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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 137 - Número 09 -  Junio 2016 (en Castellano)

 
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Percepción e interpretación de la realidad

Trân-Thi-Kim-Diêu

Presidenta de la Federación Teosófica Europea.

Escribe y da conferencias extensamente sobre Teosofía.

 

Introducción

En todas las épocas, los seres humanos están siempre ávidos de buscar, reflexionar y entender su entorno, a sus conciudadanos y a ellos mismos. El entorno, las relaciones en red y el yo, constituyen los tres grandes objetos de observación y estudio. Cuando los dos últimos alcanzan cierto nivel, se logra la comprensión y puede conducir a un mejor entendimiento de lo observado. El entorno puede ser el círculo social inmediato, las proximidades de la naturaleza o, a una vasta distancia, el universo, por ejemplo. La observación conduce a la percepción, y la percepción genera interpretaciones. Además de la avidez de una comprensión más completa, los seres humanos tienen otra característica: la capacidad de concebir el infinito y de cuestionar la naturaleza de la existencia y de la Realidad. Una mente madura no puede evitar considerar estos temas. Antes de tratar de reflexionar sobre la Realidad, hay que abordar la siguiente pregunta: ¿qué es la percepción?

 

Percepción e interpretación

Como resultado del contacto de los órganos de los sentidos con los objetos, surgen la sensación y la percepción. La calidad de las dos depende primero de la calidad de los órganos. Si uno no tiene una piel sensible, el contacto no le daría una sensación precisa; en consecuencia, la percepción es tergiversada. Del mismo modo, si los ojos no ven correctamente, la vista está distorsionada. Sucede el mismo proceso con el olfato, el gusto y el oído. Entretejida con la percepción, de alguna manera compleja e inevitable, la interpretación apunta a un cierto significado de lo que se observa. Este significado es importante, ya que definirá el tipo de acción, así como su objetivo.

 

Con el fin de afinar los órganos de los sentidos y sus sensaciones, se recomienda llevar una vida limpia. Del mismo modo, para agudizar la percepción, se recomienda atención. En lo que concierne a la interpretación, hay varios factores involucrados. Esto se basa principalmente en la percepción y depende de todo el condicionamiento psico-mental de quien percibe. En el bien conocido ejemplo de una cuerda que se percibe como una serpiente, la oscuridad o luz insuficiente puede ser el factor externo; el factor psico-mental interno puede ser un miedo inconsciente, y/o estar fuera de control. En efecto, si el perceptor no hubiera estado condicionado por el miedo, este quizás habría visto la cuerda o alguna otra cosa, pero no una serpiente. Se puede observar que el miedo sólo puede funcionar en ausencia de percepción. ¡Esta explicación no excluye el caso de un perceptor que ame las serpientes! Habría que decir que los factores internos, el resultado del condicionamiento psico-mental, incluyen la atracción-repulsión dual (râga-dvesha), el estado de desconocimiento o falta de conciencia de la Realidad (avidya), la sensación de «yo soy» o el egoísmo ( asmitâ), y el apego a la vida y el miedo a la muerte (abhinivesa), estas son las cinco aflicciones (klesa-s) descritas por Patanjali en sus Yoga Sutras, como las cinco trabas fundamentales para los estudiantes de Yoga, y también para los discípulos de la teosofía.

 

Otro ejemplo bien conocido, es la descripción de un elefante hecha por varios hombres ciegos, donde cada uno solo utiliza el sentido del tacto. El paquidermo es descrito como una escoba, por el ciego que toca su cola; como un pilar, por aquel que toca su pierna y como un ventilador por quien palpa su oreja. Ninguno de los ciegos puede percibir el elefante entero. El tocar de modo incompleto las diferentes partes no puede representar la totalidad. ¡Poner una escoba, un pilar y un ventilador juntos no hace un elefante! Esta fábula alude a la situación humana, a la incapacidad de ver el todo, y al intento desesperado de poner partes juntas, percibidas erróneamente, para formar un todo. Obviamente, esto nunca puede funcionar. H. P. Blavatsky advirtió acertadamente a los estudiantes de Teosofía de no tratar de construir una imagen racional de lo que ella enseñaba, probablemente debido a su falta de sentido interno o intuición. Si lo hubieran intentado, probablemente habrían conseguido, en el mejor de los casos, un mosaico pobre que no representa la realidad del conjunto y, en el peor, una mente más confusa.

 

De hecho, en el proceso de percepción todos los sentidos están implicados, aunque algunos de ellos están más comprometidos. Pero en la parte superior del proceso, la mente coordina, mide, pesa, y llega a una conclusión, que es el resultado de todo el proceso de percibir. Por supuesto, 'asientos' o centros especiales localizados en el cerebro hacen el papel fisiológico de relevo, pero el actor es la mente. "La mente es el destructor de lo real”; distorsiona sensaciones, mide equivocadamente y sopesa los alrededores, de modo que la percepción no es exacta y la interpretación se distorsiona. Comprender el modus operandi fisiológico de estos centros en el cerebro no ayuda en lo más mínimo a mejorar la percepción.

La mente tiene un papel clave en todo el proceso de percepción/interpretación y durante el mismo. Un maestro budista Chan (Zen) se encontró con un grupo de monjes aprendices involucrados en una discusión apasionada. Preguntó sobre el asunto y uno de los jóvenes monjes resumió con entusiasmo la situación: había observado que una serpentina se movía con el viento, pero sus colegas objetaron y fingieron que la serpentina no se movía, dijeron que era el viento el que se estaba moviendo. El Maestro dijo: "Ni la serpentina ni el viento se mueven; tu mente se está moviendo.”

Así la mente ve el movimiento, se deja capturar por la apariencia y, en su trampa de aislamiento, no puede observar el movimiento en sí mismo. Por lo tanto, la pregunta aquí es cómo lograr una percepción que sea independiente del condicionamiento y libre de fragmentación. Los dos, el condicionamiento y la fragmentación, son limitaciones. La conciencia es la acción de romper estas limitaciones, de manera que la consecuencia inmediata es la visión del objeto de observación tal como es, es decir, en su totalidad y su desnudez; sin ninguna calificación o atributo. Si se aplica esto a las relaciones, individuos y eventos deben ser vistos como son y no como aparecen. Aplicando esto al espacio exterior, uno puede preguntar ¿qué hay detrás del universo, enmascarado por su apariencia? De hecho, las estrellas, las constelaciones, las galaxias, los cuerpos brillantes y la oscuridad circundante, todos forman parte del aspecto del universo. ¿Qué mora detrás del movimiento del cosmos?

Se dijo anteriormente que la interpretación es importante porque define el tipo de acción, así como su objetivo. En el ejemplo de la cuerda/serpiente, si el perceptor  le tiene miedo a las serpientes, saltará lejos para evitar el peligro de la serpiente; si es un amante de las serpientes, podría acercarse y tomar la cuerda como una serpiente. En ambos casos, la serpiente ilusoria ha sido creada por la mente. Del mismo modo, la mala interpretación de un individuo y su acción confusa puede conducir a una nueva acción errónea. La mala interpretación del universo conduce a la comprensión errónea de su propio lugar en él, y, consecuentemente, confunde la propia percepción del destino (dharma). Sucede como una secuencia de "imágenes virtuales" en un orden lógico; pero los eventos, las personas y todos los involucrados son sólo imágenes virtuales, no son reales. Así son la serpiente, la escoba, el pilar, el ventilador, el movimiento de la serpentina, el movimiento del viento, son todos ilusorios, creados por la mente, por la inexactitud de los órganos de los sentidos, por la visión distorsionada por el condicionamiento y, sobre todo, por falta de percepción. Todos ellos son irreales. Pero la cuerda, el elefante, la serpentina, el viento, son cosas que existen, concretas e innegables. No son ilusorias en su contexto, pero sus percepciones e interpretaciones son ilusorias, por lo tanto, irreales. Ahora viene la cuestión de la realidad.

 

Lo Irreal, lo Real – Realidad

 

La cuestión de la Realidad sigue siendo una de las preocupaciones esenciales de religiosos, científicos, artistas y de los ocultistas, todos ellos forman la "cresta de la ola de la humanidad". El religioso asocia la Realidad con lo Supremo, los científicos reflexionarían sobre esta como la Realidad, los artistas la exaltan como la Belleza, y los ocultistas la buscan como la Verdad. Estos diferentes términos son equivalentes a pesar de los ligeros matices técnicos. Tentativamente, se puede decir que lo Supremo se expresa como la Realidad que es la encarnación de la Belleza, y que, como tal, es la Verdad. Detengámonos un momento en esta idea. Albert Einstein, en su ensayo “Mi visión del mundo” escribió que, si hay una Realidad, la expresión de esta realidad es el espacio. También se dice que, al mirar la simple y famosa ecuación E = mc2, afirmó: '¡Es tan hermosa!'

En La Doctrina Secreta, se habla del Espacio como eterno, inmutable, lo que "alguna vez fue, es y será". Varios de los Upanishads definen el Espacio como el nombre y la forma del Supremo. Todos los contenidos del Espacio son partes Suyas. Explicado y discutido extensamente por los comentaristas de Brahma-Sutras, el Espacio se toma como el origen de todas las cosas existentes. Detrás del Espacio habita el Supremo, a veces identificado con el Yo, que es Ser. La Seidad, el estado del Yo, no es diferente a la Verdad.

La Verdad (satya) se identifica con la Ley (dharma) u Orden Cósmico (rita). El Rig-veda describe rita como el orden supremo que subyace en todo el universo, ese orden desde el cual las cosas y los sucesos proceden naturalmente. El Tao-te-Ching lo llama el Gran Tao del cual el cielo, la tierra y todas las criaturas se originan y proceden. El significado de la palabra "Tao" o "el Camino", incluye la Verdad, la Ley y el Orden Cósmico. Así, se puede decir que "la Realidad es la expresión de lo que está escondido, lo que es eternamente incognoscible (el Supremo), y su estado es, como tal, la Verdad." Esta (Realidad) es innegable pero inalcanzable; innegable porque es «real» (de la raíz latina res que significa «cosa», con existencia real), e inalcanzable porque es indivisible, lo que significa que el estudiante-peregrino no puede alcanzarla, sino que sólo puede fusionarse con ella. Esta unión resulta en una fusión que genera el estado de conciencia donde no hay ni tú, ni yo, el estado de no-dualidad.

El mundo, o manifestación, es un hecho innegable. Es real en su nivel, lo concreto, lo físico. Es nuestra percepción de este mundo lo que podría distorsionarse al menos en tres niveles: nuestro contacto, nuestra percepción y nuestra interpretación. Dado que la percepción está bajo la influencia del condicionamiento, un individuo ambicioso puede ver este mundo como un terreno para el logro, donde permanece atrapado en esta interpretación. Mientras mantenga la misma visión, no puede alcanzar su significado más profundo. Pero el mundo no es la Realidad. Por lo tanto, aunque es real en su nivel, permanece irreal en el nivel de la Verdad, porque en el nivel donde las cosas son como son, el mundo es irreal, porque es el campo de juego de la dualidad y no el estado indiviso de la Seidad.

Usamos la palabra "nivel" para indicar los niveles de existencia y también los niveles de conciencia que están íntimamente ligados con la comprensión. Cualquier estudiante genuino tiene avidez por aprender y comprender. "La comprensión es el movimiento serio de la conciencia que profundiza cada vez más en los niveles de la existencia." La visión del mundo cambia durante este viaje. El estudiante en algún momento se convierte en un discípulo cuya vida está dedicada a aprender con disciplina. Sus deseos y anhelos también se subliman durante el viaje: el mundo que solía ser el patio de recreo para obtener, aparece ahora bajo una luz diferente: ya no es visto como un medio para otra cosa, sino como un campo de experiencia para conocer y descubrir el significado más profundo del universo, de las relaciones y de sí mismo. Por eso, el Bhadāranyaka Upanishad dice:

De lo irreal condúceme a lo Real,

De la oscuridad condúceme a la Luz,

De la muerte condúceme a la Inmortalidad

 

Lo irreal se identifica con todos los vínculos sobre el estado desnudo de la Seidad. Lo "Real" significa el estado de existencia real y efectiva; en el último nivel, lo Real es la Realidad. "De lo irreal condúceme a lo Real" testifica el movimiento de la conciencia que aprende a crecer con discernimiento y a salir del laberinto de la ilusión. Este movimiento también clarifica, de modo que la conciencia se mueve de la oscuridad de la ignorancia, de no saber, de no ser consciente de la Realidad, a la Luz, que tiene un significado que va más allá del valor alegórico. De hecho, esta Luz es el resultado efectivo de la auto-refulgencia de la Conciencia Única última.

Por su poder de refulgencia, la consciencia “se inflama a sí misma” espontáneamente e ilumina el espacio dentro de sí. Esta luz es la luz de la conciencia, de la vigilancia, del conocimiento interior. Se puede relacionar con el Dhammapada, que afirma: "La negligencia es muerte la vigilancia es inmortalidad". Por lo tanto, "de la muerte condúceme a la inmortalidad" equivale a "sácame de la negligencia enseñándome consciencia". Este conocimiento interior exige claridad mental, simplicidad de acción e inocencia en el comportamiento.

Uno puede preguntarse si el conocimiento es de alguna ayuda para percibir la Realidad y la Verdad.

 

 

Autoconocimiento, Sabiduría y Meditación

 

Hay varios tipos de conocimiento. Algunos se pueden adquirir objetivamente, algunos por la experiencia a lo largo de la vida y algunos tienen la naturaleza de la sabiduría. Un ser humano es calificado como "conocedor" cuando posee cierta cantidad de conocimiento. Este es el caso de las disciplinas académicas, en las que el conocimiento permanece en los límites del intelecto. La experiencia confiere otro tipo de conocimiento que no es necesario que pertenezca a un alto orden intelectual, sin embargo, conduce al dominio de tratar con una variedad de asuntos, incluyendo el de vivir. Mientras que el conocimiento y la experiencia se convierten en habilidad, no conducen a la sabiduría. Un individuo hábil no es necesariamente sabio. El conocimiento que corona todo conocimiento es el auto-conocimiento. La sabiduría en esta etapa puede ser vista como la destilación del conocimiento y la esencia de la experiencia: la quintaesencia de ambos, libres de lo que ya no es útil para el crecimiento interior.

Del conocimiento objetivo del mundo exterior, la mente humana puede dirigir su atención hacia el interior para conocer el espacio interior, sobre sí misma. Este conocimiento es exclusivamente del reino humano porque es específico de la mente. En este espacio interior, la conciencia, en un movimiento de introspección, puede observar el fluir del pensamiento, el acto de pensar, de reflejar. El autoconocimiento no es tanto el conocimiento psicológico de la personalidad sino el descubrimiento de una conciencia mayor, un espacio más amplio desde lo interno. El capítulo 13 del Bhagavad Gitâ asocia el espacio interior con «el Campo», identifica al Yo como «el Conocedor del Campo» y define la Sabiduría real como el máximo conocimiento del Campo y del Conocedor del Campo.

En el proceso de conocer, están implicados tres elementos: el conocimiento, el objeto del conocimiento y el conocedor. El conocimiento surge del fluir de la conciencia del conocedor al objeto del conocimiento, de la investigación sobre la naturaleza de este objeto y del contacto directo con su naturaleza. El fluir de la conciencia hacia el objeto del conocimiento, permite a veces que la conciencia se mezcle con la naturaleza del objeto. La unión de los tres: conocimiento, conocedor y lo conocido, por la fusión, enriquece al conocedor con el conocimiento del objeto conocido, un proceso del cual el conocedor no es consciente. Todo el proceso se asemeja a un flujo constante de conciencia que va desde el conocedor hasta el objeto y vuelve, de modo que los constituyentes de esta corriente se modifican constante y dinámicamente, vivificados a través de la conciencia del aprendizaje. Cuando este proceso está bien regulado y alcanza un nivel suficiente de energía (o intensidad) se puede integrar con la concentración, el primer paso de la meditación (dhârana).

La meditación, alimento del alma espiritual, constituye una forma de vida, contiene técnicas de autodisciplina mental, conduce al descubrimiento de la dinámica constante de las interacciones de la vida (que es la impermanencia), facilita la exploración en los niveles desconocidos de conciencia, y da la oportunidad de acercarse a la Realidad. Para la práctica de la meditación, el objeto puede ser una idea o un concepto, tal como lo aconseja HPB en su Diagrama de Meditación: "En primer lugar concebir la UNIDAD por la expansión en el espacio y el infinito en el tiempo". Este ejemplo se toma por razones prácticas porque se refiere al Espacio y al Tiempo, que se explorará más a fondo. De lo contrario, uno también puede hacer uso de "Todas las cualidades, sin Amor nunca serían suficientes".

El espacio, como se mencionó anteriormente, se considera como la expresión de la Realidad, indivisa. Al concebir la UNIDAD mediante la expansión en el Espacio, uno puede sentir el ensanchamiento del espacio interior. En realidad, la mente, esta adquisición específica del reino humano, puede testimoniar otras habilidades humanas durante la meditación: la conciencia humana tiene la capacidad de concebir el infinito, y el Espacio es infinito en sí mismo, según la Carta del Mahatma No. 86 (cita de los Libros de Kiu-Te). Se puede suponer que, en condiciones óptimas de meditación, cuando el flujo de la conciencia se regula de un modo enérgico armonioso, a tal punto que el enlace fluido con el objeto de meditación (Espacio) no se interrumpe en absoluto (dhyâna), la mente humana alcanza la mente universal. Cuando esto sucede, la mente humana puede "compartir" las cualidades de la mente universal "por un breve momento", en una especie de fusión temporal, donde el conocedor (el meditador), el objeto (Espacio) y el conocimiento se fusionan en uno. Este estado se llama samâdhi, la culminación de todo el proceso de meditación (samyama).

Curiosamente, el budismo Chan (Zen) afirma que el fruto de samâdhi es prajñâ, la sabiduría. La culminación de la práctica de la meditación es sabiduría. La misma enseñanza también afirma que esta sabiduría es una consecuencia natural de la vacuidad (sunyatâ) y que el Espacio ilimitado tiene la característica del Vacío. Como cuando un cubo sumergido en el océano contiene agua marina, cuando se saca, la conciencia del conocedor que se ha fusionado en el espacio, que es sunyatâ, adquirirá la calidad del Espacio cuando salga de la meditación.

En esta etapa, se puede decir que el Espacio tiene la calidad de la vacuidad y la duración del infinito. También es apto ahora afirmar que el Espacio es uno. El espacio exterior es sólo la continuidad del espacio interior. Con la experiencia de conocer a través de la fusión, la conciencia se da cuenta de que alrededor, en el interior y más allá de sus límites, el espacio puede ser explorado en un movimiento de expansión que siempre crece porque es el infinito. Este infinito no es solamente ilimitado, incluye el tiempo. En realidad, el tiempo no existe. Es simplemente una condición del espacio. El tiempo solamente es, citando a Platón, "la imagen en movimiento de la eternidad inmutable".

 

Más allá de la Realidad

La mente investigadora sigue con una pregunta: “¿Qué hay más allá del Espacio?” O mejor aún: “¿Qué hay detrás, oculto por el Espacio?”.  Al aceptar la suposición de que el Espacio es la expresión de la Realidad, surge otra pregunta inevitable y desafiante: "¿Qué hay detrás de la Realidad?". Lógicamente, el intelecto ansioso debe terminar con la noción de lo Supremo. Lo Absoluto no nos permite ir más lejos.

El gran Misterio permanece con lo Supremo. Incognoscible, inconcebible, "más sutil que el más sutil", inspira adoración. Uno no puede sino inclinarse con alegría en el corazón, con la felicidad que el simple gozo por sí solo no puede expresar.

 

 

 

Bibliografía

La Ciencia de la Yoga, I. K.Taimni

Madame Blavatsky sobre Cómo Estudiar Teosofía (Notas de Robert Bowen)

El Abhidharma

La Voz del Silencio, H. P. Blavatsky (HPB)

Budismo Zen, D. T. Suzuki

La Doctrina Secreta, HPB

        Mi Visión del Mundo, Albert Einstein

        El Rig-veda

Los Upanishads

El Tao-te-Ching

El Brahma-Sutras

El Dhammapada

Aproximación a la Realidad, N. Sri Ram

Las Cartas de los Maestros a A. P. Sinnett

El Bhagavad  Gitâ

“Diagrama de meditación”, HPB

A los Pies del Maestro, Alcyone (J. Krishnamurti)

El Sutra del Diamante

 

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