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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 136 - Número 12 -  Septiembre 2015 (en Castellano)

 
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El trabajo público

de la Sociedad Teosófica

 

PABLO SENDER

Doctor en Ciencias Biológicas y trabajador residente en la Sede Nacional de la ST en EEUU.

 

En un artículo de Cristian Conen,  publicado en esta revista en diciembre de 2014, él comenzó a examinar el trabajo de la Sociedad Teosófica (ST) basado en ideas expresadas por nuestra última presidente internacional Sra. Radha Burnier.  Nosotros continuamos esta indagación, particularmente en conexión con nuestro trabajo en el campo de la educación espiritual. ¿Qué tipo de programas públicos debería ofrecer nuestra organización para ayudar al crecimiento espiritual de la humanidad?

 

Dos extremos

Mi trabajo para la Sociedad me ha brindado la oportunidad de presentar programas en diferentes ciudades y países interactuando con miembros de muchas ramas teosóficas. Al hacerlo, pude observar una variedad de enfoques del trabajo de nuestra sociedad y de las diferentes maneras en que los miembros responden a los desafíos que enfrentan.  A modo ilustrativo hay dos actitudes que representan los polos opuestos del espectro de respuestas que he observado. Diferentes grupos tienden a inclinarse en una dirección u otra, algunos de ellos  acercándose demasiado a alguno de los extremos. Cuando estamos demasiado cerca de un extremo corremos el peligro de alejarnos demasiado del camino, perdiendo entonces nuestro rumbo. Si vamos a llevar a cabo los objetivos de nuestra organización es importante esforzarnos en encontrar el muy deseado, e igualmente elusivo, sendero del medio.

 

En un extremo del espectro yace la idea de que el éxito del trabajo de la ST se juzga por el número de personas atraídas a nuestras actividades. Cuando el objetivo primario es atraer a una audiencia lo más grande posible, los programas públicos que se ofrecen comienzan a ser decididos basados en lo que debe agradarle al público masivo. La elección de los temas tiende a basarse en lo que está de moda, es emocionante y atractivo. Con frecuencia escuchamos que las enseñanzas Teosóficas son muy difíciles, exigentes o anticuadas. Cuando los  miembros se inclinan más en esta dirección, el efecto típico es que los programas que promueven la enseñanza fundamental de la Teosofía son progresivamente empujados a la periferia, hasta casi desaparecer. Si bien en este enfoque, la profundidad del mensaje ofrecido y su potencial para cambiar la vida de la gente es generalmente ignorado, el resultado es un movimiento gradual desde la educación espiritual hacia una especie de entretenimiento espiritual.

 

El otro polo del espectro ubica a la Teosofía moderna como la última palabra de la filosofía esotérica, etiquetando toda otra enseñanza como “exotérica” y dándole escaso valor. Estos miembros tienden a enfatizar el estudio exclusivo de la literatura teosófica tradicional, el uso de palabras y terminología técnicas. Ellos son generalmente poco sensibles a lo que el público en general puede necesitar, y no están demasiado interesados en encontrar maneras efectivas de compartir su comprensión con principiantes. Trabajan asumiendo que sólo unos pocos son llamados a la ST y que aquel que quiera unírsenos tiene que hacer el esfuerzo de entender nuestro lenguaje y conceptos. Esto genera la existencia de grupos avanzados en cierto conocimiento especializado, que a pesar de satisfacer a esos pocos miembros, tiene escasa relevancia para el mundo general.

 

Dos metáforas ilustran los dos enfoques. La primera, el de la persona que carece de confianza en sí misma, que siempre mira a aquellos que están a su alrededor y decide su conducta de acuerdo a lo que lo dejará bien visto frente a sus pares. El segundo enfoque es el de la persona que se centra en sí misma, que está absorta en la contemplación de sus ideas e intereses y espera que los demás se le acerquen y reconozcan la grandeza de su forma de pensar.

 

Ambos extremos conllevan diferentes problemas. El primer enfoque produce una membresía numerosa pero imprecisa, donde las personas no están comprometidas con la Sociedad ni se unen con empeño. Hay una actitud abierta e inclusiva acompañada de falta de claridad o dirección. El segundo enfoque genera una membresía pequeña y compacta, compuesta por gente devota y activa.  Estos miembros tienden a sostener fuertes ideas y se inclinan hacia el dogmatismo,  con el conflicto que normalmente acompaña a las interpretaciones rígidas.

 

Resulta evidente que una organización teosófica saludable debe encontrar una actitud balanceada que incluya los aspectos positivos de los dos extremos evitando lo negativo.  Este artículo constituye una exploración en esta dirección.

 

El experimento original

Una persona ajena que leyera esta descripción de los diferentes enfoques existentes en la Sociedad podría preguntar naturalmente ¿cómo estas dos actitudes opuestas pueden encontrar lugar en una misma organización? Esto se debe a la característica casi única de la Sociedad Teosófica, que de acuerdo a uno de sus  Fundadores Internos, fue establecida como un “experimento” respecto al que la mayoría de los Mahatmas pensaban que la humanidad no estaba aún preparada.

 

Antes de la fundación de la ST en 1875, el modelo seguido por la mayoría de las tradiciones espirituales era desarrollarse alrededor de una figura central y el propósito del movimiento era difundir un cuerpo de enseñanzas en particular.  Por ejemplo, el Budismo está basado en las enseñanzas de Buda y el Cristianismo en la prédica de Jesús. Muchas de las organizaciones que se introdujeron después de la ST siguieron este patrón: la Sociedad Antroposófica estudia las enseñanzas de Rudolf Steiner, la Fundación Krishnamurti aquellas de J. Krishnamurti, etc. La Sociedad Teosófica fue fundada con un plan diferente. Si bien Madame H. P. Blavatsky, uno de sus cofundadores, difundió un cuerpo definido de enseñanzas, la ST nunca pretendió ser una “Sociedad Blavatskyana”. A su vez,  un  gran número de teósofos contribuyeron a formar un cuerpo rico y diverso de enseñanzas que pueden llamarse “teosofía moderna”. Sin embargo nuestra Sociedad no fue fundada para restringir su actividad a la difusión de esta manera de ver el mundo. De hecho, la ST fue la primera organización en los tiempos modernos en promover un estudio sistemático de las diferentes enseñanzas espirituales, filosóficas y científicas disponibles, tanto antiguas como modernas.

 

Aproximadamente 100 años después del nacimiento de la ST, esta nueva tendencia  lentamente comenzó a ser adoptada por otras organizaciones; muchas ofrecen conferencias, retiros y talleres en una gran variedad de temas “espirituales”. Estos nuevos centros, como regla, no tienen enseñanzas propias. Se han hecho conocidas como “organizaciones paraguas” neutrales para la promoción de varias tradiciones, filosofías y movimientos.

 

Lo que hace única a la Sociedad Teosófica es el hecho de que incluye en una única organización dos naturalezas aparentemente opuestas. Como en el caso de los movimientos espirituales tradicionales, la Sociedad tiene una visión particular que ofrecer representada por las enseñanzas teosóficas. Pero su trabajo no se detiene aquí. La Sociedad también promueve el estudio de otras tradiciones, como en el caso de los modernos centros neutrales de espiritualidad. La presencia de estos dos aspectos juntos es una característica distintiva y esencial de la ST. Si nuestra organización excluyera a uno de ellos se convertiría en una “ iglesia” teosófica con su propio dogma, o en una mera sociedad ecléctica sin voz propia.  En cualquiera de estos casos, significaría que la ST habría dejado de ser lo que se pretendió en el momento de su formación y el experimento iniciado por los Mahatmas habría fracasado.

 

Reconociendo el valor de estos dos aspectos, aprender a honrar a ambos no es tan difícil como podría parecer. Cuando los comprendemos correctamente estos aspectos no resultan contradictorios sino complementarios.

 

 Los miembros comprometidos de la Sociedad tienen ante sí una responsabilidad grande e inspiradora, la de participar en un trabajo designado por los Maestros de Sabiduría para ayudar a la humanidad a moverse en una nueva dirección, para dar un ejemplo que inspire a otros movimientos. Como afirmó el Maha Chohan: “la Sociedad Teosófica fue elegida como la piedra fundamental para la fundación de futuras religiones de la humanidad”1.

 

Trabajo Público

Durante muchos años después de la fundación de la Sociedad Teosófica, nuestra organización era una de las pocas opciones espirituales fuera de las religiones tradicionales, especialmente en occidente. Pero hoy hay miles de organizaciones que promueven lo que podría ligeramente llamarse “espiritualidad”.  ¿Cuál es el rol de la Sociedad Teosófica en este conjunto de ofertas? ¿Es todavía relevante? ¿Tiene algo único que ofrecer?

 

 A través de los años la Sociedad ha sido influyente de muchas maneras y en varios campos. Constituyó un pivote en la promoción del esoterismo en los tiempos modernos. Fue fundamental en el resurgimiento del  movimiento budista en el Este.  La ST ayudó a la India a recuperar la confianza en sus antiguas enseñanzas, las que en ese tiempo eran consideradas generalmente como supersticiones. Nuestra organización estimuló la traducción, el estudio y la difusión de la literatura sánscrita entre el público general. De hecho fue esencial en traer las enseñanzas orientales hacia occidente. La Sociedad señaló la conexión entre ciencia y espiritualidad en un momento en el que eran vistos como opuestos irreconciliables. También enfatizó la necesidad del estudio comparativo de las religiones y del diálogo entre ellas cuando el campo era básicamente desconocido e incluso inimaginable para la mayoría de las personas. Los miembros de la ST eran figuras centrales en la difusión del conocimiento del Cristianismo Esotérico en general y del Gnosticismo en particular décadas antes del descubrimiento de los rollos del Mar Muerto y los códices de Nag Hammadi. Las enseñanzas teosóficas también influyeron en el campo del arte, la educación y  la sanación, entre otros.

 

Es importante notar que en el pasado, si la Sociedad Teosófica no hubiera organizado programas ni producido literatura sobre, por ejemplo, Budismo, Hinduismo o Gnosticismo el público en general, en Occidente, no hubiera tenido prácticamente ninguna fuente de estudio. Hoy la situación es muy diferente. En muchos países existen numerosas organizaciones que trabajan en cada una de estas líneas. Cabalistas, Sufíes, Sanadores entre otros, cada uno difundió sus propias enseñanzas de manera efectiva, con conferencias y libros fácilmente accesibles en muchos lugares. Entonces, llega la pregunta natural: ¿qué lugar deben tener estos temas en nuestros programas públicos?

 

Supongamos que existe un grupo teosófico en el cual el programa para el año consiste fundamentalmente en invitar personas para hablar de las religiones modernas, sanación, ángeles, cristales, etc. A pesar de que cada uno de estos temas es valioso en sí mismo, debemos preguntarnos cuán relevantes son estos programas en el contexto del trabajo teosófico. Por supuesto hay casos especiales que deben ser considerados. Si estamos hablando de un grupo en una ciudad donde estos temas son de difícil acceso, entonces los programas en estas líneas pueden tener una influencia positiva. También en el caso de una religión que es mal comprendida, como tal vez el Islam en la actualidad, programas sobre el tema pueden ser una parte importante del trabajo teosófico. Pero en circunstancias normales, ¿es inteligente para un grupo invertir su dinero, tiempo  y recursos en la producción de charlas y publicaciones que están ampliamente disponibles fuera de la ST?

 

Para evaluar qué programas deberíamos promover de manera que nuestro trabajo por la humanidad resulte relevante, podríamos hacernos la siguiente pregunta: si la ST desapareciera ¿que se perdería? ¿El Budismo, el Hinduismo o cualquier otra religión sufrirían una pérdida? ¿El campo de la ciencia o la espiritualidad se verían afectados? La misma pregunta podría hacerse respecto a otras tradiciones y campos, y la respuesta probablemente sería que ninguna de estas áreas notaría la ausencia.

 

Entonces ¿qué sufriría si la ST desapareciera? La primera respuesta y la más obvia es: las Enseñanzas Teosóficas. Si nuestra organización no difundiera la Teosofía ¿quién lo haría? ¿Los seguidores de cualquier religión enseñarían Teosofía?  ¿Aquellos que están en el campo de la psicología gestalt o en el movimiento “mindfulness” lo harían?  ¿Quién más lo haría? Seguramente los libros podrían estar aún disponibles en Internet pero sin una organización que promoviera estas enseñanzas y ayudara a la gente a comprenderlas, caerían pronto en el olvido.  Blavatsky decía que la Sociedad fue “formada para ayudar a mostrar a los hombres que algo como la Teosofía existe, y para ayudarlos a ascender hacia ella estudiando y asimilando sus eternas verdades”2.

 

Parece claro que, además del campo de trabajo que establecen nuestros tres objetivos, un aspecto fundamental de nuestra misión es la preservación, desarrollo y  la difusión de las enseñanzas teosóficas.

 

¿Significa esto que deberíamos enseñar solamente Teosofía? ¿Deberíamos convertirnos como la mayoría de las tradiciones espirituales, en una suerte de secta teosófica enseñando solo las palabras de nuestros líderes y fundadores? Preguntarnos nuevamente qué perdería el mundo si la ST se convirtiera en una secta espiritual más, podría aportarnos algo de claridad. Uno puede darse cuenta de que la ST puede ofrecer un tipo especial de estudio único en el mundo moderno.

 

Como está establecido en el segundo objetivo, parte del propósito de nuestra Sociedad es “Fomentar el estudio comparativo de la religión, la filosofía y la ciencia”.  Cuando se lo aplica a nuestro trabajo público parece indicar que deberíamos tener una variedad de conferencias sobre diferentes temas, por ejemplo, sobre yoga, otro sobre misticismo, luego sobre filosofía griega, etc. Sin embargo esto no es un verdadero estudio comparativo. Todo lo que estaríamos haciendo es ofrecer una serie de diferentes enfoques sin conexión evidente entre ellos. Desde mi punto de vista, el Segundo Objetivo implica más un esfuerzo de comparar las diferentes visiones, arribar a una síntesis al comprender que es más holística que la mera suma de fragmentos. Cuando hacemos esto, tenemos algo único para ofrecer, un nuevo elemento de comprensión que puede ofrecer orden y establecer un puente entre la miríada de puntos de vista espirituales disponibles en la actualidad.

 

Un ejemplo simple es la corriente principal del Cristianismo que tiende a enfatizar que somos pecadores, incapaces de obtener la salvación por nosotros mismos. Necesitamos creer en Jesús y abandonar nuestra voluntad personal para seguir la Voluntad de Dios. A diferencia de las enseñanzas Advaita modernas que proponen que nosotros ya estamos iluminados, y por lo tanto no necesitamos salvadores. Si nuestro grupo teosófico ofrece dos conferencias consecutivas sobre este tema la gente aprenderá dos doctrinas aparentemente contradictorias con poco para sugerir una visión unificada.¿Qué se supone que deben hacer con esa información?

 

En el pasado, la gente con frecuencia era inconciente de los puntos de vista ofrecidos por otras religiones. El solo acto de entrar en contacto con una perspectiva diferente tenía un efecto benéfico intrínseco permitiéndoles pensar de modo original. Pero hoy la gente sabe que existe todo tipo de puntos de vista religiosos diferentes y fácilmente asequibles. De hecho, muchos se sienten abrumados y confundidos por tanta diversidad. El mero hecho de proveer diferentes perspectivas ya no es suficiente.

 

Si queremos permanecer relevantes no podemos solamente repetir viejas fórmulas que no atienden las necesidades del momento. Esto significa que enseñar acerca de otras tradiciones ya no es necesario. De hecho la Sociedad puede ofrecer algo en este campo que, hablando en general, ninguna otra organización es capaz de hacer. Volviendo a nuestro ejemplo, si esas filosofías religiosas (la cristiana y la advaita) son verdaderamente contradictorias, entonces son mutuamente excluyentes; sólo una de ellas debería ser valiosa o verdadera para un individuo y la otra debería ser falsa. Pero si utilizamos la comprensión profunda que nos proporcionan las enseñanzas teosóficas, podremos arrojar nueva luz sobre su aparente naturaleza contradictoria y llegar a una comprensión más unificada y profunda.

 

Por ejemplo, cuando se lo observa desde una perspectiva teosófica el Cristianismo describe una actitud necesaria a nivel del ego personal (kâma-manas). Este nivel de conciencia es intrínsecamente limitado y no puede percibir la verdad. El ego personal necesita salirse del camino para que la Divinidad pueda manifestarse. La Advaita moderna, a su vez, habla sobre la sabiduría (buddi-manas) que es una parte inherente de nuestra individualidad espiritual. Nuestra verdadera naturaleza ya está iluminada pero se oscurece cuando tiene que expresarse a través de la personalidad. Al unir estas dos enseñanzas podemos advertir que si nuestra sabiduría inherente ha de manifestarse en el estado conciente, el ego personal debe ser abandonado.

 

Cuando estas formas de ver la vida se observan desde esta perspectiva, ambas cobran sentido. No hablan sobre realidades diferentes, sino sobre diferentes aspectos de la misma realidad. Ambas son posibles y se complementan mutuamente, proveyendo juntas una descripción más coherente que cualquiera de ella puede ofrecer de forma separada. ¿No es este mensaje mucho más valioso que simplemente ofrecer dos programas desconectados, y dejar a la gente con opiniones aparentemente contradictorias?

 

Para hacer esto el orador necesita poseer cierto grado de conocimiento del Cristianismo, de Advaita y de Teosofía. Simplemente invitar gente para hablar acerca de sus tradiciones es mucho más fácil que presentar un estudio comparativo, pero ninguna organización puede esperar tener una influencia significativa en el mundo, enfocando su trabajo desde una actitud común.

 

Trabajo de miembros

Es obvio que la calidad de nuestro trabajo teosófico en el ámbito público depende de la  calidad de nuestra membresía. En países donde la Sección Nacional y las ramas no estimulan una buena educación de sus miembros, las actividades públicas tienden a recaer en oradores no teosóficos o a tornarse áridas y poco inspiradoras.  Aquí, la importancia del trabajo de las ramas señalado por Cristian Conen en su artículo se hace evidente.

 

Es necesario mencionar que la educación teosófica no se limita a un estudio intelectual. Si en nuestros programas públicos queremos comunicar más que meras palabras y conceptos, si queremos inspirar a  aquellos que vienen a nuestras reuniones, nosotros necesitamos hacer un sincero esfuerzo para llevar una vida Teosófica en el nivel que nos sea posible en ese momento. Sólo entonces seremos capaces de presentar las enseñanzas como un poder viviente que puede transformar nuestras vidas. Dicho con las palabras de un Maestro de Sabiduría:

 

“Los problemas de la verdadera Teosofía y su gran misión son, primero, el ejercicio de ideas inequívocas y claras de conceptos y deberes éticos … y segundo, el modelado de esas ideas para su adaptación [a] la vida diaria … donde se pueden aplicar”3.

 

En este artículo, sin embargo, nosotros solamente podemos examinar el rol de la ST en la provisión de una comprensión rica que puede servir como fundamento de una práctica espiritual.

 

El estudio de la teosofía moderna debería ser una actividad regular de las ramas y miembros comprometidos. Esta afirmación no está inspirada por un espíritu dogmático, sino por el hecho de que las enseñanzas teosóficas proveen ese enfoque único con que nuestra organización puede contribuir al mundo. Sólo si estamos familiarizados con estas enseñanzas podremos ofrecer algo original.

 

Sin embargo, si las enseñanzas teosóficas se estudian excluyendo cualquier otra cosa, nos convertiremos en un grupo más que promueve un fragmento de la Verdad, incapaces de discernir el todo. Necesitamos crear oportunidades para que nuestros miembros aprendan sobre otras tradiciones e integren este conocimiento.

 

En este esfuerzo debemos exponernos a filosofías desde sus propias fuentes más que simplemente repetir lo que Blavatsky (o cualquier otro autor teosófico) dice acerca de esta tradición. Debemos ser cuidadosos de no ver todo como a través de un “filtro  teosófico”. Por ejemplo, si una tradición dice que uno puede reencarnar en animales,  no deberíamos declarar de inmediato que eso no es cierto.  Necesitamos ser capaces de entender su lógica aunque no estemos completamente de acuerdo con eso. Una vez que hayamos cumplido este  paso, el tema puede ser examinado desde un punto de vista teosófico que arroje nueva luz sobre los puntos oscuros o agregue una nueva dimensión de interpretación.

 

En un comienzo este trabajo comparativo puede resultar dificultoso, pero realmente no es necesaria una gran erudición. El ejemplo que les dí anteriormente requiere sólo conocimientos básicos de las tradiciones involucradas. Como sucede con muchas cosas en la vida, la práctica desarrolla la habilidad y finalmente seremos capaces de hacer el trabajo con menos esfuerzo.

 

Moviéndonos en esta dirección la Sociedad Teosófica puede continuar siendo una influencia viva en la evolución de la humanidad, y tal vez, convertirse  verdaderamente en la piedra fundamental de futuras religiones, al dar ejemplo de un enfoque de la vida más profundo, holístico y no exclusivista.

 

 Referencias:

1.     C. Jinarajadasa  (ed.), Letters from the Masters of the Wisdom, First Series, No. 1 (Adyar, Madras: The Theosophical Publising House, 1988), p. 4.

2.     H. P. Blavatsky, The Key to Theosophy (London: Theosophical Publishing House, [1987]), p. 57.

3.     B. de Zirkoff (ed.), Blavatsky Collected Writtings, vol. VII (Wheaton, IL: Thesophical Publishing House, 1988), p.175.

 

 

 

 

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