Bindu’ denota el centro de la consciencia del individuo, o microcosmo.

 

El Dr. I. K. Taimni describió el bindu como un símbolo de unidad todo inclusiva. Hay un correcto razonamiento detrás de esto, porque el punto es la base del espacio. Si extendemos un punto en cualquier dirección se transforma en una línea. A su vez, una línea se mueve y se convierte en una superficie o plano. Luego,  el plano se mueve en ángulos rectos a sí mismo para formar un sólido. Y así el espacio continúa desarrollándose desde un punto.4

 

Uno de los grandes momentos del siglo veinte fue la experiencia de unidad de Neil Armstrong cuando vio la Tierra desde la Luna. El autor teosófico Jack Patterson narró otra experiencia similar que le sucedió a un australiano, Arthur Osborn. Él había estado leyendo acerca de pratyag-atma (el yo colectivo) y param-atma (el yo supremo) en La Ciencia de la Paz de Bhagavan Das. Osborn confesó estar confundido acerca de los dos. Al día siguiente abrió el libro referido, nuevamente en la misma página y tuvo una profunda experiencia. Sus alrededores simplemente desaparecieron y se encontró en medio de un océano ilimitado. A su alrededor, innumerables columnas de agua surgieron desde abajo del agua y se unieron sobre su cabeza en una unidad nebulosa. Él dijo: ‘Sabía que las columnas de agua eran seres humanos, quienes surgían desde una fuente en común, y volvían a unirse después de su transitoria separación, en una unidad más valiosa.” Pero él observó que la esencia de la experiencia fue que las columnas de agua eran personas; él era una de ellas y ellas eran él. Todos estos individuos estaban simultáneamente presentes en su consciencia. Él sabía que todos habían surgido desde una fuente común y volverían a unirse después de una aparente separación transitoria. El punto esencial de la experiencia completa, dijo, era la UNIDAD. Después de regresar a su habitación nuevamente, en consciencia, supo que la experiencia había ocupado apenas un momento. Arthur Osborn mencionó que durante casi diez días después, él deseaba frecuentemente irradiar amor sobre el vecindario. Estaba también lleno de alegría y regocijo. Esta no fue una experiencia psíquica sino un profundo, místico, probablemente breve pero poderoso contacto con la consciencia buddhica.

 

Regresemos a los planos, líneas y puntos. Un infinito número de planos pueden encontrarse en un punto. Un infinito número de líneas pueden también encontrarse en un punto. Recordemos la analogía del círculo al comienzo de esta conferencia. Cada una de las líneas que se extienden hacia adentro hasta un punto en el centro, desde la circunferencia de un círculo, permanece presente en ese punto interior. En otras palabras, el punto central puede contener un infinito número de puntos, donde cada línea particular alcanza el punto de intersección. Este es un hecho físico. De aquí que, hablando esotéricamente, el uno y los muchos coexisten en este punto central.

 

Ahora bien, imaginen que nuestra consciencia está en este punto central. Desde aquí sería posible mirar desde el centro hacia fuera, y conocer la naturaleza de cualquier línea que conduzca a ella y desde la misma, se podría conocer cualquier aspecto de lo mucho, cuando se requiriera. Esta es la forma de consciencia de un Adepto. En Las Cartas de los Mahatmas aparece la afirmación:

 

Teniendo siempre a mano, en los casos en que esto es absolutamente necesario, los medios para tener conocimiento de los detalles menores, nos ocupamos únicamente de los hechos principales. Por tanto, difícilmente podríamos estar absolutamente equivocados, como a menudo nos acusan ustedes, porque nuestras conclusiones jamás se obtienen de datos secundarios, sino del conjunto de la situación. (Barker, ML # 29).5

 

Pero, ¿qué sucede cuando la consciencia deja el punto de quietud en el centro? Se aventura a lo largo de una de las líneas y solamente puede conocerse la naturaleza de esa línea separada. Sin embargo, mientras más próximos estemos en esa línea particular al punto del medio, más profundo será el nivel de consciencia que pertenece a esa línea de percepción. Verdaderamente, esta es la naturaleza de la consciencia humana, ¿no? Cuando estamos verdaderamente serenos y hemos olvidado transitoriamente nuestro sentido de separatividad, entonces estamos en ese punto de quietud en el centro y vemos las cosas como un todo en ese momento. De lo contrario  nuestra consciencia oscila entre la circunferencia y el punto central. Cuanto más nos alejamos del centro, más parcial es, en realidad, nuestra comprensión de la vida. La mayor parte del tiempo, los seres humanos residen en la circunferencia del círculo. También, mientras más vivimos en el pasado o el futuro, más lejos del centro estamos. Esto está ilustrado en el siguiente relato. Al Maestro le gustaba mostrar cómo la Naturaleza estaba impregnada de santidad. Él estaba sentado una vez en el jardín cuando exclamó: “Mire ese brillante pájaro azul sentado en la rama de ese árbol saltando de un lado a otro, de arriba abajo, llenando el mundo con su melodía, entregándose al deleite sin restricción porque no tiene idea del mañana”.6

 

La conquista de sí mismo

 

Nosotros nos auto-impedimos vivir desde dentro o cerca de ese centro de quietud que está siempre allí esperando pacientemente descubrirse a sí mismo. En el Bhagavadgita, Krishna proporciona consejos muy sabios al abatido Arjuna. El capítulo presentado como “El Yoga del Auto-Conocimiento” da algunos indicios a este respecto:

 

“El Yogi que, firme, se satisface con la sabiduría y el conocimiento; aquel cuyos sentidos están subyugados, aquel para quien un terrón de tierra, una piedra y oro son lo  mismo, dícese que está armonizado.” (6:8)

 

“Descuella quien considera imparcialmente a amantes, amigos y enemigos, extraños, neutrales, forasteros y parientes, al igual que a probos e inicuos”. (6:9)

 

Por otra parte, estas afirmaciones demuestran muy claramente el enorme desafío de llegar a ser un yogui, es decir, vivir en un estado completamente armonizado desde el centro de quietud interno. Cuando los sentidos son dominados, entonces todas las cosas del mundo externo aparecen como iguales. La persona del mundo podría considerar que el oro es superior a la tierra, tal como es, precioso y valioso. Sin embargo, ¿un terrón de tierra no tiene igual valor? Porque él también, es una manifestación de la Mente Divina y lo necesitamos para nuestra supervivencia.

 

El texto habla de mirar imparcialmente a ‘amantes, amigos y enemigos, extraños, neutrales, forasteros y parientes’. Consideremos esto en relación con el mundo actual. Los extranjeros en todo el mundo son frecuentemente tratados con desconfianza, no con imparcialidad.  Vivimos en una era de terror, racismo y nacionalismo extremo, todo lo cual lleva el sello del odio, la intolerancia y la división. Difícilmente esto es imparcialidad. Vivimos en una era de materialismo extremo en la cual se juzga a los individuos según su apariencia y según la percepción de su riqueza; esto no es imparcial. También vivimos en una época de refugiados; millones de personas han huido a lugares nuevos en un esfuerzo por dejar regímenes tiránicos, tratando de encontrar una vida mejor, solo por desesperación. Muy a menudo se los considera como extranjeros más que como hermanos y hermanas. Entonces, nuevamente, ¿cuán fácil es considerar imparcialmente a amigos y enemigos? La respuesta normal es gustar más de los amigos y menos de los enemigos, o nada en absoluto. Es sumamente difícil ser tan armónico como para que uno no sea manejado por esta clase de consideraciones.

 

Krishna manifestó a Arjuna en el Gita, las verdades de la vida espiritual, si podemos expresarlo de esta manera, por medio de lo cual demostró a Arjuna que es posible llegar a estar completamente armonizado realizando su dharma con una cierta clase de actitud. En un punto, leemos de Krishna: “Tal como una lámpara no titila en un sitio sin viento, a ello se asemeja el Yogui de pensamiento subyugado, absorto en el yoga del YO”. (6:19)

 

Aquí podemos tomar el Yo con el significado de atman, el espíritu universal interior, el centro de quietud. Es posible encontrar y entrar en este lugar sin viento, en el que la lámpara de la consciencia no titile. Esto ocurre una vez que cesa toda división interna y surge cierta imparcialidad benévola. Además, cuando la consciencia se eleva aunque sea ligeramente, uno no puede evitar observar modelos de interconexión.

 

El Dr. Taimni escribió:

 

Cuando nuestra consciencia se sumerge en mayores profundidades…de la Realidad en su marcha desde la periferia al centro, este universo entero que nos rodea es dotado de mayor profundidad, riqueza, belleza y armonía, debido a la remoción, paso a paso, de nuestras limitaciones…nuestra consciencia se sumerge en las mayores profundidades de nuestro propio centro de existencia”.4

 

En otras palabras, uno se llega a fusionar con el bindu.

 

Es la percepción de la Unidad que mantiene el preciado poder de la profunda transformación. Esta no es una idea prestada, es una experiencia o percepción directa.

 

Esta percepción nacida del Yo, o estado del ser, es la clave fundamental para el individuo regenerado, para quien la circunferencia del círculo ya no existe más.  El límite se disuelve de manera permanente. No hay línea artificial entre esa persona y otras formas de vida. No hay separación, ni observación del centro a través de solo una, dos, o tres aberturas en la circunferencia. Esto es lo que significa vivir desde el centro de quietud. Exige un cambio cualitativo de corazón y mente en el que la separación y la fragmentación no existen. Esto es lo que significa estar completamente en armonía e integrado, llegar a ser un Ser Sagrado. El círculo ha desaparecido, el centro está en todas partes, y la circunferencia no está en ninguna.

 

 

Referencias

1. De Mello, One Minute Wisdom, Gujarat Sahitya Prakash, Gujarat, 2008

2. Reanney, D., Music of the Mind, Hill of Content Publishing, Melbourne, 1994

3. austheos.org.au/articles/articles-essays/diagram-meditation/

4. Patterson, Jack, The Mysterious Depths of Cosmic Unity, Theosophical Publishing House, Filipinas, 2011

5. Barker, A. T. (transcrib. & com.). Cartas de los Mahatmas a A. P. Sinnett de los Mahatmas M. y K. H, en secuencia cronológica, Theosophical Publishing House, Filipinas, 1993.

6. De Mello, A., One Minute Nonsense, Gujarat Sahitya Prakash, Gujarat, 2008

 

 

 

 

 

 

 

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