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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 137 - Número 10 -  Julio 2016 (en Castellano)

 
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El Islamismo a la Luz

de la Teosofía

 

ANNIE BESANT

Segunda Presidente internacional de la Sociedad Teosófica, desde 1907 hasta 1933.

Extractos de The Theosophist, abril y mayo de 1910.

 

 

Si traducimos “Teosofía” al castellano, significa simplemente ‘Sabiduría Divina’. Con esta palabra se indica LA SABIDURÍA relacionada con todas las religiones del mundo. Cada religión, en su momento, creció de la gran Raíz de la Sabiduría Divina. Cada religión, en su lugar, es una exposición de la Vida Divina en la humanidad, por lo tanto, esta enseñanza, que adquiere el nombre de Sabiduría Divina, sin limitaciones sectarias, es la ferviente ayudante y defensora de cada religión que ha elevado y consolado a la humanidad. No es una religión, sino cada religión, que tiene en ella una amiga y una defensora.

 

Algunos de nuestros hermanos cristianos han considerado a la Teosofía como perjudicial para esta gran religión occidental. Pero este es un concepto erróneo, que probablemente deriva del hecho de que la Teosofía ha fortalecido a las fes Orientales de las agresiones, y también ha señalado las adiciones y omisiones que en el presente han deteriorado al cristianismo popular, como también ha señalado las adiciones y omisiones similares en el Budismo y en el Hinduismo popular. La Teosofía se ha destacado como defensora de cada creencia en el mundo Oriental y en el Occidental. Porque en todas partes en estos días la religión es atacada, y su defensa se convierte en el deber de un verdadero Teósofo; y en el Oriente, especialmente en India, donde religiones como el Hinduismo y el Islamismo tienen su hogar y sus numerosos fieles, dondequiera que estas religiones sean atacadas, la Teosofía se convierte en defensora y se coloca en medio de los ataques, para explicar, para iluminar y para defender. Pero sin embargo, en tierras Occidentales, en el reino de la Cristiandad, la Teosofía es la sirviente del Cristianismo, como aquí es sirviente del Hinduismo, del Zoroastrianismo y del Islamismo. Allá, en Occidente, finalmente se reconoce que llena un gran vacío en defensa del Cristianismo, no en contra de los ataques de cualquier otra religión sino en contra del materialismo, en contra de los ataques del pensamiento científico, donde ese pensamiento científico no posea ideal espiritual. Así que en todas partes la Teosofía se adelanta para explicar e iluminar.

 

En este país, India, donde una gran proporción de indos pertenecen a la gran fe del Profeta Mahoma, hay aproximadamente setenta millones de personas que le consideran como el principal mensajero de Dios. Naturalmente la Teosofía entra aquí para ayudar a aquellos que siguen esta fe. Su posición entre las religiones del mundo no está tan bien reconocida como debería estarlo; es decir, el Islamismo no es considerado como debería serlo, por muchos, como uno de los grandes exponentes de la Sabiduría Divina. Considerado como religión, a menudo es injustamente atacado porque está absolutamente mal entendido, en cuanto a la grandeza de su Profeta, y a la nobleza de sus enseñanzas para el mundo. A menudo, en Occidente ocurren ataques hacia el Islamismo basados en que es fanáticamente opresor y no progresivo; sobre la base de que la posición de la mujer en el Islamismo no es como debería serlo; basados en que no fomenta el aprendizaje, la ciencia y los esfuerzos intelectuales. Estos tres son los principales ataques que los Occidentales hacen contra el Islamismo. Estos ataques no están justificados por las enseñanzas del Profeta, y son controvertidos debido a los servicios que el Islamismo le ha prestado al mundo. Es cierto que actualmente el Islamismo no se presenta ante el mundo como un exponente de conocimientos avanzados, de grandes esfuerzos intelectuales, pero esto no se debe a la falta de enseñanzas, sino a la negación de ellas. El Islamismo ha sufrido, como todas las otras religiones del mundo, porque sus seguidores no son dignos de su Fundador.

 

El Islamismo difiere de las otras religiones del mundo en un hecho importante. Acerca de su Fundador, el Profeta, no hay mezcla del elemento místico en su historia que rodee a los otros grandes lideres religiosos; vivió en tiempos que son considerados históricos. En el siglo séptimo de la era Cristiana nació y vivió su vida en tierras cuya historia es conocida.

 

Cuán espléndidamente su vida puede encarar la luz, y cuán absolutamente ignorantes son los que atacan al Profeta Mohamed, lo demuestra la historia. Muchos no conocen la historia de su vida, tan simple, tan heroica y tan noble en sus descripciones; una de las grandes vidas de los hombres de la historia. Nació en momentos duros, rodeado de circunstancias difíciles, entre personas que estaban sumidas en la superstición, en medio de personas entre quienes las supersticiones vestían sus frutos más malvados. Veremos más adelante el testimonio de aquellos a quienes Él convirtió, según las palabras de aquellos que dieron testimonio mientras Él vivía y de quienes le consideraron el Profeta de Dios, y de lo que fueron las vidas de las masas de personas. Pero incluso antes de esto, Él se destacaba como Luz en la oscuridad, y encontramos su vida tan noble y tan verdadera que podemos comprender por qué Él fue escogido para dar el mensaje de su Señor a todos aquellos que estaban a su alrededor. ¿Cuál fue el nombre por el cual todos los hombres, mujeres y niños le conocieron en la Meca? Fue el nombre de al-amin, el Digno de Confianza. No conozco ningún epíteto más elevado y noble que este, con el que nombraron a este hombre que estuvo entre ellos desde su juventud, el digno de confianza. Se cuenta que cuando Él caminaba por las calles, los niños salían corriendo de sus hogares y se aferraban a sus manos y rodillas. Donde existen estas dos cualidades en una sola persona, el amor de los niños y una persona que hace que los hombres le llamen Digno de Confianza, se encuentran los elementos de un héroe, de un líder de nacimiento, de un maestro de hombres.

 

Es una historia con mucho significado la de aquellos agotadores quince años de esfuerzos, de pensamientos, de meditaciones, de vivir la vida mundana para luego retirarse un tiempo a una caverna en el desierto, luchó con sus pensamientos que primero le dominaron, y Él decayó por las debilidades del hombre contra el llamado de los poderes del Espíritu. Una noche Él regresó de la cueva, cuando el Ángel del Señor le ordenó: “Levántate, Oh Profeta de Dios y ve y grítale a las masas”. Él tembló, y temiendo y dudando dijo: “¿Quién soy, qué soy, que debo ir como Profeta del Señor?”. Fue en ese momento en el que su esposa le animó, ordenándole que obedeciera el llamado. “No temas”, le dijo, “¿Acaso no eres el Digno de Confianza? Jamás el Señor engañará a un hombre en quien otros hombres confían”. No puede haber un testimonio más justo para un profeta. Luego Él se embarcó en su gran misión, su esposa del alma fue su primera discípula, esa noble y amada mujer que vivió con este líder de hombres por veintiséis años en una vida de perfecta comunión. Así fue el carácter del hombre a juicio de la mujer que mejor lo conoció.

 

Hoy en día se dice que nadie es profeta en su tierra. Este profeta no careció de honor en su tierra o en la casa de su padre. Fue honrado por sus familiares y de ellos adquirió más discípulos. Luego vinieron aquellos que le eran afines y después otros a quienes Él amó. Luego de tres años de paciente labor hubo treinta que le reconocieron como el Profeta del Señor. Y cuán simple y frugal fue su vida. Él reparaba su calzado, ponía parches a su propio abrigo confeccionado y remendado por él mismo, incluso cuando se encontraba cercano a la muerte, miles a su alrededor se inclinaron ante él como profeta. Así fue el carácter de este hombre, tan simple, tan noble y tan sencillo.

 

            Un día hablaba con un hombre rico, cuando un hombre ciego gritó con fuerza: “Oh Profeta de Dios, enséñame el camino de la salvación”.  Mohamed no escuchó, porque hablaba con el hombre rico. De nuevo el ciego gritó: “Oh Profeta de Dios, muéstrame el camino de la salvación”. El Profeta frunció el ceño y le dio la espalda. A la mañana siguiente llegó un mensaje que permanecerá por siempre en el Corán, como testimonio de su honestidad y humildad. “Allí lo colocó para que todos puedan recordarlo”.

 

El Profeta frunció el ceño y le dio la espalda al ciego cuando se presentó ante él; ¿cómo sabes que no quería purificarse de sus pecados o si él quería ser amonestado y que la amonestación le beneficiara? Al hombre rico le trataste con respeto; pero no eres responsable si rechaza purificarse; en cambio, aquel que se presentó ante ti buscando la salvación, y con temor de Dios, le rechazaste. No lo vuelvas a hacer.

 

Pocos hombres serían capaces de publicar una reprimenda así, dirigida directamente a sí mismo; pero por el contrario, este hombre fue tan grandioso y veraz que después, dondequiera que Él veía a este ciego, se levantaba y dirigiéndose hacia él decía: “Bienvenido, porque fue por ti que mi Señor me reprimió”. Él fue tan grandioso que la más pequeña debilidad y carencia de amabilidad eran rápidamente reconocida, y sobre el hombre que fue la causa de la reprimenda Él lo mantuvo, lo amó y lo honró. No nos sorprende que todos le amasen.

 

Este amor que sus seguidores inmediatos, que le conocieron personalmente, tenían por Mohamed, fue uno de los más conmovedores en la historia de las religiones del mundo. Sus seguidores fueron perseguidos de un modo abominable; los colocaron en la arena caliente quemándolos bajo el ardiente sol Arábigo; apilaron piedras sobre ellos; les negaron una simple gota de agua para humedecer sus secos labios; los despedazaban; un hombre fue cortado en partes, su carne poco a poco rasgada hasta los huesos, y le preguntaron en medio de su agonía: “¿Crees tú en el profeta, no preferirías que Mohamed estuviera aquí y tú en tu hogar?”. El hombre que agonizaba respondió: “Con Dios como testigo, no estaría en mi hogar con mi esposa e hijos y alimento, si por esto Mohamed fuera lastimado con sólo una espina”. Con esto se puede entender cuánto fue amado este hombre por sus seguidores.

 

No hay nada más patético que un incidente que tuvo lugar después de una batalla, una de las primeras batallas donde las tropas del Profeta vencieron y hubo grandes despojos. Él dividió los despojos y aquellos que estuvieron cerca de él por mucho tiempo y que eran los mejores no tomaron parte en la repartición. Se molestaron y murmuraron en secreto. Allí, Él los llamó a su lado y les dijo:

 

Se de una conversación que ha tenido lugar entre ustedes. Cuando vine a ustedes, deambulaban en la oscuridad y el Señor les mostró la dirección correcta; ustedes sufrían y Él los hizo felices; tenían enemigos entre ustedes mismos y Él colmó sus corazones con amor fraterno y les concedió la victoria. ¿No fue así, respóndanme?

 

“De hecho, es así como lo has dicho”, fue la respuesta, “al Señor y a su Profeta le pertenecen la gracia y la benevolencia”. El Profeta continuó:

 

Les diré más, por el Señor, y tengan su respuesta, respuesta cierta, porque yo mismo podría haber dado testimonio de su verdad, “Viniste a nosotros rechazado como impostor y creímos en ti; viniste como impotente fugitivo y te ayudamos; pobre y marginado y te dimos asilo; sin consuelo y te consolamos”. ¿Por qué perturbar vuestros corazones por las cosas de esta vida? ¿No están satisfechos que los otros obtengan los rebaños y los camellos, mientras ustedes vuelven a vuestras casas conmigo?

 

Y se dice que mientras salían estas palabras de sus labios, “las lágrimas les caían sobre sus barbas”, y dijeron: “Sí, Profeta de Dios, estamos bien satisfechos con nuestra parte”. Tanto así, pues, fue Él amado; ¿por qué? Porque Él brindaba Luz a aquellos que estaban en la oscuridad de la ignorancia. El testimonio de sus seguidores de lo que ellos eran, y en lo que se habían convertido por las enseñanzas del Profeta permanecen en los registros; podemos comprender lo que pensaban de él como Profeta, cuando el divino rayo los golpeó por las enseñanzas que Él les impartió. Ellos dijeron en un escrito que aún se conserva:

 

Adorábamos ídolos, vivíamos en la fornicación, comíamos cadáveres y hablábamos abominaciones; ignorábamos todo sentimiento de humanidad y los deberes de hospitalidad y vecindad; no conocíamos otra ley que la del fuerte; cuando Dios erigió entre nosotros a un Hombre, de cuyo nacimiento, veracidad, honestidad y pureza estábamos conscientes; y él nos llamó a la unidad de Dios y nos enseñó a no asociar nada con él; nos prohibió la adoración de los ídolos y nos ordenó a hablar sólo la verdad, a ser fieles a nuestras creencias, a ser compasivos, y a considerar los derechos de nuestros vecinos; nos prohibió hablar mal de las mujeres, … nos ordenó abandonar los vicios y abstenernos de la maldad, a ofrecer plegarias, dar limosnas, a observar el ayuno. Nosotros creemos en él, hemos aceptado sus enseñanzas.

 

Una vez que Él tuvo algunos conversos les tomó juramento, el juramento de Aqaba. En referencia a este juramento, recuerden que no se trata de un tiempo lejano en el que no vivían historiadores, sino que se trata de la época del siglo séptimo, del que se conservan muy bien los registros. Observen el juramento tomado por los seguidores del Profeta:

 

No asociaremos nada con Dios, no robaremos, no cometeremos adulterio, ni fornicaremos; no mataremos a nuestros niños, nos abstendremos de calumnias y difamación, obedeceremos al Profeta en todo lo que sea correcto y le seremos fieles en las alegrías y en las tristezas.

 

Este es el juramento. Las mismas palabras hablan elocuentemente de la condición de las personas que Él elevó. Júzguenlo por aquellas cosas de las que ellos prometían abstenerse. El sacrificio humano era común, el libertinaje estaba ampliamente difundido en la vida diaria. Este fue el juramento que Él aceptó, esta fue la promesa que Él tomo a sus seguidores. Observen cuán bien adaptadas a las necesidades del momento estaban sus enseñanzas morales…

 

Mi propósito es otro que distraerlos repitiendo cosas que muchos de ustedes conocen tan bien o mejor que yo. Este propósito es reunir a los Musulmanes y a los Hindúes, porque la India nunca se convertirá en una nación mientras Hindúes, Zoroastrianos, Cristianos y los Musulmanes no se comprendan mutuamente. ¿No debemos todos hacer a un lado los odios teológicos y sentirnos como hermanos? ¿No debería el Musulmán cesar de pronunciar “Giaour”, el Hindú cesar de susurrar “Mlechchha” y el Cristiano cesar de repetir “Cielo”? ¿No deberíamos aprender a respetar la fe de cada uno y reverenciar la adoración del otro? No hay necesidad de convertirse de una religión a otra; cada una es un Rayo del Sol de la Verdad.

 

Todos debemos retornar al hogar del que procedemos y podemos vivir bien con nuestras mentes en paz en la tierra en la que tenemos que convivir físicamente uno al lado del otro. Nadie tiene que renunciar a lo que es preciado para sí, esto ha sido transmitido por generaciones de ancestros, esto es el punto central que agrupa las santidades del hogar. Cada uno no sólo debe amar su fe, sino también vivirla y comprender que la fe de su vecino es tan preciada para su vecino como la suya es preciada para él. Aprendamos de nuestros vecinos en vez de pelear con ellos, amarlos en vez de odiarlos, respetarlos en vez de burlarnos de ellos. Está escrito: “Todos regresaremos a Dios”. Está escrito: “Todo perecerá, salvo su Rostro”. Llámalo Allah, llámalo Jehová, llámalo Ahura-Mazda, llámalo Iśvara, nombres hay muchos, pero Él es Uno. Vemos el Sol desde puntos diferentes, pero él permanece como la misma Luz inmutable en el cielo, iluminándonos a todos por igual. Todos somos hijos de un Padre; ¿por qué reñir durante el viaje a casa?

 

 

 

 

El odio y el conflicto a menudo tienen sus raíces en personas de diferentes razas y religiones. Todos necesitamos respetar a las personas de diferentes razas como también a las personas de fes y religiones distintas. Necesitamos la unión por el reconocimiento de nuestra necesidad y deseo comunes de una sociedad armoniosa, una sociedad en la que nosotros, nuestros hijos y familias, amigos y comunidades podamos todos vivir en paz y en armonía. Sin importar nuestra raza o religión, todos queremos y necesitamos esta armonía social… Y sin armonía social, ¿cómo puede haber el desarrollo económico necesario y la atmósfera que conduce a la felicidad espiritual y a la auto realización?

 

Jagda Guru Siddhaswarupananda Paramahamsa

Chris Butler.

 

 

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