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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 137 - Número 03-  Diciembre 2015 (en Castellano)

 
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El nacimiento virginal,

cómo se aplica a la conducta

 

H. L. S. WILKINSON

Reimpreso de The Theosophist, agosto 1935.

 

 

Aquellos de nosotros que nos esforzamos en servir, al comprender que esta tierra es el maravilloso templo de Dios, debemos ser conscientes de que nosotros somos la descendencia de algo mayor que nuestro padres terrenos y que tenemos, de hecho,  dos Padres divinos: uno es el invisible Padre en los Cielos y el otro es la gran Madre Universal, visible para nosotros como la Naturaleza, que es de hecho el universo material en el cual vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser. El Todo-Padre es Espíritu, invisible, la Todo-Madre es Materia, visible. Estos dos, Espíritu y Materia, unidos en nuestros cuerpos, que son templos de sus nupcias. Cada vez que llevamos a cabo un acto, moviendo materia de un lugar a otro, si lo hacemos adecuada y armoniosamente, colaboramos con estas nupcias, si lo hacemos desordenadamente y con impaciencia, las estamos obstaculizando. Deberíamos mantener el balance correcto entre Espíritu y Materia, no exaltando uno en detrimento del otro, sino reconociendo que ambos son divinos pero diferentes, uno masculino, el otro femenino.

 

Lo mismo ocurre cuando creamos algo hermoso en poesía, arte o música o nos expresamos verbalmente, siempre que lo hagamos de una manera hábil y hermosa. Cuando estas acciones se realizan perfectamente, las nupcias entre Espíritu y Materia se consuman y el Hijo Divino, Cristo u Horus, nace. Por esta razón el Hombre Perfecto es la descendencia del cielo y la tierra, y tiene a Dios por su Padre y a la Materia o Maya por su Madre. Por esto es que todos los Cristos son representados míticamente como que no tienen un padre humano, sino que son engendrados por Dios desde la Virgen Madre universal, el “profundo mar” de Materia. Cada Cristo de este tipo es un Redentor de la Materia y esforzándonos por convertirnos en Cristos, nosotros mismos redimimos y perfeccionamos la Materia.

 

Por lo tanto nunca deberíamos menospreciar la acción más modesta, sino ejecutarla de manera hábil y con intención, como una ofrenda y una plegaria, sabiendo que al hacerlo estamos uniendo el Cielo y la Tierra. Respecto a las acciones discordantes y feas, todo lo que podemos hacer es trabajar sin cesar en ellas, esforzándonos en modificarlas y hacerlas perfectas. Esto aplica particularmente a la conversación irritable o impaciente y a la acción nerviosa, vacilante o violenta. Necesita deliberación y equilibrio.

 

Es significativo que se afirme que Jesús haya dicho, cuando su madre y sus hermanos querían hablar con él, “¿Quién es mi madre y mi hermano”? Y entonces, extendiendo su mano hacia sus discípulos, “¡Mirad a mi madre y mis hermanos! Porque quienes hacen la voluntad de mi Padre que está en los cielos, son igualmente mi hermano, mi hermana y madre”. Esto muestra que Él era más sensible de Su filiación divina que a sus meros lazos terrenales. Los Upanishads dicen lo mismo. “No por el bien de la esposa o el marido, es la esposa o el marido amado, sino por el bien de el Yo es la esposa o marido amado.”

 

Evidentemente por lo tanto, nuestra Madre Naturaleza o Maya y nuestro Padre Dios son nuestros verdaderos Padres y el Nacimiento Virginal tiene un significado práctico real para todos nosotros y necesitamos dejar de ignorarlo como un dogma teológico antiguo sin importancia.

 

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