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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 136 - Número 12 -  Septiembre 2015 (en Castellano)

 
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Ciencia, Científicos y Cientificismo

 

TIM  BOYD

 

Hay un movimiento en el mundo actual que promete algo especial para nuestro futuro. Abarca la idea de que se puede cerrar la brecha aparente entre la Ciencia y la Conciencia. Desde que asumí el rol de Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica, hice una buena cantidad de viajes y donde quiera que voy me encuentro con personas que sienten que estamos en la cúspide de algo significativo.

 

Hay muy pocas personas en la actualidad que no tengan el sentimiento de que algo de proporciones inmensas es inminente en el mundo de hoy, que algo grandioso está por venir. Esto puede ser algo bueno pero, como todo lo demás, puede expresarse de dos maneras. A pesar de que muchas personas están esperando algo grandioso, cuando tratan de formularlo en sus mentes con lo único  que pueden construir su imagen mental es a través de los medios de comunicación populares o el noticiero nocturno. Éste puede ser un pensamiento perturbador para nosotros, dado al enfoque de los medios masivos de noticias en la guerra, la violencia y todas las formas de comportamiento antisocial. Para las personas que adoptan este punto de vista ¿cómo se verá esto que estamos sintiendo dentro de nosotros y que es tan grandioso?

 

No podemos ser tan críticos de esta manera de pensar. No es sólo pura imaginación que haya fuertes crisis en el mundo, a las que debemos enfrentar. No es falso que en todo el planeta estamos en guerra con nosotros mismos. Hay una expresión Indio-Americana: "Ningún árbol es tan tonto como para poner sus ramas a luchar contra ellas mismas". Pero como humanidad, lo somos. Las estadísticas nos dicen que se están librando sesenta y cuatro guerras alrededor del planeta actualmente y que seiscientos grupos diferentes están involucrados en esas guerras. Yo no lo entiendo. Con tantos grupos en la contienda, ¿cómo sabe siquiera alguno de ellos a quién disparar? Además de las guerras en el mundo, los desiertos se expanden en donde acostumbraba haber tierra fértil. El aire, el suelo, y el agua están contaminados masivamente. Esto no es ficción, está sucediendo justo frente a nosotros.

 

El año 2008 estableció una marca en la historia mundial que necesariamente cambiará el modo en el que vivimos en el planeta tanto para bien como para mal. Sin importar el nivel de educación, pocas personas estuvieron conscientes de este notable evento. En ese año por primera vez en la historia de la humanidad la población mundial se tornó predominantemente urbana; más del cincuenta por ciento de la gente en la tierra ahora vive en ciudades y este porcentaje aumenta rápidamente. Esta condición tiene consecuencias que necesariamente acelerarán muchas de las crisis que enfrentamos. Así que, quien observa el mundo dice: "esto grandioso que siento es algo que debo temer", estando en sintonía con una fuerte tendencia que avanza ahora mismo en el mundo.

 

Por otro lado, tenemos la perspectiva que están adoptando grupos alrededor del mundo, como la IONS (Instituto de Ciencias Noéticas) y otros de su tipo. Es la idea de que estamos de pie en la cúspide de un descubrimiento, en términos del modo en el que somos capaces de ver y de interactuar con el mundo en el que vivimos, una nueva manera de ver el mundo a través de los ojos de una conciencia que despierta. Es algo que habilitará cambios en el modo en el que nos comportamos hacia el otro, el restablecimiento del orden natural.

 

Hace años pensaba que lo que estábamos enfrentando en términos de contaminación y demás, era algo terrible porque mi propia hija tendría que vivir con todas las consecuencias. Estaba apenado por ella porque según la opinión científica de ese entonces yo estaría muerto para el momento en el que esta crisis madurara. Por supuesto, la ciencia ha progresado desde entonces y ha actualizado esos modelos computarizados. Ahora se nos afirma en términos certeros que a menos que actuemos ya, las consecuencias se experimentarán  en nuestra vida. No es sólo en nuestros pobres hijos, sino en nosotros. ¿Seremos capaces de encaminar este barco y comportarnos de un modo más natural, que exprese respeto tanto mutuamente como hacia el planeta, a fin de evitar una catástrofe? No lo sé. Tengo la esperanza de que lo haremos. Es mi esfuerzo del día a día intentar estimular y despertar esta conciencia. Pero no sé si esta conciencia surgirá a tiempo.

 

Durante la Segunda Guerra Mundial Perl Harbor fue bombardeado y los Estados Unidos de Norteamérica entraron en guerra. Tomó un total de tres días para que la nación entera se pusiera de pie para enfrentar esta crisis. En situaciones difíciles y extremas nos vemos forzados a responder. A pesar de que siempre es mejor responder a partir de una elección que de una coacción, esta última es otra vía  para poder encarar las crisis. Un gran científico, Robert Oppenheimer (mejor conocido por el trabajo que realizó supervisando el proyecto que produjo la bomba atómica), tenía un gran número de citas. Una de ellas era: "El optimista piensa que vivimos en el mejor de los mundos, el pesimista teme que esto sea cierto". Tenemos dos opiniones y sin importar hacia qué lado se incline la balanza, podemos estar seguros de que la Ciencia y cualquier forma que ésta tome, pasará a ser una de las grandes influencias que nos guíen en este nuevo mundo que habitaremos. De una manera u otra, tenemos que solucionarlo y hacer las paces con la Ciencia.

 

A menudo al hablar sobre la comunidad científica, es fácil enfocarse en sus limitaciones, particularmente en el casi dogma religioso que confina la realidad a esa estrecha banda que percibimos como el mundo material. Pero la Ciencia en sí misma es algo maravilloso. Es progresiva, siempre avanza, se refuta a sí misma paso a paso. Antes vivíamos en una Tierra plana que era el centro del universo, con el cielo y las estrellas girando a nuestro alrededor. Ésta era la sabiduría científica del pasado, pero todas esas ideas han sido reemplazadas. Nuestro problema es, como en muchas otras cosas, que somos receptores pasivos. La Ciencia es para expertos y en palabras de un proverbio Zen: "Para la mente del experto hay pocas opciones, pero para la mente del aprendiz hay muchas". La mente del aprendiz es la mente que buscamos aplicar a todas las cosas. Somos consumidores de la ciencia: nos gustan los resultados, disfrutamos los teléfonos celulares y los otros juguetes, disfrutamos las pequeñas tecnologías pero para nosotros son un proceso muy distante de lo que son para aquellos versados en ellas. Ésta es una idea equivocada y un modelo enfermizo en el cual basar nuestra vida o para relacionarnos con el mundo.

 

Trato de enfocarme en la dimensión espiritual de la vida, a pesar de que a menudo decido no hablar sobre ello en esos términos. Esto es porque a menudo es difícil para las personas ver la diferencia entre espiritualidad y religiosidad. Actualmente hablo más sobre conciencia, porque, como el espíritu, es universal. La Conciencia impregna todo, así como en la concepción religiosa la Divinidad lo impregna todo. Conciencia y espiritualidad tienden a ser el eje de lo que es importante para mí, porque son universales y por ende compartidas por todos. Sin importar si lo reconocemos o no, la conciencia es lo esencial, la dimensión compartida de nuestro ser.

 

Cuando hablamos sobre ciencia y sobre científicos, deberíamos preguntarnos ¿quiénes son estos científicos que lideran el pensamiento de la humanidad? Básicamente hablamos de hombres y mujeres, gente que tiene esperanzas, miedos, que duermen y sueñan, que tienen experiencias pico de alegría, felicidad  y visión intuitiva, gente como el resto de nosotros. La diferencia está en que para ser considerado como un científico contemporáneo hay un alto nivel de entrenamiento especializado presente en este proceso. Lo que se ha vuelto desafortunado es el hecho de que a algunas clases de experiencias internas, que son la herencia de cada persona viviente, se les niega cualquier validez científica dentro de la cultura que se ha convertido en "cientificismo".

 

Esto significa que si estamos tratando con algo que es mensurable (y la conciencia no lo es), algo que puede ser captado por nuestros sentidos o los instrumentos que los amplifican, lo podemos discutir. Pero la verdad obvia que se ignora, la conciencia, lo único que todos compartimos y que se requiere para ejecutar cualquier experimento e incluso para respirar, es lo único que un científico en ejercicio debe evitar examinar profesionalmente o su carrera sería perjudicada. Hay algo fundamentalmente mal con esto, particularmente porque incluso aunque es algo de lo que rara vez se habla, es de conocimiento común que algunos de los avances científicos más grandes han ocurrido como resultado directo de sueños, despertares intuitivos y visiones.

 

Cualquiera que haya estudiado química, probablemente ha escuchado sobre  Mendeléyev. Cuando dormía tuvo un sueño en el que se basó para crear su propia versión de la tabla periódica de los elementos, que luego se usó para corregir las propiedades de algunos de los elementos ya descubiertos y para predecir ocho elementos aún no descubiertos. Niels Bohr, el famoso físico cuántico, soñó sobre la estructura del átomo. La persona que se describe como el padre de la neurociencia, Otto Loewi, tuvo un sueño indicándole que el impulso nervioso se llevaba a cabo a través de medios químicos, no eléctricos. Él tuvo el sueño, se despertó y lo olvidó por dos noches, pero en la tercera lo recordó. Así fue como obtuvo su Premio Nobel.

 

Esta lista no estaría completa a menos que mencionemos a Albert Einstein. Cuando era adolescente tuvo un sueño en el que descendía en trineo por una colina. El trineo continuó avanzando cada vez más rápido hasta que sintió que había alcanzado la velocidad de la luz. Él dijo que entonces miró las estrellas y vio que estaban refractando una luz que nunca había visto. Dijo que toda su carrera científica fue una meditación sobre este sueño que tuvo cuando era adolescente. Estas experiencias internas de conciencia son la base de algunas de las más profundas revelaciones por venir en el mundo científico y, sin embargo, se impide su consideración.

 

Uno de los científicos más grandes del siglo XX se ha marchado casi sin ser reconocido. Fue un botánico involucrado en el monocultivo del algodón, responsable de reorientar completamente las prácticas agrícolas de la porción sur de los Estados Unidos de Norteamérica. Su nombre era George Washington Carver. Él era un hombre muy religioso. Cada mañana salía hasta el bosque y comulgaba con la Naturaleza. Cuando lo hacía, también comulgaba con Dios y le preguntaba a Dios qué era lo que tenía que saber para ese día en particular. Obtenía una respuesta y tal era su trabajo para ese día. Como resultado, además de otros avances, se le ocurrieron más de trescientos productos diferentes que podían hacerse con maní. No solo hizo comida, también hizo caucho, pintura, polvo para la cara y revolucionó la agricultura del Sur de Norteamérica.

 

Una de las cosas que Carver decía era: "Cualquier cosa revelará sus secretos si la amas lo suficiente". Cualquier cosa se nos revela a sí misma si desarrollamos la capacidad para amarla. Ésta era la metodología científica de este gran hombre de ciencia. Ésta es una metodología con la que puedo simpatizar.

 

Con los cambios que estamos enfrentando, con la dirección en la que sabemos debemos ir, todo parece incierto, inseguro. La seguridad es una ficción. No existe en ninguna parte en la Naturaleza. Pero si hay algo de lo que podemos estar seguros, es que la mejor salvaguardia y fuente de nuestra futura iluminación es la capacidad de desarrollar amor. Ya reside dentro de nosotros. Todos sabemos cómo hacerlo, quizás imperfectamente en este momento, pero lo sabemos.

 

 

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