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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 138 - Número 03 -  Diciembre 2016 (en Castellano)

 
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Recordando a Joy Mills

 Reflexiones sobre una vida dentro del aspecto cambiante de la Teosofía

 

Stephan A. Hoeller

 

Profesor Emérito de Religiones Comparadas en la Universidad de Estudios Orientales de Los Ángeles, California,

y Obispo Regional de la Iglesia Gnóstica. Miembro de la ST por más de sesenta años,

publicó algunos Quest Books, y ha sido Conferencista Nacional de la ST.

 

El 29 de diciembre de 2015 dejó este estado terrenal una de las luminarias de la rama de la tradición esotérica eterna, conocida desde fines del siglo diecinueve como Teosofía. Dedicó a esta matriz de espiritualidad alternativa la mayor parte de su larga y productiva vida. Si se escribiera una continuación contemporánea del libro Encuentro con Hombres (o Mujeres) Notables, habría que incluir un largo capítulo dedicado a Joy Mills. Entre sus notablemente distinguidas características uno debe incluir su habilidad para percibir las necesidades espirituales de nuestra época y de reconocer la conveniencia de una nueva valoración de la visión teosófica del mundo para responder a estas necesidades. Es en vista de esta última circunstancia que se ha escrito este pequeño ensayo.

 

Joy Mills fue educada como maestra de escuela, y aunque su carrera elegida fue reemplazada por su largo servicio a la causa de la Teosofía, nunca perdió completamente su personalidad de educadora. No era solamente conferencista, sino instructora, quien además era capaz de ejercer disciplina y autoridad. Su extensa contribución a la filosofía teosófica fue el resultado de su gran familiaridad con el tema y de su claro y riguroso pensamiento. En una época donde las opiniones tienden a exceder conceptos y reglas, sus ideas e ideales fueron formulados y expresados en términos claros e inequívocos, y estaban fundamentados en el conocimiento unido a la percepción. Tales eran las cualidades que le permitieron navegar el turbulento océano del cambio espiritual, intelectual y cultural que convirtieron los siglos veinte y veintiuno en los más peligrosos de la historia.

 

Para obtener una mejor apreciación de Joy Mills, uno necesita comprender algunos de los desafíos que impactaron en el ambiente teosófico psico-espiritual durante su vida.

 

A mediados del siglo veinte la Teosofía estaba en un estado de transición. Los días estimulantes y embriagadores de la Dra. Besant y el Obispo C. W. Leadbeater habían terminado, debido a la muerte de estas figuras centrales. El una vez esperado Maestro del Mundo (J. Krishnamurti) era ahora un maestro independiente, enteramente solo. Muchas personas brillantes que todavía portaban la antorcha encendida en la era Besant viajaban por el mundo proclamando el mensaje. Ernest Wood, Geoffrey Hodson, C. Jinarajadasa, Rukmini Devi y otros pocos venían a los Estados Unidos regularmente y continuaban inspirando e informando. Entre ellos, Joy Mills estaba particularmente orgullosa de haber conocido al Dr. Henry T. Edge, un miembro notable de la Sociedad Teosófica de Point Loma, y una de las pocas personas que todavía vive y que conoció a H. P. Blavatsky en los últimos años.

De hecho, Blavatsky (HPB) era un vestigio un tanto distante en el horizonte teosófico de la segunda mitad del siglo veinte. Su Doctrina Secreta estaba ciertamente presente en todas las bibliotecas de las Ramas, y su Voz del Silencio servía como  libro favorito para la meditación, pero la mayor parte de la literatura teosófica consistía en los muchos libros de Besant y Leadbeater, y las enseñanzas adoptadas por la mayoría de los miembros se encontraban en estas obras. En muchas Ramas, la enseñanza consistía en una trinidad de doctrinas, es decir, Reencarnación, Karma y Evolución; enseñanzas que servían como reemplazos inspiradores al cielo e infierno enseñados por la mayoría, en la religión occidental.

 

A finales de mil novecientos cincuenta y sesenta, las enseñanzas que estimulaban las mentes del siglo diecinueve eran muy tenues en la consciencia pública y habían perdido la atracción de la novedad. También, nacieron numerosas organizaciones espirituales que duplicaron estas enseñanzas, de modo que las versiones teosóficas ahora solo eran parte de un conjunto de ideas comunes difundidas. Además, debido al inevitable desgaste causado por muertes, la membresía de la Sociedad Teosófica (ST) fue disminuyendo.

 

En los primeros años de nuestra presencia en la Sociedad Teosófica, tanto Joy Mills como yo éramos a menudo los más jóvenes en muchos de los grupos teosóficos, la mayor parte eran miembros que se habían unido en los estimulantes años de Besant, Leadbeater y Krishnamurti; y ahora estaban en sus años de decadencia. También había, a veces, un apego un tanto excesivo de muchos miembros a los numerosos términos sánscritos encontrados en nuestra literatura, que a los asistentes a nuestros programas les parecían algo extraño. A través de todos estos sucesos, Joy Mills permaneció siendo una trabajadora resuelta por la causa, cumpliendo muchas funciones tanto administrativas como educativas en la ST en Norteamérica.

 

Los cambios del momento trajeron nuevos desarrollos como también cambios en el liderazgo. Los Presidentes internacionales Jinarajadasa y N. Sri Ram, después de haber servido a la Teosofía con excelencia, partieron del reino terrenal para ser reemplazados por la encantadora y cosmopolita figura de John B. S. Coats, quien pronto le solicitó a Joy Mills que fuera a India y se convirtiera en su Vice-Presidenta. Para gran pena de muchos, el Presidente Coats sufrió una muerte prematura y Joy Mills regresó desde India a los Estados Unidos. Muy poco después que regresara, el presente escritor tuvo con ella una larga conversación en California. Era evidente que había tenido un cambio verdaderamente radical. Afirmaba muy abiertamente que había llegado a la percepción, en contra de las consideraciones de muchos teósofos, que los enfoques a la espiritualidad en India y otras culturas orientales no eran superiores a los de occidente, y que sería beneficioso para muchos teósofos que exploraran las rutas del esoterismo occidental, particularmente la espiritualidad orientada a la psicología del fallecido C. G. Jung.

 

Durante nuestra conversación también afirmó que las fuentes de muchos de los libros de HPB estaban basadas en tres ideologías mutuamente relacionadas, el Hermetismo, Neoplatonismo y Gnosticismo. El presente escritor aprobó notablemente estas consideraciones expresadas por Joy Mills. Necesitamos tener presente que comenzando con los Fundadores, quienes escogieron el nombre de la nueva Sociedad adoptando el término creado por Ammonius Saccas, el fundador del Neoplatonismo, siempre hubo defensores de la tradición esotérica occidental en la Sociedad Teosófica. Una de las afirmaciones más sorprendentes a este respecto fue hecha por el autor teosófico y conferencista, Dr. Alvin B. Kuhn, cuando afirmó, “¡Nosotros no necesitamos volver a Blavatsky, sino volver con Blavatsky a Platón y los sabios!” Desde su regreso de India, Joy Mills, junto con su gran amiga Virginia Hanson, se convirtieron en ávidas lectoras de los escritos de Jung, y de los evangelios gnósticos de Nag Hammadi, recientemente publicados.

 

Joy Mills no era una defensora vehemente de sus puntos de vista recién adquiridos. A menudo uno tenía que leer entre líneas en sus ensayos y captar los mensajes sutiles entretejidos en sus conferencias para discernir a la “nueva Joy” en contraste con la de años anteriores. Sin embargo las señales estaban presentes para que todos las viéramos. El presente escritor la escuchó repetidamente afirmar en público que La Doctrina Secreta era un mito, contra la idea de que era una realidad. De modo similar, afirmó abiertamente que las “Estancias de Dzyan” (de La Doctrina Secreta) como toda creación de mitos, tenía un profundo significado psicológico en términos del nacimiento de la consciencia. Informada de las percepciones de Jung, ella concordaba con el poeta Goethe de que “todas las cosas efímeras no son sino símbolos que tienen un significado”.

 

Aunque circunspecta y diplomática en sus afirmaciones y escritos, Joy estaba comprometida en la revalorización de la comprensión de la filosofía teosófica en términos de mito, símbolo y metáfora. (Cuando en 1982 se publicó mi libro Jung Gnóstico ella lo comentó muy favorablemente, y solía citar el título de su epílogo “La Gnosis de Otrora y Futura”)”. A menudo se afligía por el fenómeno que su colega John Algeo llamaba “el Fundamentalismo Teosófico”. Mientras ocupó el cargo de Secretaria General de la Sección Australiana de la Sociedad, ella disfrutó del espíritu libre y no dogmático de ese país, que por supuesto estaba también presente en la membresía teosófica australiana. Su gran amiga, ya mencionada, Virginia Hanson, compartía mucho la orientación de Joy. Poco antes de su muerte, la Sa. Hanson (ella era en gran medida el arquetipo de una mujer sabia) me confió que el libro espiritualmente más importante que había leído era El Evangelio de Felipe, de Nag Hammadi. Cuando en 2009 apareció el “Libro Rojo” (Liber Novus) previamente oculto de Jung, Joy era la única persona de la comunidad de Krotona en Ojai, que poseía una copia (además de la Biblioteca de Krotona). Ella también lo estudiaba diariamente.

 

El presente pequeño ensayo, que ahora se acerca al final, es como un testimonio personal. Este autor, al ser menor que Joy Mills por una década, ha vivido el mismo periodo de tiempo que ella, como un miembro activo (aunque nunca con un cargo) de la Sociedad Teosófica. Durante las últimas décadas del siglo veinte, en parte con la ayuda de Joy, este autor viajó como conferencista de la Sociedad en Australia y Nueva Zelanda, como también a algunas  partes de Europa. Allí, como también en los Estados Unidos, encontró la Sociedad Teosófica en una encrucijada. Por otra parte, las enseñanzas una vez populares en los siglos diecinueve y comienzos del veinte todavía están presentes, pero han perdido su brillo. La llamada Nueva Era adoptó y también frecuentemente mutiló el mensaje original de la Teosofía, y muestra también ahora un gran desgaste. Felizmente, una cierta tercera fuerza (un componente intermedio) está haciendo su aparición tanto dentro como fuera del redil teosófico. El componente interno de esta fuerza consiste en el descubrimiento y publicación de ciertos escritos esotéricos de H. P. Blavatsky, editados y aclarados por el valiente y experto historiador teosófico Michael Gomes (Comentarios de La Doctrina Secreta, las Instrucciones no Publicadas de 1889, 2010, e Instrucciones Esotéricas, 2015). Estos escritos indican que HPB tenía un interés vital en promover cierta clase de gnosis (no un conjunto de enseñanzas popularizadas predecibles, sino un método para obtener conocimiento interno).

 

Uno puede deducir de estos escritos que la Teosofía de HPB no tenía el propósito de ser un sistema de creencias, sino ser un programa de percepción espiritual. Este ambiente interno tiene como su corolario un movimiento cada vez más poderoso en la cultura (tanto académico como cultural) que está basado en el descubrimiento a fines del siglo veinte de la biblioteca Gnóstica de Nag Hammadi. En esta primera parte del siglo veintiuno, la Gnosis está en el aire en muchos lugares. Existen entre nosotros, en el medio ambiente teosófico espiritual, quienes reciben con agrado este fenómeno. Joy Mills era una de ellas, y el presente escritor, en gratitud hacia ella, participa en recibir este espíritu de los tiempos, dentro del cual la faz cambiante de la Teosofía está destinada a jugar un papel importante.

 

 

 

 

Estamos tejiendo la tela de nuestras vidas “bajo el ojo kármico”, sin darnos cuenta que la misma ley de karma no solamente nos ata a la rueda de placer y dolor, sino que también puede liberarnos”.

Joy Mills

 

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