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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 137 - Número 04 -  Enero 2016 (en Castellano)

 
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Desarrollar el carácter y convertirse en un líder

 

VICTOR PEÑARANDA

Antiguo miembro de la S.T. en Filipinas

 

Cuando uno se convierte en teósofo advierte gradualmente que el viaje de la vida nunca es fácil y no siempre las cosas son como uno quiere que sean. Viajamos por lo suave y por lo áspero. Hay veces en las que elegimos tomar un camino menos transitado o hacer un giro repentino en algún lugar y, luego encontramos que no nos lleva a nuestro destino deseado.

 

Aprendemos gradualmente sobre nosotros mismos explorando nuestras imperfecciones. Comenzamos a reconocer que ser humano es también ser divino y que, por medio de la iluminación mística nos embarcamos humildemente en el desarrollo de nuestro carácter. Es este aspecto de la acción teosófica el que es valorado con frecuencia por sus aplicaciones prácticas. Cuando tenemos claro nuestro compromiso con el enriquecimiento del carácter, las metas de la vida emergen con claridad del océano de existencia. De ser perplejos aprendemos a reflexionar e innovar mientras llevamos a cabo el proceso de auto-descubrimiento y auto-transformación.

 

Aprendí de la Sociedad Teosófica que las experiencias de la vida ofrecen lecciones por las cuales podemos desenvolver ese valioso potencial en cada uno de nosotros: el carácter humano. El mejoramiento y encanto dinámicos del carácter implica alimentar la fuerza interna que nos obliga a trazar nuestro destino mientras ejecutamos nuestros deberes cotidianos. Al lidiar diligentemente con los cambios necesarios o las mejoras en nuestro carácter, la auto-transformación se convierte en un tema de convicción.

 

La gente se pregunta con frecuencia sobre qué cosas útiles o maravillosas ocurren en el proceso de elaboración de nuestro carácter. Es seguro decir lo siguiente: Primero, obtenemos un nivel de confianza, incluso serenidad, al estar advertidos de que vivimos en un mundo de impermanencia. Aprendemos que evolucionamos en consciencia de vida en vida y el mejor modo de prepararnos para cada existencia es viviendo de acuerdo a la ley de karma.

 

Segundo, es posible colocarnos sobre el sufrimiento y la decadencia debido a que somos conscientes de lo divino en nosotros. Lo que es un misterio puede ser develado con imaginación creativa, lo que es místico puede ser comprendido por la intuición despierta. Existe un poder en la amabilidad y la belleza en el ciclo de flujo y reflujo, en el ciclo de vivir y morir.

 

Tercero, debemos ser honestos con nosotros mismos y con los demás. Debemos estar conscientes, cada uno de nosotros, de nuestras limitaciones y debilidades para que podamos crecer cada vez más fuertes. Tenemos que examinar la verdadera esencia que hay en cada crítica que recibimos. A lo largo del camino aprendemos que el respeto y la confianza siguen a los actos honestos. Aprendemos que el trabajo honesto consiste en dar lo mejor de uno, hacerlo mejor que lo hicimos en el pasado e igualar el esfuerzo con calidad o excelencia.

 

Cuarto, comenzamos a comprender la paz interior al advertir nuestra capacidad de amar. Es a través del amor que recuperamos nuestro profundo respeto hacia otras personas y hacia lo que es sagrado en la vida. Solo ofreciéndonos al servicio sin egoísmo podemos transformarnos en piedras angulares de consenso social y fuentes de relaciones armoniosas.

 

Quinto, nos imbuimos de coraje al ser capaces de amar, estar calmos, ser honestos, prevalecer sobre el sufrimiento y estar serenos. Tener coraje es ser intrépidos en convicción y generosos en la acción.

 

Al desarrollar nuestro carácter también nos preparamos para ser líderes. El liderazgo no se trata de estar en la cúspide de una jerarquía, ni de la fama, ni de ejercer poder o usar la fuerza. El liderazgo comienza modestamente teniendo un propósito en la vida cotidiana (en la familia, en el vecindario, en el trabajo, etc.). Aquel que tiene carácter es un líder potencial o un líder en el hacer ¿Quienes son ellos? Aquellos que se dedican, con corazón y mente, a estudiar, meditar y servir. Aquellos con energía para tomar conciencia, confianza para imaginar, creatividad para iniciar y capacidad para integrar las diversas partes de nuestro trabajo en un todo sustancial.

 

La Sociedad Teosófica debe comprometerse en el desarrollo de líderes. Y como asunto de práctica teosófica, entrenar líderes potenciales está fuertemente ligado a la construcción del carácter. Permítanme mencionar algunas habilidades que se esperan de ellos:

-       Ser claros, calmos y resolutos en la consideración de opciones y la toma de decisiones

-       Estar libres de apegos poco razonables y condicionamientos negativos

-       Innovar bajo situaciones de cambio

-       Inspirar como ejemplo moral y ético

-       Comunicarse con claridad

-       Manejar recursos con eficiencia

-       Motivar a otras a alcanzar resultados

-       Ganar el apoyo de la gente a la cual sirve

-       Perseverar a pesar de los reveses

-       Crear oportunidades para desbloquear el potencial de los otros.

 

Los teósofos deben tomar la posición que lidera si quieren difundir Teosofía. Esto significa que debe prepararse una nueva ola de líderes. Debemos crear un ambiente propicio para la formación de líderes y para el desarrollo de programas en la organización.

 

En nuestra Sociedad Teosófica no hay seguidores, solo buscadores, voluntarios y mensajeros. Cualquiera de ellos puede ser un líder. Con frecuencia he mencionado a familiares y amigos que hollar el Sendero espiritual es una gran aventura en la vida. Y en esta aventura el enriquecimiento del carácter humano es decisivo. A medida que el misterio se profundiza en nosotros, también lo hace nuestro compromiso a amar y servir a quienes están a nuestro alcance. Un teósofo debería estar listo para guiar y cuidar a otros cuando la situación lo requiera. Recuerden: mientras recorremos el Sendero, nos convertimos en peregrinos de posibilidades ilimitadas. A medida que nos transformamos nosotros mismos, contribuimos a la transformación del lugar en el que elegimos estar.

 

 

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