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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 137 - Número 02-  Noviembre 2015 (en Castellano)

 
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El arquetipo del fracaso

 

 

 

PEDRO OLIVEIRA

Coordinador de Educación en la S. T. en Australia y

ex Secretario Internacional y Gerente en la Oficina Editorial en Adyar

 

 

 

Uno de los motivos recurrentes en los relatos de la literatura clásica y mitológica es el fracaso. Cada héroe tiene fallas que tiene que aprender a superar. Al hacerlo, el héroe experimenta una transformación. Este principio se aplica a Buddha como también a Arjuna, Jesús, San Pablo, Giordano Bruno, Florence Nightingale y a muchos otros. El fracaso está definido como 'la negligencia u omisión de una acción esperada o requerida'. Fracasar puede ser paralizante y entorpecedor del alma, y puede conducirnos a las profundidades del abatimiento y de la desesperación.

 

Generalmente la sociedad contemporánea no fomenta una actitud generosa hacia el fracaso, basada como lo está en una obsesión por el éxito y sus resultados. Cada individuo que fracasa, en cualquier circunstancia, usualmente es estigmatizado y apartado a un lado como un 'fracaso mortal'. El éxito y los resultados son la deidad binaria a la que se rinde culto en un mundo en el que el fracaso es su lado oscuro.

 

Pero no siempre ha sido así. Escuchemos a San Pablo ejercitando un profundo nivel de honestidad del alma:

 

Y yo sé que en mí (es decir, en mi carne) no mora el bien, porque el querer el bien está presente en mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. (Romanos, 7:18-19)

 

San Pablo expresa un profundo dilema humano: el deseo de hacer el bien y la irresistible incapacidad para hacerlo. Su descripción es quizás una buena representación de cómo trabaja kama-manas, la mente personal. La conexión íntima entre la mente y el deseo genera un sentimiento de auto-interés que se arraiga profundamente y que, al ser fuerte, muy a menudo le impide a la mente seguir en una dirección que pudiera ser la correcta. El resultado es el fracaso y su corolario, el conflicto. ¿Puede convertirse el fracaso en maestro?

 

Joseph Campbell propone el tema de una manera no lineal, ni prejuiciosa, sino desde una perspectiva mucho más amplia de la experiencia humana en general:

 

Cualquiera que sea tu destino, cualquier cosa que suceda, debes decir: 'Esto es lo que necesito'. Puede verse como una ruina, pero enfréntalo como si fuera una oportunidad, un reto. Si traes amor a ese momento, en vez de desánimo, encontrarás allí mismo la fuerza. Cualquier desastre que puedas resistir es una mejora en tu naturaleza, en tu carácter y en tu vida. ¡Que privilegio! Aquí es cuando la espontaneidad de tu propia naturaleza tendrá una oportunidad de fluir.

 

Luego, cuando mires hacia atrás en tu vida, verás que los momentos que parecían ser grandes fracasos, seguidos por ruinas, fueron los incidentes que le dieron forma a la vida que tienes ahora. Verás que esto es completamente cierto. Nada te puede suceder que no sea positivo. Incluso si en el momento parece y se siente como una crisis negativa, no lo es. Las crisis te desafían, y cuando se te pide que tengas fortaleza, se hace presente.

De Un Compañero de Joseph Campbell

 

Entonces ¿puede ser visto el fracaso como un arquetipo en la corriente de la evolución humana? El Oxford Dictionary define un arquetipo como 'un símbolo recurrente o un motivo en la literatura, el arte, o la mitología: “arquetipos mitológicos del bien y del mal”. La palabra proviene del Griego arkhetypon, algo formado primero como un modelo'. Podemos observar la presencia de este arquetipo en las muchas guerras periódicas del siglo pasado, en la violencia urbana, en las relaciones forzadas, en las diferentes formas de adicción, en la ambición que destruye al alma y en la profundamente arraigada creencia en la separatividad.

 

El rol del fracaso en la evolución

Las enseñanzas Teosóficas parecen sugerir que la inevitabilidad del fracaso en la evolución humana está equilibrada por la Ley del Karma y el proceso de la reencarnación. Siempre que uno continúe ejercitando la conciencia, cada fracaso lleva consigo el germen de una futura oportunidad para aprender a entender más, tanto sobre uno mismo como también sobre el profundo propósito de la vida. ¿Realmente importa si esta oportunidad se nos presenta en esta vida o en la siguiente? Cuando lo vemos desde un modo puramente personal y egoísta, el fracaso puede convertirse en una influencia paralizante. Visto desde una perspectiva más amplia, puede conducir hacia la transformación.

 

Elaine Pagels, en su libro Evangelios Gnósticos2 (Vintage Books: New York, 1989, p. 123), sugiere que algunos términos Bíblicos traducidos del Nuevo Testamento Griego (hamartia) y del hebreo (“sin” o “syn”) como 'pecado', se originaron en el tiro al arco y literalmente se referían a haber fallado al 'punto dorado' en el centro de la diana, sin acertarle al objetivo, es decir, errar. En la tradición cristiana, tres famosos pecadores se convirtieron en santos muy queridos de la Iglesia: San Pablo, San Agustín y San Francisco. Ellos no sucumbieron a sus fracasos, cualesquiera que fueran, sino que fueron capaces de entender su propia naturaleza y así elevarse a un nivel más profundo de conciencia dentro de sí mismos. Antes de que Cristo pudiera convertirse en su Preceptor y Maestro, fueron aprendices de sus propios fracasos.

 

La mente como escenario para el fracaso   

La mente es un principio multifacético dentro de nosotros que puede manifestar diversos poderes creativos en nuestra vida. Pero la mente también se convierte, inevitablemente, a través de incontables eras de evolución humana, en el escenario en la que el fracaso tiene lugar. Y no es muy difícil entender por qué. La mente es el lugar de encuentro entre purusha y prakrti, el Espíritu y la Materia. Este puede ser por excelencia uno de los dilemas del ser humano. Dentro de la mente, se encuentran y batallan claramente dos fuerzas opuestas: buddhi-manas, la mente iluminada, un campo de conciencia y percepción compasivos y kama-manas, la mente-deseo, asiento de ahamkâra, la facultad hacedora del yo, que establece una relación unidireccional con la vida, basada particularmente en el interés propio, en la auto-importancia y la indiferencia a la santidad de toda la existencia.

           

La clásica obra teosófica Luz en el Sendero afirma que 'trabajar para sí es trabajar para una decepción inevitable'. La importancia de esta enseñanza no puede ser sobrestimada. Por su misma naturaleza el auto-interés está condenado a atraer el fracaso, tarde o temprano, porque refuerza, fortalece y busca legitimar la separatividad en contra de la profunda realidad de la unidad, la interdependencia y la totalidad. Funciona en la dirección opuesta al movimiento de la vida y de la conciencia que está siempre desenvolviéndose. En un universo establecido en el principio de la totalidad sin divisiones, el intento de mantener la separación a toda costa, está destinado a generar sufrimiento, decepción y un verdadero sentido del fracaso. De hecho este fracaso puede convertirse en nuestro maestro si los destellos de la humildad pueden aparecer en nuestro ojo interno.

 

HPB y el fracaso

Escribiendo sobre la naturaleza de los Elementales, no sólo como inteligencias encarnadas en los mundos de la materia, sino también como realidades metafísicas, HPB sugiere que el fracaso es de hecho una necesidad cosmológica en el gradual desenvolvimiento del proceso universal:

 

Así, los primeros mundos y Seres Cósmicos, salvo el 'Auto-Existente', un misterio que nadie puede atreverse a considerar seriamente, porque es un misterio percibido sólo por el ojo divino de los más altos Iniciados, pero uno que ningún lenguaje humano puede explicar a los hijos de nuestra era, los primeros mundos y Seres fueron fracasos, en la medida en que los primeros mundos no poseían esa fuerza creativa inherente necesaria en ellos para su ulterior evolución independiente, y las primeras órdenes de Seres carecían de alma inmortal. Parte y fragmento del Anima Mundi en su aspecto Prakrtic, el elemento purusha en ellos era muy débil para permitirle a cualquier conciencia en los intervalos (entre actos) entre sus existencias durante el período evolutivo y el ciclo de la Vida.

(Escritos Compilados de HPB, VI, 192-193)

 

Las sutiles y complejas interacciones entre la Conciencia y la Materia son difíciles de desentrañar, pero la cita antes mencionada parece sugerir que la manifestación las une con un propósito, uno que es demasiado vasto, rico y diversificado para ser comprendido totalmente, hasta que uno alcanza el final del Sendero, como los Yogasutras de Patañjali lo sugieren. Según la traducción del Dr. Taimni en La Ciencia del Yoga:

 

El propósito de la asociación de purusha y prakrti es obtener por medio de purusha la consciencia de su verdadera naturaleza y el desarrollo de poderes inherentes él y en prakrti . (II, 23)

 

¿Puede ser percibido el fracaso como un mediador en este vasto proceso? ¿Puede, en vez de se visto como el final del camino, como un episodio negativo o negador de la vida, ser percibido como una oportunidad única de entendernos a nosotros mismos, de comprender a los demás y al mundo en el que vivimos? La leyenda de Parsifal, narrada por Wolfram von Eschenbach, declara que el sendero que toma Parsifal en busca del Grial incluye varios fracasos, cada uno de ellos enseñándole una valiosa lección.

 

La Voz del Silencio y los fracasos

Los versos siguientes del Fragmento III de La Voz del Silencio presentan, en su lenguaje único y elocuente, el rol significativo que el fracaso puede tener en el Sendero de la Compasión como una fuerza que puede impulsarnos hacia adelante, incluso cuando tropezamos y caemos:

 

Ten paciencia, Candidato, como aquel que no teme ningún fracaso, ni acaricia ningún éxito. Fija la mirada de tu Alma en la estrella de la cual eres un rayo, la estrella flamígera que brilla en las profundidades lóbregas del ser eterno, los campos ilimitados de los Desconocido.

 

Prepárate y prevente con tiempo. Si has tratado y has fracasado, Oh luchador indómito, no te desanimes: sigue luchando, volviendo al ataque una y otra vez.

 

El guerrero valiente, aun cuando su preciosa sangre vital fluye de sus amplias heridas, sigue atacando al enemigo, sacándolo de su citadela, derrotándolo antes de perecer. Entonces, todos ustedes que fracasan y sufren, actúen como él; y desde la citadela de su Alma, expelan todos sus enemigos, la ambición, la cólera, el odio, hasta la sombra del deseo, aun cuando hayan perdido...

 

Recuerda, tú que luchas por la liberación humana, cada fracaso es un éxito y cada tentativa sincera recibe su recompensa a su tiempo. Los gérmenes sagrados que brotan y crecen invisibles en el alma del discípulo, tienen tallos que se fortifican en cada nueva prueba, se doblan como juncos sin nunca quebrarse, ni perderse. Mas cuando la hora suena, florecen...

 

Annie Besant y el fracaso

En el siguiente pasaje del libro La Doctrina del Corazón, Annie Besant apunta a una verdad profunda de la vida, interna y espiritual, la insignificancia relativa de los acontecimientos externos. Aunque las experiencias son un hecho de la vida lo que importa no es tanto las experiencias en sí mismas sino cómo respondemos a ellas. Cuando respondemos correctamente, las oportunidades para un futuro progreso se presentan a sí mismas:

 

El desastre pende sobre la cabeza del hombre que pone la fe en los atavíos antes que en la paz de la vida interna, la cual no depende de los estados mentales o emocionales de la vida externa. En efecto, cuanto más embarazosas las circunstancias y mayor el sacrificio respectivo de vivir entre ellas, tanto más cerca se halla uno de la meta final de la naturaleza misma de las pruebas a superar. No es sabio, por lo tanto, dejarse atraer demasiado por ninguna manifestación exterior de la vida religiosa, pues todo cuanto se halla en el plano de la materia es efímero y fugaz y ha de llevar al desengaño. Quienquiera que sea atraído fuertemente hacia cualesquiera de las modalidades externas de vivir, tarde o temprano ha de aprender la comparativa insignificancia de todas las cosas externas. Y cuanto antes se pase por las experiencias requeridas por el Karma del pasado, tanto mejor para el individuo. Es desagradable en verdad verse repentinamente arrojado de su elemento, pero la copa que cura la torpeza es siempre amarga y debe probársela si ha de erradicarse la enfermedad. Cuando la suave brisa que viene del Loto de Sus Pies susurra sobre el alma, entonces comprendes tú que las peores circunstancias externas no son lo suficientemente fuertes para malograr la encantadora música interna.

 

El Karma como Maestro

Como se ha dicho anteriormente, el fracaso es 'la negligencia u omisión de una acción esperada o requerida'. Las consecuencias del fracaso pueden, de hecho, ser devastadoras: abatimiento, desilusión, tristeza, culpa, depresión, entre otras. En sus momentos más difíciles genera un profundo sentimiento de carencia de significado y también de desconexión que nos conduce a una experiencia de completo aislamiento  y alejamiento de uno mismo. Al ser esto así, la Tradición de la Sabiduría sugiere que en esta oscura y profunda desesperación hay una lección que aprender:

 

¡Oh noche que me guiaste!

¡Oh noche amable más que la alborada!

¡Oh noche que juntaste

amado con amada,

amada en el Amado transformada!

 

San Juan de la Cruz,

La Noche Oscura del Alma

 

Cuando la naturaleza personal es golpeada así por el proceso de la experiencia, se encuentra a sí misma lo suficientemente flexible para comenzar a entender sobre la vida y su significado. Los golpes del Karma solamente se perciben como 'golpes' cuando la mente aún actúa desde un centro reactivo. La profundidad del fracaso puede revelar que estos 'golpes' son de hecho la mano del Karma mostrándonos que la propia importancia y la presunción no son la verdadera dirección del progreso espiritual interno. Sea lo que sea que Karma nos presente, en cualquier circunstancia, siempre es una oportunidad de crecimiento en conocimiento de sí mismo, humildad y paz interior, condiciones necesarias para la realización de la unidad de toda la vida.

 

Compasión sin límites

En un artículo publicado en The Theosophist (Marzo de 1946), Clara Codd revela, en un pasaje del Bhagavadgitâ (La Canción Celestial de Edwin Arnold, Duodécimo Discurso) la profundidad de una respuesta compasiva al fracaso de Sri Krshna, la encarnación de la compasión y del amor universal. Es una conciencia que no excluye nada de su esfera ilimitada de inefable simpatía y entendimiento. Para él, no hay fracaso final:

 

¡Aférrate a Mí!

¡Abrázame con la mente y con el corazón!

Pero si tus pensamientos

descienden desde estas alturas; más si eres débil

para entregarme constantemente tu cuerpo y alma,

¡No desesperes! ¡Ofréceme tus mundanos servicios!

Busca para alcanzarme a Mí,

con devoción y voluntad firme;

Y si no puedes obrar con devoción firme,

trabaja para Mí.

Porque aquel que trabaja laboriosamente por

amor por Mí, finalmente llegará a Mí.

Pero si tu débil corazón falla, ¡tráeme tus fracasos!

Encuentra refugio en Mí.

 

 

Notas al pie:

1.     Fundación Joseph Campbell, 2003, San Anselmo, California, USA.

2.     Vintage Books, Nueva York, 1989, página 123.

 

 

Si admitimos que nos hallamos en la corriente de la evolución, debemos considerar que para nosotros son justas todas las circunstancias en que nos hallemos; y esta consideración será nuestro mayor auxilio cuando fracasemos en el cumplimiento del deber, pues no podemos adquirir de ningún otro modo la serenidad que tanto recomienda Krishna. Si todo nos saliere a la medida de nuestro deseo, no echaríamos de ver ningún contraste. También es posible que por estar nuestros planes ignorantemente y, en consecuencia, erróneamente trazados, la benéfica Naturaleza no permite que los realicemos. No se nos vituperará por el plan; pero engendraremos mal karma si no nos resignamos a la imposibilidad de llevarlo a cabo. Si estáis por entero abatidos, será porque antes decayeron vuestros pensamientos. Puede un hombre estar encarcelado y, sin embargo, trabajar a favor de una causa. Así os exhorto a que eliminéis de vuestra mente todo disgusto por las circunstancias en que os veáis, y si conseguís considerarlas según las miras de vuestro Yo superior, no sólo vigorizarán vuestros pensamientos, sino que se reflejarán en vuestro cuerpo y lo fortalecerá.

 

Helena Petrovna Blavatsky (1831-1891)

Ocultismo Práctico

 

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