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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 136 - Número 11 -  Agosto 2015 (en Castellano)

 
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Sobre Relaciones

Sacrificio y Libertad

 Parte VI

 

RAPHAEL LANGERHORST

Joven teósofo, activo en la ST en Austria. Es ingeniero en electrónica y  Tecnologías de la Información con talentos musicales.

 

 

Abandona tu vida si quieres vivir.

H. P. Blavatsky, La Voz del Silencio

 

 

La experiencia nos muestra que una vez que participamos en una relación con otra persona, inconscientemente sacrificamos nuestra así llamada libertad. Lo que nos parecía amor se vuelve esclavitud, la atracción se alterna con la repulsión y nuestra mente se agita. Finalmente cuando nos confrontamos con la realidad y las fallas del otro (y de nosotros mismos) surgen dos opiniones: comprometerse o separarse. Antes, las personas debían comprometerse por razones muy prácticas (subsistir) pero el estilo de vida superficial (así llamado) de hoy permite mayor flexibilidad, a menudo para empeorar las cosas. Las razones por las que usualmente las relaciones fracasan en satisfacer nuestros deseos ya se han tratado ampliamente en esta serie. Ahora, indagaremos en la relación entre la libertad y el sacrificio, y es posible que nuestras ideas estén tergiversadas.

 

Conflicto

Las relaciones nos ayudan a entendernos a nosotros mismos y a los otros como también a la naturaleza humana en sí misma. Los conflictos que surgen en las relaciones son el alba de una ley fundamental: el sacrificio. Solamente el sacrificio puede superar los conflictos. Por lo que es allí, surgiendo del amor, que aprendemos a sacrificarnos. Pensamos que perdemos algo a través del sacrificio, nuestra así llamada libertad, nuestros modos de hacer las cosas, nuestras preferencias diarias, nuestro tiempo. Tenemos apegos inconscientes a estas cosas y ellos forman nuestra vida como la conocemos. De hecho nos identificamos con nuestra manera de vivir, nuestros prejuicios, gustos y aversiones y juzgamos todo por medio de nuestra mente prejuiciosa.

 

Es esta capa externa, nuestro mundo objetivo personal y nuestra completa inmersión en él, la que causa los conflictos con el mundo objetivo de los demás, que a menudo es muy diferente al nuestro. Pero el conflicto que experimentamos es bueno. Estamos extraviados en este mundo y solamente aclarando nuestra inmersión, nuestra completa falsa identificación con nuestra personalidad y nuestra creencia en una identidad separada, la que puede conducirnos a una realidad más elevada, si podemos apreciar los conflictos externos como un don para sacrificar esa misma falsa identificación.

 

Retorno

Entonces, es este sacrificio, constantemente impuesto sobre nosotros a través del conflicto,  el que puede cambiar nuestro sufrimiento en un sendero hacia nuestro yo real,  dado que el conflicto nos ayuda a desprendernos mucho más fácilmente de las cosas a las que estamos apegados. Mientras nos identifiquemos con estas cosas conflictivas estamos sujetos al sufrimiento. Una vez que observamos nuestra falsa identificación con una u otra cosa, podemos resolver este mismo problema y el sufrimiento ya no nos afecta.

Este enfoque cambia completamente el significado del sacrificio, de algo que debe evitarse (si pudiéramos hacerlo) por un ideal hacia la libertad. En un sentido solamente podemos sacrificar cualquier cosa que no sea nuestro propio ser y cualquier cosa que no es nuestro propio ser está colocando cadenas a nuestra libertad interna. Así, podemos sacrificar apegos, limitaciones, prejuicios, los cuales son falsas identificaciones con el no-yo y son cargas impuestas sobre nosotros a través de avidya, la ignorancia de nuestra naturaleza, que naturalmente nos conduce a una falsa identificación. Nuestra naturaleza real es auto suficiente en completa libertad.

 

Sacrificio Personal

Pelemos la cebolla ¿cuál es la capa externa que podemos sacrificar? En nuestra personalidad encontramos muchas que están relacionadas con la excitación, los deseos, y los apegos. Nuestra idea inicial de libertad puede ser complacernos en todo esto, pero la experiencia nos devuelve conflictos a cambio, y tarde o temprano debemos regresar. Así que puede ser una buena idea sacrificar lo que esclaviza nuestra mente a lo personal (el estado de Kâma-Manas).

 

La verdadera libertad es ser libres de la esclavitud, es decir, libertad de todas nuestras reacciones automáticas a los impulsos externos. Mientras somos esclavos de lo externo, no somos libres, no podemos conducir nuestra vida a través de decisiones conscientes mientras somos esclavos.

 

Incluso el amor es conducido por el deseo mientras somos esclavos. Solamente volviéndonos realmente libres, somos capaces de amar conscientemente.

 

Sacrificio Espiritual

Una vez que sacrificamos y superamos nuestras ataduras personales, aún hay otra capa que extraer. Cuando ya hemos abandonado nuestra esclavitud personal, comenzamos a buscar lo eterno. Sin embargo hay una esclavitud más elevada, aunque sea espiritual. De muchas maneras esta esclavitud espiritual es mucho más traicionera, porque a menudo es mucho menos obvia.

 

Esencialmente gran parte de la esclavitud espiritual está relacionada de algún modo con mantenernos separados, que a su vez genera efectos secundarios como el orgullo, la ambición en particular, egoísmo y otros. Todo esto aún nos ciega y es una manera de identificarse falsamente y de los cuales el resultado final es el conflicto. Más importante aún, la esclavitud espiritual ve el así llamado progreso personal como la meta final y esto de nuevo limita nuestra consciencia, además de ser contraproducente. Para encontrar esta libertad interna tenemos que dejar ir incluso este auto engaño.

 

Sacrificio Eterno

Aún hay otro significado del sacrificio, en el sentido de compartir y de dar. Solamente podemos verdaderamente dar lo que es nuestro. Y debido a que toda vida es esencialmente una esencia universal, compartimos nuestro propio yo y ayudamos a desvelar el ser en los otros también. Esto nos da la clave para cambiar nuestra actitud hacia las relaciones. En vez de deseos, apegos o esclavitud, que nos conducen al amor egoísta y al conflicto, podemos comenzar a relacionarnos con esta misma divinidad en los otros.

 

Libertad Interna

De modo que incluso debemos cambiar completamente nuestra idea de la libertad. Nosotros mismos nos imponemos en estas cadenas que nos mantienen esclavizados a este mundo de agitación. Liberarse del deber, del trabajo o de las circunstancias no tiene relación alguna con nuestra libertad interior, y es inútil mientras todavía seamos esclavos de la pasión, mientras estemos sujetos a Kâma-Manas.

 

Pero, ¿qué significa realmente la libertad? Mientras somos esclavos de las circunstancias externas pensamos que la libertad es librarse de estas restricciones. Queremos cambiar los lugares, las relaciones, autos, casas o cualquier otra cosa con la que nuestra mente esté obsesionada y nunca en paz con la situación actual. Pero todos estos cambios difícilmente tienen relación con la libertad real.

 

En un nivel superior, la libertad y el deber perfectos emergen juntos cuando somos conscientes de la unidad de toda la vida. Desde esta perspectiva sacrificamos nuestro yo a ese yo más elevado y en el sacrificio perfecto radica la perfecta libertad. Todo esto no necesita cambios en las circunstancias externas o en los deberes mundanos, pero esta consciencia interna, compasión pura y desinteresada, nos abre las puertas hacia un propósito y un sentido más elevados.

 

Cierre

En resumen, las relaciones conducidas por el deseo están colmadas por mundos en conflicto. De esta manera nos vemos forzados a sacrificar lo que consideramos nuestra libertad personal, libertad que realmente es esclavitud, falsa identificación con los prejuicios, costumbres y egoísmo en general. Mientras estamos apegados a esta libertad personal, inevitablemente, sufrimos. No nos gusta sacrificar nuestra libertad ilusoria, ni tampoco queremos abandonarla.

 

Sin embargo, tal sacrificio es el comienzo de formas más elevadas de sacrificio que muestra lentamente nuestra naturaleza interna y libertad verdaderas. Los conflictos nos ayudan a sacrificar lo que es aún un obstáculo para tal libertad interna. Conscientes de esto, podemos apreciar mejor el conflicto y conscientemente sacrificar nuestra esclavitud auto impuesta a nuestra naturaleza inferior. Así vemos que lo que considerábamos como libertad, realmente es esclavitud; y el sacrificio, una vez temido, se vuelve útil para ejercitar nuestra libertad interior. De esta manera lentamente eliminamos los impedimentos de nuestra naturaleza interna.

 

Pero ¿qué sigue? Al volvernos consciente de nuestra naturaleza interna vemos que es una y la misma con todo y con todos. De hecho ya estamos relacionados con todo en este nivel superior. Y esta relación está en armonía, como lo está nuestra misma naturaleza y como tal la esencia una de toda la vida. Entonces ¿qué hacemos con nuestra libertad interna?

 

La Voz del Silencio, en su segundo fragmento, habla sobre los dos senderos. Uno, es obtener esta libertad para sí mismo, lo cual, de hecho, es egoísta y es también una forma inferior de libertad. El otro, es sacrificar incluso esta libertad inferior al mayor deber de la vida como un todo. Es este sacrificio superior el que, según nuestras capacidades, deberíamos practicar incluso ahora, mientras estamos encadenados a este mundo. Haciéndolo, creceremos en esta libertad mayor, que también es sacrificio. Y en este sacrificio, de nuestra libertad divina por nuestro deber divino, independientemente de las circunstancias externas, se encuentra la paz.

(Continúa)

 

 

Cuando el amor os llame, seguidlo,

Aún cuando su camino sea duro y difícil.

Y cuando sus alas os envuelvan, entregaos.

Aunque la espada entre ellas escondida os hiriera.

Y cuando os hable, creed en él,

Aunque su voz destroce vuestros sueños, tal como el viento del norte devasta los jardines.

Porque, así como el amor os corona, así os crucifica.

Así como os acrece, así os poda.

Así como asciende a lo más alto y acaricia vuestras más tiernas ramas

que se estremecen bajo el sol,

Así descenderá hasta vuestras raíces y las sacudirá en un abrazo con la tierra.

Como trigo en gavillas él os une a vosotros mismos.

Os desgarra para desnudaros.

Os cierne, para libraros de vuestras coberturas.

Os pulveriza hasta volveros blancos.

Os amasa, hasta que estéis flexibles y dóciles;

Y os asigna luego a su fuego sagrado, para que podáis convertiros en sagrado pan para la fiesta sagrada de Dios.

Todo esto hará el amor en vosotros para que podáis conocer los secretos de vuestro corazón y convertiros, por este conocimiento, en un fragmento del corazón de la Vida.

 

Khalil Gibran

El Profeta

 

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