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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 137 - Número 12 -  Septiembre 2016 (en Castellano)

 
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Cultura de la concentración

 

DARA EKLUND

 

La Sra. Dara Eklund, que falleció el mes pasado, fue miembro de la ST de Pt Loma en La Haya; de la ST Adyar en Wheaton, Illinois; y de la ST en Pasadena.

Reimpreso de la revista Sunrise, junio/julio del 2001, TUP de una conferencia dada en el Theosophical Library Centre, Altadena, California, EEUU, el 6 de abril de 2001.

 

La concentración, la contemplación, y la meditación, todas involucran atención y un conocimiento de ambos: del Conocedor y de lo Conocido. La concentración fija la dirección de nuestros pensamientos; la meditación fija la dirección de nuestras vidas. Según el Bhagavadgitâ el conocimiento más elevado es esa “sabiduría que percibe en toda la Naturaleza un único principio, indivisible e incorruptible, no separado de los objetos separados observados” (Cap. 18). Como lo expone Krishna: “En este sendero sólo existe un único objeto, y es de una firme y constante naturaleza; pero ampliamente ramificada está la fe e infinitos son los objetos de aquellos que no siguen este sistema” (Cap. 2).

 

En su interpretación de los Aforismos del Yoga de Patañjali, William Quan Judge define la concentración como el “poder de aplicar la mente, en cualquier momento, a la consideración de un único punto de pensamiento, excluyendo todo lo demás”. Sin embargo, Patañjali nos dice que “al momento de la concentración el alma permanece en el estado de un espectador sin espectáculo”, una aparente contradicción. Él también afirma que la “parte práctica de la concentración es con el propósito de establecer la meditación y para eliminar aflicciones.” Estas aflicciones, que surgen de los sentidos y de la tumultuosa mente inferior, impiden la tranquilidad de cada aspecto de nuestro ser que es necesaria para enfocar el pensamiento. Incluso la memoria puede ser un obstáculo si no se libera de la sucesión de pensamientos conectados. Por consiguiente, primero debemos aprender a concentrarnos o al menos a contemplar. La contemplación puede variar desde reflexionar sobre una idea o problema en particular, hasta la reflexión deliberada sobre él. A diferencia del ensueño, la contemplación nos permite examinar cuidadosamente la cadena de experiencias y pensamientos, o dar debida consideración a cualquiera de ellos. Es más parecida a la meditación con énfasis en una idea o pensamiento semilla.

 

¿De qué sirven estas prácticas? En sus Meditaciones, Marco Aurelio aconseja a sus lectores:

 

Adquiere el modo contemplativo de observar cómo todas las cosas se transforman unas en otras, y constantemente presta atención a esto, y ejercítate en esta parte de la filosofía. Nada es tan apropiado para producir magnanimidad. Un hombre así ha dejado de lado al cuerpo, y mientras observa que en cualquier momento puede partir de entre los hombres y abandonarlo todo, él se entrega totalmente a las acciones correctas, y… se rinde ante la naturaleza universal. Pero, respecto a lo que cualquier hombre pueda decir o pensar sobre él o hacer en su contra, nunca piensa en ello, permane contento con … actua correctamente  en lo que hace ahora, y queda satisfecho con lo que en este momento se le ha asignado; … él deja de lado todas las búsquedas que lo ocupan y distraen y sólo desea continuar en el recto sendero. (Cap. 10)

 

El curso correcto tiene que ver con la “vida examinada”, sostenida por Pitágoras y Platón. Para seguir el curso correcto uno debe poner bajo control los sementales sin amaestrar de la mente. Incluso Arjuna, aunque diestro arquero, es turbado por la intranquilidad de la mente. Krishna sabe que refrenarla es difícil, pero no imposible. Por el control del deseo que surge de su corazón y alma, el hombre alcanza la perfecta devoción. Krishna describe al devoto como “Aquel que cierra todas las puertas de sus sentidos, recluye su mente en su corazón … sin desviarse hacia cualquier otro objeto” (Gita, Cap. 8). Para conocer al Yo verdadero uno debe trascender o despojarse de los velos que ocultan la Realidad.

 

Esto requiere cierta forma de desarrollo mental, comenzando primero con la concentración. ¿Cuáles tipos son seguros y aconsejables? Christmas Humphreys escribió que el motivo correcto para el desarrollo mental es la iluminación de toda la vida. En este motivo yace nuestra protección. En Concentración y la Meditación (p. 4) afirma que los pasos que describe pueden acelerarse con una compresión del propósito de la evolución, del motivo correcto y del uso de la voluntad. Judge comenta en su prefacio a Aforismos del Yoga que “la voluntad es un poder espiritual… presente en cada parte del Universo.” H. P. Blavatsky a menudo repetía que detrás de la voluntad está el deseo. ¿Cómo transformamos el principio del deseo en servidor de una vida consagrada? Cuando la voluntad se libera del dominio de la pasión, es capaz de dominar la mente, que tiene una tendencia a la dispersión. La mente calmada o enfocada recibe todos los deseos como el océano recibe todas las corrientes.

 

Además de desarrollar el poder de la voluntad por el redireccionamiento del principio del deseo, Blavatsky y Judge recomendaban el raja yoga. Los raja yoguis buscan controlar la mente  misma. Cuando la mente es acallada, sus modificaciones son acalladas. La voluntad y la mente sólo son sirvientes del Yo verdadero, y la meta del raja yoga es la unión con Isvara, el espíritu en el hombre, que gradualmente eleva el yo inferior a planos más elevados. Este proceso implica meditación, que HPB llamó la “silenciosa e inexpresada oración, o, como lo expresó Platón, “el ardiente giro del alma hacia lo divino’” (La Clave de la Teosofía, p.10). Damodar K. Mavalankar en su artículo “La Contemplación” está de acuerdo en que la meditación “es el inexpresable anhelo del Hombre interno ‘hacia el infinito’, que en tiempos antiguos era el verdadero significado de adoración”.

 

Patañjali en sus Aforismos del Yoga proporciona tres pasos distintos para la meditación:

 

1. Fijar la mente en un lugar, objeto, o sujeto es atención (dhârana).

2. La continuidad de esta atención es contemplación (dhayâna).

3. Esta contemplación, se vuelve meditación cuando el objeto de la atención sólo irradia y la mente pierde consciencia de sí misma (samâdhi).

 

Como lo resume Swami Krshnananda: “Si dhârana es la gota, dhyâna es el río. Muchas concentraciones hacen una meditación” (El Sistema del Yoga, Cap. 11). Cuando el río se une al océano, se le llama samâdhi. Swami Vivekananda describe este elevado estado como el abandono de todas las formas.

 

En el Gita, Krishna exhorta a obtener pureza de motivo colocando toda nuestra atención en el acto mismo, en vez de hacerlo en la recompensa subsiguiente. Esto puede hacerse en la vida diaria sin posturas ni mantras. Un verso sobre recuerdos de la infancia enseña: “Actúa por y como el yo de toda criatura.” Krishna le dice a Arjuna: “Yo soy el Ego que habita en el corazón de todo ser” (Cap. 10). Él instruye a Arjuna a fijar su mente en el Yo verdadero: “A cualquier objeto que la mente inconstante se asome … domínala, tráela de vuelta y colócala sobre el Espíritu” (Cap. 6). Con el tiempo esto se vuelve fácil, pues Krishna declara que él mismo es “el poder de la concentración en aquellos cuyas mentes están en el espíritu” (Cap. 10).

 

A. P. Sinnet cita un Mahatma cuando dice que los apegos y sentimientos personales algún día “se fundirán en un sentimiento universal, el único verdadero y sagrado, el único altruista y eterno, Amor, un Inmenso Amor por la humanidad como un todo” (El Mundo Oculto, p. 152). Vemos aquí que la concentración es mucho más que una práctica mental, pero requiere un incesante desinterés y disciplina de por vida. Éste es el porqué los sabios se ocupan en conseguir la serenidad, la caridad y el amor que “eliminan el miedo”. Así el raja yoga se enfoca en el altruismo, no en posturas, proyecciones astrales o recetas psíquicas para el exiguo yo inferior. Las virtudes allanan el camino para una vida futura cuando la verdadera práctica de la concentración pueda comenzar. Judge escribe: “algún día comenzaremos a observar por qué ningún pensamiento pasajero puede ser ignorado, ninguna efímera impresión ignorada. Esto que podemos percibir no es tarea fácil. Es un trabajo enorme” (Ecos de Oriente 1:72).

 

Ejercicios para el laico moderno aparecen en varios libros recientes, como Espiritualidad Esencial de Roger Walsh. Entre “Las 7 Prácticas Principales para Despertar el Corazón y la Mente” que este libro sugiere, la cuarta práctica – concentrar y calmar nuestras mentes – contiene varias ideas útiles. Primero el Dr. Walsh muestra que los psicólogos occidentales del siglo pasado no creían que uno pudiera refrenar el “serpentear” de la mente. Ellos aceptaron la conclusión de William James quien afirmaba que la “atención no puede ser sostenida continuamente.” Esto fue inmediatamente después del dilema Freudiano de que somos víctimas de fuerzas inconscientes dentro de nosotros. Las religiones de los tiempos, sin embargo, mientras que reconocen que la “mente inquieta es tan difícil de controlar como el viento” (Gita, Cap. 6), enseñaron que puede y debe ser subyugada. Este es el motivo por el que Buddha enseñó la atención plena y por qué el Dalai Lama sostiene que el propósito de la religión es entrenar la mente. La verdadera religión nos vuelve a conectar a nuestra fuente; nos enseña el desapego, la ecuanimidad que permite mentes equilibradas, decisiones y actos. Nosotros podemos dirigir nuestra atención a lo que es justo, sabio y honorable. El Dr. Walsh insiste que hay que evitar la “atención imprudente”, porque nuestra dieta mental afecta nuestra salud mental. Nos convertimos en lo que nos concentramos.

 

Los pasos del Dr. Walsh para desarrollar una mente serena comienzan con algunas prácticas sencillas. Una es hacer solo una cosa por vez. Similar a la idea Zen de “cuando limpio, limpio”, le podemos dar a cada tarea toda nuestra atención: sin conversar por nuestros teléfonos celulares mientras cocinamos o conducimos, o escuchar la radio mientras leemos el periódico. Gradualmente le permitimos a cada tarea convertirse en un ritual sagrado. Incluso el simple acto de abrir una puerta puede hacerse con amor y cuidado, sin brusquedad, y cerrarla suavemente. Walsh sugiere que comencemos dándole la bienvenida a las interrupciones en vez de desdeñarlas o de irritarnos: al escuchar a un amigo que nos habla por teléfono, le podemos prestar toda nuestra atención.

 

La contemplación y la meditación son habilidades como aprender a tocar un instrumento musical. Requieren práctica continua. Calmar nuestra mente es la disciplina espiritual del Gita. Refina los sentidos por el abandono del apego a ellos. Walsh nos recuerda que “mientras madura la capacidad de la concentración, la habilidad de cuidar y de prestar atención a cada momento se vuelve cada vez más firme y continua” (p. 169). En el Gita lo encontramos descrito como “Ese firme poder que mantiene al hombre como unidad, que por devoción controla cada movimiento de la mente… “ (Cap. 18). Esto transforma la vida en un yoga ininterrumpido.

 

Otros pasos descritos por Walsh: “Convierte el trabajo en servicio”. Cuando abrazamos la generosidad y la alegría por el servicio, damos de nosotros, no damos solo objetos materiales. Podemos adoptar un medio de donar anónimamente, como el descrito en el Talmud, donde amigos generosos dejan comida en las puertas de los pobres durante la noche, sin buscar reconocimiento o recompensa. La Madre Teresa lo resume diciendo: “No permitas que nadie se acerque a ti sin que se vaya mejor y más feliz.” Estos son los logros más elevados de la generosidad. Podemos comenzar transformando nuestros motivos y dedicando nuestras actividades a los demás.

 

Tampoco debemos omitir la sutil práctica del silencio, recomendada por todas las escrituras. Por ejemplo, las enseñanzas Sufíes como también las de la Torah aconsejan: “Serénate y aprende.” La habilidad por la que nos alineamos con la Eternidad, los Taoístas la conocen como vivir en armonía con el Tao:

 

En la quietud (la mente) se vuelve clara. En la claridad, se vuelve brillante, y este brillo es el resplandor del Tao interno. (La guía Shambala del Taoísmo por Eva Wong).

 

Confucio aplicó este precepto de vivir en armonía con la Naturaleza y la sociedad. Los Sufíes, los Quaqueros, los Indios Americanos, y los Mojes Calmadolenses, todos buscaron esa “pequeña y silenciosa voz interior.” Porque, como Black Elk pregunta, “¿No es el silencio la voz misma del Gran Espíritu?” Mientras está en silencio la mente permanece calmada. El Maestro KH escribió:

 

Es sobre la serena y plácida superficie de la mente en calma que las visiones reunidas de lo invisible encuentran su representación en el mundo visible. Caso contrario, buscarías vanamente esas visiones, aquellos destellos de luz repentina que ya han asistido a solventar muchos de los problemas menores y que solo pueden llevar la verdad ante los ojos del alma. Es con un celo inmenso que tenemos que custodiar nuestro plano mental de todas las influencias adversas que diariamente surgen a nuestro paso por la vida terrena. (Carta No. 11, Cartas de los Maestros a A. P. Sinnet, p. 64)

 

 

La Sra. Dara Eklund nació en una familia de la Rama Unida de Teósofos de Los Ángeles (RUT). Siendo adolescente, a finales de 1940, dejó la RUT, trabajó por la Teosofía de una manera no sectaria, cooperando con Pt Loma, Adyar, RUT, y con teósofos independientes de cualquier organización. Su Licenciatura en Ciencias Bibliotecarias de la UCLA la ayudó a hacer muchos años de investigaciones para Boris de Zirkoff, quien fue compilador y editor de los Escritos Compilados de H. P. Blavatsky, y para sus propios escritos. Como reportó su amado esposo, Nicholas Weeks, el 4 de agosto del 2016, “la radiante alma que conocimos por medio de su hermosa personalidad como Dara, continuó a su siguiente gran aventura.” Muchos la extrañarán.

 

 

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