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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 137 - Número 11 -  Agosto 2016 (en Castellano)

 
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Desde El Atalaya

 

Tim Boyd

 

MULTIDIMENSIONALIDAD Y NINGÚN ESPACIO VACÍO

Uno de los profundos principios que se transmitió al mundo con la reintroducción de la Teosofía a través de H.P. Blavatsky fue la idea de que somos seres “multidimensionales” que habitan un universo multidimensional. Se hizo un gran esfuerzo por definir y describir los distintos planos de la Naturaleza en la cual funcionamos. Desde un punto de vista teosófico, nuestra tendencia es pensar en términos de siete planos. La idea de que nuestro nivel normal de percepción es solamente uno de muchos es mucho más fácil de aceptar ahora de lo que era en la época en que HPB presentaba estas ideas, una época en la que el espectro electromagnético se estaba descubriendo y definiendo. Aunque tal vez no sea importantísimo en nuestra mente, somos conscientes de que el espacio de nuestro entorno está lleno de varias ondas de distintos tipos. Cualquiera que tenga un móvil sabe que cuando suena el teléfono, es porque la causa es un patrón específico de las energías de un tipo particular. Esas energías nos rodean en todas partes y en cada momento, pero sólo percibimos la mínima parte de ese espectro. Somos muy conscientes de una banda limitada de la dimensión física. Si nos quemamos los dedos, enfocamos la atención en este cuerpo físico. Todo lo relativo a las sensaciones es lo que nos une con el mundo físico, ése es un nivel. Similarmente, con nuestros sentimientos, cuando estamos tristes o felices, somos muy conscientes de ese nivel emocional de la conciencia que es distinto al físico. Lo mismo se aplica a los pensamientos de distintas cualidades, los que tienen la raíz en los objetos físicos concretos y los que son más conceptuales y abstractos. Son los planos de conciencia con los que estamos más familiarizados. Pero en las enseñanzas de la Teosofía se dice que hay dimensiones, planos del ser, en los cuales podemos funcionar y funcionamos, que se hallan significativamente más allá de ellos. ¿Por qué no somos conscientes de esas dimensiones más extendidas de nuestro ser? HPB decía: “Sea cual sea el plano en el que nuestra conciencia pueda estar actuando, tanto nosotros como las cosas que pertenecen a ese plano son, de momento, las únicas realidades”. Cuando estamos muy enfadados, o tristes por algo, nos olvidamos del cuerpo, de comer o de dormir. Si nuestra mente está centrada en el reino emocional, sólo las emociones son reales para nosotros, nada por encima o por debajo. El plano de la conciencia en el que se centra nuestra concienciación determinará para nosotros lo que es real en cualquier momento dado. Una aplicación importante de ese principio implica descubrir los distintos niveles de conciencia en los que funcionamos. Hay una meditación conocida que pasa por ese proceso. A veces se describe como una meditación sobre los cuerpos, donde, en nuestra práctica meditativa, enfocamos la atención primero en las sensaciones del cuerpo físico. Cuando estamos sentados, nos concienciamos de la presión del asiento, del aire de nuestro alrededor, las luces que vemos, somos conscientes del reino físico y de las sensaciones que cruzan nuestra conciencia. A medida que vamos profundizando en ese estado de atención, la gente puede empezar a ser consciente del latido del corazón, puede sentir el fluir de la sangre, a menudo incluso sentir el movimiento de la energía nerviosa que recorre el cuerpo, que está ocurriendo todo el tiempo, pero generalmente por debajo del nivel de nuestra concienciación. Observamos esas sensaciones y a través de ese proceso surge el reconocimiento de que como podemos ver y observar esas sensaciones, somos algo más. No somos este cuerpo físico. Este proceso luego se repite con las emociones, con los pensamientos de distintos tipos y con la misma mente. El proceso requiere atención, observación y reconocimiento de que eso no es todo lo que existe, que hay más. El objetivo de ese tipo de ejercicio es que nos familiaricemos con los distintos niveles en los cuales somos capaces de funcionar. Esa familiaridad nos ofrece la oportunidad de ser efectivos al utilizar los distintos aspectos de nuestro ser. Esa multidimensionalidad está directamente relacionada con el principio de “Ningún espacio vacío”. La idea de “ningún espacio vacío” es la de que éste es un universo inteligente y en todas partes hay inteligencia. La inteligencia adopta varias formas, algunas las vemos, pero la mayoría no. Hay una frase maravillosa en las Cartas de los Maestros que habla de nuestra interacción con el espacio que nos rodea y las formas que habitan ese espacio. En la primera carta de KH a A.O. Hume, dice “el hombre está poblando continuamente su corriente en el espacio con un mundo propio, coronado con su progenie de fantasías, deseos, impulsos y pasiones”. Cada pensamiento sale de nuestra mente, asume una forma, algo vivo que atrae a otras de su mismo tipo. Según el poder de nuestro pensamiento, esa entidad vive y se mueve y circula dentro del ambiente compartido de pensamiento durante más o menos tiempo, según el poder de nuestro pensamiento. Hablando de cosas más allá de nuestro margen normal de percepción, puede a veces parecer extraño o sobrenatural. Uno de los consejos que se nos dan cuando intentamos captar esas dimensiones más ocultas es el axioma hermético: “Como es arriba, es abajo, como es dentro, es fuera”. En otras palabras, no hay rompimiento en las leyes que gobiernan este reino físico, emocional o cualquier otro reino en el que existimos. Tomando el ejemplo de atraer distintas formas de vida a los pensamientos que producimos, una analogía útil podría ser la siguiente: si cogiéramos una jarra de miel y la pusiéramos afuera, al otro lado de la puerta, atraería cierto tipo de criaturas: abejas, mariposas, etc. No es ningún misterio para nosotros, lo vemos constantemente. Igualmente, si ponemos hierbas podridas fuera, también atraerá un tipo distinto de seres. No serían las mariposas ni las abejas, sino moscas, gusanos etc. De manera similar, la “fragancia” de nuestros pensamientos atrae toda una hueste de seres. En palabras del Maestro, la corriente que sale de nosotros se ve continuamente poblada de esa misma manera. Igualmente, si alguna vez hemos tenido la experiencia de estar sentados en presencia de alguien que está deprimido o enfadado, ni siquiera tenemos que conocerlos o conversar con ellos ni tener contacto visual con ellos; si no tenemos cuidado, nos veremos afectados. En presencia de la depresión, acabaremos sintiéndonos vacíos, si no nos hemos prevenido contra ello. Ante la ira, nos sentiremos incómodos o en peligro. Hay una atmósfera, una población, que se ve atraída hacia cada uno de nosotros. ¡Somos nosotros los que hemos de escoger con quien queremos estar! En la tradición de la Sabiduría Perenne o en cualquier tradición espiritual, encontramos muchas diferencias de un lugar a otro, pero hay algo que es seguro en todas las tradiciones. En Oriente, el término utilizado para describir eso es “mantra”. En Occidente lo conocemos como “plegaria”. Cada tradición habla de los beneficios y efectividad del mantra adecuado o de la plegaria adecuada. En parte, implica familiarizarnos con otros niveles del ser que están continuamente funcionando dentro de nosotros y alrededor de nosotros. Igual que hay fuerzas que se ven atraídas a la ira, al odio y a la tristeza, también están las que son atraídas a la paz. Hay amantes de la paz que se juntan igual que mariposas alrededor de una flor. Las distintas tradiciones tienen distintos nombres para ellas: ángeles, devas y otros. Somos conscientes de plegarias y mantras específicos y  poderosos. Mahoma no sabía leer cuando lo llamaron para que recitara los primeros versos del Corán, era analfabeto. Cuando el arcángel Gabriel apareció ante él y le enseñó la tableta y le pidió que recitara lo que estaba escrito, Mahoma dijo “No puedo recitar; no sé leer!” El arcángel dijo: “Recita, lee!” y Mahoma leyó y su recitación se convirtió en el Corán, que es la recitación de todas las muchas verdades que se le comunicaron de esa manera. En Luz en el Sendero encontramos un pasaje fascinante que habla de la lectura. Dice así: “Leer, en el sentido oculto, es leer con los ojos del espíritu”. Si pedís, se os dará. Después se hace la pregunta de por qué la gente normal está pidiendo todo el tiempo, pero no reciben nada. La respuesta es que normalmente, cuando pedimos, pedimos con la mente y la respuesta que somos capaces de recibir no va más allá de los límites de nuestra mente limitada. Pero pedir realmente no es sólo buscar información, esa petición procede de un hambre que tenemos dentro de nosotros, un hambre nacida de una aspiración espiritual. Sólo entonces recibimos una respuesta y después vemos, leemos y recitamos. Pero hasta ese punto, sólo estamos pidiendo con la mente y recibiremos respuestas dignas de esa mente. La plegaria, o mantra, tiene sus raíces en esa hambre de lo Divino. Muchos mantras y plegarias tienen cierto poder espiritual sólo en las cualidades de su sonido. Pero solamente cuando existe una intención más profunda y la comprensión nos permite relacionarnos con esa plegaria, se convierte en algo capaz de conectarnos. Una plegaria de la tradición védica con la que estamos familiarizados y que dicen es muy poderosa es el Mantra Gayatri. I.K. Taimni tiene mucho que decir sobre ella en su excelente libro Gayatri, la Práctica Religiosa diaria de los hindúes. Pero hay una práctica preliminar implicada antes de que siquiera entremos en la plegaria en sí. Requiere que nos presentemos ante fuerzas más elevadas que actúan en distintos niveles de nuestro ser. Está asociada con los distintos chakras como representaciones de campos de conciencia: Om Bhuh (raíz), Om Bhuvah (bazo), Om Janaha (garganta), Om Tapah (ceño), Om Satyan (corona). Es una práctica regular que requiere que nos familiaricemos con la inteligencia y los poderes que residen en la Naturaleza y en nuestro interior. Es la práctica inicial del Gayatri. Se recomienda que esta práctica se haga diariamente. Para el resto, os aconsejo el libro de Taimni. Otra plegaria que compartiré es una oración anónima de la tradición cristiana. La encontré como parte de la introducción de un librito sobre misticismo práctico: La Nube del No Saber. Como es una plegaria cristiana, habla a Dios como a lo Divino: Oh, Dios, ante quien todos los corazones se abren, ante quien el deseo es elocuente y de quien nada está oculto, purifica los pensamientos de mi corazón con los rayos de tu espíritu para que pueda amarte con un amor perfecto y alabarte como te mereces. En este ejemplo en particular, que podemos analizar mentalmente, la parte más importante es la conexión con la aspiración espiritual interna. Esta plegaria empieza con un reconocimiento de lo que es divino e ilimitado, y hay un cierto aspecto liberador en la idea de un reconocimiento de Dios, la Unidad, la Unicidad, ante la cual cada corazón está completamente abierto y visible. Hay una cierta libertad en el sentido de que no hay necesidad de defendernos contra lo Divino. Todo está abierto “para quien nada está oculto”. Cualquiera que haya tenido la experiencia de vivir en este mundo un cierto número de años habrá actuado en algún momento de alguna manera que probablemente habría deseado no hacerlo. Muy a menudo se consume mucha energía tratando de mantener estas cosas “secretas” en el corazón, para que permanezcan ocultas. Tal vez no sea algo bueno ir a decírselo a tu vecino, pero ciertamente, en el silencio de tu propia meditación, ser capaz de sentir la apertura vuelve a ser un potencial liberador. La elocuencia es una manera de hablar persuasiva. “Ante quien el deseo es elocuente” se refiere a ese deseo que persuade a lo Divino a visitarnos, a vivir dentro de nosotros, a moverse desde nuestro interior al exterior. Nuestro deseo es unificarnos con lo Divino, tener la experiencia de la Unidad, de la Unicidad. Ese deseo es persuasivo para liberarnos de barreras personales. Ése es el aspecto de reconocimiento de esta plegaria. La parte siguiente es una llamada, una petición para “purificar los pensamientos de mi corazón”, esos pensamientos que están pasando por mi corazón de momento en momento. ¿Por qué? Para “poder amaros” para poder expresar un amor que es ilimitado, que es Divino, “con un amor y una alabanza perfectos tal como merecéis”. La pregunta con la que voy a terminar es “¿Cuál es la alabanza que merece aquello que es Divino, esa Unicidad y todas sus expresiones? ¿Significa que entonamos cantos sobre la belleza de las cosas, o nos decimos palabras los unos a los otros, o significa algo más? Quisiera sugerir que tal vez la más profunda alabanza que podamos dar sea el reconocimiento de la presencia de eso Divino en cada uno, en cada cosa, en todo el espacio que creemos que está vacío, que es omnipresente, todopoderoso, conocedor de todo. Ésa es la mejor alabanza que somos capaces de dar.

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Estas reglas han sido escritas para todos los discípulos: préstales atención. Antes de que los ojos puedan ver, deben ser incapaces de llorar. Antes de que el oído pueda oír, tiene que haber perdido su sensibilidad. Antes de que la voz pueda hablar en presencia de los Maestros, debe haber perdido la capacidad de herir. Antes de que el alma pueda hallarse en presencia de los Maestros, sus pies deben haberse lavado en la sangre del corazón.

Luz en el Sendero

 

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