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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 137 - Número 02-  Noviembre 2015 (en Castellano)

 
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Alocución Inaugural

 

 

 

H. S. OLCOTT  

Presidente Fundador de la Sociedad Teosófica. Charla dada en Mott Memorial Hall, ciudad de Nueva York,

en la primera reunión oficial de la Sociedad, 17 de noviembre de 1875.

Unas pocas páginas de poca relevancia para la actualidad se han omitido.

 

En el futuro, cuando los historiadores imparciales escriban un informe del progreso de las ideas religiosas en el presente siglo, la formación de esta Sociedad Teosófica, a cuya primera reunión bajo su declaración formal de principios estamos ahora asistiendo, no pasará desapercibida. Esto es muy cierto.

 

El simple anuncio de la pensada inauguración de un movimiento tal, atrajo la atención y causó no pequeño debate en el mundo secular, así como en la prensa religiosa. Ha sonado en los oídos de algunos de los líderes de las fuerzas contendientes de la teología y la ciencia como el distante soplo de una trompeta a los ejércitos combatiendo en una batalla. La nota es todavía débil y no indica ni la fortaleza ni los propósitos del cuerpo que se acerca. Para uno u otro lado, puede significar un refuerzo que ayudará a voltear la marea de la victoria; sólo puede ser el heraldo de la reunión de neutrales para vigilar los sucesos; o puede amenazar el desconcierto y desarme de ambos antagonistas.

 

De lo poco que ha sido dicho en su nombre, no está todavía claro al público cómo debería ser considerada esta ‘nueva partida’. Ni la Iglesia ni la universidad saben si adoptar una política de denuncia, tergiversación, ultraje o amistad. Por algunos periódicos seculares ella es animada favorecedoramente como idónea para ‘avivar una era prosaica con exhibiciones de trucos de brujería medieval’, mientras que otros la denuncian como precursora de una recaída en ‘las peores formas de fetichismo.’ Los Espiritistas comenzaron, hace unas pocas semanas, con voluminosas y enfadadas protestas contra sus promotores, como buscando suplantar las prevalecientes relaciones democráticas con el otro mundo por un esoterismo aristocrático y aún ahora, mientras ellos parecen estar vigilando nuestro siguiente movimiento con el mayor interés, su prensa vierte críticas difamatorias. Ninguna de las sectas religiosas se ha comprometido definidamente, aunque nuestros avances preliminares han sido notados en una forma cautelosa en algunos de sus órganos.

 

Al ser este el estado de nuestro movimiento desde su mismo establecimiento, antes de su primera acción, al repetir mi afirmación, ¿no tengo garantías, de que en el futuro, sea inevitable que el nacimiento de esta sociedad nuestra sea considerada como un factor en el problema que se requerirá que el historiador resuelva?

 

El pequeño número de sus miembros presentes no es para ser considerado del todo en juzgar su probable carrera. Hace más de mil ochocientos setenta años, toda la Iglesia Cristiana cabía dentro de la tienda de un pescador de Galilea y, sin embargo, ahora abarca ciento veinte millones de personas dentro de su comunión; y doce siglos atrás, el único creyente en el Islam, que ahora cuenta con doscientos cincuenta millones de devotos, montaba un camello y tenía sueños.

 

No, no es una cuestión de números cuán gran efecto tendrá esta Sociedad sobre el pensamiento religioso, iré más allá, y digo, sobre la ciencia y la filosofía, de la era: grandes sucesos vienen algunas veces de muchos comienzos más modestos. No necesito ocupar tiempo en citar ejemplos que se le ocurrirán a cada uno de ustedes en corroboración a mi punto. Ni es una cuestión de dotación de fondos e ingresos más que uno de numerosos miembros: los discípulos propagandistas enviados por Jesús iban descalzos, mal vestidos y sin bolsa o cartera.

 

¿Qué es  lo que me hace decir lo que, en la más profunda seriedad y completo conocimiento de su verdad, he dicho? ¿Qué es lo que me hace a mí, no sólo estar contento sino orgulloso de erguirme por breves momentos como el portavoz y caudillo nominal de este movimiento, arriesgando abuso, tergiversación y todo asalto vil? Es el hecho de que en mi alma siento que detrás de nosotros, detrás de nuestra pequeña banda, detrás de nuestra débil, recién nacida organización, se reúne una PODEROSA POTENCIA que nada puede resistir, la fuerza de la ¡VERDAD! Porque siento que somos sólo la guardia de avanzada, sosteniendo el paso hasta que surja el cuerpo principal. Porque siento que estamos enlistados en una causa santa y que la verdad, ahora como siempre, es poderosa y prevalecerá. Porque veo a nuestro alrededor una multitud de personas de muchos credos diferentes adorando, a través de completa ignorancia, fingimientos y estériles supersticiones y quienes están sólo esperando que se les muestre la audacia y deshonestidad de sus guías espirituales para llamarlos a rendir cuentas y comenzar a pensar por ellos mismos. Porque siento, como un teósofo sincero, que seremos capaces de darle a la ciencia tales evidencias de la verdad de la antigua filosofía y el alcance de la antigua ciencia, que su tendencia hacia el ateísmo será detenida, y nuestros químicos, como Madame Blavatsky lo expresa, ‘se pondrán a trabajar para aprender un nuevo alfabeto de la Ciencia sobre el regazo de la Madre Naturaleza.’

 

Como un creyente en la Teosofía, teórica y práctica, personalmente confío que esta Sociedad será el medio para proporcionar las pruebas incontestables de la inmortalidad del alma, que nadie sino los tontos dudarán. Creo que vendrá el tiempo donde los hombres estarán avergonzados de haber, alguna vez, abogado por el ateísmo en cualquiera de sus formas, como de aquí a treinta años lo estarán por haber poseído un esclavo o apoyado la esclavitud humana.

 

…Siento que ni yo ni esta Sociedad incurren en ningún gran peligro por desplegar un pequeño valor moral en una causa tan buena. Dejen que el futuro se cuide a sí mismo; de nosotros depende modelar el presente como para hacerle engendrar lo que deseamos y lo que traerá honor sobre nosotros. Si somos sinceros a todos y sinceros a nosotros mismos, venceremos todo obstáculo, derrotaremos todo enemigo y lograremos lo que todos estamos buscando, la paz mental que proviene del conocimiento absoluto. Si estamos divididos, si somos irresolutos, entretenedores, jesuíticos, fracasaremos como una Sociedad para hacer lo que está ahora claramente dentro de nuestro alcance; y en años futuros nos veremos sin duda lamentando la pérdida de una tal oportunidad de oro como llega a pocas personas en una sucesión de siglos.

                  

Pero si esta sociedad se disolviera dentro de un año, no habríamos vivido en vano. El hoy es nuestro, el mañana puede ser, pero el ayer se ha ido para siempre. En la economía de la naturaleza, un impulso, por muy leve que sea, una vez dado a la materia, es eterno; y un acto, una vez ejecutado, sus consecuencias, sean grandes o pequeñas, deben ser resueltas antes o después. El capricho pasajero de una mujer ha cambiado el destino de naciones; pronunciar una palabra en las montañas puede traer una avalancha aplastante sobre la aldea que yace a sus pies; el giro de los pasos de un hombre a la derecha o a la izquierda, para evitar una piedra, atrapar una mariposa o gratificar un antojo ocioso que no es importante, puede alterar toda su vida y directa o indirectamente resultar en trascendentales consecuencias al mundo.

 

Sobre nosotros, vemos la gente batallando ciegamente para emancipar su pensamiento del despotismo eclesiástico, sin ver más que un débil vislumbre de luz en el completo negro horizonte de sus ideas religiosas. Ellos batallan desde un irreprensible deseo de liberarse de los grilletes que atan su débil razón después que sus volantes intuiciones han crecido más que ellos. Por un lado, los químicos filósofos los invitan a una apoteosis de materia; por el otro, los espiritistas abren de repente las pintadas puertas de su ‘mundo de ángeles’. El clero los detiene y les sisea en sus oídos advertencias y anatemas. Ellos vacilan, inciertos respecto a qué camino tomar. Herederos de los anhelos espirituales de la raza, ellos retroceden ante la posibilidad de aniquilación, que en su propio caso, cuando el peso de la vida presiona mucho, puede no siempre parecer mal recibida, pero nunca tuvo el propósito de ser para aquellos seres cercanos y queridos que han muerto en su juventud y pureza y dejaron atrás una dulce fragancia cuando la caja de alabastro se rompió y ellos pasaron detrás del Velo de Isis.

 

Pero cuando se vuelven al Espiritismo para consuelo y convicción, encuentran una barrera tal de impostura, médiums trapaceros, espíritus mentirosos y teorías sociales de sublevación, a la que ellos retroceden con aversión…

Las sectas protestantes comienzan con la fatal suposición de que una Biblia infalible e inspirada soportará la prueba de la razón y así predecirá su propio destino; pues el poder analítico de la razón está limitado sólo por los confines de la verdad verificada, y nuevos descubrimientos se hacen diariamente entre los remanentes de la antigüedad que atacan los mismos cimientos sobre los cuales se basa todo el esquema de la cristiandad. Los exploradores más audaces de la ciencia son reclutas del Protestantismo, esa potencial amante de nuestra conciencia es apuñalada por sus propios hijos. La Iglesia Católica al haber erigido una teocracia sobre las ruinas de antiguas creencias y robado, no sólo sus alegorías, sino su mismo simbolismo exotérico y renovándolas para su propio uso, está reuniendo sus fuerzas para la batalla que ella sabe muy bien que está cerca y que será mortal. Enfurecida ante el progreso de la era, que ha extinguido sus fuegos penales, destruido sus cámaras de tortura, embotado su hacha y ha hecho imposible para ella re-bañar sus manos en sangre humana, trabaja silenciosamente, hábilmente y con intenso ahínco para re-ganar su supremacía perdida…

 

¿Sobre qué se sostiene esta Iglesia o cualquier otra jerarquía eclesiástica, sino sobre el anhelo congénito del hombre por una existencia inmortal, la oscuridad de nuestra visión del otro mundo por la intervención de la materia y la urgencia de necesidades materiales que nos obligan a aceptar la intervención de una clase selecta de guías y expositores espirituales o ir sin otro alimento espiritual que aquel que podemos escoger al lado del polvoriento camino a lo largo del cual caminamos desde la juventud a la vejez?

 

Si los fundadores de la Sociedad son sinceros a ellos mismos, se pondrán a trabajar para estudiar la cuestión religiosa desde el punto de vista de los pueblos antiguos, reunir su sabiduría, verificar sus alegados descubrimientos teosóficos (digo alegados, como presidente de una sociedad de investigación no comprometida; como individuo, debería omitir esa palabra y dar entero crédito donde debe darse) y contribuir al fondo común siempre que sea de interés común. Si existiera alguien que hubiera comenzado sin considerar el costo, si hubiera alguien que pensara pervertir este cuerpo para fines sectarios, estrechos o egoístas, si hubiera algunos cobardes que buscaran reunirse con nosotros en secreto y ultrajarnos en público, si hubiera alguien que comenzara con la esperanza o la expectativa de hacer que todo se incline a sus nociones preconcebidas sin tener en cuenta la evidencia, si hubiera alguien que, estando de acuerdo con el amplio y varonil principio enunciado en las reglas de que descubriremos todo lo que podamos sobre todas las leyes de la naturaleza, lo hiciera con una reserva mental de que ellos se retractarán si cualquier apreciada teoría, credo o interés es puesto en peligro); si hubiere alguien así, les ruego, con toda bondad, que se retiren ahora, cuando pueden hacerlo sin palabras duras o duros sentimientos. Porque, si entiendo el espíritu de la Sociedad, ella se auto-consagra al intrépido y consciente estudio de la verdad y se ata a sí misma, individual así como colectivamente, a no tolerar nada que se interponga en el camino. En cuanto a mí, pobre, débil hombre, honrado mucho más allá de mis méritos en mi elección para este puesto de honor y de peligro, puedo sólo decir que para bien o para mal, mi corazón, mi alma, mi mente y mi fortaleza están comprometidas con esta causa y me mantendré firme mientras tenga un hálito de vida en mí, aunque todos los demás se retiren, me abandonen y permanezca solo. Pero no estaré solo, ni lo estará la Sociedad Teosófica. Ya ahora están proyectadas sociedades ramas en este país. A nuestra organización se le ha dado atención en Inglaterra y me han dicho que un artículo sobre el tema está por aparecer en una de las más grandes publicaciones trimestrales. Si será acogida con espíritu amistoso u hostil importa poco; nuestra protesta y desafío será anunciado y podemos seguramente dejar el resto al orden natural de los eventos.

 

Si comprendo rectamente nuestro trabajo, es ayudar a libertar la mente del público de la superstición teológica y una subordinación sumisa a la arrogancia de la ciencia. Sin embargo, por mucho o poco que podamos hacer, pienso habría sido escasamente posible esperar por algo si el trabajo hubiera sido comenzado en cualquier país que no permitiera perfecta libertad política y religiosa. Ciertamente hubiera sido inútil intentarlo excepto en uno donde todas las religiones son consideradas iguales ante la ley y donde la heterodoxia religiosa no opera ninguna reducción de derechos civiles.

Nuestra Sociedad, debo decir, no tiene precedente. Desde los días en que los neoplatónicos y los últimos teúrgos de Alejandría fueron esparcidos por la mano asesina de la cristiandad, hasta ahora, no se había intentado el renacimiento de un estudio de la Teosofía.

 

Han existido sociedades secretas políticas, comerciales e industriales y sociedades de francmasones y sus vástagos, pero, aún en secreto, ellos no han intentado realizar la labor que yace ante nosotros y que haremos abiertamente.

 

A los sectarios protestantes y católicos tenemos que mostrarles el origen pagano de muchos de sus más sagrados ídolos y más acariciados dogmas; a las mentes liberales en ciencia, los profundos logros científicos de los antiguos magos. La sociedad ha alcanzado un punto donde algo debe hacerse, depende de nosotros indicar dónde ese algo se puede encontrar.

 

Si comparásemos nuestra organización con su arquetipo ¿dónde puede encontrársele? No puede ser llamada teúrgica porque los teúrgos no sólo creyeron en Dios, sino que Le conocían a través del conocimiento de Sus atributos como existen en la Luz Astral… Se requería una vida de la más estricta pureza y auto-abnegación, una vida como la de Jesús o Apolonio. Ciertamente la Sociedad Teosófica no puede ser comparada a una antigua escuela de teurgia ya que escasamente alguno de sus miembros hasta ahora sospecha que la obtención de conocimiento oculto requiere mucho más sacrificio que cualquier otra rama del conocimiento.

 

Los neoplatónicos formaron una escuela de filosofía que surgió en Alejandría coincidentemente con el Cristianismo y fue la última escuela pública de teurgia…. (Pero) la teurgia real al haberse degenerado por ese tiempo y los pocos adeptos remanentes, al haber buscado la soledad con los Esenios y en la India, los neoplatónicos no tuvieron más el acceso a los verdaderos tratados sobre la Ciencia Divina… Ellos creían en espíritus elementarios, que evocaban y controlaban, lo que es un punto de especial interés para nosotros.

 

Por supuesto, no podemos incluirnos a nosotros mismos entre el número de espiritistas americanos que implícitamente aceptan todos los fenómenos genuinos producidos por espíritus desencarnados, ya que mientras algunos de nosotros -sin reservas- cree en el ocasional retorno de espíritus humanos y en la existencia de verdaderos médiums, otros dudan de ambos. Más aún, de los creyentes, algunos no sólo admiten la posibilidad de fuerzas ocultas de la naturaleza que están dirigidas, consciente o inconscientemente, por la voluntad humana para la producción de resultados sobrecogedores, sino que también reconocen en la mayoría de los fenómenos físicos llamados espiritistas, la agencia de espíritus elementarios que a menudo falsamente personifican personas que no comulgan con los círculos, responden a los pensamientos que yacen visibles a ellos.

 

Existe la diferencia entre los fenómenos modernos espiritistas y los efectos producidos por los teúrgos, pues mientras ninguna confianza puede aparentemente situarse sobre las comunicaciones espontáneas de los primeros sin corroboración, los de los últimos no pueden ser falsos dado que los adeptos no permitirán que espíritus sin progreso se acerquen o hablen.

 

Los fenómenos del mesmerismo, los cuales por necesidad invitaremos a ustedes a estudiar cuidadosamente, fueron conocidos en los períodos más remotos, y están descritos por Séneca, Marcial, Plautus y Pausanias.

 

No somos representantes de la escuela de los estoicos, ya que ellos enseñaban no sólo que los hombres deberían estar libres de pasión y ser impasibles a la alegría o la tristeza sino también que deberían someterse a la inevitable necesidad por la cual todas las cosas están gobernadas; y establecemos esta Sociedad como muestra de nuestro descontento con las cosas como están y para esforzarnos por producir algo mejor.

 

Finalmente, no nos parecemos a los ateos atómicos, que consideraban todo un cúmulo de átomos, porque la materia puede ser separada en partículas, y que por ello, no podrían existir seres incorpóreos indivisibles, mientras que el título mismo de nuestra Sociedad indica que esperamos obtener conocimiento de la existencia de una Inteligencia Suprema y de un mundo de espíritus por la ayuda de procesos físicos. No, no somos ninguno de ellos, sino simplemente investigadores de propósito serio y mente imparcial, que estudiamos todas las cosas, probamos todo y sostenemos lo que es bueno.

 

Plotino, Porfirio, Jámblico y los neoplatónicos, todos trabajaron por la teurgia separadamente y en sus reuniones impartían a los demás los resultados de sus estudios y experimentos. Sus neófitos eran obligados a seguir esta regla estrictamente; y todos estaban sujetos a proteger y ayudar a todo filósofo, especialmente todo teúrgo, sin importar de dónde venía o qué escuela representaba.

 

Los herméticos de la Edad Media eran todos neoplatónicos y aprendieron sus doctrinas de ellos. En algunos aspectos nos parecemos a ellos, y sin embargo, ellos tenían dogmas a impartir, lo cual bajo nuestras Reglas no tenemos; y más aún, todos ellos eran creyentes en la Teosofía, mientras que nosotros, con dos o tres excepciones, somos simples investigadores, que tomamos una tarea mucho más difícil que la de ellos, dado que no tenemos el material listo para creer a nuestro alcance, sino que debemos crearlo por  nosotros mismos.

 

Somos de nuestra época y sin embargo estamos algunos pasos delante de ella, aunque algunos periodistas y folletistas más locuaces que veraces, ya nos han tildado de ser reaccionarios que se alejan de la luz moderna (¡!) y se dirigen ¡a la oscuridad medieval y antigua! Buscamos, inquirimos, no rechazamos nada sin causa ni aceptamos nada sin prueba: somos estudiantes, no maestros.

 

Deberíamos familiarizarnos con los multifacéticos poderes del alma humana y probar los reclamos por la potencia de la voluntad humana. El mesmerismo, el espiritismo, Od, la luz astral de los antiguos (ahora llamada el éter universal) y sus corrientes, todas éstas nos ofrecen los campos de exploración más amplios y fascinantes. A nuestras reuniones quincenales tendremos las investigaciones y experimentos de nuestros miembros y de eminentes corresponsales en este y otros países leídos para nuestra instrucción, tendremos pruebas, experimentos y demostraciones prácticas, según la ocasión. Como garanticen nuestros fondos, imprimiremos y haremos circular nuestros documentos y traduciremos, reimprimiremos y publicaremos trabajos de los grandes maestros de Teosofía de todos los tiempos.

 

Pero hasta que nuestros actuales y algún tanto incongruentes elementos se armonicen y resulte un interés común de la incrementada familiaridad con nuestro tema, no anticipo que en nuestras reuniones generales seremos testigos de tales fenómenos teúrgicos como fueron exhibidos en los antiguos templos.

 

Porque es imposible que se obtengan estos resultados sin perfecta comunidad de pensamiento, voluntad y deseo, como lo fue para Jesús realizar sus maravillas en Nazareth debido a la prevaleciente incredulidad, o a Pablo en Atenas, donde el populacho conocía cómo chequear las corrientes sutiles que él controlaba por su voluntad. Una voluntad simple, muy positiva y no amistosa es competente cuando se introduce a un círculo espiritual para destruir totalmente el poder mediumnímico…

 

Pero aquí es donde los alegados descubrimientos de Mr. Felt se presentan. Sin clamar ser un teúrgo, un mesmerista o un espiritista, nuestro Vicepresidente promete, por simples aparatos químicos, exhibirnos, como a otros antes, las razas de seres que, invisibles a nuestros ojos, pueblan los elementos. ¡Piensen por un momento en esta pasmosa afirmación! ¡Imaginen las consecuencias de la demostración práctica de esta verdad, para lo cual Mr. Felt está ahora preparando el aparato requerido! ¿Qué dirá la Iglesia de todo un mundo de seres dentro de su territorio pero sin la jurisdicción de ella? ¿Qué dirá la Academia de esta prueba aplastante de un Universo no visto dado por la menos imaginativa de sus ciencias? ¿Qué dirán los positivistas, quienes han estado parloteando de la imposibilidad de que exista ninguna entidad que no pueda ser pesada en balanzas, filtrada a través de embudos, examinada con tornasol en pasta o tallada con un escalpelo? ¿Qué dirán los espiritistas cuando a través de la columna de vapor saturado revoloteen las terribles formas de seres, quienes en su ceguera, han reverenciado y charlado como retornantes sombras de sus familiares y amigos en un millar de casos? ¡Ay! Pobres espiritistas, editores y corresponsales, que se han burlado de mi atrevimiento y apostasía. ¡Ay, científicos melosos, engreídos en demasía con los vientos del aplauso popular! El día del ajuste de cuentas está muy cerca y el nombre de la Sociedad Teosófica, si los experimentos de Mr. Felt resultan favorables, tendrá su lugar en la historia como ese cuerpo que exhibió por primera vez los ‘Espíritus elementarios’ en este siglo decimonoveno de presunción e infidelidad, aunque nunca sea mencionada por ninguna otra razón.

           

 

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