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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 137 - Número 01 -  Octubre 2015 (en Castellano)

 
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Sólo la Verdad vence

 

Radha Burnier 

Reimpreso de The Theosophist, abril 1988. Conferencia dada en la Convención Annual en Adyar, 1987

 

 

Estamos viviendo en un mundo de intensa lucha y confusión. Tal vez el mundo nunca fue pacífico. La historia de la humanidad siempre ha sido de guerra, conquista, conflicto, toma de posesiones ajenas, sometimiento, opresión de los débiles, etc. También está su contraparte: la cultura, la filosofía y las artes. De todos modos uno no puede ignorar la lucha continua y la interminable desdicha de la sociedad humana.

La causa raíz de este problema no es realmente política, económica o estructural: yace en la mente corrupta del hombre. A menudo no nos damos cuenta de las implicancias de la corrupción. No se trata meramente de ser deshonesto o apropiarse de lo ajeno. La corrupción tiene varias formas diferentes. El espíritu destructivo que ha afectado a la mente humana en todos los tiempos y pueblos es sólo un aspecto de la corrupción. El hombre caprichosamente destruye a sus semejantes, es el único que agrede a los de su propia especie. Él también destruye rápidamente plantas, animales, la pureza del cielo, poniendo de este modo fin a la belleza de la naturaleza y a la maravilla y variedad de la tierra.

Toda forma de interés personal es un síntoma de decadencia de la mente. ¿Por qué hace el hombre estas cosas? ¿Por qué crea conflicto en vez de promover cooperación? ¿Por qué está tan dispuesto a destruir y es tan renuente a construir? Tal vez sea porque tiene poco conocimiento de la naturaleza del Universo del cual forma parte intrínsecamente. Esto es igual a decir que no tiene fe en el poder de la verdad, porque la verdad es la naturaleza de las cosas tal como son, el universo tal cual es, cada cosa en su naturaleza esencial y nosotros como realmente somos.

Esto es cierto pero nosotros no sabemos cuál es la naturaleza esencial de nosotros mismos ni de ninguna otra cosa. Por lo tanto estamos divorciados de la verdad, no creemos en ella, ni confiamos que la verdad, de algún modo, pueda producir el bien. Tememos ser sinceros con nosotros mismos, porque creemos que no podremos alcanzar logros materiales de esa manera. Dudamos que podamos mejorarnos a través de la benevolencia y por esta carencia de fe, debemos sufrir.

La sociedad humana no puede existir sin cierta cantidad de orden. Si hay anarquía total e indisciplina será imposible la convivencia como comunidad o nación. Por lo tanto, en todas partes la gente ha tratado de regular las relaciones y poner un poco de orden por medio muy conocidos de legislaciones, policía, ejércitos, métodos de premio y castigo y represiones de diferentes tipos. Esta clase de orden es el más bajo que se puede establecer en una sociedad, porque está crónicamente en el punto crítico. Toda civilización colapsa tarde o temprano porque se trata de  establecer el orden desde afuera. Hay tensión entre la autoridad y el auto-interés de los ciudadanos individuales. También puede haber conspiración de auto-interés entre cierta parte de la población y quienes detentan el poder.

Por otra parte, debemos notar que casi todas las religiones han hecho afirmaciones acerca del supremo poder de la verdad. Se dice que la Verdad está por encima de todas las cosas, por sobre la voluntad del hombre, sus deseos, sus ideas y planes. Las escrituras cristianas afirman: "Grande es la Verdad y poderosa sobre todas las cosas." Muy similar a la oración del Upanishad: "Styam eva Gayate", que significa "Sólo la Verdad vence", afirmación que India tomó como lema. Sin embargo, aunque el lema pueda ser honrado en principio y aunque los Upanishad, la Biblia y otras escrituras reverenciadas afirmen que la Verdad está por encima de todas las cosas, la mayoría de la gente prefiere el consejo del humorista Mark Twain, que dijo: "La verdad es la cosa más valiosa que tenemos, de modo que economicémosla".

Este es el principio sobre el cual la mayoría de la gente basa su vida, sin darse cuenta que vivir en medio de la falsedad es un asunto extremadamente complicado, ya sea en un nivel colectivo o individual. A menudo se ha dicho que cuando uno dice una mentira debe seguir cubriéndola con nuevas mentiras. El engaño es un camino resbaladizo y es difícil salvarse de él una vez que se comenzó a transitarlo. La mentira genera tensión mental y por esta razón los detectores de mentiras se usan para aportar pruebas. Aparentemente cuando alguien miente, la agitación y la tensión se hacen evidentes. El conflicto también crea tensión. Sabiendo esto sería mucho más razonable seguir un camino de cordura!

Piensen en un mundo en donde todos fueran confiables, la vida sería tanto más simple para todos. Pero, en un mundo donde casi nadie es confiable, hay necesidad de procedimientos complicados, cheques, reglamentos, etc. En muchos países hay innumerables leyes y reglamentos porque la corrupción está en todos los estamentos. A mayor falsedad, más  complicada es la vida. Todo es mucho más simple cuando la gente es recta, cooperativa y afectuosa. Este simple hecho, que hasta un niño podría comprender es lo que la inmensa mayoría de la gente no quiere comprender.

Si uno riñe en el hogar o en cualquier otra parte, piensen en toda la tensión que esto crea, los pensamientos y reacciones que se generan, las indigestiones que produce, etc., etc. En cambio, si hay una relación armoniosa, cuando se siente afecto, no hay problemas. Todos podemos vivir serenamente, sin torbellinos dentro de nuestra cabeza. La violación de la verdad es una violación de nuestra propia naturaleza y por esto hay agitación y tensión. Cuando hay contradicción dentro de nuestra psiquis se genera caos en el entorno. Una persona que está en guerra consigo misma crea problemas para los demás. Esa persona interpreta mal y es muy exigente, una persona frustrada es siempre fuente de desarmonía. Por lo tanto, a menos que haya armonía e integridad en el interior, no puede haber orden social externo, ni felicidad y bienestar para la humanidad en su conjunto. Shakespeare escribió:

"A ti mismo sé veraz

y seguramente como sigue la noche al día

no podrás mentir a ningún hombre".

Consideremos el otro aspecto. Hay una chispa de verdad en cada uno de nosotros y en todo, tal vez escondida bajo capas de pensamientos auto-centrados y emociones. Esa chispa está viva, lista para estallar en una llamarada. Con una metáfora diferente, diríamos que es un ímpetu que empuja como una pequeña semilla que se transforma en un poderoso árbol banyano. Esta fuerza oculta se ha llamado alguna vez la naturaleza Crística. Algunos dicen que la naturaleza del Buddha está en todas las cosas: la flor, la planta y todo átomo la contiene. Es tan fuerte, tan poderosa, que uno no puede deshacerse de ella o huir de ella por mucho que uno se esfuerce, porque es lo más recóndito y profundo de uno mismo. ¿De dónde o adónde puede uno huir? Este es el tema del hermoso poema de Francis Thompson, "El Galgo del Cielo":

Huí de Él en las noches y los días,

Huí de Él por las arcadas de los años,

Huí de Él por los laberínticos caminos

De mi propia mente.

 

Desgraciadamente para nosotros, buscamos huir, perdernos en el placer, en pequeñas satisfacciones, apegándonos a la familia, parientes, volviéndonos maniáticos del trabajo, ocupados todo el tiempo, de manera que no tengamos que enfrentar lo que hay en nuestro interior. Sin embargo no se puede huir de Ello:

 

Cerca, más cerca persigue

Con imperturbable paso

Velocidad deliberada, instancia majestuosa.

 

No puede haber paz, ni felicidad, ni realización del propósito de la vida mientras tratemos de huir de nuestro interior. Debido a que no nos damos cuenta de esto, hacemos lo que parece realista o pragmático. El querer ser programático es la ruina de la mente humana, porque el llamado pragmatismo no es práctico. Obviamente todas las políticas y acciones pragmáticas, hasta ahora, no han producido la felicidad humana o una buena sociedad. Cada uno busca obtener lo mejor de la vida a través de la riqueza y los placeres, en el deber cumplido y otras cosas análogas. La tradición hindú ha clasificado los objetivos humanos como: Artha (posesiones, propiedades), Kâma (placer, sensación, excitación), Dharma (deberes religiosos) y Moksha (libertad interior). La última es poco buscada. La gente prefiere beneficios inmediatos, que prometen los tres primeros. Esto parece más práctico pero no es otra cosa que miopía, una actitud oportunista fragmentada.

En años recientes, el auto-interés ha decidido la tala de grandes bosques a un ritmo alarmante. De esta forma el hombre está destruyendo su propio y hermoso habitat, la tierra. Al alterar su clima de forma irreversible, se está suicidando. Esta es una especialidad de la humanidad: tratar de poner fin a sí misma por medio de la polución, la carrera armamentista y el espíritu destructivo general. Puede ser rentable en lo inmediato, cortar árboles indiscriminadamente, pero es desastroso a largo plazo. Desde el punto de vista de lo inmediato puede ser ventajoso para los pueblos armarse cada vez más, pero conduce a un mundo de un cruel y violento terrorismo, daño a la niñez, etc.

Es esencial saber cuál es el verdadero objetivo del hombre para actuar de forma sensata y sabia. Esto también significa conocerse a sí mismo, como dijimos antes. ¿Qué somos? ¿Somos el cuerpo, con sus dolores y sufrimientos, sus sensaciones y deseos, el cuerpo que se deteriora tan fácilmente y que puede volverse una fuente de aflicción? ¿Somos nuestras emociones inconstantes, decepción un día, esperanza otro, gustar de una persona y luego no hacerlo? Ser zarandeados en la corriente de los pares de opuestos, ¡somos acaso nuestros inquietos y desarticulados pensamientos? Existen todas estas contradicciones dentro de nuestro ser y buscamos fines que complazcan esas contradicciones, una tarea imposible. Producimos agitación  dentro y fuera de nosotros porque no nos conocemos y no queremos conocernos. La autodecepción se ha vuelto una segunda naturaleza.

Madame Balvatsky expresó: "No es el temor a Dios el principio de la Sabiduría sino el conocimiento del Yo, el cual es la Sabiduría misma.” Uno de los dones humanos más grandes es el poder de comprender valores. Una mente que no es capaz de percibir los valores, no es humana. Aún cuando la mente no es evolucionada percibe que hay algo que es verdad, conoce la diferencia entre armonía y desarmonía. Puede concientemente elevarse de sus intereses personales hacia percepciones universales. Cuanto más elevada y universal sea la visión de la mente, más claramente ve que muchos de los hechos que en algún momento parecían importantes y que confundía con la verdad, no son la verdad en absoluto. Los hechos no son la verdad. Hay un número infinito de hechos acerca del universo y la ciencia se encarga de reunir toda esta información. No hay límite para esta búsqueda o para la información relacionada con planos más sutiles como el de las hadas, devas, cuerpo astral, auras y otras cosas normalmente invisibles para los demás. Pero la vida no es meramente una colección de hechos, cosas o funciones. Es mucho más significativa y profunda.

¿Por qué la gente está dispuesta a pensar que lo que saben ahora y lo que pueden alcanzar a saber en el futuro son la verdad? Ellos piensan así sólo porque esta clase de conocimiento ha producido comodidades, novedades, emociones y autosatisfacción. Viajar a la luna o poseer casas electrónicas, en las cuales se cocina la comida mientras el dueño está en su oficina o abre la puerta de su garaje antes que llegue, le dan gran satisfacción al ego. Por eso los bienes materiales han tomado la delantera a todo lo demás. Esto ha dejado en la sombra el aprecio por los valores.

Cuando el éxito se desconecta de la interrelación humana, que es lo que está ocurriendo hoy, hay tragedia. La interrelación no prospera frente a la desquiciada carrera de los logros personales. La bondad, ternura y afecto que son intrínsecos de la interrelación y por eso de la vida misma, se han tornado irrelevantes para muchísimas personas. La alienación, los desequilibrios mentales y la violencia abundan en el presente porque no nos importa la interrelación. La vida es interrelación, como lo señala Krishnamurti. Hay una inteligencia amorosa, un propósito ordenado detrás de todos los procesos de la vida, de los fenómenos que vemos fuera de nosotros. Para tener una vislumbre de este propósito ordenado, ese amor e inteligencia trabajando, la energía creativa del universo, puede ser conocer la verdad. Una percepción fraccionada y distorsionada no puede ver esto. La mente debe verter sus limitados intereses para alcanzar una total comprensión y compasión, la dimensión de universalidad. La virtud está allí. Se deduce pues que la verdad no es tanto conocimiento, sino que tiene que ver con las relaciones, con una visión más amplia, una totalidad de percepción y por ende con el amor.

Nosotros no conocemos el significado de la palabra "AMOR", esta palabra puede ser un profundo conocimiento de la interrelación. La Dra. Annie Besant dijo:

Aquello que nunca llega por medio de la discusión, controversia o razonamiento intelectual vendrá cuando el corazón de amor dentro de nosotros despierte la naturaleza espiritual. Porque el amor es más profundo que el intelecto, el amor es más grande que la inteligencia y la naturaleza del amor y la naturaleza divina están unidas tan estrechamente que no pasará mucho tiempo para que el hombre que ame a su hermano ame a Dios.

Lo que el amor puede descubrir, la mente y el pensamiento no pueden, porque el amor penetra en el corazón de las cosas. Descubre la canción, la fragancia interna, no sólo los detalles superficiales. Descubrir la verdad de la interrelación y llegar a esa profunda comprensión en la cual el amor se vuelve parte de nuestra naturaleza, puede ser esencial para el futuro de la humanidad.

La palabra "amor", como la palabra "Dios", es conocida por su uso inapropiado más que por otra cosa. Se la confunde con apego. Cuando una persona se aferra a otra y no permite que esa persona se aleje en ningún momento, se lo alaba como un gran amor. Así, tenemos sentimiento de posesión con relación a un niño, esposo, esposa, etc. Pero el amor no es ninguna de estas cosas. No puede coexistir con celos, enojo o sospecha. No crea dependencia, no rompe la integridad, ni impone temor. Como lo han señalado todos los grandes maestros, el amor es ausencia del yo.

Tal como mencioné anteriormente, el amor es una forma de conocer. En uno de los grandes trabajos místicos de Occidente, se dice: "De Dios mismo ningún hombre puede pensar, Él puede ser amado pero no pensado." Esto me recuerda los Upanishads, que dicen que el pensamiento y la palabra se alejan de la Realidad (Brahma) sin poder alcanzarlo. Pensar mucho acerca de alguien, extrañarlo, sentirse desdichado porque alguien no está allí, se los considera formas de amor. El Buddha señaló que uno se mancha con el pensamiento del amor, pero se libera por medio del amor. Pensar sobre el "amor" es meramente el deseo del yo de poseer y retener.

¿Cómo puede uno conocer el amor en su sentido real, el amor que puede ser sinónimo de verdad?  Las instrucciones del Señor Buddha eran simples y claras. Él indicó que la vida diaria provee el entrenamiento. Es en la vida diaria que debemos ponernos a prueba y no recurriendo a filósofos, magos o gurús de variadas clases. No podemos saber si lo que dicen es verdad o no. Uno puede ser fácilmente engañado, mientras hay interés personal. Cada uno encuentra el maestro que desea. La gente acude a los gurús que les dicen que se permitan el uso de drogas, sexo y muchas otras cosas y la gratificación de sus apetitos personales. De modo que cada uno encuentra el maestro que merece y busca. El maestro puede estar auto-engañado, ser un fraude, o un ignorante. No se puede encontrar un maestro sin tener luz interior, la luz del discernimiento.

Por lo tanto, es necesario comenzar por ponerse a prueba uno mismo. Siguiendo las palabras del Buddha, podemos rechazar como falso

aquello que conduce a la pasión y no a la templanza, al aumento de las posesiones y no a su mengua, a la avaricia y no a la austeridad, al descontento y no a la serenidad, a lo gregario y no a la soledad, a la indolencia y no a la energía, a deleitarse en el mal y no en el bien.

El fanático religioso, el dogmático o el creyente piensan que conocen la verdad. Cita la Biblia, el Korán, los Vedas y va a la batalla, mata herejes y comete crueldades. Odia a los que no piensan como él. En la búsqueda de logros en ideologías políticas, millones de seres humanos han sido aniquilados. De modo que aquello que genera odio, envidia o alguna otra pasión egoísta no es la verdad. Cada una de las frases en las enseñanzas del Buddha nos dice cómo la vida diaria puede cambiar.

No hay verdad  sin amor y compasión. Por la prueba diaria de nuestros pensamientos, acciones y reacciones, cuando la mente es conducida a un estado de serenidad y bondad, brota dentro del corazón una nueva flor: la ausencia del yo. La verdad se asienta en el silencio, no en el silencio de la lengua, ni en el silencio de la represión, sino en el profundo silencio del yo que se retira. No hay más lucha pues, por mantener esta débil, fragmentaria, transitoria  entidad que llamamos "yo".

El Señor Buddha dijo:

Como una madre, aún a riesgo de su propia vida, protege a su único hijo, que el discípulo  cultive amor hacia todos los seres, que cultive amor hacia todo el mundo, arriba, abajo, alrededor, un corazón de amor, no mezclado con intereses diferentes u opuestos. Y que el hombre mantenga este amor pleno ya sea de pie, caminando, sentado o acostado, porque en todo el mundo este estado del corazón es el mejor".

Este estado del corazón es Verdad. El secreto está en la palabra "atento". A menos que uno viva una vida atenta no puede haber un descubrimiento de la verdad del amor que es la más importante para la humanidad. No es la acumulación de hechos la que salvará al mundo sino el amor, el cual debe crecer hasta que el Universo entero esté saturado con su radiación:

Tiernos, compasivos viviremos, sin malicia, amorosos y con rayos de amor impregnaremos todo lo que es, incluso con amor que haya crecido inconmensurablemente.

Cuando el amor crezca en el corazón del hombre, salvará todos los problemas. El gran rey Asoka dijo que la conquista del Dharma es más grande que ninguna otra conquista. Dharma quiere decir aquí "enseñanza verdadera". Nada puede romper o destruir aquello que es verdad. Esta debe conquistar. El dicho latino "Omnia vincit amore", "El amor todo lo vence", es el mismo que en Sánscrito "Satyam eva gayate", "Sólo la verdad vence".

 

 

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