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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 137 - Número 07 -  Abril 2016 (en Castellano)

 
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Sobre el miedo

 

Tim Boyd.

 

Uno de los conceptos básicos de la tradición de la Sabiduría Perenne es el que se refiere a la naturaleza multidimensional del universo y de nosotros como individuos: el hecho es que funcionamos a muchos niveles simultáneamente. La extensión de la conciencia dentro de nosotros y en nuestro entorno es ilimitada; todo, desde los aspectos aparentemente inconscientes de nuestro ser hasta la más elevada conciencia divina está continuamente presente en cualquier momento dado y constituye la esencia de nuestro ser. Cuando examinamos este concepto más profundamente, nos damos cuenta de que la dimensión más poderosa de nuestro ser es aquella parte a la que parece que tenemos el menor acceso de instante en instante. El aspecto más elevado de nuestra naturaleza es el más oculto. Hay términos y nombres que utilizamos para describirlo: el Yo Superior, el alma, la Chispa Divina, el Ego, la individualidad, Atma-Buddhi-Manas. Algunas de las cualidades que parecen surgir cuando este aspecto más elevado de nuestro ser predomina en nuestra vida son la paz, el amor, la compasión y la sabiduría.

 

El poeta Lord Alfred Tennyson describe de forma muy hermosa la proximidad y presencia constante de ese yo superior de la siguiente manera:

 

Háblale, tú, porque Él oye,

Y el Espíritu puede encontrarse con el Espíritu,

Está más próximo que el aliento,

Y más cercano que las manos y los pies.

 

Con el tiempo nos hacemos conscientes de que esto no es algo que alguien haya creado como una ficción. Tenemos vislumbres de ello, nuestras propias experiencias de esa naturaleza más profunda. Cuando esta conciencia va más allá de ser un simple concepto y llega al nivel de una experiencia real, nos enfrentamos con un problema. Si miramos el mundo habitado por billones de personas como nosotros, cada una de las cuales está habitada por esa misma Chispa Divina, vemos que existe un abismo entre la naturaleza superior y nuestra conducta normal. Vemos las guerras, el hambre, los desequilibrios económicos, toda una serie de problemas egocéntricos creados por los humanos. Incluso en nuestra vida individual vemos esas contradicciones.

 

Si, de hecho, esto más Elevado es la esencia y fundamento de todo ser, debemos preguntarnos lo que explica nuestro propio comportamiento cuando interactuamos con los demás y con el mundo de nuestro alrededor. Es una pregunta importante. Una de las cosas que escribió H.P. Blavatsky habla de ello: “Sea cual sea el plano en el que pueda estar actuando nuestra conciencia, tanto nosotros como las cosas pertenecientes a ese plano son, de momento, las únicas realidades”. Por ejemplo, un pez en el agua está rodeado por las criaturas del mar, vive en un mundo acuático y no tiene comprensión ni interacción con los pájaros que vuelan en el aire o con la gente que camina por tierra firme.

 

El mismo ejemplo se puede dar para nuestra conciencia como individuos. Un ladrón, cuya conciencia y atención están enfocadas en el robo, puede ver a un hombre santo, pero todo lo que verá es su cartera o la bolsa colgada al hombro y lo considerará una oportunidad para robarle. Para un mentiroso, el mundo es deshonesto. Para un santo, cada ser, ya sea una persona santa, un criminal, un mendigo, un sacerdote o un comerciante, cada ser y cada cosa son sagrados, porque ése es el plano de la conciencia en el cual funciona.

 

Un gran pensador griego, Sófocles, dijo algo en una ocasión que refleja el mismo concepto: “para el miedoso, todos son crujidos”, todo se mueve y todo produce miedo. Podemos imaginar a una persona asustada caminando por una calle de noche: cada sonido le parece, en su mente, un aviso o un peligro inminente. La emoción común del miedo es compartida por todo el mundo. Es algo que influencia la vida y la conducta de cada uno en algún momento. Para muchos, el miedo puede ser como una “sombra que no desaparece nunca”.

 

Algunos dicen que existen solamente cuatro emociones: la tristeza, la felicidad, la ira y el miedo, y que todo lo demás es sólo una mezcla de estas cuatro básicas. El miedo es una de las emociones básicas que aparece en nuestra conciencia en los momentos en que nos sentimos amenazados y en peligro. Dependiendo de la persona, la lista de cosas que pueden causar esos miedos es muy larga. Hay personas que salen de una habitación chillando y llorando cuando ven una araña. Las serpientes, los ratones, las tormentas, etc., son ejemplos comunes, pero también tenemos la misma respuesta emocional ante otras cosas. Muchos tienen un tremendo miedo a levantarse delante de los demás para hablar de lo que piensan o creen. El miedo al rechazo de los demás es un miedo poderoso. Muchos otros tienen miedo a la muerte.

 

Sentimos estos miedos en el momento presente, pero somos capaces mentalmente de proyectarlos en el futuro, de modo que la gente puede sentir un miedo constante por cosas que no han ocurrido ni ocurrirán nunca. Muchas veces sucumbimos a esta situación. El problema es que, como muchos estados emocionales, no es algo que se encuentre aislado en un sólo plano de nuestra conciencia. La emoción fuerte tiene una cualidad invasora que llega hasta nuestro cuerpo físico y también a nuestra mente. Desde un punto de vista fisiológico, en el instante en que aparece el miedo empiezan a manifestarse cosas en el cuerpo. El término que se usa para responder a ello es “la lucha o la huída”. Nuestro cuerpo se prepara para una de las dos cosas frente a una amenaza imaginaria o real. Con la aparición del miedo, se liberan hormonas en el cuerpo; uno empieza a sudar, el corazón se acelera, los músculos se tensan, el azúcar de la sangre aumenta, todo ello en preparación de la lucha o la huída imaginadas.

 

En nuestra literatura teosófica tenemos descripciones clarividentes de las formas de pensamiento generadas por una mente temerosa. Cuando se las describe o define, siempre predomina un tono gris en esas formas de pensamiento. Los colores vívidos asociados con el amor o alguna emoción positiva están ausentes. Los clarividentes también describen el aura de la persona temerosa como “endurecida” con una capa de gris que impide el flujo de entrada y salida de las energías superiores. El sentir miedo produce una tendencia natural a encerrar a la persona en la experiencia del aislamiento. El miedo puede también contaminar a los demás. Tiene una cualidad contagiosa.

 

En Las Cartas de los Maestros encontramos repetidamente advertencias o consejos como el de “no temáis” o “nunca tengáis miedo”. En las traducciones de las escrituras de todo el mundo vemos numerosos ejemplos en los que esta misma palabra “miedo” se utiliza para describir seres de orden superior. No se utiliza para describir nuestra reacción personal a las serpientes, etc., sino en una dimensión de comprensión mucho más elevada. En la Biblia hay una frase que requiere cierta reflexión: “El temor de Dios es el principio de la sabiduría”. Es una frase extraña porque habla de algo muy distinto a nuestra sensación normal del miedo que experimentamos cuando nos sentimos amenazados.

 

Igualmente, en uno de los capítulos del Bhagavadgita, Arjuna le pide a Krishna que le revele su forma universal. Hasta entonces, Arjuna había estado viendo a Krishna en su cuerpo físico como auriga y consejero, pero en ese momento sabía que Krishna no era nada menos que la encarnación de lo Divino, y le pidió ese favor, que le permitiera verlo en su verdadera forma. Krishna respondió diciendo que nadie nunca había visto esa forma, pero que, por su karma, Arjuna podría verlo. Aquella visión hizo estremecer a Arjuna. Primero vio el cuerpo de Krishna con bocas por todos lados y, desde todas direcciones, todas las cosas vivas entraban volando en su boca y eran devoradas. Tenía ojos en todas direcciones y resplandecía tanto que incendiaba los universos. El efecto que tuvo aquella visión en Arjuna fue tan profundo que se llenó de “miedo”. La visión fue demasiado fuerte para poderla soportar y tuvo que pedir a Krishna que recuperara su anterior forma, porque la verdadera era sobrecogedora.

 

La palabra utilizada en el Bhagavadgita para describir el estado de respeto mezclado con terror, perplejidad y estupefacción que sintió Arjuna fue la palabra “miedo”. Este tipo de miedo es el resultado de un reconocimiento que demuestra nuestra total insignificancia como individuos, y que existimos dentro de algo muy grande que lo abarca todo. Tal vez sea temible constatar que la realidad de nuestro propio potencial presente es ilimitada. Es un temor noble, no un temor en el sentido ordinario, sino una cualidad que nos ofrece muchas posibilidades de exploración.

 

¿Qué hacemos entonces? Hay una expresión que dice: “La enfermedad  oculta no puede curarse”. En primer lugar, ser conscientes de que hay una enfermedad ya es el principio de su curación. La conciencia de este proceso y de la forma en que actúa en nosotros es un principio, reconocerlo y darle un nombre es un principio. Cuando un paciente va al médico, lo primero que éste hace es examinarlo, diagnosticarlo y dar un nombre a la enfermedad. Entonces puede recetar pastillas, pero cualquier buen médico aconsejará también algún cambio en el régimen del paciente. A otro nivel podría sugerirle hacer ejercicios y, todavía a otro nivel, le aconsejaría al paciente que leyera cosas que elevaran sus pensamientos o que empezara a rezar o a meditar.

 

Un planteamiento similar, a distintos niveles, podría adoptarse respecto al miedo, pero probablemente el mejor planteamiento sea el que busque la causa. Una de las maneras de describir nuestra enfermedad y el  estado normal de nuestra mente es que funcionamos a través de la “herejía de la separación”. Esto se refiere a la falsa idea de que, de alguna manera, estamos separados no sólo los unos de los otros, sino también de la fuente Divina que habita en todos y en cada una de las cosas. ¿Qué es lo que crea esa mentalidad que parece que llevamos con nosotros?

 

Durante su vida, HPB habló mucho sobre la meditación, pero dijo pocas cosas respecto a las instrucciones de cómo hacerlo. En 1888, tres años antes de morir, dictó un “Diagrama de la Meditación” a uno de sus estudiantes de Inglaterra. Es profundo y tiene una amplia aplicación, sobre todo para la mente que se siente amurallada y separada, llena de miedo. El diagrama insiste en la Unidad. De hecho, empieza diciendo “Primero concebid la UNIDAD por expansión en el espacio e infinitud en el Tiempo”. Lo primero que nos aconseja es tratar de concebir la Unicidad. Naturalmente eso es imposible, la Unicidad no puede ser un concepto, no puede ser captado por la mente, pero ella nos aconseja encarecidamente que empecemos intentándolo.

 

Después nos presenta modos muy específicos para dirigir la atención en la meditación. Primero deberíamos dirigir la atención a ciertas “Privaciones”, es decir, un “rechazo constante a pensar en la realidad de” cinco cosas: 1) las separaciones y los reencuentros, ese tipo de cosas que ocurren todo el tiempo- 2) la distinción entre amigos y enemigos, los que nos atraen y los que nos repelen- 3) las posesiones- 4) la personalidad- y 5) las sensaciones. Todas las cosas a las que prestamos atención y que tienden a aislarnos en el sentido de que “esto es mío” o “éstas son mis cualidades” o “éstas son las cosas que me hacen sentir diferente y aparte”. Hemos de impedir que el flujo de nuestra mente adjudique realidad a estas cosas. Añade que la culminación de esa manera de meditar sería la realización de que “yo soy sin atributos”. No hay cualidades que dividan mi conciencia; no hay identidades que me separen de los demás; ninguna de esas cosas. Ésta es la primera parte del proceso. Es la vía negativa, o el método de la negación, neti neti en sánscrito.

 

Después sigue hablando del otro aspecto del proceso, que describe como las “Adquisiciones”. Hay un cierto estado de mente que debemos “adquirir”, en este caso a través de la meditación sobre tres elementos: 1) una Presencia Perpetua en la imaginación de todo el espacio y el tiempo, un esfuerzo continuo para imaginarnos universalmente presentes en todo el espacio y tiempo, que es algo muy difícil de hacer. Obviamente, cualquier esfuerzo en esa dirección tiene el efecto de disminuir las limitaciones de la personalidad. HPB nos dice que meditar de esta manera tiene como efecto el desarrollo de un substrato de la conciencia que actúa incluso cuando dormimos. Así pues, incluso en sueños, ese estado de la mente sigue activo. Añade que el valor se convierte en la característica de la persona que sigue ese camino y así no se experimenta miedo cuando uno se enfrenta a los distintos peligros y pruebas que aparecen en nuestro camino de la vida. 2) La segunda adquisición de la lista es un esfuerzo continuo por tener una actitud mental respecto a todas las cosas que no sea ni amor, ni odio ni indiferencia, un estado de ecuanimidad que lo considere todo como igual. No existe división, ni mejor ni superior, ni los que han de ser amados y los que han de ser rechazados. 3) El tercer aspecto del que nos habla es la mente que considera todo cuanto existe únicamente como una expresión de la limitación. HPB sugiere estos tres elementos como una cura o una medicina para las distintas enfermedades que nacen de la herejía de la separatividad, entre las cuales está el miedo. Estas adquisiciones culminan con el reconocimiento de que “yo soy todo el Espacio y el Tiempo”.

 

Son algunas sugerencias. Aunque, para nuestra época, yo haya insistido en la emoción específica del miedo, se pueden aplicar universalmente y vale la pena explorarlos con más profundidad.

  

 

 

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