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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 138 - Número 01 -  Octubre 2016 (en Castellano)

 
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Una misión desesperada

RADHA BURNIER

 

La Sra. Radha Burnier fue Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica en el período 1980-2013.

Reimpreso de The Theosophist, noviembre 1983.

 

 

Una y otra vez se hace la pregunta: ¿Por qué la Sociedad Teosófica es incapaz de atraer a un gran número de personas? Aquellos que se plantean esta pregunta a menudo son los que se sienten decepcionados por la aparente falta de éxito de la Sociedad, juzgando por el número de miembros que tuvo y que tiene.

 

Una cuidadosa consideración de la naturaleza de la labor que la Sociedad se supone que lleve a cabo, clarifica este enfoque y elimina falsas expectativas y desilusiones. Los grandes personajes que inspiraron la fundación de la Sociedad Teosófica la llamaron  “Una misión desesperada” y dijeron que “cuando uno considera la magnitud de la labor a emprender por nuestros voluntarios teosóficos, y especialmente por el multitudinario conjunto de agencias organizadas, y las que se organizarán, en oposición, bien podemos compararla con uno de esos desesperados esfuerzos contra las abrumadoras aflicciones que el verdadero soldado gloria alcanzar”. Ellos también se refirieron al “gran propósito” en los pequeños comienzos de la Sociedad Teosófica.

 

La Sociedad Teosófica se ha esparcido ampliamente desde entonces. Existe aproximadamente en sesenta países del mundo. También ha influido el pensamiento y la actitud de un gran número de personas que nunca fueron miembros de la Sociedad, o que permanecieron como miembros sólo por un corto período. De la Sociedad surgió el ímpetu para muchas reformas en los campos sociales, educativo y otros.

 

Aún así, a pesar de la labor hecha, tiene que admitirse que no sólo la Sociedad tuvo un “comienzo humilde”, sino que aún representa solo una pequeña corriente del pensamiento progresista y de la vida. Esto es inevitable debido a que la naturaleza humana cambia lentamente. Durante milenios, guerras y contiendas, la crueldad y la opresión han marcado a la sociedad humana. Las influencias corruptas en la sociedad humana condicionan al individuo, y cada ser humano moldea y corrompe a la sociedad en la que vivimos.

 

Los antiguos libros hinduistas hablan sobre periodos o yugas, que se suceden uno al otro, cada uno volviéndose más oscuro en injusticias. Después de la edad más oscura, o Kali Yuga, un nuevo ciclo comienza debido a ciertas influencias especiales. Este cuadro de la civilización humana apunta al avivamiento de tendencias egoístas que tienen lugar a través de las ciegas y mutuas interacciones de la sociedad y de los individuos que la componen.

 

El condicionamiento de las edades, y las fuertes presiones ejercidas por la atmósfera psíquica del mundo, tienen que ser contrarrestadas y resistidas por un número suficiente de seres humanos pensantes y que disciernan, a fin de lograr un cambio en la corriente. Esto no es una tarea pequeña. “Todo el camino es cuesta arriba.” La Sociedad Teosófica no trabaja por el éxito terrenal. Su labor es erosionar, aunque lentamente, “los viejos credos y supersticiones que sofocan con su venenoso abrazo como la noche de malas hierbas a toda la humanidad”. Tiene que influir en sus simpatizantes y en otros que tengan contacto con ella para construir una “Fraternidad Universal de la Humanidad en la práctica, en donde todos se hagan copartícipes de la Naturaleza.”

 

Un vasto movimiento evolutivo está teniendo lugar en la Naturaleza. En la Naturaleza humana, la clave del progreso es el desinterés. En A los Pies del Maestro, el egoísmo es definido sorprendentemente como la antítesis de la evolución. Los miembros de la Sociedad Teosófica que emprenden seriamente su labor tienen la obligación de trabajar por la evolución y no por el egoísmo. El ciego no puede conducir al ciego. Un grupo de personas egoístas, sin importar lo grande que sea, no puede detener el decaimiento de la sociedad humana o ayudar a producir progreso para otros seres humanos en el verdadero sentido del término.

 

El influjo de un gran número de personas dentro de la Sociedad Teosófica no ayudará, por consiguiente, a cumplir “el gran propósito” que la anima. Aquellos que deseen unirse a la gran labor deben ser los primeros en cambiar su modo de vida. La pregunta que debemos hacer es: ¿En dónde están las verdaderas manos y los corazones desinteresados?

 

 

 

Tampoco estamos especialmente ansiosos por tener a alguien trabajando para nosotros excepto que sea con una completa espontaneidad. Queremos a los corazones verdaderamente sinceros y desinteresados; a las almas confiadas y valientes.

KH.

 

 

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