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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 138 - Número 04 -  Enero 2017 (en Castellano)

 
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Discurso Presidencial

Convención anual Nº 141 de la Sociedad Teosófica. Adyar, 31 diciembre 2016.

 

En este día inaugural de la Convención Nº 141 de la Sociedad Teosófica (ST), me gustaría daros a todos una calurosa bienvenida en Adyar, después de otro año de trabajo importante y lleno de desafíos en todo el mundo teosófico.

En esta ocasión, vamos a recordar a los numerosos miembros de todo el mundo que están con nosotros a través de la web y quienes, en espíritu, aunque no físicamente, buscan la sabiduría, como el resto de nosotros, en bien de los demás. Abramos también el corazón a los Santos Seres que muestran el camino a todos los que buscan de forma altruista y guían a todo el que está preparado a aprender.

Por favor levantaros:

Que aquellos que representan el Amor Inmortal bendigan con su ayuda y su guía a esta Sociedad, fundada para ser un canal de su obra. Que Ellos la inspiren con su Sabiduría, la refuercen con su Poder y le den energía con su actividad.

Me complace mucho inaugurar esta Convención Anual Nº 141 de la ST. El poeta del siglo dieciocho, William Wordsworth, capturó un significado del dilema humano cuando escribió: “el mundo está demasiado con nosotros; tarde y pronto, obteniendo y gastando, vamos derrochando nuestros poderes”. En su época las presiones invasivas “del mundo” se expresaban con fuerza en la Revolución Industrial que estaba cambiando la faz de las estructuras sociales, económicas y políticas, aceptadas desde siempre en Gran Bretaña. Gandhi expresó la misma idea de forma muy distinta cuando dijo que “para un hombre hambriento un trozo de pan es la faz de Dios”.

Tanto si se trata de la preocupación de “obtener  y gastar”, de alimentar nuestro cuerpo, o revisar y responder a una interminable lista de correo electrónico y de mensajes, nuestra atención se encuentra absorta en un mundo externo cuya realidad se ve confirmada continuamente por nuestra necesaria implicación en él. Dondequiera que miremos vemos conflicto, limitación e  infelicidad, que son el resultado necesario de la convicción que tenemos de que estamos separados los unos de los otros y también del mundo natural. HPB describía nuestra condición como la “herejía de la separatividad”.

Lo que experimentamos como normal y real es considerado en la tradición de la Sabiduría Perenne como fundamentalmente irreal. Es el maya, la ilusión, que nos somete a un ciclo implacable de sufrimiento y necesidades.

Existe algo que se encuentra más allá de la ilusión. Aunque nuestra experiencia de ello sea débil y nuestro recuerdo vago, sin embargo vive en la periferia de nuestra conciencia, esperando siempre esos momentos en los que se debilite el control de nuestro apego ilusorio. En esos momentos da a conocer su presencia con una percepción iluminada del momento presente.

Son tan diferentes estas experiencias momentáneas de la triste normalidad  que se convierten en las piedras de toque de la dirección de nuestra vida. En palabras de Albert Camus: “En las profundidades del invierno, aprendí  finalmente que en mi interior se encuentra un verano invencible”. La ilusión y la realidad forman parte de un mismo tejido. La cualidad imperante de nuestras incursiones en la realidad es una sensación de expansión y conexión. Cuanto más profunda es la experiencia, más profundamente seremos conscientes de una conciencia omniabarcante e indivisa; el cielo  abarca tanto las nubes como la tierra; aunque el espacio parece dividir, en realidad está conectando, definiendo e impregnando  todas las cosas.

Vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser dentro de esa conciencia, que no sólo une sino que es la Unidad misma. Aunque las voces de la religión, la filosofía y la ciencia contemporánea nos están incitando a que hagamos más profunda nuestra concienciación del poder de la unidad, la única llamada que podemos oír verdaderamente y a la que podemos responder es esa voz callada de nuestro interior, la voz de nuestro propio Yo Superior. En su tono tranquilo y silencioso nos llama continuamente a través de las capas intermedias de nuestra implicación mundana y ajetreada para que miremos más allá de la ilusión. La insistencia de la Sociedad Teosófica en la primacía de la Fraternidad Universal de la Humanidad es, en cierto sentido, el medio y el objetivo de nuestra práctica.

A cualquier nivel en el que podamos ver, y después gestionar las tendencias separadoras de nuestra mente, estaremos aligerando un poco el pesado karma de este mundo. En el libro A los pies del Maestro se dice que “aunque mil hombres se pongan de acuerdo sobre un tema, si no saben nada de ese tema, su opinión no tiene ningún valor”. Tanto el valor como el poder entrarán en el mundo a medida que nuestro estudio y práctica estén dirigidos a una experiencia interna genuina.

 

 

 

 

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