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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 137 - Número 02-  Noviembre 2015 (en Castellano)

 
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Hay un camino...

 

 

 

FEMMIEL LIEZENGA

Trabajadora residente en el Centro Teosófico Internacional en Naarden

 

 

 

Cuando murió H.P.Blavatsky, Annie Besant encontró un poema en uno de los cajones de su escritorio. La primera frase dice:

 

“Hay un camino, empinado y agreste, rodeado por peligros de toda clase, sin embargo es un camino y lleva al corazón mismo del Universo”.

 

Las palabras son muy profundas y nos invitan a meditar sobre ellas.

 

Se afirma que la luz espiritual no nace de opiniones o argumentos. Sin embargo, también  se afirma en la Sociedad Teosófica que a todos se les permite tener y expresar sus opiniones. Pero cuando deseamos recorrer el Sendero espiritual ¿es importante tener opiniones y argumentos? Parece ser una contradicción para el lema de la ST, que dice que la Verdad es lo más elevado. Si es así, las opiniones no son de valor alguno. Necesitamos descubrir la Verdad y no necesitamos dedicar mucho tiempo a las opiniones. Para descubrir lo que significa la Verdad absoluta, tenemos que desechar nuestras opiniones e ideas y necesitamos tener una mente abierta, vacía. Una mente que sea receptiva a la Verdad. Admitir que realmente no sabemos da cabida a hollar el camino en silencio.  En ese silencio no cuentan opiniones, argumentos o ideas.

 

‘La Escala de Oro’ que nos fue entregada por los Maestros de Sabiduría a través de HPB, habla de una ‘percepción espiritual sin velos’ y también acerca de ‘dar y recibir consejo e instrucción’. Primero examinemos las palabras ‘dar y recibir consejo e instrucción’. Quizás ahora, en cierto punto, es más importante para nosotros ‘recibir’ consejos e instrucciones, porque quiénes entre nosotros pueden decir: ¡yo sé!  Para poder recibir, uno tiene que permanecer en silencio. Para poder recibir, todas las opiniones tienen que cesar. La Voz del Hablante Silencioso puede ser escuchada solamente con total apertura y con la facultad del aprendizaje.

 

Examinemos ahora una ‘percepción espiritual sin velos’. ¿Qué podría significar una percepción espiritual sin velos? Parece  como que de lo que se habla aquí, es del estado Buddhico, una consciencia total, no cubierta por ningún velo, ni afectada por pensamientos engañosos. Una percepción espiritual sin velos parece significar no tener conclusiones, sino una percepción que sea universal y total. Es solamente con una mente abierta que podemos abordar lo innombrable. Es una percepción que nos da cabida para descubrir.

 

Algunas personas dicen que el único propósito en sus vidas es llegar a iluminarse. Si uno tiene esta meta, sólo llegar a ser libre de nuestro propio sufrimiento será una meta egoísta. No hay altruismo en tal finalidad y no hay percepción. Pero quizás las personas que dicen esto, significa que desean descubrir lo que ellas son inherentemente; tal vez quieran decir que desean encontrar la fuente real de su existencia.

 

En Luz en el Sendero se afirma que para escuchar la Voz del Silencio tenemos que comprender esa guía real que proviene desde adentro. Esto muestra que tenemos que aprender a no identificarnos con las cosas efímeras. Puede que sea importante tener conocimiento de la Teosofía, pero si este conocimiento es solamente teórico y realmente no nos cambia, no tiene valor. El conocimiento podría obstruirnos. Tenemos que llegar a la verdadera comprensión de que todo lo que nos rodea es solamente transitorio, efímero. Tenemos que aprender a no identificarnos con lo que es temporal.

 

Hay mucha belleza a nuestro alrededor y tenemos los sentidos para percibirla. Con los sentidos experimentamos y, si estamos abiertos, aprendemos de nuestras experiencias. Pero tan pronto como etiquetamos las cosas y nos identificamos con las experiencias, tan pronto como deseamos continuar las así llamadas experiencias agradables y evitar las llamadas dolorosas, la experiencia se convierte en memoria, cristalizada y estancada. Y llega a ser una repetición de lo conocido. ¿Es posible también aprender de eso que rotulamos como doloroso o desagradable? ¿Es posible no etiquetar en modo alguno?

 

Si aprendemos a ver todas las cosas como una expresión de una única Realidad, aprendemos a no identificarnos con las cosas efímeras. En A los Pies del Maestro hay algunas frases para guiarse: ‘Desde lo irreal condúceme a lo Real. De la oscuridad condúceme a la Luz. De la muerte condúceme a la Inmortalidad’.

 

Nosotros tenemos que aprender a liberarnos de nuestras identificaciones. Tenemos que, por así decirlo, aprender a cambiar nuestro punto de vista; enfocarnos más internamente en vez de sólo hacerlo externamente todo el tiempo. De esta manera aprendemos a ser uno con el Silencio, tenemos que permitir que el Silencio se convierta en el centro de atención, entre todo lo que es transitorio. Si permitimos esto, no nos desconcertaremos tanto con todos los acontecimientos del mundo externo. Ellos vienen y van, son solamente transitorios, como las nubes en el cielo.

 

Podríamos decir: lo mutable es el total de la Manifestación, desde su primera vibración, la más invisible, hacia abajo, hasta la vibración más densa en el plano material. Podríamos decir que el Silencio eterno es la Fuente de esta total Manifestación visible e invisible, que ambas existen simultáneamente, el Silencio eterno, lo inmutable; y lo efímero, lo mutable.

 

Tenemos que aprender a enfocarnos de manera diferente y haciéndolo así, podremos vivir en el mundo sin ser de él. Significa no refugiarse en una u otra orilla del río de la vida, siendo capaces de permanecer de pie, imperturbable, sereno, aun cuando haya tormenta. Nosotros podríamos usar las palabras ‘conciencia sin opción’. Cuando alguna vez tengamos una visión, será solo una vislumbre de lo inmutable, veremos todas las cosas transitorias bajo otra luz. Aprenderemos a sorprendernos y a sentirnos envueltos en un misterio que tratamos de descubrir, no con nuestra mente sino en el silencio. Aprendemos solamente con una mente abierta, vacía, permaneciendo en el Silencio y, en ese proceso de aprendizaje, la humildad entra en existencia de una manera natural, sin ningún esfuerzo.

 

Cuando descubrimos el misterio, aunque tan solo sea con un pequeño vislumbre, no podremos traducirlo en palabras porque está más allá de las palabras, más allá del estado mental, más allá de los pensamientos. Para poder escuchar la voz del Silencio tenemos que llegar a ser uno con el Hablante Silencioso.

 

Luz en el Sendero afirma que la vida misma es nuestro Maestro. Toda experiencia, todo incidente en nuestra vida es nuestro maestro, nuestro gurú. No necesitamos buscar fuera de nosotros un gurú, el gurú está más cerca que nuestras manos y nuestros pies, justo ante nuestros ojos. De nosotros depende si vemos la vida como nuestro gurú, nuestro maestro. Especialmente en medio del dolor y la aflicción hay algo que podemos aprender. De esta manera nos volvemos cada vez más sensibles y conscientes de la belleza oculta en nuestro más íntimo ser y también a nuestro alrededor. Quizás de esta manera el ruido se aleje y tal vez, por primera vez, encontremos el verdadero Silencio y nos volvamos conscientes del desenvolvimiento de la consciencia a niveles más profundos de comprensión.

 

Entonces, el verdadero Maestro reside en nuestra naturaleza intima. Si nosotros, aunque solo sea una vislumbre, nos volvemos conscientes de la verdad acerca de esta naturaleza, cambiaremos todas nuestras acciones y viviremos de una manera totalmente diferente, aprendiendo sin ningún esfuerzo, muriendo a lo conocido, en el Silencio que no nace en el campo de lo conocido:

 

Existe un camino, empinado y agreste, rodeado de peligros de todo tipo, pero sin embargo un camino, que conduce al corazón mismo el Universo: puedo decirles cómo encontrar a aquellos que les mostrarán la puerta secreta que sólo se abre hacia el interior, y se cierra rápidamente detrás del neófito para siempre. No hay peligro que un coraje intrépido no pueda conquistar; no hay prueba que una pureza inmaculada no pueda superar; no hay dificultad que un intelecto fuerte no pueda vencer. Para quienes avanzan hay una recompensa que está más allá de toda descripción: el poder de bendecir y salvar a la humanidad; para quienes fallan, hay otras vidas en las que el éxito llegará.

 

 

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